“La mujer y la moral” en el cine de Claude Chabrol.

*Por Diego Dário Paoletto.

En el verano de 1997 me encontraba viviendo en Buenos Aires, cuando un muy querido amigo, un día equis, me invitó a la primera cinta de un ciclo que exhibían en el Centro Cultural Recoleta. En esa ocasión proyectarían “La ceremonia”, del francés Claude Chabrol de quien tenía muy poco conocimiento, más allá de saberlo perteneciente a la “nouvelle francesa”. Pero lo que más me convenció fueron las palabras mi amigo: “estás a punto de conocer el cine de quién mejor se ríe y retrata la moralina francesa y que además se autodefine como feminista”.

La película “La ceremonia”, fue la primera película que veía de Chabrol y, fue realmente una experiencia inolvidable. Si bien la historia es intensa tanto como la presencia de su protagonista, Isabell Hupert, puede decirse que quedé tan enganchado, que del ciclo en cuestión vi casi todas las cintas y con cada una, coincidí además de entender y valorar, tanto al cineasta galo como a mí querido amigo, ya que su definición era más que acertada.

Porque para finales de los ´90, mis gustos cinéfilos habían dejado atrás a Francia y a la “nouvelle” cinematográfica de André Bazin, François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Éric Rohmer o su precursor Jean Pierre Melvillen, como así también las propuestas que repasé con interés de ratón de biblioteca, en mis tiempos como estudiante de cine. En ese presente, más bien me encontraba merodeando y deleitándome, con el cine latinoamericano. Pero conocer a Chabrol, sinceramente fue una experiencia de “punto y aparte”.

La filmografía de Chabrol, es realmente extensa, no las he visto todas, muy a mi pesar, ya que no es tan fácil acceder a ellas. Hoy en día que poseas DVD o VHS, es sinónimo de dinosaurio y conseguir verlas en esos formatos, es tarea difícil. Porque cada quien sus gustos, en lo personal, no soy amigo de verlas en la pantalla del computador, si no más bien me inclino por la histórica sala a oscuras y por último, la pantalla de TV, sobre todo ahora que puede ser casi del tamaño gigante.

De la filmografía de Chabrol, que tuve a bien ver en esa temporada en Buenos Aires, recuerdo nítidamente “El infierno” (1994), “Madame Bovary” (1991), “Días tranquilos en Clichy” (1990), “Asunto de mujeres” (1988), “Betty” (1992), “Inspector Lavardin” (1986).

Años después sumé “Bellamy” (2009), “Una chica cortada en dos” (2007) “La dama de honor” (2004), “La flor del mal” (2003), “Gracias por el Chocolate” (2000), “No va más” (1997). Por ahí encontré unos DVD piratas con “Pollo al vinagre”, “Los primos”, “El bello Sergio”, “El carnicero”. Y pese a lo largo de mi lista, todavía queda material para ver.

Y hace unos días atrás volví a toparme con dos de sus cintas, que en mi modesto entender, son las que además de provocar este escrito, las considero un muy buen ejemplo para hablar de “la mujer y la moral en el cine de Claude”.

Mujer y moral.
Las cintas elegidas son “Un affaire de femme” y “Betty”. La primera es de 1988, la protagonista es Isabell Huppert y su coprotagonista es Marie Trintignat. Ambientada en la Francia de 1941, cuando el país galo había caído en las fauces de los alemanes. La segunda cinta, tiene data de 1992 y es protagonizada por Marie Trintignat y Stéphane Audran y su historia, está ambientada en los años 50 o 60.

Resulta curioso si pensamos que Francia, la nación que abolió la monarquía, decapitando a sus reyes, creando un himno nacional que es una oda a la libertad y fraternidad, finalmente no era tan horizontal la lucha, ya que a ellas las dejaron un tanto afuera. Uno supondría que plantando aquellos pilares de la igualdad, libertad, fraternidad, conseguidos en la revolución francesa, construirían una nueva nación, para niños, niñas, hombres y mujeres. Pero no sé si a consecuencia o adherido a sus Genes, todo eso en gran mayoría quedó más como slogan de campaña publicitaria, suena atractivo pero, carece de fondo. Porque en realidad el resultado de la insurrección popular y la búsqueda de libertad para todes, devino en una nación enferma de moralista y conservadora que señala y juzga no solo con el dedo, sino que con ambas manos.

Europeos, primer mundo y sin embargo, los derechos de las mujeres para hacer y deshacer con su cuerpo lo que quieran y así también como seras humanas, sigue siendo un hermoso discurso flácido. Letras y frases de feministas como las grandes intelectuales Olympe de Gouges y Simone de Beauvoir, que lucharon, gritaron y exigieron que el aborto fuera despenalizado, lográndolo recién en 1975, con la Ley Veil, que complementa la Ley Neuwirth de 1972 sobre métodos anticonceptivos. Y sin embargo el rol de la mujer francesa, autosuficiente, tigresa, femme fatal, se acomoda más en la ilusión del cine o en los estribillos de temas románticos, porque para aquellas mujeres que se manifiestan y actúan de manera libre, siguen siendo tildadas de putas. Así también a la hora de elegir qué hacer con su cuerpo, serán señaladas y qué decir si la mujer declara no tener instinto maternal.

En cambio en el cine de Claude Chabrol, a través de una historia armónica, con diálogos muy cuidados, inteligentes y con varias pizcas de ironía, las actrices elegidas para llevar la trama y los ideales, generalmente mujeres que no pasan desapercibidas debido a sus personalidades fuertes que traspasan la pantalla, como Isabell Huppert, por ejemplo, o Marie Trintignat, dejan al descubierto las luchas por aborto, dignidad, igualdad, fraternidad efectiva, en medio de una sociedad cinematográfica y real, que terminará una vez más, señalándolas con el dedo, juzgándolas para finalmente, condenarlas.

Un affaire de femmes.
En “Un affaire de femmes”, Huppert, personifica a Marie Latour, una mujer que vive en un pueblo de Francia, lejos de París. Es el año de 1941, su marido tras ir a la guerra, ha caído preso en las cárceles alemanas. Mientras tanto, será ella la que deba ingeniárselas para sobrevivir con nada y sacar adelante a sus dos hijos, Patito feo y Mosquita. Vive en un departamento que al igual que el edificio está viniéndose abajo, habitado por otras mujeres que como ella, están en la misma precariedad y situación. Y es justamente este desamparo las que las hace unirse, cómplices, amigas, cercanas, para salir a veces hasta el café del barrio, a tomar y bailar entre ellas. En el caso de Marie Latour, a pesar de las vivencias y pobrezas, continúa soñando con que algún día será cantante y para demostrar sus condiciones vocales, hace feliz a las amigas y a sus hijos, quienes la miran embelesados.

Así transcurre la existencia de estas mujeres, hasta que un día una de las vecinas va a llorarle que nuevamente ha quedado embarazada y que evidentemente no puede tener un nuevo niño hambreado. Entonces, con una frialdad solidaria, Marie Latour, le cuenta que sabe que si metes agua con jabón por la vagina, ese nacimiento puede truncarse, pero el jabón tiene que comprarlo la mujer grávida. Es así como Lataur, encuentra una forma de alimentar a sus hijos y de paso, ayudar a todas las mujeres que en la misma situación de pobreza, no pueden darse el lujo de traer más hijos al mundo. Realizará abortos a mujeres que han sido violadas por soldados alemanes y también para las que tras mantener encuentros sexuales en ausencia del marido, quedaron esperando guagua.

En un principio el pago por su trabajo será que la urgida ponga el jabón, otras le darán regalos como un tocadisco, latas de comida. En la medida que las mujeres vayan pasándose el dato, aparecerá el dinero, un pago justo para liberar del problema. Al tiempo conocerá a una prostituta con la que hará amistad y preocupándose de su seguridad, le ofrecerá -por una módica suma-, el servicio de habitación con sábanas y toallas limpias, para que lleve a los clientes. En todas estas acciones lo que más resalta en gestos, a veces en conversaciones, es la “sororidad de femme”. Porque Marie Latour, nunca juzga, ni mira en menos a ninguna mujer en problemas, menos a su amiga prostituta.

Pero como es película y no documental, la miel comienza a enturbiarse cuando el marido sale de la cárcel y regresa a casa. La relación entre ellos se ha deteriorado y temerosa de quedar embarazada, no pretende intimar con el marido por nada del mundo. El hombre hará de todo para ganársela nuevamente, pero como ella reitera, la relación está muerta. La relación continúa deteriorándose. Para colmo, el trabajo que el marido había conseguido lo pierde y de ahí en más, no repunta y se dedica no a trabajar en las cosas de la casa, no a ayudar a la mujer con los niños, sino que a transformarse en un parásito. Finalmente el odio de este hombre a por su mujer, lo hace denunciar sus actividades y Latour, es condenada a prisión por traicionar a la patria, al impedir que más y más niños (sin incluir el “niñas”), futuros salvadores de Francia, pudieran nacer.

En versión espectador viendo la película, al menos a mi como hombre que soy, me pasó que todo el tiempo sentí que la injusticia estaba en no permitir la libertad de Marie, porque lo que ella hacía por las mujeres, era más de lo que nadie si quiera había pensado, menos imaginado. Y mientras la miraba recordé una suerte de símil, en versión inglesa, “El secreto de Vera Drake” (2004), dirigida por Mike Leigh y protagonizada por Imelda Stauton. La problemática es idéntica, como también el desenlace y aún con mayor desesperanza ya que la historia está ambientada cinco años después.

Algo muy hermoso que descubrí la primera vez que vi “Un affaire de femme” y que repito en sensaciones cada que la vuelvo a ver, es el vínculo de profunda sororidad y amor, entre estas mujeres. Bien hizo Chabrol en titularla “un affaire” porque aunque en castellano significa, “asunto”,  conocemos el término como un amor de corta data y en este caso, más allá del tiempo, es evidentemente un acto de amor. Porque es el sentimiento que lleva a Marie a tomar esa decisión, ayudar a sus símiles en problemas. Y en el rol de Isabell Huppert, que es una actriz que no se caracteriza por interpretar roles muy cálidos, en esta ocasión, si bien persiste su esencia gélida, racional que la hace tan hermosa y atractiva y sin embargo, también emerge una forma natural, espontánea, sincera, de relacionarse rápidamente con las mujeres, sumado a la relación amorosa que tiene con sus dos hijos, a diferencia de la que profesa por el sexo opuesto.

Las mujeres en el cine de Chabrol.
Evidentemente para hablar de algo tan general como “las mujeres en el cine de Chabrol”, se debe a que los roles tanto protagónico como secundarios, son interpretados por mujerazas. Grandes mujeres, actrices francesas, que dejan huella en la pantalla grande. Primero que nada, lo que salta a la vista, aquello que entra por los ojos, es la belleza clásica, singular, particular,  de estas mujeres elegidas por Claude. Mujeres de piel blanca, algunas más tostadas, generalmente caritas de ángel, ojos claros o castaños, cabellos rojos, rubios, negros. Segundo, mujeres muy delgadas, generalmente menudas, de estatura media. Buen estado físico, aparentemente indefensas como Huppert. Tercero, sus personalidades fuertes, las que  notamos en sus actuaciones.

En el listado, obviamente destacamos a Isabell Huppert, que tiene esa aura de frialdad que la hace tan atractiva y al mismo tiempo detestable para hombres y mujeres. En esta cinta, fue la primera vez que vi a Huppert, interpretar un rol más humano, cercano, cálido. Ese cariño, maneras tales, amorosas casi, que tiene con sus dos hijos y qué decir con sus amigas. Los prejuicios masculinos, que caen en sus redes extasciados, la tildarán de “incapaz de sentir, calculadora”, para excusar ¿Por qué se deshizo de ellos?

Le sigue Stéphane Audran, quien además fue esposa de Chabrol. Audran, también posee ese aire de frialdad, gran belleza, pero en tonos colorines que contrastan con su piel blanca, sus ojos claros, un cuerpo hecho a mano. Y si bien comparte un poco el sello de la mujer fría e inquietante, que deja a los hombres muertos de amor, sus roles son generalmente de mujer que viene de vuelta. La experiencia de la mujer que fue pecadora y en su regreso, inmersa en el sufrimiento por la vida que perdió, siempre, siempre, solidarizando con las más jóvenes que van a recorrer su misma ruta.

Así suceden en “Betty” (1992), Audran, interpreta a la mujer madura, de gran fortuna, impactante belleza, quien mantiene un romance -sin cadenas-, con el dueño de un restaurant. En ese lugar es donde ambos conocern a “Betty” y será esta mujer adulta, la que ofrecerá llevársela al hotel donde se hospeda.

En “Betty”, la protagonista es Marie Trintignat, que vendría siendo el modelo de mujer morena, sensual. Ya que por ejemplo en “un affaire de femme” interpreta a la prostituta y amiga de Huppert. En “Betty”, es la mujer que destinada a descarriarse y Audran la que intentará contenerla en la caída. Pero sucede que Betty – Trintignat, no quiere salvación, pasada en copas revolverá sentimientos, historias, conversaciones y así nos enteraremos de lo que le pasó. Pero en su actuar ella ha optado por la vida “fácil”, no tiene prejuicios en pasar una noche con un hombre distinto, es la razón que la condenó cuando estaba casada y que para ocultar el pecado, marido y suegra ofrecieron dinero, una jugosa pensión a cambio de no volver a ver a sus dos hijos. Y ella aceptó, porque entre cavilaciones cuenta que nunca sintió aquel lazo con sus niños, ni la dejaban estar muy cerca de ellos, porque eso lo hacía la nana y tampoco luchó contra ello porque para qué.

Entonces Chabrol y su cine, toma esos casos de mujeres que no quieren vivir la existencia impuesta ya sea casada, de ama de casa, dueña de casa adinerada y en cambio, vivir sus vidas libremente después de ser criticadas, maldecidas y juzgadas por la sociedad. Y en estas condiciones es que los espectadores de estas historias de cine, todas y todos, solidarizamos con ellas, además de coincidir y darle la razón y cuestionarnos ¿Por qué no? ¿Quién dijo que se nacía con espíritu maternal? ¿Quién ordenó a la mujer nacer para casarse y procrear, sin gozar de la sexualidad? Obviamente que muchas de las cintas de Chabrol, fueron más que polémicas en su tiempo, tanto en Francia como en muchos países de Europa y sin embargo, las críticas venían de parte de los políticos, de empresarios, los que mantienen el poder, porque el espectador, hombre o mujer, solidarizaba y entendía la posición tanto de “Betty”, como de “Un affaire de femme”, quienes apostaron por una vida diferente a la destinada para ellas.

Y ahí está el feminismo del que me hablaba mi amigo argentino, el feminismo de Chabrol. Aquel que no juzga a las mujeres, sino que por el contrario, pone de manifiesto la elección a que ellas no quieran tener hijos y dedicarse solo a la crianza, o solo a ser esposa o a tener sexo solo con hombres, solo con sus maridos y bajo los términos que ellos consideren apropiados. Las mujeres en el cine de Chabrol, pueden ahondar en transformarse en las supuestas malvadas, sin escrúpulos, egoístas, manipuladoras, porque no ejercieron la existencia que les estaba conferida.

Y creo que viniendo de un hombre, Claude Chabrol, nacido y criado en un país moralista y conservador como Francia, no deja de ser un plus tanto para el cine, como para los que aprenden y viven a través del séptimo arte.

Si se toman la molestia de ver, analizar y revisar, cada una o las más posibles, cintas de Chabrol, encontrarán primero, protagonistas mujeres y segundo, tercero y cuarto, todo esto que les he contado. La esposa que envenena al marido porque quiere ser la dueña y señora del mundo del chocolate en “Mercy por el chocolate”, “La flor del mal”, “Madame Bovary”, “Pollo al vinagre”, “El infierno” y “La dama de honor”. En todas ellas veremos desfilar a mujeres aburridas de sus vidas monótonas, en las que solo hay tiempo para sufrir, sin elegir y cuando lo hacen, la felicidad durará poco (como todo lo bueno, lamentablemente), porque la moral gala les hará saber que obraron mal.

El ejercicio de volver a ver “Un affaire de femmes” y “Betty”, hizo compararlas con el tiempo presente y en el que fueron hechas y si bien no se ha avanzado en los derechos obvios a por las mujeres, sí se puede admirar que un hombre del siglo XX, como Chabrol, se saltara los dogmas de su  país y mostrara en cada una de sus historias, su apertura mental. Amplitud de mente no en términos paternalistas, como quien cuida al perrito o gato, al contrario, no hay intención de perdonar sus pecados, ni de darles permiso, no son infantes, son seras humanas y solamente exponiendo las injusticias de las que aún hoy siguen siendo víctimas, es que alcanzarán la verdadera igualdad, fraternidad, no solo francesa sino universal.

Siempre he dicho que el cine, como los libros y escuchar a otres, es la mejor manera de aprender, crecer y mejorar.

Datología
Qué: Comentario de cine “La mujer y la moral en el cine de Chabrol”.
*Quién: Diego Dário Paoletto. Fotógrafo.

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