Comentario de cine: Roma, Alfonso Cuarón.

*Por Colomba Orrego Sánchez.

Había decidido no escribir nada sobre Roma, después que la vi. Es que la verdad me enojó tanto, la encontré tan barata, tan insulsa, tan mala por  la cresta. Me ofendió. Después pensé en las otras películas de Cuarón, con las que también sufrí decepción y me dije ¿viste? para qué hacerse mala sangre, mejor déjala pasar. Pero como verán, no me hice caso.

Y es que el cine de Cuarón, hablaremos en plural ya que ha realizado varias y por supuesto, será mi opinión, las encuentro que son cintas para venderla entre sus amigos, en Europa, en Norteamérica, porque más que la trama, repararán en ese marcado acento por destacar lo mágico y surrealista de México, como cine para espectadores turistas. Como la escena exagerada y mentirosa, del matrimonio en plena carretera de “Y tu mamá también”, que se repite en Roma, cuando la familia y su empleada Cleo, van a la playa y les toca presenciar un cumpleaños de quinceañera. Viví 12 años en México y presencié muchas cosas, viajé por infinidad de rincones de ese hermoso país y nunca me tocó ser espectadora de nada así… hasta que llegaron los narcos, que realmente son personas bastante ordinarias, les gusta el dorado, lo extravagante, llamar la atención con gritos y ostentación, porque las balas siempre han estado presentes.

Me cargó Roma, sentí que todos esos guiños o efectos cinematográficos “antiguos”, como el blanco y negro, los sonidos, la cámara que uso para lograrlos, se hacían nada en comparación a los baches, vacíos, con respecto a la supuesta historia de la cinta. Como bien dijo un amigo, a quien le encantó, era como revisar el álbum de fotos familiares. Si, el problema es que además de imágenes debía existir una historia que las condujera. Porque si es por ver fotos, te presto los innumerables álbum que tengo en casa.

Me acuerdo que cuando comenzó toda esta vorágine de locura y devoción por Cuarón y Roma, cayó en mis manos una entrevista hecha al director, donde contaba que la cinta estaba enfocada en un paraje de su vida infantil, que vivió junto a su nana, empleada, chacha, Cleo y por tal, la película era un especie de homenaje a esta mujer. Y por eso decidí verla, porque me sedujo la idea de historia sobre esta mujer, indígena, que llega a la ciudad para trabajar con una familia de clase alta y en el barrio de la Roma. Como también me tentó aquello de volver a mi amado México, que mas no fuera a través de la película y pasear -visualmente-, por las calles de la Roma, un barrio tan hermoso y en decadencia. Así como escuchar el acento característico de los mexicanos, sus dichos, los cuales todavía repiquetean en mi memoria infantil y adolescente.

Pensé que al contar la historia a través de los ojos infantiles de Cuarón, miraríamos el mundo de la década de los 70, su gente, su barrio, los miembros de la familia y por supuesto, el vínculo con Cleo. Más que mal es un recurso cinematográfico que ha dado muy buenos resultados en el séptimo arte, como pasó con Truffaut y “Los 400 golpes”; Louis Malle “Adiós a los niños”; “El Pibe” de Chaplin y un largo etcétera, pero eso no ocurrió.

Realmente si me preguntaran de ¿Qué trata Roma? No sabría cómo resumir la historia. Quizás diría que es como mirar el álbum de fotos de una familia de clase media acomodada, en un barrio tradicional mexicano. Pero me quedaría pensando en que le falta algo ¿Qué será? La profundidad y desarrollo de personajes, que finalmente son los que nos cuentan los sucesos, aquello de la nana consentida de Cuarón, la supuesta Cleo, por quien hizo este film. Pues esa narración tampoco existe, más que como una leve pincelada.

Sí en cambio, se dedica a pasar lista a un sin fin de personajes, lugares, espacios, sin quedarse mucho rato en ninguno. Entonces pincelamos – contamos levemente, sobre esta familia de clase media, que reside en la zona acomodada de la Colonia Roma, en la parte donde encuentras casas bien cuidadas, espaciosas, de patios interiores con techo abierto, con suelos enbaldosados. Casi podríamos decir que el espacio físico que más actúo en esta película es el patio, aquel donde vive el perro, guardan los coches y los días de lluvia los niños se mojan.

O que en esta familia el matrimonio de los padres, se está viniendo abajo o dar una pasada rápida para contar que la mamá está de un irascible casi bipolar, inestable tornando a histérica. O de la abuela materna que deambula vestida de negro y que tiene más parecido y relación con Nanox, ama de llaves del Conde Pátula. O quizás el foco de la cinta está en el padre de familia quien decide irse con una mujer más joven. O a lo mejor el meollo del asunto está albergado en aquella fiesta de navidad y año nuevo, que los niños, empleada y la mamá, pasan lejos de casa en compañía de la familia materna, en donde uno tendría que entender que todos son rubios, blancos, de ojos azules y hablan inglés porque ese lado de la familia es norteamericana, aunque nunca más volvamos a verlos y  no entendamos por qué nos contaron esa historia. O quizás la temática versa sobre Cleo, la muchacha, empleada, nana, que mientras hace las cosas de la casa, cuida a los niños y al perro. Y que cuando habla porque es lo silenciosa de lo callada, lo hace con su amiga y compañera de labores, cuchicheando y en mixteco. Al parecer a Cuarón, nunca le contaron que lo que no profundizas en una historia, ya sea guión para cine o escrito para novela, no hay que tomarla, porque más bien confunde tanta información, la que no te lleva a ningún puerto.

De clases.

Me tiro al agua y realmente lo siento si ofendo a muchos, o si me tildan de resentida social lo asumiré y a mucha honra. Pero la verdad creo que te guste, enloquezca, “Roma”, es porque perteneces a la clase media, media alta o alta bien acomodada y por tal, eres una o un burgués en toda la extensión de la palabra. Motivo suficiente para que enternezcas al verte reflejado o reflejada en ese mundo de la casota, con una o varias empleadas  y por tal, en algún álbum de fotos familiares, encontrarás y publicarás en redes sociales, viralizando “soy totalmente Roma”, aquella foto que tus padres tomaron de todos ustedes, la mascota y la nana. Que monada. Y por supuesto sentirás que has subido dos escalones más en materia de progresista, izquierdose y por supuesto democrátique.

Supongo que será entonces, que mi pero y razón por la que Roma, nomás no me llega, es porque nunca tuve empleada, nana, chacha, ni muchacha. Nunca la tuve, eran mis padres o quizás solo mi madre la que hacía todo y cuando sus hijas crecimos, nos repartimos las labores de la casa. Quizás sea por eso que encuentro entre parternalista, dueño de fundo aunque no lo seas mas que de tu metro cuadrado, además de populista, sentir que porque tenías nana y te tomaste fotos con ella eres súper chore. Para mi gusto, sale a pasear el o la burgués que son y llevan dentro. Y eso que a mi me dijeron infinidad de veces que era burguesa, que porque tenía casa de suelo de parqué, que porque tenía baldosas en el piso, que la Pequebú, que la esta, que la cuica tonta, que la pituca venida a menos, equis y qué se yo qué mas cosas. Asunto es que me siento en cada uno de sus comentarios, pero al menos tengo la conciencia tranquila y sé que las únicas fotos que conservo hasta el día de hoy, además de mis padres, amigos y hermanos, son las de mis mascotas.

De feminismos.

Leyendo por aquí y allá personas que pensaran como yo y que tampoco les gustara tanto la película, encontré cantidad de artículos de mujeres feministas mexicanas, horrorizadas, enojadas, por el trato que Cuarón le da a la mujer. Por un lado, la caricatura de dueña de casa, “doñita” como dicen en México, a estas mujeres que no se cansan porque tienen a otros que les hacen las cosas de la casa y como tampoco leen, tienen demasiado tiempo para fumar, beber, frustarse por sus vidas vacías. Entonces caricaturizamos a la doñita, con la imagen de esta mujer insoportable e histérica. Después está la imagen de la mujer, indígena y para colmo empleada, que en esta cinta más bien parece que estamos ante una de Chaplin, por lo que el director la silencia.

Es decir, mucha la ambición de Cuarón que pese a larga duración de “Roma”, lo dedica a dar pincelada, tras pincelada sobre las tantas y posibles historias, pero sin quedarse con ninguna y a través de ella, profundizar, ahondar, ahondar…. contar lo que nos quería decir.

De cineasta políticamente correcto.

Qué decir de la manera superficial y banal, para contar los sucesos políticos que estaban sucediéndose en esos años (70-71), en México. De esas paradojas que tiene ese maravilloso país, que mientras el resto de América Latina, primero llegaba al poder democráticamente pero en rojos bien rojos, en México a los primeros intentos de denuncia, reclamo, eran acallados asesinándolos. Pero si tocas aquellos tiempos, por más tibio que intentes ser y sobre todo si pretendes pasar sin tintes políticos, no hay caso. Porque si eso buscaba Cuarón, habría que contarle que quedó como un limón tirando a facho. Ya que mostrar a los jóvenes sobrevivientes de Tlatelolco (1968) como unos subversivos (terroristas), armados hasta los dientes y que para colmo descriteriados, que entran a las grandes tiendas armando escándalo y por tal,  obligan al honorable cuerpo policial a actuar, es decir, asesinar…. estamos muy, muy mal.

Y qué decir del efecto poético -religioso aquel en que en plena calle, disturbios de escenografía, una joven llora desconsolada, cual Magdalena -literalmente-, el cuerpo sin vida de su amado que yace sobre en sus piernas. Para mí esa escena es un soberano y sucio “cliché”.  Y los que lloraron o estremecieron con esas escenas, háganse ver porque realmente que patéticas sus emociones.

En materia de efectos cinematográficos, que tantas algarabías ha ganado, creo que a Cuarón se le olvidó que lo que para él son los “efectos cinematográficos” de los ´70, le explicaré que se llamaba “falta de presupuesto”. Aquello de las eternas sombras, la imagen en blanco y negro, el audio como las huevas, no era porque se sentían distintos, estuvieran descubriendo un estilo o saliéndose del cine mudo, era lisa y llanamente falta de money $$$.

Entonces, aquella novedad modo “vintage”, que Cuarón le imprimió a Roma, en el siglo XXI y en las salas mega modernas que hoy existen, valen madres. En mi caso, obediente en buscar los efectos de los setenta, fuimos con mi sisterna Manucita, a verla al cine Normandie. Y la verdad el audio ni me enteré que tenía, la foto mis respetos, los diálogos habría sido mejor si ponen subtítulos, porque aquello de “vibrarás con el sonido de los pasos subiendo la escala metálica” o “del agua chapoteando sobre las baldosas”, me los perdí.

O seaaa ponte tu que entiendo y hasta justifico las nostalgias del director, que deben ser al mil por ciento de sinceras ya que apuesto lo que quieran a que no vive en México, pero el asunto es que entonces haga cinito en su casita, con todos esos efectos y junte a sus amiguis y sean todos felices percibiendo efectos, alucinando más cada vez con la ausencia de colores, el audio en mono y etc.

No es que lo invite a que guarde en un baúl sus coqueteos técnicos, solo que se entere que el abultamiento de su bolsillo ($$$) y el hecho que el público que pagó por ver Roma se entere de ellos, no necesariamente es obligatorio.

Si me preguntan, me hubiera encantado que Roma, hubiera sido un documental sobre la historia de la colonia Roma, el barrio venido a menos, la que ya no tiene casas y edificios en tan buen estado, las que sobrevivieron a penitas al último terremoto y ahí quizás, preguntando y conversando con la gente que habita ese lugar, salieran historias de “gente como uno”. Pero en fin, la hicieron largometraje, ficción y se llama Roma.

El otro ítem no menor y que se me sentó en el hígado, fue el de las actuaciones. Siento que han exagerado con ese punto porque la verdad de ¿Qué actuación de Cleo están hablando? ¿Qué actuación de la madre de familia, encontraron tan fenomenal? Partamos por Cleo o Yalitza Aparicio, la -supuesta-, protagonista del filme, tanta gárgara que han hecho al distinguir sus orígenes étnicos, similares o idénticos a los de la nana del director, tanto admirar y maravillarse con en su calidad de étnica, oaxaqueña, haya quedado en el casting, que tocó el cielo al ser elegida para este rol. A mi me huele a sucio y barato paternalismo. Paternalismo por la mujer indígena, que no estaba cultivando la chacra oye, ella es parvularia y sin embargo, la miran como la mujer, indígena que salió de su choza y ha tocado el cielo ahora que es actriz y más aún, qué exótico oyeee imagínate que habla castellano y su lengua mixteca. Onda está es la confirmación de “La pacificación mixteca de Cuarón”.

Y final de cuentas ¿Qué es lo que le ha traído fama a Yalitza Aparicio, alías Cleo? Ser una india, de oaxaca, que ahora es famosa. Pero si decide dedicarse a la actuación, que vaya sabiendo que su gracia será interpretar por siempre jamás empleadas, indígenas, no sea cosa que un día quiera hacer un personaje de citadina y con la novedad que ahí le sale lo corriente y se pierde en lo común. Pero en materias de lo que se dice es actuar, aquello de identificarte con un personaje, porque éste refleja algo que te suena o te es símil, a mi me pasó solamente una vez, en toda la película y es cuando  Cleo, da a luz y todo lo que ahí sucede.

Pero reitero de ¿Qué actuación estamos hablando? De los momentos escasos en la que la dejaron aparecer en cámara, barriendo las baldosas, levantando la caca del perro, dándole de comer a Cuaroncito, o cuando conversaba en mixteco con su compañera de labores. O más bien que se notara el color de su piel, de sus rasgos, su tamaño. En lo personal, volví a sentir enojo y mucho por tanto cliché, tanta pincelada sosa sobre vida y obra dificultosa de ser mujer, indígena y empleada, sumado a sus consabidas injusticias, sinsabores y una que otra alegría.

Creo que ese es el problema de Roma, que es un soberano cliché, un panfleto barato, una oda a los lugares comunes y donde el director otorga un segundo de fama, a las miles de posibles historias que sí tiene la película y que pasan más rápido que si las persiguieran.

En el caso de la actuación de Mariana De Taviria, la actriz que interpreta a la madre de familia. No sé ustedes, pero a mí, su personaje me sacó canas verdes, tenía tantas ganas de darle una buena cachetada y así, acomodarle lo que evidentemente el litio no hacía y de paso, subsanar sus múltiples frustraciones de “doñita” aburrida. Con este personaje me pasó o mas bien siempre me ocurre con De Taviria, que no logro sacarla (y sus directores tampoco) del encasillamiento de la esposa y madre histérica y frustrada. Pero tengo la impresión que no es otra cosa que una mala actriz, que no da más que para eso. Todo se mueve a su alrededor, el audio, la escenografía y ella aunque sea representando un rol del siglo XVIII o del XXV, sigue dando los mismos rangos. Una pésima actriz dijéramos pues.

En fin, sigo molesta y pensando que había tanto donde profundizar, contar y sobre todo tanto, tanto tiempo para hacerlo. Y sin embargo, la vi entera, aunque no negaré que pensé en pararme y  marcharme, pero nunca lo he hecho, la pagó y me la como y después la vomito si lo requiere. Supongo también que la dejé pasar por el recurso que hace todas las cintas mexicanas, atractivas para mí: que son mexicanas, por mis nostalgias a por sus ciudades, calles, cines, lugares, rincones, parajes, modos de hablar, detalles, que reviven nuevamente mis memorias infantiles y adolescentes. Pero y qué hacen los que como yo, no vivieron en México en su vida.

Y sé que por los Globos de Oro y el Oscar, ya debe haber cola de gente señalándome y diciendo que estoy totalmente equivocada. Entonces les diré que hace rato que estos eventos, no premian la calidad, sino más bien los millones $$$ que llegarán a los bolsillos de algunos.  Es decir, no dejaré de pensar como lo hago, lo asumo y el que me encuentre exagerada, desubicada o equis, no me lea y todos contentos.

No nos olvidemos nunca que el mundo está más barato que otro poco y los problemas reales, los de verdad importantes, a esos el cine le encanta tomarlos con una simplicidad que dan ganas de matarse, que si no piense cuando estábamos en los finales de los ´80 y las dictaduras en América Latina terminaban para caer en las natas de hoy. Entonces todas estas premiaciones le hacían guiños a su manera a los temas de violaciones a los derechos humanos con “La historia oficial”; su manera de ver la memoria con “El secreto de tus ojos”; los derechos de las seudo minorías sexuales en “La mujer fantástica” y ahora toca la sensible temática de los indígenas, migrantes, ya sea de al interior del país o de uno al otro. Y por lo tanto la ganadora es: “Roma”. Y por tal seguiré enojándome cada que caiga en la trampa y vea en el cine, estos productos facilones, baratos, clichés y dejando afuera los que sí hablan de lo que importa, interesa, urge, exige. En fin, hasta la próxima.

Datología
Qué: Comentario de cine: Roma, Alfonso Cuarón.
*Quién: Colomba Orrego Sánchez.

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