“Hay muchas preguntas abiertas sobre la historia común del Cono Sur en los años setenta”.

* Por Manuel Barrientos / Fotos Lucreia Da Representacao.

El historiador uruguayo Aldo Marchesi, autor del libro «Hacer la revolución: guerrillas latinoamericanas, de los años sesenta a la caída del Muro» analiza en esta entrevista los procesos políticos que convergieron en la región. En este sentido, profundiza sobre la influencia de América del Sur en otros lugares del mundo, la transnacionalización de la represión, el papel pionero de Brasil y el rol de la Junta de Coordinación Revolucionaria como articuladora de las guerrillas latinoamericanas bajo una estrategia de revolución continental.

Aldo Marchesi en la editorial Siglo XXI, 2019. Foto: Lucrecia Da Representacao.

Aldo Marchesi es doctor en Historia Latinoamericana por la Universidad de Nueva York y es profesor en la Universidad de la República en Uruguay. Desde sus comienzos, se especializó en la historia reciente de Uruguay y la última dictadura, y en los procesos de memoria colectiva que se generaron en su país. En esa formación, se fue encontrando con distintos colegas chilenos, argentinos y brasileños. Y una cuestión aparecía de forma evidente, pero aún no había sido abordada: la historia común de los países del Cono Sur y de los distintos procesos políticos que convergieron entre los años 1960 y la década de 1990 en toda la región.

“Esa historia común aparece en muchos libros, pero sólo como un telón de fondo, como contexto. Pero pocas veces se trabajó cómo ese proceso de convergencia política en la región también ayuda a explicar lo que pasó”, señala Marchesi en diálogo con la Revista Haroldo. Esa ausencia, lo llevó a pensar en las formas de articulación entre los diferentes actores. Y así surgió su libro Hacer la revolución: guerrillas latinoamericanas, de los años sesenta a la caída del Muro, que pone el foco en la historia de la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), que nucleaba al ERP en la Argentina, los Tupamaros en Uruguay, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Chile y el Ejército de Liberación Nacional en Bolivia.

Frente a los discursos que señalan cierto agotamiento sobre los años 60 y sostienen que es necesario “cerrar” esa etapa, Marchesi considera que hay muchas preguntas abiertas, que incluso no se terminan de agotar en la discusión pública, porque reemergen de forma cíclica. “Cuando arranqué a escribir el libro estábamos en una ola progresista y el tema parecía saldado. Pero después apareció Bolsonaro. Y este discurso de la nueva derecha también vuelve a poner en discusión los años sesenta, desde una perspectiva ultraconservadora”, explica.

Cuando se analiza la represión de los años 60 y 70, generalmente se pone el foco en la doctrina francesa y en el rol de la Escuela de las Américas. Un aporte del libro es señalar el papel pionero de Brasil en la implementación de ciertos mecanismos represivos.

Claramente, una de las grandes preocupaciones sobre lo que está pasando en Brasil en estos años -si uno lo mira en términos históricos- es que el nuevo tipo de autoritarismo en el Cono Sur surgió precisamente en Brasil y después se fue irradiando.

¿Qué implicaba ese nuevo autoritarismo?

Desde fines de los 60 hasta mediados de los 70, los académicos debaten en torno a qué representan estas dictaduras, como la de Brasil primero, luego la de 1966 en Bolivia, después en Uruguay y en Chile en 1973. Implicaban un nuevo tipo de dictaduras, diferentes a las tradicionales, que habían estado marcadas por un tipo comisarial, que buscaba restaurar el orden y luego salir del gobierno. En cambio, estas nuevas dictaduras querían refundar las sociedades y el ejército tenía un rol mucho más activo como corporación, con una pretensión modernizadora de la sociedad, aunque en clase conservadora. Son regímenes que buscaban refundar estos países de cuajo. Y Brasil fue el punto de partida de ese ciclo.

Con relación a las militancias surgidas en los años 60, remarcás la importancia de leerlas en el contexto de la Guerra Fría, pero también en torno al nuevo rol de las periferias.

Es muy importante pensar las discusiones políticas locales en ese contexto de la Guerra Fría latinoamericana. Hay preguntas que se hacían estos grupos en los años 60 que tenían validez, acerca de los límites de esas políticas moderadas, reformistas o demócrata-liberales en el contexto de la Guerra Fría y del papel central de los Estados Unidos en la región. Son preguntas que hay que retomar y ponerlas en cuestión. Un ejemplo claro es la experiencia de Salvador Allende, porque estos grupos planteaban que había un autoritarismo creciente liderado por Estados Unidos y que había que resistir ese proceso. Y la descripción del proceso era pertinente, porque las variables democráticas-liberales en ese contexto estaban muy limitadas y no generaban espacios para procesos de transformación social. Con relación al rol de las periferias, muchas veces se habla de estos procesos de radicalización en el Cono Sur como una consecuencia de los llamados “sesenta globales”. Pero es una narrativa muy eurocéntrica, con una mirada muy romántica y banalizada sobre cómo los procesos de París, Nueva York, Berlín influyen sobre América latina. Pero cada vez resulta más claro que el papel de América latina en esa revuelta global de los años sesenta fue central, y hasta podría invertirse el orden de las influencias.

Hay un dato menor, pero que es muy ilustrativo: en las marchas de París, Berlín y Nueva York había dos figuras que eran tomadas como emblemas: el Che Guevara y Mao. Entonces queda claro que las periferias tuvieron un rol central. Pero muchas veces hasta la narrativa de los propios militantes está formateada de esa manera, porque te encontrás personas que te dicen que en 1966 pensaba que el camino era la lucha armada porque ¡estaban influenciadas por el Mayo Francés de 1968! Hay un claro problema con las temporalidades. En el libro muestro cómo algunas experiencias del Cono Sur influyeron en otras partes del mundo, y es algo sobre lo que me gustaría profundizar. Me refiero, por ejemplo, a la teoría de la dependencia, que es muy influyente en Europa, Estados Unidos y África en los años setenta. La guerrilla urbana es un modelo que fue utilizado en Europa por grupos de extrema izquierda en Italia y en Alemania. También la experiencia de la Unidad Popular chilena fue replicada en otros lugares. Me interesa invertir el mapa acerca de cómo se piensan los sesenta y colocar a América del Sur como una zona que no sólo fue influida, sino que también influyó en otros lugares.

En ese sentido, una figura importante es la de Marta Haneker.

Sí, es una de esas intelectuales que fueron muy influyentes, que construyeron una suerte de canon de esta izquierda más radical. Marta Harnecker fue, inicialmente, una trabajadora social que va a estudiar a Louis Althusser a Francia y su principal interés tuvo que ver con la divulgación. Su libro “Los conceptos elementales del materialismo histórico” fue un intento por desarrollar un marxismo más estructurado para esta nueva izquierda, y se transformó en un clásico en esos espacios, aunque también fue muy discutido. Es una figura muy interesante para entender esa izquierda que viene desde diferentes espacios políticos y tradiciones ideológicas. Y el trabajo de Marta Harnecker permite darles un sedimento ideológico a esos grupos. Ella tenía una conexión muy fuerte con Cuba, entre otras cuestiones porque estaba casada con Manuel Piñeiro, que fue responsable del Departamento Américas. La experiencia intelectual del Chile de fines de los 60 y principios de los 70 fue muy importante.

Datología
Qué: Artículo extraído Revista Haroldo Conti.
*Quién: Manuel Barrientos periodista. Fotos Lucreia Da Representacao.

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