Divagaciones en tiempos de cuarentena.

*Por Colomba Orrego Sánchez.

La verdad sea dicha, mi vida no ha cambiado demasiado con esta pandemia del demonio que asola al país. No porque sea súper héroe, ni cosa parecida, si no porque sucede que desde que opté por el trabajo FreeLancer (hace más de 20 años), las horas que no estoy en casa son las menos.

Además que a -modo confesión-, el año pasado la pasé tan re mal, estuve sin trabajo hasta septiembre y recién vine a recobrar el aire cuando #ChileDespertó y yo con él. Después de eso, constante que soy una persona que al igual que todes, nació sola (excepto les mellices) y después de perder a mis padres, sola estaré más no por ello,  abandonada, menos desolada. Entonces prometí que mientras respirara, no dejaría que nada externo, dañara mi vida. Y como soy del porcentaje de la población que trabaja para sobrevivir, de ahora en más prefiero vivir comiendo lauchas (son bien ricas), que someterme nuevamente a la esclavitud de a penas todo, para eso me pego un tiro, me lanzo a un charco de agua, por el décimo piso del departamento de alguien (jajajaj).

Así es como el “horror” por permanecer 24/7 en la casa, sin salir….bue la verdad que la idea de la prohibición, podría hacerme flaquear pero como es por cuidarnos, ya que los del poder son unos inoperantes, mejor opto por #QuedarmeEnCasa, sumado a que todavía no tengo trabajo (jajaja).

Entonces aquello de existir o bien divagar en modo cuarentena, lo he tomado como un aprendizaje, donde dedico las horas a escuchar a otres que están caminando por las paredes y si bien no se me da la sagrada palabra, al menos les contento diciéndoles pasadas, tonteras, para que le bajen a la tensión. También entre las labores de la casa, dedico el tiempo a leer, ver TV (pucha que me gusta ver tele y series), escribir y sobre todo cuidar mi pequeño patio, donde me prodigo para que además de ser el pulmón verde, también luzca hermoso. Así cuando mis gatos están tensos, necesitan un rayito de sol, nos reunimos en el patio y mientras elles hacen nada, aprovecho de podar, cortar, plantar, cambiar una maceta de allá para acá, regar, etc.,

Por otra parte, llevo bien el encierro, porque no me caracterizo por ser “culo inquieto”, a diferencia de otres que en días normales decían “no, yo nunca salgo”, pero no tienen idea dónde está la cocina, menos la lavadora. Tampoco vivo con miedo a la soledad, de hecho me gusto tanto, que antes me invitaba a caminar por la ciudad, a escuchar música, hablarle a mi amigo imaginario o a mi misma.

De cumpleaño en cuarentena.

Para colmo de pruebas, me tocó celebrar mi  cumpleaños encerrada y fue una experiencia inolvidable. Me hice una torta porque sin ella y soplar la vela, como que no siento que cumplí la edad, sumado a los tres deseos. Asunto es que me hice una torta y en un primer momento, quise practicar en vivo y en directo, los juegos que hacíamos con mis hermanas de chica y vivir en serio aquello de la “peste”. Solo que en nuestros tiempos infantiles era al son de la “bubónica” y nos guardábamos bajo la mesa del comedor, poníamos el mantel como de muralla y hacinadas sobrevivíamos en esa experiencia. Aquí intenté quedarme en mi pieza y revivir esas sensaciones. O en un tono más dramático novelesco, jugar a sentirme Colomba Ana Frank Orrego y cómo ella en su contexto nazi, vivió su cumpleaños. Pero todo eso quedó guardado en mi exagerada imaginación, porque a pesar del encierro, no pare de recibir video llamadas nacionales e internacionales, qué decir de las llamadas telefónicas. Y nuevamente, aunque era un día mega feliz, porque shooo la más hermosa y simpática, estaba de aniversario, me tocó hacerla de oreja, asistencia sicológica y darles la cara para que lxs más de mis amigues se desahogaran. Después comí la torta, en compañía de mi hermana con quien vivo y les contaré que me quedó deliciosa. Y en la noche, la  tierna de mi sisterna, encargó comida y la devoramos a las 21 horas jajajaja.

Otra experiencia favorable que destaco de esta cuarentena y que me atrevo a decir “me gusta”, sin que con ello esté afirmando que deseo vivir toda la vida así, no por mi, sino porque sé que muches no lo soportarían. Pero lo que más ensoño es justamente es el silencio ambiental de les humanos. Asomada por la ventana que mira a la calle o desde mi patio y sentir como sonidos solo el del silencio o del viento rosando las hojas y ramas de los árboles o el zumbido de los abejorros, el piar particular de los colibríes pidiendo comida y el canturreo de chincoles y zorzales.

Cambios de vida que trae el virus.
Pero en modo terrenal y global, este virus de mierda lo que sí ha traído, espero que no para quedarse, son cambios. Cambios para nuestra vida personal, familiar, hogareño y social. Como por ejemplo ¿Sabías que todo aquello que entra a tu hogar, dígase objetos, alimentos, abarrote, debes recibirlos con mascarilla y guantes? ¿Sabías que debes tener un cajón, bandeja, bolsa como receptor de estos productos? Pues bien, las instrucciones no terminan ahí. Una vez ingresados al hogar con tus manos enguantadas, deberás sacar uno a uno y retirarles los envoltorios plásticos, para limpiarlos en solución liquida de agua y cloro. Por ejemplo las lechugas, pues deberás sacarle la bolsa y botarla y meterla en otro envase higienizado. O los productos envasados latas, bolsas, bandejas de pluma vit, etc., a todos deberás pasar un paño con cloro gel o cloro para limpiar y después guardar en la alacena, refrigerador o cajonera, cajón, que fueron previamente higienizados de la misma manera que los productos a ingresar.

Y para que lo anterior ocurra, primero que nada debemos tener agua, porque esas nuevas “rutinas”, implican lavar, mojar, refregar líquidos infectos como el cloro con agua, agüita, agua que no todos tenemos. Entonces se han puesto a pensar cómo lo hacen las personas que viven en zonas sin agua, en casas sin cañería, sin agua potable, o sea cómo lo harán las personas en situación de calle…. A esa realidad súmale que tendrás litros y más litros de tu nuevo amigo el cloro, el gel, el cloro gel. No sé ustedes pero el olor a cloro, me carga, lo siento en el aire y antes de la nausea rememoro los baños sospechosamente sanitizados. El gel de manos siempre me las ha partido, el cloro gel, que no negare tenerlo, es de uso exclusivo para el baño y la cocina. Es decir, toda esta evocación al consumo de estos productos, me tiene chata.

A eso súmale que tendrás que usar un cuchillo y una tabla cada que piques verduras, después lavar y remojar en cloro, enjuagar y secar. Y cuando quieras picar fruta o cortar carne, otro cuchillo, otra tabla, otro cuchillo, otra tabla y así hasta que el stock que tengas esté por completo nadando en cloro. En modo pánico, ve tomando precauciones porque sanidad dice que lo mismo deberás hacer con el lavado de sartenes y ollas, nada de que hice un sofrito en el sartén y después echaré a cocinare el bistec, No, se usa, se lava, se enjuaga en cloro, se deja secar, tomas otro utensilio, lo utilizas, lo lavas, lo echas a remojar, lo pones a secar y así hasta que no te queden manos, pulmones, bolsillo, economía que aguante tanto consumismo para mantenernos “higienizados”.

Lo que nos quitará el virus.
Y como todo se paga en esta vida, después de transformarnos en entes aclorados, comenzarán a sucederse las nostalgias por los tiempos en donde podíamos hacer tantas cosas, historias que podrás contar a sobrinos, amigos nuevos, porque pertenecerán a un Old fashion, que hasta nuevo aviso, nadie podrá volver a experimentar. Aquí te enumeraré algunas:

– En modo hippie, lejos quedaron los tiempos de ¿“me convidas una piteada”? No, carajo cómo se te ocurre, te paso mi pucho y también toda mi saliva, que quizás en tu organismo / cuerpo, produzca reacciones negativas como el nacimiento del coronavirus.

– Ya no podrás compartir el helado con la misma cuchara, ni beber de la misma botella, qué decir del vino cartonero en la cuneta.

– Ni tampoco compartir en la mañana con la, él, le novio el té o café de la misma taza, como tampoco morder el mismo pastelito y qué decir de compartir el chicle. Quizás muches estén vomitando mientras me leen, ya que soy la única que está en modo añoranzas por estas costumbres, pero como sea no volverán a practicarse en mucho, mucho tiempo.

En lo personal en materia de cambios de hábitos, de ahora en más debo tener conciencia y memoria para acordarme de no olvidar que no puedo meter el o los dedos para ver la temperatura de los líquidos, salsas, mermeladas, ni probar como esta de sal, o de azúcar, a menos que a continuación lave ese dedo y su mano en agua con jabón, como a algunes, nos enseñó Pinpon.

Volviendo a las nostalgias por lo experimentado antes…

– No más reuniones de más de dos personas, a lo sumo el tercero que podrá hacer de violinista pero a dos metros de distancia o lo otro: invitarles a todes a cometer un parricidio amistoso, porque en ese estrecho margen rodeado de cuatro paredes, la saliva viaja y si es necesario, jugará tenis entre bocas y murallas hasta entrar en alguna más abierta que otra o la típica que necesitó “salpicadera”. Como verán este virus de porquería es bien cuico, porque ¿qué pasa en los espacios en donde el ítems mantener un metro o metro y medio no es posible cumplirlo? Y no por egoísmo o necedad, ni porque estén en fiesta, si no porque son hogares en donde el número de habitantes es mayor a la cantidad de piezas, habitaciones, dormitorios, para mantenerse alejados. Aquello de vivir hacinados o que los niños chicos duerman en una misma pieza, separados de la cama de los abuelos, por una cortina.

– Adiós a los bailes apretados, solo están permitidas las danzas griegas porque son de costado. De ahora en más proliferará el apego a lo “mío” por sobre el otro, otra, otre, a una distancia mínima de metro y medio, quizás lleguemos a tres metros, recordándote de “cuidar lo tuyo si quieres salvarte”. Y de ahí a señalarle como ladrón, irresponsable y suicida, un paso.

– Vayamos olvidándonos de dar o recibir abrazos de osos, aquella agradable sensación de quedar atrapada en el cuerpo/brazo de tu amado, amada, amade.

– Tampoco podrás recibir abrazos del chico guapo que te apretaba con placer y después supiste que la intensión consistía en sentir tus tetas contra su pecho ¿y qué tanto? Lo extrañaremos porque bien que gozamos con esa proximidad nostálgica.

-Qué decir cómo vamos a extrañar aquello de susurrar en la oreja, morder el lóbulo, lamer el cuello. No solo por el esparcimiento de saliva, si no porque sabemos que la temperatura subirá tanto que querrás acelerar el segundo paso: lengua en boca, menester obligado.

– Qué decir de la histórica costumbre de nuestras madres y abuelas, por limpiar la mancha de nuestras caras con un escupito embarrado en sus dedos o en el pañuelo del papá, donde más de una vez te sonaste.

En lo personal, tendré que divagar menos cuando esté zurciendo, no sea cosa que al hilvanar, previamente introduzca el hilo en mi boca y dócil hacer que ingrese en la aguja, ya que después no podrá ser tocado, menos usado más que por la babosona en cuestión.

Costumbres del pasado.
Ya sabrán ustedes que cada familia es un mundo y en él tenemos reglas, hábitos y costumbres. En la mía, el uso de la boca es fundamental. No solo porque somos buenísimos para hablar, porque al hacerlo gesticulamos con los labios, mostramos los dientes con las carcajadas que largamos. Mas de alguno de nosotros, al comer atrae el bocado con una seductora y larga lengua. Otros, suelen sacarla cada que la cuchara con sopa se acerca. En lo personal, no me dieron a leer a Manuel de Carreño, así que gusto de sorber con harta musicalización la sopa, a modo de amenizar la comida.

También somos una familia que gusta saludar, no de manita, ni de moverla de un lado al otro como candidato presidencial, si no más bien saludando a viva voz: “buenos días o buenas tardes” y esperar respuesta, cosa de acercarse abrazar y lanzar el sendo beso en la mejilla.  Con motivo del golpe de estado y la larga dictadura, muchos miembros de mi familia salieron expulsados por el mundo y entre los destinos, uno fue Francia, de ahí importamos el beso fracés. Pero como somos una familia original, le sumamos un tercer becho….uno con harta lengua.

Además como familia, nos queremos tanto, nos caemos tan bien, dicen que nos gustamos tanto y que más bien practicamos el círculo cerrado, será por eso que más de algune de nosotres experimentó un amor fugaz con el primo, prima, prime, sobrino, el tío viejo verde. O practicar el beso modoso, los pasos de baile y cuando comenzabas a ponerte guapa, guapo, no faltaba el primo, prima, prime, generoso ofreciéndose para dictar la clase del “beso con lengua”. Resultado, de tanto tomarle gusto a la materia, hasta casorio entre primos hubo. Porque la verdad sea dicha ¿existe algo mejor que los primeros besos con tu primo, prima, prime? Y con la penita, pero de esas enseñanzas, para las nuevas generaciones no habrá.

Otra costumbre que en modo familia nos gastamos y que ahora quedará en el pasado, pero no por ello fue menos gozada: comer verduras y frutas  como la tierra y los árboles las trajeron al mundo, dígase con cáscara. Mi padre, que proviene de familia con tierras (de las cuales no existe ninguna), sí que supo de este arte con dedicación. Tanto nos hablaba del sabor particular de comer la manzana recién sacada de su árbol o el durazno, damasco. Cortar un racimo de uvas, mojarlas en la acequia y pa dentro.

Y eso que soy limpia aunque no se lea y me gusta lavarme la cara y las manos varias veces al día, pero no cada 20 minutos ¿ya?!! Y de confesiones, sepan que al tomate, pera, manzana y durazno, comencé a pelarlos ahora con todo el cuento de la pandemia, no les diré que el gusto se les va en la cáscara, pero que en el plato a penas queda comida, eso que ni qué.

De ahora en más todo aquello que hacía lo pensaré en pasado…. Como “fue lindo vivir inmersa en el salvajismo en que nos criaron”, siento una alegría de solo evocarlo, sumado a las ganas de comerme una manzana con cáscara… pero a modo de entendí algo, con mi hermana decidimos atinar, no darle la razón en todo al virus de mierda, menos al gobierno mentiroso y sobre todo porque la economía no da con tanto nuevo producto para adaptar a nuestras vidas y porque rejegas somos y no pretendemos ahora, convertirnos en las hijas predilectas del capitalismo, neoliberal, individualista que es este virus de mierda. Es por ello que economizando agua y productos químicos para “la limpieza”, lxs invitamos a hacerse de una vasija más grande que chica, un balde por ejemplo, a la que una vez al día llenarán de la combinación cloro agua y tras lavar prodigiosamente con lavaloza todos los utensilios de cocina le darás una zambullida en esta agua seudo bendita y podrás levantarle el tercer dedo al sistema que pretende nos arruinemos con tanto producto y gasto de agua.

Y en esta maldad del capitalismo, neoliberal, individualista hijo de su madre, en el que tan bien se cultiva el bicho éste, no puedo dejar de pensar en mis árboles amados y en la cantidad de ellos que los hacen papel pal poto, para servilletas, para pañuelo desechable. Digo yo no será mejor tener cada uno su toalla y secar manos y cara y echarla a lavar, que secar manos, cara con papel nova y vamos botando basura, vamos talando árboles, vamos dándole plata a los miserables empresarios….. ahí la dejo para que la piense.

Mientras tanto, soñaré con los días en que podía meter el dedo en todas partes y después pasarle la lengua y secarme con la mano que a continuación pasaré por mi pelo, el lomo de mis gatos y lavarse las manos cuando se me antoje y no cada 20 minutos.

También rememoraré esa ensalada de pepino con cáscara, como la textura y sabor de la del tomate, durazno, manzana. Siempre encontré cerdo aquello de “me das una piteada”, aparte no fumo. Sí extrañaré no beber a escondidas del vaso de whisky caro de mi hermano Antonio o de su gin más seco que el miedo. Recordaré los días en que sí pude lengüetear el resto de chantilly sobrante en el bol o qué decir del cuchillo con el que cortaron la torta, o pellizcar la torta ajena reiteradamente en modo “comeré poquito”. Lo más probable es que adelgazare a causa de tanta ausencia, pero más que nada se deberá a la tristeza de saber que todo aquello que nos unía, mezclaba en cuerpos, formas, secreciones, hoy nos separa y lo más seguro es que quien sabe hasta cuando.

Datología
Qué: Divagaciones de cuarentena.
*Quién: Colomba Orrego Sánchez. Transcriptora. Periodista. Editora del portal.

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1 Respuesta

  1. Marcela dijo:

    Me siento completamente interpretada, todo lo que dices y más echaremos de menos, ni en pesadillas pensamos vivir una pandemia, y menos nunca imagine lo que implicaba

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