“Amazonías. Una revisión sobre la pluralidad artística desde y en torno a la región amazónica”.

* Por Artishock.

La región amazónica es uno de los territorios en los que se debaten temas cruciales para la vida contemporánea: desde la lucha por los derechos de comunidades indígenas y la preservación de sus saberes ancestrales hasta la conservación de un medio natural vital para la supervivencia global. La revisión de la producción artística de esta región, durante mucho tiempo excluida de la historiografía del arte, es lo que se ha planteado la exposición Amazonías.

“Hablar de lo amazónico como una categoría aparte puede resultar reduccionista. El término no refleja la complejidad y diversidad de la producción artística de los pueblos que habitan este territorio, y tampoco da cuenta cabal de la mirada de creadores de distintas procedencias que trabajan en torno a esta particular región. El título Amazonías, en su condición plural, apunta a reflejar una multiplicidad de miradas que desestabilizan cualquier aproximación esencialista sobre un territorio o población determinados. Lejos de una voluntad etnográfica o antropológica, varias de las obras reunidas en la exposición buscan abordar la idea de la Amazonía como construcción de raigambre colonial que en buena medida –a través de sus imágenes– ha concentrado ideas en torno a una otredad radical”, señalan las curadoras de la muestra, Gredna Landolt y Sharon Lerner.

La exposición, que abrió en el marco de la programación de Perú como país invitado en ARCOMadrid 2019, reúne cerca de cien obras de artistas que operan en el llamado circuito del arte contemporáneo internacional y de creadores indígenas que actualizan los lenguajes visuales para plantear nuevas aproximaciones a sus contextos y tradiciones, así como piezas históricas pertenecientes a la colección del Museo de Arte de Lima (MALI), una de las más representativas de toda Latinoamérica, y de otras importantes colecciones privadas.

Amazonías se articula en torno a cuatro secciones. La primera de ellas, titulada La construcción de la idea de Amazonía o la refracción de la mirada, incluye el video Un afán incómodo (2011), realizado por los artistas Raimond Chaves y Gilda Mantilla, el cual sirve como punto de partida para la revisión de un conjunto de obras de artistas contemporáneos peruanos que, al igual que otros artistas internacionales, han volcado la mirada hacia el vasto territorio amazónico.

En este apartado también se presentan Anaconda, videoinstalación del colombiano José Alejandro Restrepo (Bogotá, 1959), y La visión de los vencidos, el tercer video de la trilogía titulada Nefandus, del también colombiano Carlos Motta (Bogotá, 1978), que si bien no se refiere a un territorio ni a una población amazónicos —la pieza en realidad fue filmada en la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte colombiano—, ha sido incorporada al conjunto por el planteamiento general del que parte, a saber, la investigación en torno a la imposición de categorías europeas en culturas indígenas desde la conquista de América, enfatizando la construcción de género y la sexualidad como conceptos basados en preceptos judeocristianos.

Otro trabajo en esta sección es Sala de la cocamera y la investigación, pieza monumental sobre llanchama —soporte hecho a base de corteza de árbol— del artista Uitoto-Bora Brus Rubio, que retrata la visita de un grupo de antropólogas a la comunidad del artista para dedicarse al estudio de sus usos y costumbres. Con ironía, Rubio retrata una escena que pone en cuestión los modos de representación propios de la cultura occidental como fuente neutral de conocimiento.

El territorio esquivo, la tercera sección de la exposición, reúne un conjunto de obras que muestran diversas maneras de mirar y concebir el paisaje: desde pinturas en las que el espacio es compartido con los demás seres vivientes —los no-humanos (animales y plantas)—, también considerados “personas”, pasando por obras que elaboran alternativas a la idea de paisaje desde la apropiación crítica del formato de bitácoras que caracterizaban las travesías de viajeros en el siglo XIX, hasta aquellas que lo abordan como un espacio en disputa donde se debate la supervivencia del ecosistema.

Acá se incluye Amazogramas, de Roberto Huarcaya, fotogramas de proporciones monumentales realizados en años recientes en el Parque Nacional Bahuaja Sonene, y que abren camino a una infinidad de lecturas asociadas a las condiciones de ese ecosistema específico y a las limitaciones del medio fotográfico para representar lo inconmensurable del territorio y el paisaje amazónico. También se encuentran en esta sección artistas como Francesco Mariotti o Eduardo Hirose, quienes centran su atención en los crecientes ecocidios que están teniendo lugar en la Amazonía.
Finalmente, el grupo de obras reunidas en la última sección de la muestra, Lo urbano tropical y la memoria de la comunidad, busca preservar la memoria de la Amazonía, así como retratar y documentar los modos de vida, tanto en los centros urbanos como en las comunidades. Aquí se exhiben las pinturas de Christian Bendayán, quien ha hecho de la representación de personajes urbanos de Iquitos, sus idiosincracias, su historia y su cotidianidad una marca indeleble.

Al igual que la de muchos países latinoamericanos, la historia del Perú ha estado marcada por los conflictos asociados a la exclusión de grandes sectores de la población de la toma de decisiones políticas y de los beneficios del desarrollo económico. Así, según las curadoras, esta sección final de la exposición no puede obviar un grupo de obras que abordan la memoria de dos de los más grandes genocidios cometidos contra poblaciones amazónicas en el siglo XX. El primero se vincula a la explotación indiscriminada y la violencia ejercida contra la población Uitoto y Bora en el Putumayo por parte de la Casa Arana durante el auge de extracción cauchera a inicios del siglo XX. El corazón de los barones del caucho, del artista uitoto Santiago Yahuarcani, recoge una descripción detallada de las torturas y maltratos ejercidos contra dicha población a partir del recuerdo del testimonio del abuelo del pintor. Similarmente, Enrique Casanto retrata con detalle la masacre cometida durante el llamado periodo de la violencia, específicamente a inicios de la década de los noventa, contra el pueblo Asháninka, en particular las brutales incursiones de grupos armados como Sendero Luminoso y el MRTA y la autogestión de los pobladores en la organización de comités de autodefensa, episodio que también se encuentra en las imágenes de Vera Lentz, con su potente registro del conflicto armado interno en la Selva Central.

El oriente amazónico peruano es el centro de algunos de los debates más importantes en términos de sostenibilidad y biopolítica planetaria, y escenario crucial de luchas por los derechos de las comunidades indígenas y por la preservación de sus saberes ancestrales. Es un territorio extenso, agreste, que por mucho tiempo ha sido económica y políticamente relegado. A pesar del alto grado de conflictividad social experimentado en la zona a lo largo de los últimos quince años, en ese mismo lapso de tiempo sus múltiples y heterogéneas manifestaciones culturales y artísticas han recibido una creciente atención a nivel local gracias al esfuerzo de artistas, académicos y gestores, quienes se han abocado a su investigación, promoción y difusión, afianzando internamente la que ahora es considerada en el Perú una de las escenas artísticas más sólidas.
En ese sentido, señalan las curadoras, es imposible no mencionar a algunos de los agentes culturales que en los últimos treinta años han sido pioneros en la formación de una escena que, en parte, se recogen en Amazonías.

El interés por el arte y la cultura indígena amazónica fue impulsado en los circuitos académicos y artísticos gracias a la visión y labor incesante del historiador Pablo Macera. Macera contribuyó a su estudio y difusión como director fundador del Seminario de Historia Rural Andina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos del Perú, invitando desde 1997 a conocedores indígenas de varios pueblos originarios. Asimismo, inició junto a ellos la recopilación de su tradición oral y los convocó a expresarla creativamente a través de diferentes medios, como la pintura, el bordado y el tallado en madera. De estas colaboraciones surgieron valiosos artistas, como Víctor Churay, del pueblo Bora; Lastenia Canayo (Pecón Quena), Elena Valera (Bäwan Jisbë) y Roldán Pinedo (Shoyan Shëca), del pueblo Shipibo, y Enrique y Wilberto Casanto, del pueblo Asháninka, entre otros, a quienes Macera ha acompañado en el desarrollo de su arte y cuyos trabajos ha expuesto.

El ojo verde, cosmovisiones amazónicas, curada con Gredna Landolt y realizada de la mano de la organización indígena Aidesep, fue la primera exposición, el año 2000, en mostrar una visión de conjunto y presentar piezas indígenas amazónicas peruanas como objetos de arte. A lo largo del tiempo esta mirada al arte realizado desde la Amazonía ha ido variando, y la producción artística de este territorio ha ido adquiriendo una agencia y dinamismo a partir del trabajo de los propios artistas, que han ido transformando sus lenguajes, pero también de la mano de múltiples gestores y curadores –quizás el más reconocido sea el artista loretano Christian Bendayán–, quienes crecientemente proponen nuevas lecturas e investigaciones en torno a la región y su prolífica producción.

Pensar en la Amazonía es algo que por necesidad excede los límites artificiales impuestos por las fronteras nacionales sobre territorios extensos que demandan lecturas transversales. En años recientes ha habido impulsos institucionales a nivel latinoamericano que vuelven la mirada con nuevas energías a repensar las distintas aproximaciones hacia la Amazonía desde las prácticas artísticas contemporáneas. Muestra de ello es el trabajo realizado en la última década desde Brasil en espacios como el Museu do Arte de Rio (MAR), bajo la dirección de Paulo Herkenhoff, y la labor de Adriano Pedrosa en el Museu de Arte de São Paulo (MASP), pero también la presencia de artistas indígenas amazónicos en grandes eventos internacionales, como la participación del colombiano Abel Rodríguez Muinane en la reciente edición de la Documenta de Kassel y su obtención del Premio Príncipe Claus, o la inclusión de la obra del artista Sheroanawe Hakihiiwe en la reciente Bienal de Shanghái.

De amazonías.
Natividad Achuag, Gianfranco Annichini, Celia Antuash, Julia Apikai, Juan Enrique Bedoya, Christian Bendayán, Lastenia Canayo (Pecón Quena), Enrique Casanto, Wilberto Casanto, Francisco Casas, Raimond Chaves, Harry Chávez, Victor Churay, Juanjo Fernández, Norberto Fernández, Sandra Gamarra, Sheroanawe Hakihiiwe, Eduardo Hirose, Roberto Huarcaya, Orfelinda Huite, Victorina Huite, Morfi Jiménez, Nancy La Rosa, Vera Lentz, Gilda Mantilla, Francesco Mariotti, Carlos Motta, Musuk Nolte, Dimas Paredes, Gerardo Petsaín, Harry Pinedo (Inin Metsa), Roldán Pinedo (Shöyan Shëca), Adrián Portugal, Amelia Quiaco, Julia Quiaco, José Alejandro Restrepo, Abel Rodríguez Muinane (Mogaje Guihu), Brus Rubio, Leslie Searles, Elena Valera (Bawan Jisbe), Emerita Wampash, Armando Williams, Antonio Wong Rengifo, Rember Yahuarcani y Santiago Yahuarcani.

Datología
Qué: Artículo extraído de la revista Artishock: “Amazonías. Una revisión sobre la pluralidad artística desde y en torno a la región amazónica”.

* Quién: Artishock, revista de arte.

También te puede gustar...

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *