Memorias de una visita histórica.

* Por Antonia Urrejola / Fotos Guillermo Loiacono – Facundo Ramos Mejía – Mora Illescas.

A 40 años de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a la Argentina, se realizó en la Casa por la Identidad de las Abuelas de Plaza de Mayo un acto conmemorativo con la participación de integrantes de la actual CIDH y representantes de organismos de derechos humanos. En su exposición, la Comisionada Antonia Urrejola recordó las implicancias del acontecimiento que logró llamar la atención de la comunidad internacional frente a las graves violaciones de derechos humanos perpetradas como política de Estado por parte de la dictadura cívico-militar .

Acto recordatorio de la visita de la CIDH en el Museo Sitio de Memoria ESMA. Foto: Facundo Ramos Mejía.

Para nosotros es motivo de gran orgullo, aunque también debo decir que en lo personal no puedo negar que también de dolor y desgarro, recordar la visita histórica a Argentina en el año 1979 y lo que ella significó no sólo para las miles de víctimas de la dictadura cívico militar sino también en el desarrollo del sistema interamericano y la promoción y protección de los derechos humanos en la región, desde aquellos años. Dicha visita permitió llamar la atención de la comunidad internacional sobre las graves violaciones de derechos humanos perpetradas como política de Estado por parte del régimen militar argentino.

La decisión de observar in loco la situación de los derechos humanos en aquel momento estuvo fundamentada en la preocupación de la Comisión por un número cada vez mayor de denuncias, recibidas por medio de distintas fuentes, de graves violaciones generalizadas y sistemáticas a derechos y libertades fundamentales en el país.

Arnoldo Listre era el embajador argentino ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Mi compatriota, Edmundo Vargas Carreño era en ese momento el secretario ejecutivo de la CIDH y Charles Moyer, su adjunto. El Presidente de la CIDH era el venezolano Andrés Aguilar. Los demás comisionados eran el jurista colombiano Marco Monroy Cabra, el estadounidense Tom Farer, el costarricense Tinoco Castro y el brasileño Carlos Dunshee de Abranches.

Mónica Mignone tenía 24 años cuando el 14 de mayo de 1976 un grupo se la llevó de su casa en la avenida Santa Fe. Era psicopedagoga, militante peronista y catequista en la villa del Bajo Flores. Su padre, Emilio Mignone, fue uno de los primeros en acudir al sistema interamericano ante la falta de respuestas de las autoridades locales. Él conocía bien cómo funcionaba esa instancia porque entre 1962 y 1967 había sido funcionario de la OEA.

Como Mignone, otros empezaron a presentar denuncias ante la CIDH. Para mediados de 1978, la Comisión había recabado tanta información como para hacer un informe desde Washington, pero los comisionados advirtieron que una visita al país tendría mayor impacto. Gracias a las presiones de las organizaciones de derechos humanos, del propio Mignone y del Gobierno norteamericano, con el Presidente Jimmy Carter a la cabeza, finalmente la invitación se formalizó el 18 de diciembre de 1978.

Así, un 6 de septiembre, 40 años atrás, empezaron los 14 días de actividades en terreno entre entrevistas, audiencias con autoridades, entidades y representantes de los distintos sectores de la sociedad civil argentina. Fueron visitados recintos penitenciarios, centros militares de detención, centros de tortura como la ESMA, y fueron recibidas miles de denuncias respecto de víctimas de violaciones a los derechos humanos. Para la realización de la visita y su posterior informe, la Comisión contó con la vital colaboración de la sociedad civil argentina. Fueron muchos los que colaboraron durante la visita y brindaron datos para elaborar el Informe y me parece muy importante nombrarlas, ya que muchas aún siguen en la lucha permanente y no cesan por hacer de este país una sociedad verdaderamente democrática y justa: ahí estuvieron la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos; la Liga Argentina por los Derechos del Hombre; el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos; las Madres de la Plaza de Mayo y la directiva del grupo Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, los Familiares de Desaparecidos de las Ciudades de Mendoza, Rosario y La Plata; la Sociedad de Abuelas de Niños Desaparecidos; Familiares de Menores de Edad Desaparecidos; Familiares de Periodistas Desaparecidos y Detenidos; Familiares de Conscriptos Desaparecidos; Familiares de Uruguayos y Chilenos Desaparecidos; y la delegación de Jóvenes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Y muchos personas y anónimos cuya lucha y aporte fueron invaluables. Sin mencionar su gran coraje. No era fácil atreverse a denunciar en aquellos años.

El día que la Comisión se reunía con el General Videla la selección juvenil de fútbol acababa de derrotar a la Unión Soviética en el Mundial Juvenil de Tokio (con un gol de Diego Maradona, ni más ni menos). Videla estaba exultante. Pulgares en alto, había salido al balcón a saludar un par de minutos antes de que llegaran los comisionados. A ellos, la multitud los recibió con una lluvia de papelitos y con banderas que decían “Los argentinos somos derechos y humanos”. El tiempo iba a mostrar que las calcomanías y las banderas con esa leyenda habían sido financiadas directamente por el Ministerio del Interior, con quien la Comisión iba a sentarse para discutir la lista de desaparecidos y detenidos.

Y fue precisamente en este ambiente, y a pesar de la fuerte campaña de desprestigio y hostigamiento montada por el gobierno contra los miembros de la Comisión y las organizaciones de derechos humanos, que las víctimas y familiares formaron largas filas para presentar información y testimonios sobre las violaciones a sus derechos. En total, fueron recibidas 5.580 comunicaciones, de las cuales 4.153 fueron nuevas denuncias sobre distintas violaciones a los derechos humanos. Hace 40 años atrás la CIDH fue un espacio de escucha en un ambiente de silencio y terror.

Esos importantes testimonios recibidos permitieron a la CIDH alcanzar una mejor comprensión de la situación de derechos humanos en Argentina y de las graves violaciones cometidas en un momento en que la dictadura controlaba los medios de comunicación, los partidos políticos y todas las formas de movilización social en el país. De esta forma se pudo evidenciar la gravísima situación de derechos humanos que vivía la Argentina bajo la dictadura cívico militar.

No cabe duda que la presencia de la Comisión en Argentina constituyó una señal de esperanza para miles de personas y la posibilidad de dar su testimonio ante un órgano independiente; iniciándose el camino hacia el fin de la impunidad y la eventual recuperación de la democracia en el país

Datología
Qué: Artículo “Memorias de una visita histórica”, colaboración de la Revista Haroldo Conti.
* Quién: Antonia Urrejola / Fotos Guillermo Loiacono – Facundo Ramos Mejía – Mora Illescas.

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