Biografía del Parque Almagro de Santiago.

* Por Criss Salazar.

Foto Parque Almagro  a inicios de los ochenta, en fotografía de Luis Padilla. Se observa la fuente de aguas con el pedestal antiguo del busto homenaje a Luis Emilio Recabarren, y al fondo la Iglesia de los Sacramentinos. Fuente imagen: Enterreno.com. Coordenadas: 33°27’06.1″S 70°39’05.6″W

En el Parque Almagro de la capital chilena, conviven las bondades de un pulmón verde en medio de uno de sus barrios más históricos, con las postales perfectas de aquella deslumbrante cordillera como telón de fondo para las cúpulas de la Parroquia de los Sacramentinos, en los barrios de calle San Diego y Santa Isabel.

Mi época de estudios estuvo vinculada a este parque: primero, como alumno del Liceo Manuel Barros Borgoño, con constantes idas hacia el centro de la capital por estas cuadras. Luego, como alumno de la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad Central, por un par de años más. Recuerdo tiempos previos, de hecho, cuando los trabajos de apertura de estas cuadras, para ampliar el parque, habían dejado aquellos barrios convertidos en un desolador campo de escombros, como luciría una ciudad bombardeada de la Segunda Guerra Mundial.

Todavía a fines de los años ochenta y cuando el parque ya estaba entregado a la ciudadanía, se seguían realizando modificaciones agresivas en las cuadras adyacentes, con grandes demoliciones y aparición de fachadas fantasmas, hoy ocupadas por nuevos edificios residenciales, comerciales y especialmente universitarios.

Desde el siglo XVII y por mucho tiempo más, la explanada entre los terrenos periféricos de Santiago en donde ahora está el parque, era empleada por los viajeros de antaño procedentes de la ruta Sur, para las paradas de descanso antes de entrar en la ciudad. Todavía en la mitad del siglo XIX, sin embargo, aquellos terrenos no eran más campos marginales, cuanto mucho utilizados para explotación agrícola y como potreros. Lo que corresponde a la calle San Diego, no se extendía más de 5 ó 6 cuadras desde la Cañada o Alameda de las Delicias hacia el Sur, hacia los años de la organización republicana.

Foto plano 1 Mercado de San Diego que ocupaba el antiguo lugar de la futura Plaza Almagro, en el “Plano de Santiago” de Ernesto Ansart, de 1875, con el eje Norte-Sur invertido.

Foto plano 2 Plaza Almagro en los planos de la ciudad del 1900, dejando atrás la época del Mercado San Diego que existió hasta fines del siglo anterior. Así aparece en el “Plano de Santiago” de la Imprenta Universo.

Foto plano 3 Vista de la situación de la Plaza Almagro en 1911, y una aproximación a las dimensiones actuales del parque sobre el mismo trazado urbano, en el “Plano General de la Ciudad de Santiago notablemente completado y corregido” de Nicanor Boloña.

Dimensiones y disposición de la Plaza Almagro hacia 1980, antes de la modificación que la extendió y convirtió en parque, en el “Plano de Santiago” de Chilectra Metropolitana.

El área de escasa urbanización de estos florecientes barrios era denominada “Suburbio de la Cañadilla” en planos como el de John Miers, confeccionado en 1826. El gran cambio urbano parece producirse con la adquisición de una enorme propiedad que había pertenecido al Almirante Manuel Blanco Encalada, dos años después, y que se encontraba en la proximidad de la llamada Estancia del Conventillo, la casa de campo y descanso de los sacerdotes franciscanos. El Cabildo de Santiago adquirió esta propiedad al héroe de la Independencia, como señala René León Echaíz en su “Historia de Santiago: La República”:
“En las proximidades del ‘Conventillo’ de los franciscanos existía una extensa pampa perteneciente al Almirante Blanco Encalada. El Cabildo (Municipalidad) de Santiago se la compró en 1828; y se formó allí una ancha calle que recibió, ignoramos por qué, el nombre de ‘Alameda de los Monos’ o ‘Cañada del Conventillo’. En un principio se usó como feria semanal de animales y era un espacio sucio y de feo aspecto; pero más tarde, durante la Intendencia de Vicuña Mackenna, sirvió de base al camino de cintura sur (hoy Avenida Matta)”.

Ya a mediados de aquella centuria, las cuadras se han extendido en dirección al límite meridional del Santiago de entonces, cerca del Zanjón de la Aguada, y las manzanas se han dividido configurando calles intermedias que siguen el patrón geométrico fundacional. Ya aparece la primera plaza o espacio en el sitio de nuestra atención, pero como un área abierta en donde se establece un mercado de abastos, para las necesidades de los habitantes de este lado de la ciudad.

De aquella forma aparece señalado, por ejemplo, en el plano topográfico de Santiago del arquitecto Pedro Dejean, de 1856, en donde puede observarse que ocupa un espacio de calle San Diego (que aparece como San Diego Viejo) ubicada a unas dos cuadras de Diez de Julio Huamachuco (llamada entonces Calle del Canal). Junto a ella, en la esquina vecina ubicada en San Diego con la calle lateral de la plaza, estaba la Escuela de Primeras Letras, que originalmente sostenía el Cabildo.

Vista de la antigua Plaza Almagro hacia la Parroquia del Santísimo Sacramento, desde la esquina de Inés de Aguilera con Gálvez (hoy Zenteno), hasta donde llegaba entonces su área verde.

La primera manzana del actual Parque Almagro, entonces, fue la que ocupaba esta primitiva feria o Mercado San Diego, más exactamente, entre lo que hoy identificamos como:
* Calle San Diego, eje principal.
* Mencía de los Nidos, nombre dado por la heroína española de los tiempos de la Conquista de Chile, siglo XVI.
* Zenteno, a la sazón Gálvez, que por entonces no estaba cortada en este tramo.
* Santa Isabel, en aquel momento una vía lateral llamada Calle de Inés de Aguilera, por otra heroína de la Conquista, que después fue fusionada con otras para formar la actual avenida.
El grupo de la feria comercial, que suponemos de puestos y toldos, contaba también con servicios como una oficina de correos. Hacia el lado de San Diego, además, tuvo fuentes de agua, y a fines del siglo XIX ya estaba trazado el plan de apertura de la calle lateral Sur de la cuadra del mercado, para formar la avenida que hoy corresponde a Santa Isabel (unión de las calles Las Heras, Aguilera y Mirador con Santa Isabel, que era más corta y al oriente).

La época del mercado pasó con el siglo XIX y la manzana fue remodelada en una plaza de descanso. El nombre de Plaza Almagro aparece perfectamente señalado en planos del 1900, por lo que no son precisas algunas reseñas de internet indicando que lo recibió muchos años después. Se aprecia como un área verde con senderos en los planos del Primer Centenario, de hecho, como uno de Nicanor Boloña en 1910, publicado por la Librería Tornero. Las alusiones de las calles adyacentes a mujeres españolas del Descubrimiento y Conquista de Chile puede guardar alguna relación con haber bautizado este sitio con el nombre del adelantado y descubridor del territorio chileno, con su célebre expedición de 1535 a 1538.

Por aquella misma época del Centenario, comienza la construcción de la Parroquia del Santísimo Sacramento, en la cuadra justo enfrente de la plaza, entre San Diego y Arturo Prat (antes llamada Nueva de San Diego y Calle de la Campana). La Plaza Almagro nunca será la misma, después de esta majestuosa presencia allí: primero, con la construcción de la cripta y los sótanos del convento, entre 1911 y 1919, y luego con el gran edificio religioso sacramentino, inaugurado en 1931.

El barrio va adoptando todo ese carácter popular que mantiene hasta hoy, en tanto. Los alrededores de Plaza Almagro son conocidos por sus cantinas, restaurantes de trabajadores, peluquerías, sombrererías, librerías y los infaltables lupanares, aunque también por la visita frecuente de algunos intelectuales. La Academia Nacional de Música estaba casi al lado, en calle Cóndor con San Diego.

Pasajes y cités están en las cuadras vecinas de la plaza, con nombres como Mercedes, Gres, Nataniel, Lira, Europea, etc. Y las líneas de tranvías que paraban justo enfrente de esta cuadra eran la Matadero-Palma, la Mapocho-Lo Vial, la Alameda-San Bernardo y la Alameda-Santa Cristina, entre otras. Heredaron sus nombres y trayectos a algunos microbuses del sistema de locomoción posterior.

A todo esto, un grupo de los populares libreros de San Diego se fue estableciendo al pie de la Parroquia de los Sacramentinos, dando origen a la feria de libros y la Plaza Carlos Pezoa Vélis, junto a las dependencias del convento. Lustradores de zapatos, vendedores de libros y fotógrafos de cámara minutera eran los que también podían verse en todo este sector de la urbe, estos últimos con su caballo de palo tratando de tentar las ganas de retratar niños en la Plaza Almagro.

Hasta la esquina de lo que ahora es Santa Isabel con San Diego, además, llegó a establecerse tempranamente el bar “Cola de Mono”, que algunos consideran la cuna del popular ponche del mismo nombre. Y a vecina a la Plaza Almagro, los vividores, nocherniegos y hampones encuentran cobijo en el bar y cabaret “El Submarino”, entre ellos el mítico Cabro Eulalio, rey de todo el ambiente licencioso de este barrio, asiduo visitante de los prostíbulos cercanos y los del barrio Los Callejones.

Otro oscuro boliche, “La Pata”, estaba en Eyzaguirre casi llegando a San Diego, en donde Eulalio dio muerte a un sujeto en un altercado entre “guapos”. Cerca estaba el café “Juanito”, al que iban artistas y escritores. Y ya hacia 1979, además, llegan al gran galpón de San Diego, por el lado del convento sacramentino, los célebres “Juegos Diana” que aún se mantienen estoicamente en este espacio, casi enfrente de la plaza.

De este modo, la Plaza Almagro, hasta unas décadas antes de convertirse en el barrio de cariz universitario que sería, fue intensamente bohemio y noctámbulo, durante la época del tranvía, con las líneas de carros que pasaban por este barrio llevando a bohemios rotundos de la intelectualidad nacional, como Pablo Neruda, Héctor Barreto, Alberto Rojas Jiménez, Tito Mundt, Raúl Silva Castro o Raúl Morales Álvarez.

La construcción y apertura del Paseo Bulnes y la propuesta base del austriaco Karl Brunner, perfeccionada en 1937 por el arquitecto nacional Carlos Vera Mandujano, permitió establecer la faja de conexión entre el Barrio Cívico a ambos lados de la Alameda Bernardo O’Higgins, desde La Plaza de la Constitución y el Palacio de la Moneda hasta los deslindes sobre la Plaza Almagro, razón por la que ésta sería extendida hasta Nataniel Cox, hacia el poniente. Curiosamente, este proyecto contempló alguna vez la construcción del edificio del Ministerio de Educación, al final de Bulnes, y la nueva sede del Congreso Nacional en un sector del actual parque, hacia donde ahora existe la sede de la Universidad Central.

Cerca del centro del parque con la nueva extensión dada, el 17 de septiembre de 1967 se inaugura la obra escultórica de homenaje al Presidente Pedro Aguirre Cerda, hecha cuatro años antes por Galvarino Ponce, en donde se lo representan acompañado de unos niños. Está escoltado a sus espaldas por un conjunto de siete grandes bloques de piedra sobre una plazoleta de forma semi-oval, pero originalmente de cemento y piedras canteadas, obra de Lorenzo Berg.

A mayor abundamiento, Berg había ganado el concurso de proyectos para el monumento en 1964, pero su propuesta de estilo Land Art o earthwork, al comenzar a ejecutarse, no tardó en recibir críticas de la comisión encargada del mismo por hallarlo poco estético e inapropiado, dejándolo inconcluso y agregándose así como pieza principal del grupo la estatua hecha por Ponce, en la conjunción misma de Mencía de los Nidos con el Paseo Bulnes y como conclusión de este último.

Los discursos inaugurales de 1967, estuvieron a cargo del Presidente de la República don Eduardo Frei Montalva y del Senador Ulises Correa. De esta manera, el grupo escultórico iniciado por Berg con su vanguardia artística incomprendida, nunca fue concluido, pasando a ser el principal elemento el aportado por Ponce.

Sin embargo, el plan urbanístico para la plaza era muy ambicioso y ya se aproximaba a los 50 años de postergaciones, comenzando a ejecutarse recién en los ochenta y tras varias revisiones.
Una gran demolición de edificios antiguos del sector, realizada en 1983, dejó las cuadras posteriores y parte de las vecinas de la manzana verde convertidas en montones de escombros. Muchas de las vetustas viejas residencias y sus pasajes caerán con esta feroz intervención: los cités de Nataniel con Aguilera, de Lord Cochrane, las villas de calle Huemul (hoy Roberto Espinoza), la calle intermedia Lacunza, que desapareció completa al igual que sucedería con Inés de Aguirre. El cuadrante de la plaza fue extendido hasta San Ignacio de Loyola, deslindando con esta calle de la manzana del Palacio Cousiño y su Plaza Las Heras.

Para ejecutar este plan, la Municipalidad de Santiago tuvo que comprar 18 mil metros cuadrados de viviendas y demolerlas, pues la plaza convertida en parque iba a abarcar ahora desde San Diego hasta San Ignacio, cortada sólo por el paso de las avenidas Nataniel Cox y Lord Cochrane. Para ello, debió elaborar un plan seccional junto con el Ministerio de Vivienda y Urbanismo.

Sólo un pequeño grupo de inmuebles de carácter comercial e industrial se respetó en la gran demolición en el extremo Sur-poniente de este cuadrante, en el final del empalme de calle Aldunate sobre la ya desaparecida Lacunza. En la actualidad y tras caer en desuso, estos edificios están en ruinas y esperando su inminente retiro.

El Parque Diego de Almagro, la nueva identidad de la explaza, fue diseñado por los arquitectos y urbanistas Felipe Cádiz, Carlos Aliaga y Enrique Barba, como una clásica área verde de 12 hectáreas con una red de senderos entre el césped, a la que se han ido adicionando otros elementos complementarios con el tiempo. En parte, se quería aliviar con ella la falta sofocante de grandes espacios en la ciudad, la contaminación ambiental y el deterioro urbano. 140 millones de pesos se invirtieron en la construcción de las nuevas áreas verdes y la remodelación de la que ya existía.

Cerca de 700 árboles y dos fuentes con espejo de aguas quedaron dispuestas en este parque: una vieja y preexistente, en la cuadra que da a San Diego y favorita de los niños del barrio en temporadas calurosas, y otra más nueva en la que da San Ignacio.

Tras la primera de las fuentes, de cara hacia San Diego, se había colocado la gallarda estatua ecuestre del Adelantado Almagro que daba nombre a la plaza, correspondiente a una reproducción a molde de la misma obra del escultor español Joaquín García Donaire (1926-2003), de 1954, que había hecho para la localidad de Almagro en la Península, cuna de don Diego. Su instalación e inauguración en Santiago había tenido lugar en 1981, coincide la proximidad de los 450 años de la expedición de Almagro a Chile, así que fue reinaugurada con el parque al concluirse los trabajos, allí acompañando la fuente.

Como lo recuerda la placa inaugural instalada al final del parque, en su extremo poniente, la obra se entregó a la ciudadanía el 5 de septiembre de 1985, estando al mando el General Augusto Pinochet y siendo alcalde de Santiago don Carlos Bombal Otaegui. La prensa destacó la presencia de secretarios del gabinete, subsecretarios y diplomáticos en aquella ceremonia. Eran días de fuerte agitación social, por cierto, en un período de movilizaciones protagonizadas por opositores.

A pesar de aquella inauguración formal, parte de las obras continuaron algunos años más, y el barrio siguió siendo modificado dramáticamente hasta buena parte de los noventa, en gran parte también por el mejoramiento vial de Santa Isabel. Además, en 1989 se había completado la conversión del Paseo Bulnes en una vía exclusivamente peatonal, alterando positivamente la relación de estas vías con el uso ciudadano.

Curiosamente, muchos mendigos llegaron a vivir un tiempo entre las ruinas de los edificios que desaparecieron a ambos lados del parque, en aquel período, correspondientes a antiguas viviendas de uno y dos pisos. Por todos los años noventa, continuaron rondando las cuadras del parque varios personajes intrigantes de estas calles, como vagabundos y locos. Destacó entre ellos un señor conocido como el Cerrajero, que habitaba en su “casa” (así la llamaba): una gran caja rodante de madera y rodamientos, pintada de verde y con retratos policromados en homenaje a la Junta Militar que acababa de dejar el poder, de infantil factura. Este personaje solía estacionar su gran cubo a un lado de San Diego, arrastrándolo a “palanqueos” con un palo por esas mismas calles.
El rasgo universitario, sin embargo, fue el más característico del nuevo barrio y gran parte de la línea edificada en los costados fue reemplazada por la de casas de estudios. Boliches de diferentes tipos eran visibles en esos años, por aquellos rincones junto al parque: desde el lúgubre local de “El Panameño”, en Nataniel Cox, en donde mandaba el vino y el trato “choro”, hasta efímeros expendios de comida rápida para los universitarios, como “El Bigote” de calle San Ignacio, ancestro de los actuales carritos de bocados que abundan en los barrios de estudiantes.
En varias oportunidades se realizaron sesiones fotográficas o se rodaron también algunas escenas de películas, teleseries o comerciales en el sector del parque, como fue el caso de una conocida publicidad de esos años, protagonizada por la modelo y Miss Chile 1983, Josefa Isensee, ya a principios de los noventa. Dicho comercial usó por locación el extremo poniente del mismo.

Por esos años, además, representantes de la izquierda habían realizado gestiones para conseguir la autorización de reinstalar el busto con abstracciones de homenaje a Luis Emilio Recabarren, el fundador del Partido Comunista de Chile, que desde 1966 habría estado en el parque antes de ser retirada por el régimen dictatorial, durante las remodelaciones de la plaza.

Aquella obra de bronce, de escultor Samuel Román Rojas y donada por él en 1965, para entonces se encontraba prácticamente abandonada en el Parque O’Higgins, tras haber sido retirada desde un pedestal al centro de las aguas de la pileta vieja del parque. De este modo, fue traslada hasta un nuevo pedestal de albañilería en el borde del Parque Almagro con Calle San Diego, y un monolito menor de homenaje se le adicionó después, convirtiéndose así en lugar de encuentro y de celebraciones de carácter político, siempre alrededor del busto de Recabarren.

Además de los cambios del entorno, el mismo parque ha recibido varias adiciones y modificaciones en su corta vida desde inaugurado en esa “década de oro” de las nostalgias generacionales: mejoramientos de sus senderos y jardines, implementación de mejores bancas de descanso, algunas obras artísticas, juegos infantiles, máquinas e implementos de ejercicio, un monolito con una piedra traída desde Hiroshima en su último tramo (desde el lugar de la bomba), etc.

Algunos jarrones ornamentales de pretensiones francesas han ido desapareciendo de la implementación del parque, desgraciadamente. También se han realizado allí encuentros de estudiantes y celebraciones que han producido grandes daños y el malestar de los vecinos residentes. Esto, sumado a ciertos hechos de violencia en las noches, llevaron a la Municipalidad de Santiago a pensar en el cierre del parque en 2017, con apoyo de varios residentes del sector. Delincuencia y narcotráfico no han podido ser erradicados de allí, desgraciadamente, presentes sovre todo durante sus noches.

El 22 de enero de 2019, luego de grandes y prolongados trabajos en la primera manzana del parque, fue entregada con la Línea 3 del Metro de Santiago la Estación Parque Almagro, con su acceso de cara a San Diego. También se rehizo la fuente antigua y, poco antes, se había modernizado positivamente la Plaza Carlos Pezoa Véliz de los libreros, dándoles kioscos de mejor aspecto a sus puestos y funcionando como una suerte de prolongación del parque, que sigue cambiando y modificándose con la propia ciudad a la que pertenece.

Datología
Qué: Crónica Biografía del Parque Almagro de Santiago.
*Quién: Criss Salazar, cronista que prefiere pasar anónimo.

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