Estallido social IV: En busca de una salida a la crisis. Notas para el debate.

* Por Mario Garcés D.1

Se va enredando, enredando Como en el muro la hiedra Y va brotando, brotando

Como el musguito en la piedra

Ay sí sí sí

Volver a los 17, Violeta Parra

 Introducción

Luego de prácticamente seis semanas de movilizaciones, desde el estallido social del 18 de octubre pasado, resulta difícil aún imaginar cuál será la salida a la actual crisis por la que atraviesa la sociedad chilena. En un primer escrito, que publicamos el 22 de octubre, a solo cuatro días de estallido, indicamos dos situaciones que nos parecían influirían en el desarrollo del conflicto. Lo formulamos del siguiente modo:

  • Por una parte, desde el gobierno y el Estado, las instituciones viven su peor momento de credibilidad y legitimidad, producto no solo de la corrupción –de la que ya no se salvan ni las Iglesias- sino que además de su abismante distancia e indiferencia para con la sociedad y particularmente con el
  • Por otra parte, desde el punto de vista de las clases populares y sus luchas, esta movilización que conduce a un “estallido” se hace sin un convocante central, sin orgánicas conocidas (ni partidos, ni la CUT, ni coordinaciones territoriales) por lo que adquiere un “cierto” carácter espontáneo, que hay que matizar, en el sentido que los estudiantes secundarios y diversos movimientos sociales generaron sus propios procesos de organización y de expresión pública que preceden a este

Ciertamente, en estas seis semanas, ambas situaciones han evolucionado vertiginosa y significativamente hasta generar una suerte de impasse entre el gobierno y el pueblo movilizado, no obstante, se insinúan cursos de acción posibles que buscamos explicar y caracterizar en la actual fase de conflicto.

1.- La violencia: Cambiar el foco para legitimar la represión

Luego de que se firmara el Acuerdo por la Paz Social y una Nueva Constitución, el cuadro político se ha venido modificando sensiblemente en varios aspectos. Parafraseando a Violeta Parra, se va “enredando, enredando”. Veamos algunas de las razones:

  1. Se generó un acuerdo entre y desde la “clase política” que reestableció campos de acuerdos entre la Oposición y el Gobierno, que acogió –a su modo- la demanda ciudadana por el cambio de la Constitución y que buscó descomprimir el conflicto social. Un tipo de acuerdo que reproduce las formas políticas cupulares (sin consulta ciudadana) que han predominado en Chile desde que se inició la transición a la democracia en 1990. Como se dice en la calle, es que “los políticos trabajan para sí mismos”. Dada la naturaleza y la forma en que se generó el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, produjo el rechazo de los sectores populares más organizados –especialmente de Unidad Social, que agrupa a diversas organizaciones y movimientos sociales- así como también la desconfianza de vastos sectores de la ciudadanía. Como señalan algunas personas, ¿es que nos van a volver a engañar como con eso de que “la alegría ya viene”?
  1. De este modo, se ha producido una suerte de impasse entre la ciudadanía y la clase política y el gobierno, que conduce, por una parte, a los movimientos a insistir en la movilización (marchas, paros, asambleas territoriales, etc.) y, por otra parte, al gobierno a buscar concretar su débil agenda social y a reforzar la represión, ya sea por la vía de aumentar la dotación de Carabineros y la PDI, así como conseguir en el Congreso la aprobación nuevas leyes represivas (ley anti encapuchados, anti barricadas, anti saqueos y despliegue de militares para la protección de la denominada “infraestructura crítica”). En este contexto, de impase entre los ciudadanos y el gobierno, éste último apoyado y reforzado por la televisión, pone el foco en la condena a la violencia y en la necesidad de reestablecer el “orden público”. En esta operación, el Ejecutivo recompone sus relaciones con la clase política en el Parlamento y logra que tanto diputados como senadores se pronuncien en favor de sus medidas represivas2, de tal modo que se vuelva más prioritario el

2 El miércoles 27 de noviembre un grupo de senadores llamaron al gobierno a implementar una agenda social profunda con cambios estructurales para enfrentar las desigualdades de nuestro país”. A su vez, se comprometieron a avanzar “resueltamente en la agenda legislativa de seguridad que incluye proyectos que permitan retomar y reformar las policías, inteligencia, y fortalecer las facultades del Estado para enfrentar los saqueos, barricadas y la acción violenta de los delincuentes”. CNN Chile, 27 de noviembre de 2019. Por otra parte, el 24 de noviembre, un grupo de 80 militantes socialistas, encabezado por Ricardo Nuñez y José Miguel Insulsa suscribieron una carta en que denuncian que “nuestra democracia está amenazada”, ya que “en estos difíciles momentos hay quienes, de buena fe o movidos por radicalizadas e interesadas visiones, propagan la idea de que en Chile no hay democracia, lesionando la cohesión social y sembrando la desconfianza en torno a este noble valor”. Agregan, así mismo que “hay también minorías, que (…) se han orden público que las demandas de cambio social y político. De paso, además, minimiza el impacto provocado por la violación de los Derechos Humanos.

  1. La violencia es siempre un terreno delicado, que genera alta sensibilidad en la población y por esta razón se presta para las más diversas manipulaciones. La primera de todas, que tanto altos personeros del Estado como los medios de comunicación morigeran o simplemente no nombran, que el principal sujeto de la violencia es el propio Estado a través de sus No es casual que las principales víctimas del actual estallido sean personas del pueblo, víctimas del uso indiscriminado de la fuerza. Por otra parte, el estallido se inició con una cuota evidente de violencia social (ataques al Metro y los primeros saqueos) y que los actores fueron diversos (estudiantes, jóvenes pobladores, y soldados del narcotráfico). Sin embargo, a poco más de un mes del estallido, se han seguido sucediendo saqueos e incendios, que el gobierno atribuye a los “vándalos” (que identifica como anarquistas, narcos y delincuentes). Ingresamos entonces a una “zona oscura” en la cual no terminamos de saber quiénes y cuántos actúan, y por qué su acción se ve facilitada en la actual coyuntura de crisis3. Si sabemos con claridad del manejo comunicacional que se hace de este tipo de violencia y sus efectos sobre la población: infundir temor, dividir al pueblo y hacer necesaria la represión en mayor escala.

2.- La salida de Piñera: nuevas formas de autoritarismo

  1. La “salida” a la crisis que se comienza configurar en las últimas semanas parece conducir hacia nuevas formas de autoritarismo, debidamente sancionadas, muchas de ellas, por el Congreso Nacional. En este contexto, surgen varias preguntas: ¿Estamos transitando hacia una dictadura legal”? ¿Esta es la salida que se está configurando, desde el bloque en el poder ante la actual crisis? ¿Esta salida contará con el apoyo del conjunto de la clase política? Usamos deliberadamente la expresión “dictadura legal” que fue la manera como el pueblo y la izquierda denominó al segundo gobierno de Arturo Alessandri (1932-

dedicado a ciega destrucción, al vandalismo y al pillaje. En estas minorías coexisten lumpen y sectores marginados, bandas criminales ligadas principalmente al narcotráfico, y grupos extremistas y antisistémicos, altamente ideologizados y organizados en torno a un único objetivo: destruir las instituciones públicas y privadas y arrasar con el Estado de derecho y la democracia chilena”. La Tercera, Innovación Digital, 26 de noviembre de 2019.

3 No desconocemos del impacto del narcotráfico en los barrios populares y poblaciones chilenas. Se trata, sin embargo, de un actor complejo y heterogéneo, en que conviven diversas lógicas de acción y que por cierto ha intervenido en la actual crisis.

1938) que luego de la gran crisis de los años treinta, gobernó gran parte de su período con estados de excepción que le aprobaba la mayoría parlamentaria de la época. Bien podríamos decir, haciendo un poco de historia y de memoria, “nada nuevo bajo el sol”.

  1. En rigor, lo que se podría establecer desde el poder es una forma de régimen autoritario –fundada en el miedo al desorden y la inestabilidad política- reforzando los aparatos policiales y con un uso selectivo de las fuerzas armadas, a las que el gobierno ya ofrece impunidad si sus acciones se realizan en el ejercicio de sus funciones, en defensa propia o cumpliendo las ordenes de sus superiores.4
  1. Queda pendiente dilucidar cómo esta estrategia represiva se articulará con los “tiempos políticos” o si se prefiere, con el itinerario del cambio constitucional que fijó el Acuerdo Parlamentario: Plebiscito de entrada para abril de 2020; elección de los constituyentes, octubre de 2020; elaboración de la nueva Constitución (9 meses prorrogables); plebiscito de salida, para 2021. O, sea, un itinerario de dos años. La pregunta es, ¿Resiste la actual crisis de la sociedad chilena dos años de trámites políticos e institucionales con una clase política desprestigiada y nada de creíble? Una respuesta posible es que el gobierno “compre tiempo político” reforzando la “agenda social”, es decir atendiendo de modo significativo las demandas sociales populares. Es posible, pero ésta hasta ahora es débil. En rigor, la capacidad del gobierno y la clase política de imponer sus tiempos –su itinerario- con altos grados de represión y control social, que es la tendencia en desarrollo, va a depender de las iniciativas que se logren generar en el campo de la sociedad civil, es decir de los ciudadanos y de los movimientos sociales (volveremos más adelante sobre este punto).
  1. No se puede ignorar, además, que coyuntura regional latinoamericana se ha vuelto extremadamente crítica, tanto por las protestas sociales más recientes que ponen en cuestión el neoliberalismo –en particular, Ecuador, Chile y Colombia- pero, también por los giros y fortalecimientos de la derecha en Brasil, la derrota electoral del Frente Amplio en Uruguay y particularmente con el reciente golpe de estado en Bolivia. Es decir, vivimos una coyuntura regional en que, por una parte, se fortalecen los movimientos sociales, pero, por la otra, se reorganiza y reordena la derecha más agresiva y con claros contenidos facistoides, como se ha demostrado en Brasil y Bolivia. Solo como hipótesis, pareciera que se cierra el ciclo de las post dictaduras, con democracias “enanas,

4 Ver propuesta de ley del gobierno de Sebastián Piñera al Parlamento. Ver en Prensa Presidencia, 26 de noviembre de 2019.

amañadas y de gran exclusión”5 para dar paso a reacciones ultra conservadoras en clave autoritaria y con apoyo popular de iglesias y sectas evangélicas (Brasil) o provenientes el conservadurismo católico (Bolivia).

  1. Hay todavía un campo de análisis más de fondo, que comienza a aparecer en algunas entrevistas, columnas, videos en internet que tiene que ver con el significado global de la actual crisis. Se escuchan diversas lecturas e interpretaciones, anotemos algunas de ellas: estamos en medio de una crisis global de las formas políticas tradicionales, del Estado, los partidos políticos, (video de Manuel Castells); asistimos a una crisis en el bloque en el poder y al agotamiento de una fase del modelo neoliberal que no tiene por ahora, formas claras de resolución en el nuevo orden global, con la expansión económica de China, la política de los Estados Unidos, etc. (video de Rafael Agacino); la crisis actual es una crisis terminal de la democracia representativa que solo se puede resolver con mayor autoritarismo y en la frontera de una “guerra civil” (Orlando Saénz en entrevista con Tomás Mosciatti en CNN). Hay más, por cierto, pero la tónica general es que estanos en medio de un cambio de dimensiones históricas. Chile no sería más que un síntoma, con sus propias particularidades.

Hay que abrirse a estos debates, sin embargo, es necesario distinguir campos de análisis y tener en cuenta un asunto propio de los historiadores, que es la cuestión de las temporalidades. Los tiempos de la economía, de la política y de lo social se mueven a ritmos diferentes. Por ejemplo, “el derrumbe del modelo” anunciado por Alberto Mayol en 2012, daba cuenta de una crisis, pero al 2019 a pesar de una crisis más aguda, el modelo neoliberal aún sigue vigente; el fin del gobierno de Piñera, anunciado por muchos analistas que llaman la atención sobre su ineficacia, su ausencia de iniciativa, su pérdida de liderazgo, etc., es un hecho que se puede reconocer, pero no significa que su caída sea inminente, más bien es parte del problema; pero tanto más relevante es el tiempo de lo social, en que el pueblo ha sido el principal protagonista, sin embargo, el pueblo también tiene sus ritmos, puede golpear con mucha razón y justicia, pero requiere sus propios tiempos para reconstruir lazos, redes y comunidades y para hacer emerger liderazgos un nuevo programa político de cambios.

5 Agradezco esta indicación a Marcelo Mateo, comunicador social argentino

3.- La violación sistemática de los DDHH o las nuevas formas del terrorismo de Estado en democracia.

Los chilenos hemos sido víctimas y testigos de una masiva, sistemática y generalizada violación de nuestros derechos humanos fundamentales, en medio del actual estallido social, que se inició el 18 de octubre pasado.

  1. En Chile, según cifras recientes de Carabineros, se han movilizado unos 4,2 millones de ciudadanos en las última cinco semanas. Muy probablemente la cifra sea superior, lo que simplemente revela la magnitud del descontento y de la movilización Las formas de movilización de la mayoría de los ciudadanos han sido pacíficas y los enfrentamientos con la policía, cuando se han verificado, han sido completamente asimétricos (piedras y molotov frente a carros blindados, agua contaminada, bombas lacrimógenas y escopetas antidisturbios). Distinta ha sido la práctica de saqueos e incendios.
  1. Todos los organismos especializados, tanto nacionales como internacionales (Instituto Nacional de Derechos Humanos; Comisión Jurídica, U de Chile; Amnistía Internacional, Human Right Watch) han reconocido la violación de los DDHH, con resultado de muerte, tortura, tratos crueles y humillantes, violencia sexual, especialmente en contra de mujeres, y tal vez la que ha causado el mayor estupor: las mutilaciones y daños a los globos oculares de más 200 personas, especialmente jóvenes. La represión, en este último caso, deja marcas y huellas imborrables, con la perdida de un ojo o de ambos. A un Chile “que despertó” se le ha buscado hacer perder la vista de sus jóvenes.
  1. Una dura experiencia, pero también, una dura lección: En Chile, el “nunca más” a la violación a los Derechos Humanos no se ha cumplido. En plena democracia (restringida, por cierto) con un gobierno elegido en las urnas y que se declara respetuoso del estado de derecho, los derechos humanos se han violado, como indicó Amnistía Internacional de “modo generalizado”. Pero, cual es la lección, la recuperación de la democracia en Chile, con “justicia en la medida de lo posible” – como proclamó el presidente Aylwin- no desarticuló las prácticas y aparatos represivos estatales que se crearon y fortalecieron en la
  1. El presidente Piñera, que se proclamó como un demócrata liberal, pasará a la historia como un líder más de la derecha chilena que reprimió a su pueblo desde la más alta posición en el Estado. Y muy probablemente, la violación a los derechos humanos de los chilenos será su principal “talón de Aquiles” en el tiempo que permanezca en el poder. Se puede ganar tiempo político, con una agenda social activa más represión, pero no se resuelve una crisis política, de la magnitud de la actual, reprimiendo al pueblo y la sociedad. Simplemente se posterga la resolución del conflicto o se crean las condiciones para nuevos estallidos sociales.

4.- ¿Estamos en medio de una revolución democrática en Chile?

No resulta fácil, denominar al actual estallido como una “revolución democrática”. Sin embargo, si no lo es, ha estado muy cerca de serlo. Veamos algunos de los por qué.

  1. La movilización social desde el 18 de octubre ha sido de una magnitud que ni el más optimista se podía imaginar. Revisando imágenes que circulan en las redes, prácticamente no hay pueblo, de norte a sur del país, en que no se haya verificado una marcha, una concentración o alguna manifestación del malestar y de la necesidad de producir cambios en la sociedad chilena. En un país de un poco más de 17 millones de habitantes, muy probablemente se han movilizado entre 5 a 6 millones de ciudadanos, es decir, casi un tercio de la población.
  1. Muchos hemos llamado “estallido social” al fenómeno que hemos vivido, tanto por su magnitud como por la velocidad en que se desenvolvió, especialmente en los primeros días, tanto en Santiago como en provincias. También se ha insistido en su carácter espontáneo, pero habría que agregar, que muchos grupos –los mapuche, las feministas, los NO + AFP, los profesores, los estudiantes, especialmente los secundarios- se venían movilizando desde hace ya bastante tiempo. Y lo hacían ensayando nuevas formas de organización, en asambleas; nuevos repertorios, desde la acción directa hasta la “acción de arte”. En la actual coyuntura, todos confluyeron y se sumaron muchos más. Este ha sido probablemente el mayor mérito de la movilización: sumó mayorías y este es un dato políticamente muy relevante. Las marchas en los más diversos pueblos de Chile y la “marcha más grande de Chile” del viernes 25 de octubre han dado prueba de
  1. De todos modos, como indicamos en nuestros primeros análisis el estallido se caracterizaba por carecer de un convocante central, de orgánicas pre establecidas o de coordinaciones Ello, por una parte, representaba una novedad para los chilenos y chilenas, acostumbrados a reconocer una “conducción” en los partidos políticos o determinados liderazgos. Pero, por otra parte, colocaba un gran desafío, aprender a movilizarse por acuerdos colectivos y con liderazgos colectivos desde las bases y, más todavía –como dice la vieja canción de Serrat, había que aprender a “hacer camino al andar”.
  1. Es este hacer camino al andar se fue clarificando que la movilización producía cambios –por fin, el pueblo comenzaba a ser escuchado-, pero también que el mayor cambio que había que producir era el cambio de la Constitución, mediante una

Asamblea Constituyente. Este es tal vez, el segundo logro de la mayor relevancia: fue la movilización la que instaló el tema del cambio de la Constitución, que los políticos asumieron –a su modo y con sus trampas- en el denominado “Acuerdo por la Paz Social y una Nueva Constitución”. Hasta antes del estallido, el cambio de la Constitución no estaba en la agenda del gobierno y de ningún partido político, y si lo estaba en algún partido de Izquierda, no era una prioridad.

  1. Este horizonte constituyente animó a muchos a pensar en cabildos y asambleas territoriales, es decir, en dar inicio a un debate y una deliberación “desde las bases” sobre el cambio constitucional. La idea de un cambio constitucional se ha ido constituyendo, de este modo, en cientos de asambleas en barrios populares y de la clase media, en un horizonte y una utopía movilizadora sobre lo que deben ser nuestros “bienes comunes”.
  1. Otro componente muy importante de la movilización ciudadana ha sido su capacidad de persistir en el tiempo: nadie imaginaba 6 semanas de movilizaciones y todos los esfuerzos del gobierno por “volver a la normalidad” han fracasado hasta ahora. Muchos datos objetivos y sobre todo subjetivos, nos indican que Chile ya no es el mismo ni será el mismo que antes del estallido social. ¿Esto quiere decir no solo que “Chile despertó”, si no además, que Chile cambió? El tiempo, el tiempo de la sociedad nos lo dirá.
  1. En el desarrollo de las capacidades de mantener activa la movilización, los jóvenes y la ocupación de la Plaza Italia (rebautizada como Plaza de la Dignidad) han sido logros impensados en otras épocas. Un reconocimiento reiterado a los jóvenes han sido los testimonios de mujeres de la 3era y la 4ta edad, que declaran, su agradecimiento, indicando “ellos luchan por nosotras”. Por otra parte, para quienes han concurrido en estos días a la ex Plaza Italia, han podido comprobar el ingenio y la creatividad para manifestarse de los grupos de arte, la energía de las barras bravas, así como el apoyo que prestan los equipos médicos de primero auxilios, y también los servicios del comercio popular que se extienden por el Parque Por cierto, un papel relevante lo cumplen los jóvenes que organizaron las “líneas” de defensa de la Plaza, para contener, en la medida de sus fuerzas, las arremetidas de la policía. La ocupación de la ex Plaza Italia, en cierta forma se ha ido ritualizando, en el mejor sentido de la palabra, como espacio liberado, pero al mismo tiempo asediado por el gas y los ataques de la policía. ¿No es ésta una metáfora del Chile actual, decidido a ejercer su soberanía y libertad y al mismo tiempo, amenazado y asediado por el Estado?
  1. Junto a todos estos logros, que no se pueden ni se deben ignorar o minimizar, porque así es como el pueblo escribe su historia y no cómo lo prescriben las teorías

generalas de la revuelta o la revolución. En rigor, cada pueblo hace su historia y el principal deber de los políticos y los intelectuales es reconocer y valorar los modos en que sus pueblos “hacen la historia”. Desde esta perspectiva, junto con valorar los logros de la movilización, hay que reconocer también sus límites, dificultades y desafíos. La principal dificultad del actual movimiento ciudadano tiene que ver con su capacidad para modificar las relaciones de poder tanto en la sociedad civil como en el Estado. En la sociedad civil, tal vez el principal instrumento son los cabildos y Asambleas territoriales, así como la generación de coordinaciones que vayan cimentado y recreando su unidad social y política; los principales desafíos en el Estado son hacer avanzar sus demandas más inmediatas (pensiones, salarios, salud pública, educación gratuita y de calidad, vivienda, etc.) así como imponer a la clase política, la voluntad de un proceso constituyente genuinamente democrático, o sea, como ejercicio de la soberanía popular.

  1. En la actual coyuntura, nada está asegurado de antemano. El fortalecimiento de la sociedad civil a través de encuentros, cabildos y asambleas es un proceso de aprendizaje, de reflexión, de debates y de deliberación que necesita expandirse y multiplicarse hasta sumar a los más sencillos, a los menos politizados. No basta ser mayoría en la calle, hay que proponerse ser mayoría en el barrio, en la escuela, en el trabajo, en la Iglesia, en el club deportivo, en toda la diversidad y anchura de nuestro pueblo. Este es el principal desafío de una “revolución democrática”, la capacidad de sumar diversidades, las propias de nuestro pueblo. En este tiempo de aprendizajes, hay que escuchar a nuestros pueblos originarios –cuyas banderas ya flamean en las marchas- y conocer de sus historias de opresión y colonización, así como de sus luchas emancipatorias, de su cultura ancestral, de su capacidad para resistir, de su relación con la naturaleza, de su sociabilidad. Del mismo modo, estamos en el tiempo del feminismo y las mujeres ya decidieron luchar en contra del patriarcado no solo por las desigualdades y opresiones que consagra, sino por los modos en que organiza las “relaciones de poder en la sociedad”, asignando roles, predefiniendo identidades de género, legitimando cotidianas y odiosas diferencias y sosteniendo prácticas de violencia en contra de las También es el tiempo, de hacernos cargo de nuestras relaciones con la naturaleza, del agua que la dictadura dejó en manos de privados y de hoy altos funcionarios de Estado, de las plantaciones de bosques que atentan contra el territorio mapuche, secan nuestros suelos y alimentan el negocio de unos pocos, de nuestros metales –especialmente el cobre y el litio- entregado a las trasnacionales, de la contaminación del aire, del suelo y de nuestro mar, también licitado y objeto de negocios de un puñado de familias poderosas.
  2. La mayor disputa política del tiempo venidero será la capacidad del pueblo movilizado por imponer su voluntad democrática a la clase política. Se trata, por cierto, de un desafío mayor, difícil de alcanzar en corto plazo. De este modo,

reconociendo las dificultades para modificar los plazos y las formas en que la clase política han definido, es necesario imaginar la posibilidad de una Asamblea Constituyente de los Pueblos y de los Movimientos Sociales. De este modo y con autonomía del Estado, la sociedad civil podría elaborar sus propios principios y propuestas para un nueva Constitución Política del Estado, disputando contenidos con el discurso oficial, oponiendo visiones y puntos de vista, presionando a los eventuales “constituyentes oficiales”. En rigor, el pueblo puede, aunque es un desafío enorme, actuar dentro de la legalidad prestablecida, pero también, de manera fáctica, por la vía de los hechos. Como los estudiantes secundarios que evadieron el pago del Metro y pararon las alzas y mucho más; o los obreros chilenos que hacían huelgas desde antes de que se promulgara el Código el Trabajo en 1931, o los pobladores que tomaban sitios antes de que se fundara el Ministerio de la Vivienda o que se promulgara la Ley de Juntas de Vecinos, en 1968. Una política de autonomía requiere de mucha flexibilidad táctica, pero al mismo tiempo de un firme horizonte estratégico.

  1. Finalmente, un tema que desafía nuestra imaginación histórica tiene que ver con el “Chile que queremos”. En otras épocas, especialmente en los años sesenta, ello parecía prescrito: socialismo comunitario, vía no capitalista de desarrollo o socialismo a la chilena, proyectos que fueron barridos por el terrorismo de estado desplegado por la dictadura cívico militar encabezada por Pinochet. A la dictadura le sucedió una democracia restringida, semi-soberana y con un pueblo convertido en “gente” y en consumidores. En las actuales movilizaciones, el “Chile que queremos” es un horizonte que se constituye de nuevas maneras, con nuevos contenidos, con afirmaciones y silencios. Hay temas valóricos centrales, como la dignidad de nuestro pueblo, la solidaridad y el reconocimiento de sentidos colectivos y comunitarios (no todo es negocio y mercantilización de la vida social); hay también temas políticos centrales como el reconocimiento y la valoración de la participación ciudadana como principio y sostén de una genuina democracia –que va más allá del voto y de la democracia representativa-, la desarticulación de los aparatos represivos del Estado (No más GOPE ni Fuerzas Especiales), el reconocimiento de los derechos y la cultura de nuestros pueblos originarios, la equidad de género y la lucha en contra del patriarcado, la protección de la naturaleza, la protección de los adultos mayores y la afirmación de derechos políticos, económicos, sociales y culturales. La mayoría de estos principios toman forma prácticas en proposiciones que alcanzan altos consensos, como la mejora en los salarios, el fin de las AFP, la ampliación y mejora en los sistemas de salud, educación y vivienda, etc. Todos estos temas han sido parte de las agendas que conversan y discuten –un hecho inédito- miles de chilenos en los cabildos y asambleas Un cambio en la Constitución se presenta, de este modo,

como una condición estrictamente necesaria para poner en marcha las reformas que doten de mayor responsabilidad social al Estado.

Estamos en medio de un proceso de deliberación ciudadana que, de diversos modos, va instalando y abriendo conversaciones sobre una nueva moral ciudadana que, con realismo va indicando “los mínimos que nos parecen comunes” para fundar un nuevo orden social.6 Antonio Gramsci sostenía que una nueva hegemonía se constituye sobre la base de una nueva “dirección ético -política” o como “dirección intelectual y moral.”7 Estamos en medio de ese proceso, de escucharnos y compartir nuestros diagnósticos sobre los males que nos agobian, pero también sobre los mínimos éticos necesarios para hacer emerger un Chile diferente. Como diría nuestra sabia Violeta: “Y va brotando, brotando. Como el musguito en la piedra. Ay sí sí sí”

 6. Hugo Villela, “Para una moral ciudadana democrática. El bien común como subjetividad de la sociedad”. 1998. Insumo para el movimiento de cabildos ciudadanos vecinales; territoriales y funcionales. 2019. En: www.ongeco.cl

7 Gramsci, a propósito de su estudio de la historia italiana sostenía como criterio metodológico, que “la supremacía de un grupo social se manifiesta de dos modos, como “dominio” y como “dirección intelectual y moral”, y agregaba, “Un grupo social puede e incluso debe ser dirigente aun antes de conquistar el poder gubernamental (ésta es una de las condiciones principales para la misma conquista del poder); después, cuando ejerce el poder y aunque lo tenga fuertemente en el puño, se vuelve dominante, pero debe seguir siendo también “dirigente”. A. Gramsci, Cuadernos de la Cárcel Nº 19, Risorgimento Italiano. Ediciones ERA, México, 1999, Volumen 5, p. 387.

Datología

Qué: Artículo Mario Garcés: Estallido social IV: En busca de una salida a la crisis. Notas para el debate. .

* Quién: Mario Garcés D. Historiador. Director de ECO; Educción y Comunicaciones. Miembro de Comité Editorial de LOM.

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