Comentario de cine: La Reunión, memorias de Dawson.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

El 30 de noviembre recién pasado, fui invitada por la familia Stuardo Ojalvo, al estreno, en el Museo de la Memoria, de: “La Reunión: Memorias de Dawson”, un documental que cuenta la historia de las mujeres, esposas, compañeras, de los prisioneros de Isla Dawson.

Era un evento esperado desde hacía mucho rato, ya que la Tía Lila Ojalvo, esposa de Julio Stuardo, el último intendente de Santiago del gobierno de Salvador Allende, me venía contando desde hacía rato, la historia del encuentro de éstas mujeres y que terminó en un trabajo audiovisual. Estábamos muy orgulloses y esperanzades, digo estábamos porque en pasado o en presente, son los hijes y nietes de la Tía Lilita y yo que soy la amiga, sobrina adjudicada y la colada. Entonces estábamos expectantes a este suceso, aunque la tía siempre tan dama, modesta y quitada de bullas, aclaró cada vez que habló del tema, que en el docu, ella aparecía apenas 23 segundos. En fin, ya tocaré ese punto.

De Isla Dawson.

Para que sepan de qué les estoy hablando, más que nada para las nuevas generaciones y  uno que otre ignore aquí la historia sobre este lugar, ubicado a miles de kilómetros alejado de la capital chilena.

La Isla Dawson esta ubicada en el extremo sur de Chile, en la provincia de Magallanes y servía de base para un campamento de ingenieros de la Armada. El 16 de septiembre de 1973, cinco días después del golpe de Estado, la Armada instaló en Isla Dawson los campos de concentración de Río Chico y Compingin. Cerca de 400 presos políticos de la zona fueron llevados al lugar, en donde debieron realizar trabajos forzados, que consistían en instalar postes, construir canales, extender alambradas y postes telefónicos. Trabajan también en un pantano sacando fango y vegetales en descomposición. Otros trabajos consistían en cargar camiones con piedras grandes, limpiar caminos, abrir zanjas y canales, acarrear ripio en sacos al hombro y al trote.

Además de los presos políticos locales, a la Isla Dawson fueron llevados mas de treinta dirigentes de la Unidad Popular, entre ellos Clodomiro Almeyda, Orlando Letelier y Luis Corvalán. Estos fueron trasladados esposados en avión a Punta Arenas, y luego en barco. Aunque el lugar es particularmente inhóspito, con fuerte viento y temperaturas bajo cero, los detenidos fueron llevados sin abrigo y se los mantuvo en precarias condiciones. De hecho, el ex ministro del Interior y Defensa, José Tohá, fue regresado a Santiago en febrero de 1974, afectado por una aguda desnutrición, falleciendo días después.

El campo de concentración Isla Dawson estaba bajo la jurisdicción de la División del Ejército con asiento en Punta Arenas. La custodia del campo estaba a cargo de Infantes de Marina y efectivos del Ejército alternándose. No se permitían visitas de familiares, y la correspondencia era censurada en forma rigurosa, lo mismo que las encomiendas.

A los detenidos se les obligaba a marchar y a ejecutar diversos tipos de formación militar y calistenias. Se efectuaban simulacros de fusilamientos y grandes despliegues de fuerza, como si la isla fuese a ser atacada desde el exterior.

Los principales miembros del Gobierno de Allende fueron trasladados a Santiago a comienzos de junio de 1974. Los demás prisioneros son trasladados a la Cárcel de Punta Arenas y algunos puestos en libertad. El Campo de Concentración Isla Dawson se cierra en octubre de 1974.

De vuelta al documental.

Asunto es que la idea que dio vida a este documental, fue de estudiantes de comunicación y periodismo de la U. Central, quienes guiados y apoyados por su profesor y el director de la carrera, nada menos que Sergio Campos, lograron este particular resultado.

En lo personal, me gusta cuando pasan estas cosas ¿Qué cosas? Que el grupo que hace las preguntas, investiga, piensa y resuelve hacer un documental, sean jóvenes menores a 35 años, de hecho creo que ninguno está ni cerca de la treintena. Porque todes los que tenemos de 35 años para arriba, somos directa o indirectamente, más o menos, de izquierda o de derecha, los protagonistas de esta tragedia de la historia de Chile, que se llama golpe de Estado. Mientras que estos estudiantes, como contaron en el estreno, no tenían idea de la existencia de estas mujeres, ni de quiénes eran sus esposos, menos de Isla Dawson, ni de dónde quedaba. Y fue así que escarbando e investigando, fueron encariñándose con los hechos, con cada una de estas señoras, sobre todo Tía Lila que los acogió en su casa varias veces, alimentó en cuerpo y espíritu, para concluir en “La reunión, memorias de Dawson”.

Y lo más rescatable y valorable, es que de esta triste historia, optaran por la que las mujeres, compañeras, esposas, señoras, de los miembros de la Unidad Popular, confinados en Isla Dawson, les contarán. Dejando atrás el legado de solo ser las “esposas de” y convertirse en “las Dawsonianas”, como ellas mismas se autodenominaron.

Como es un comentario, tiene que haber una cuota de flores y otro de crítica. Entonces partiré por…

Las flores y los pros.

En materia de las flores y porras, hurras, hay que decir que los chicos estudiantes y realizadores tienen tatuado en la frente una palomita o una estrella o el número 100 bien dorado, porque realmente hicieron un gran, gran trabajo.

Se nota que lo investigado, escarbado, preguntado, filmado, les tocó y marcó. Porque si bien muches conocemos la historia de los presos de Isla Dawson,  miembros del gobierno de Salvador Allende, ministros, embajadores, la trama podría haberse enfocado en el lugar, que también habría sido interesante, pero no, elles prefirieron poner el ojo en la voz de las mujeres, esposas de estos presos.

Que fueran desentrañando cómo fueron esos primeros días, sin saber de su paradero, cómo fue que estas mujeres se conocen y llegan a llamarse “Las Dawsonianas”. Hay algunos relatos en el documental, que no son los típicos, de mujeres quizás no tan conocidas o no para mí, lo cual me gustó y se nota que hubo  una comunión entre los documentalistas y las “dawsonianas”, ya que la emoción, la tristeza de volver a esos días, a esa incertidumbre, a pensar en los centros de detención, las condiciones, las cartas retenidas, censuradas. Hay mucha tristeza obviamente en esta historia, como debe ser y sin embargo, también hay un respiro, una pausa, cuando el espectador va enterándose de cómo estas mujeres aunaron causas y luchas.

Ahí podríamos decir que lograron llegar a la médula de cada una de estas mujeres y sus relatos, los cuales causaron en nosotres los espectadores, la mezcla pareja de tristeza y compañerismo.


Los peros.
Como soy una criticona marca mayor, no puede faltar esta parte. Y realmente mis reparos van dirigidos a lo mismo de siempre, que si no se los he contado, esta será la ocasión. Y que tiene que ver con eso tan feo, feísimo, que se sucede en las sociedades “latinoamericanas” que han pasado por experiencias terribles, como son las dictaduras, las detenciones, torturas, desapariciones. Antes pensaba que el problema radicaba en qué país que no hace justicia y exige verdad, es proclive a que lo que sembró lo coseche. Pero después miré las experiencias como Argentina y Uruguay, donde hubo más justicia que aquí y lamentablemente, pasa lo mismo ¿Qué pasa? Estarán preguntándose a ¿Qué se refiere? A esa manía de jerarquizar el dolor, las injusticias, las violaciones a los derechos humanos, entre los que las sufrieron más, otros menos, los que fueron más perseguidos y por tal, sus nombres, sus familias, tienen más derecho a ser reconocidos, visibilizados, además de merecedores de dádivas, o como quieran llamarlas.

Entre los casos más patentes y ahí ustedes perdonarán la sinceridad, están los “apitutados”, como les decimos en Chile, o bien los “acomodados”, la supuesta “elite política”, como los del Museo de la Memoria Ortiz Parada, por ejemplo. A excepción de algunas mujeres y hombres, que gritan y reclaman con voz más sonora como Anita González, que pese a ser de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, siempre la han mantenido en un segundo plano, como también a Viviana Díaz, versus Lorena Pizarro o antes de ello Viviana versus Gloria García. Y peco al nombrar solo los casos bullados, porque si me sigo nos amanecemos. Después están los ABC1 del Partido Socialista, comenzando por la familia de Allende, le siguen los MIR con mayor poder adquisitivo, que están a la cabeza de Villa Grimaldi, porque si no, miremos lo invisible que queda el Sitio de memoria José Domingo Cañas, que les costó un mundo recuperarlo como tal y más allá que los que lo mantienen no sean muy amigos de las redes sociales, los medios de comunicación lo invisbilizan todo  lo que pueden. No así Londres 38, que se ha levantado solito y con grandes aciertos de intervención de los espacios públicos, reclamando verdad y  justicia.

Es así como en “La Reunión: memorias de Dawson”, si bien contaron la historia desde las mujeres, las “dawsonianas”, convengamos que puede haber sido tremendo trabajo contactarlas a todas, que vivieran en Chile, que estuviera vivas, en buen estado de salud. Final de cuentas y bajo la producción de la periodista, Angélica Beas, ex esposa de Carlos Jorquera, sumado al trabajo de los estudiantes de la U. Central, logran reunir para entrevistar y documentar a: Victoria Morales Etchevers, Isabel Morel Gumucio, Irma Cáceres Soudan, Lily Castillo Riquelme, María Eugenia Hirmas Rubio, Angélica Silva Morales, María Elisa Cruz, Adriana Rondón González, Mercedes Costa Riveros, Lila Ojalvo Claveria y Moira Lavanderos Croxato.

Pero cuando vean el documental, entenderán mi molestia a menos que sean cercanos de los consagrados, porque el micrófono y los minutos más minutos, que hablaron y hablaron, contando una historia personal que hacía unidad entre todas esas mujeres, fueron Angélica Beas, Isabel Morel y Moira Lavanderos. Digamos las cosas por su nombre, las mismas de siempre, que en versión hijos son las mamás de Juan Pablo Letelier y Carolina Tohá. Estas mujeres, las jararcas de la historia, agarraron cámara y micrófono y no hubo manera que dejaran de hablar y así tampoco dejaran hablar a otras mujeres menos conocidas, para el publico, como mi adorada Tía Lilita, que como es una dama, modosa, no acostumbra avorazarse para conseguir nada, ella espera su turno, el problema es que había mucho hambre y ese espacio para que ella contara su historia, no llegó más que para 23 segundos.

Y no saben espectadores de la que se perdieron, porque mi Lilita Ojalvo de Stuardo, tiene historias personales y compartidas con su marido, Don Julio Stuardo, para escribir un libro y hacer un largometraje. Por eso la crítica, mí crítica. Aunque después vi la cara de los hijos de Lilita, la de mi amiga Viviana y la propia tía y me acordé que yo era una invitada nada más y solamente. Obvio que la gruñona, reclamona y criticona, pero solo la invitada. Entonces cosa inusual en mí ¿Qué? Me quedé callada y gocé con la alegría de los Stuardo Ojalvo, que estaban a punto de ebullición, por encontrarse con todas estas señoras dinosaurias, con quienes se saludaban y abrazaban. Por eso adoro, amo a esta familia, porque son la bondad y la generosidad hecha humanidad. Hace tan bien estar a su lado, aunque no he logrado que se me pegue nada, solo observo y admiro, pero nada que logro ser discreta, menos criticona, menos agradecida, siempre con el cuchillo – colmillo, afilado esperando enterrarlo.


De sinopsis.
Durante los primeros días tras el golpe de Estado de 1973, la cúpula política del gobierno de la Unidad Popular, fue detenida y trasladada a la Isla Dawson, región de Magallanes, extremo sur de Chile y el continente. Las esposas de los entonces prisioneros políticos comenzaron un trabajo incesante para conocer el paradero de sus maridos y luego, tratar de regresar con vida, en estas circunstancias se conocen y organizan espontáneamente, lo que llamaron “El grupo de las Dawsonianas”.

Unidas en la desesperada empresa, utilizando todos sus contactos nacionales e internacionales se enfrentan personalmente a los más altos mandos militares, incluyendo a Pinochet. Poniendo en riesgo su vida y la de sus familias. Sus denuncias finalmente comienzan a tener eco, dando inicio así a la presión política internacional, que termina en la apertura de centros de detención por la Cruz Roja y la prensa extranjera.

La Periodista Angélica Beas, ex esposa de Carlos Jorquera, secretario de prensa de Salvador Allende, también llevado a Isla Dawson, decide 45 años después ir en busca de estos testimonios y reunir nuevamente a las “Dasonianas”.

El registro cuenta con los testimonios de Victoria Morales Etchevers, Isabel Morel Gumucio, Irma Cáceres Soudan, Lily Castillo Riquelme, María Eugenia Hirmas Rubio, Angélica Silva Morales, María Elisa Cruz, Adriana Rondón González, Mercedes Costa Riveros, Lila Ojalvo Claveria y Moira Lavanderos Croxato.

Volviendo al documental.
Pero bueno, lamentablemente es un pero, gran pero, que tenemos como sociedad, aquello de etiquetar, agrupar, meter en sacos de categorías Jetset, elite, clases sociales, a las personas. Ojalá los jóvenes logren luchar contra eso, aunque pobres chicos, bastante tienen con sus propias demandas, como para además andar intentando cambiar el mundo.

Pero para no terminar como la vieja peleadora, que ni tan vieja, pero sí bien peleadora, destacar por sobre todas las cosas del mundo, el trabajo de este documental. Aquella mirada de género, que puso el ojo en estas mujerazas, señoronas, maravillosas, al menos mi tía Lilita sé que lo es. Agradecer a estos jóvenes que hicieron este trabajo audiovisual y que donaron al Museo de la Memoria, para que usted, tu, ella, él, elle, si les tinca mi comentario, vayan hasta allá y en la sección “archivo y documentación”, lo pidan cuando se les dé la gana o bien, esperen a que sea parte de la cartelera de los días martes en “Cine de colección”.

Siempre agradecer la posibilidad de estos ejercicios de memoria, para que nosotros, las nuevas y recientes generaciones lo vean, aprendan, entiendan y estén atentos para que no vuelva a ocurrir. Agradecida por siempre jamás, a mis amados, ensoñados, adorados, Stuardo Ojalvo, por invitarme.

Imperdible!!!

Datología
Qué: Comentario de cine: “La Reunión, memorias de Dawson”.
Dónde: Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Matucana 501, Santiago.
* Quién: Colomba Orrego Sánchez, periodista y transcriptora.

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