Muere Ana González de Recabarren ¿Cuántos más se irán sin saber #TodaLaVerdadTodaLaJusticia?

* Por Colomba Orrego Sánchez.

Hace 45 años fue el golpe militar y tres años después, un 26 de abril de 1976, Ana González de Recabarren, le secuestraban y desaparecían a su marido, dos hijos, una nuera y un nieto que venía en camino. De ahí en más esta mujer común y corriente, tristemente comenzaba a destacar entre las de su querido San Miguel. Macabramente cobraba fama porque de un día para el otro, se quedó junto a su hijo y Puntito, el nieto que por casualidades del destino, los milicos en vez de llevárselo, decidieron dejarlo botado en la calle.

La llamaré Anita patudamente, no porque la conozca, ni haya vivido una experiencia particular a su lado. La conozco o sé de ella al igual que todes, por su lucha incansable, por el coraje que mantuvo durante todos estos años buscando a sus familiares y exigiendo verdad y justicia.

La llamaré Anita, porque la quiero sin más razón que admirarla. Conozco su rostro, he escuchado su voz, leído sus palabras, a través de fotos, documentales, videos. Porque Anita González no nace después de tomarse una foto conmigo o tras solicitarle unas palabras, pedirle un autógrafo como si fuera una rock star. Anita existía antes, Anita, Ana, es y será una mujer enorme como sus abrazos, encantadora como su risa, cariñosa, amable, directa, franca con su voz de fumadora, clara y determinada como esa mirada cálida y fija.

La llamo Anita porque admiro su entereza, la fuerza para continuar, para ser la madre del nieto y del hijo. La quiero y la querré siempre. Tenía la particularidad de destacar en todas y cada una de las actividades en las que coincidíamos y en las que la miraba fijo, pese a que mi mamá decía que no hiciera eso, que era mala educación, pero los ojos seguían todos sus movimientos.

Se destacaba por su gran tamaño, ese pelo que le conocí medio cano y enroscado en forma de tomate sobre la cabeza. Por su caminar lento y sin embargo marchaba y recorría cuadras y cuadras sin quejarse. Me gustaba su sociabilidad, cómo conversaba con todas y todos, su risa, qué risa contagiosa y carrasposa gracias al pucho que nunca apagó. Después apareció en silla de ruedas, llevada por un joven, sería Puntito o su otro hijo, pero eso no la amilanó y eso que Anita, era bien coqueta ¿eh? Siempre luciendo anillotes en las manos, sus aros, uñas pintadas, un poco de ruch en los labios. Recuerdo una vez la escuché responder a quien preguntó por qué andaba en silla de ruedas: “si no puedo llegar por mis propias piernas, entonces buena era la carreta con ruedas” y obviamente largó tremenda risotada.

Me hubiera gustado sentarme a conversar con ella o al menos haber sido más patuda y meterme entre sus amistades simplemente a parar la oreja. Y qué decir de las ganas de recibir un abrazo. Es que Anita González, se le notaba a la legua su cariñosidad, algo no común en los chilenos, que no te miran a la cara, con trabajo te pasan la mano para saludar, cuando es tanto más cálido y sincero un buen abrazo y qué decir si va con un beso.

Sus conocidos y cercanos, dicen que Anita además de la luchadora que todos conocemos, tenía un corazón de oro, que siempre estuvo apañando, consolando, echándole ganas a la vida, a la lucha, a las compañeras que se agüitaban, deprimían. Así se entienden las imágenes de su casa, siempre llena de gente. Como los últimos años que la salud fue debilitándose y ya fuera en las temporadas en el Hospital San José o desde su habitación, no faltaron los amigos, conocidos, cercanos y lejanos, artistas famosos o músicos cariñosos, para visitarla y acompañarla.

Y ahora que Anita González de Recabarren, se ha ido no puedo dejar de pensar en que partió sin saber #TodaLaVerdadTodaLaJusticia, como le pasa a Erika con su Alfonso, a Carmen Vivanco con su marido, a la mamá de Tito, un joven de 18 años, perteneciente al MIR, que todavía está desaparecido y que hace unos años leí que la madre también falleció sin saber del hijo.

Hay urgencia y exigencia de verdad y justicia, porque el tiempo transcurre, sumando 45 años desde el golpe, casi la mitad de un siglo y los que buscamos estamos mayores, algunos oscilan entre los 93, 80, 70, 60 años…  y no dejo de preguntarme ¿Cuántos más partirán sin saber ¿Dónde están? ¿Qué pasó??

Porque somos un país con alzhéimer que dejó que nos pasaran por encima, que optó por comprar, adquirir y agrandar la casa, el auto, la guata, en vez de continuar la lucha como sí lo hicimos en dictadura. Porque el transito de dictadura a la seudo democracia, sin justicia y verdad, fue un brazo entero el que nos metieron en la boca. La vida ha demostrado que la justicia no era en la medida de lo posible, el mundo no habría permitido por más tiempo a Pinochet y sus vejámenes. Entonces eran tiempo de juicios y de encarcelar a los criminales de lesa humanidad, en cárceles comunes. Pero la comodidad de los pocos, los que jugaron a su favor las cartas de la democracia, trajeron el distractor conveniente del neoliberalismo, para que las tontas ovejas dieran vuelta la hoja, todo bien, todo tranquilo, mientras se hartaban comprando en el Malls.

Es así como volvemos al presente, este hoy, ahora, viernes 26 de octubre, que Anita González de Recabarren fallece a los 93 años sin saber #TodaLaVerdadTodaLaJusticia. Entonces al menos, guardemos el individualismo, el “yo, me, mi” por unas largas horas y acompañemos desde esta tarde  a esta mujer fuerte y luchadora. El velorio se realizará en su casa, Cantares de Chile 6271, San Joaquín. Ella quería una fiesta, animada, con todos y todas, pero las banderas de los partidos políticos no están invitadas.

Nos vemos allá, hasta siempre Anita, Ana!!!

Datología.
Qué: Ana González de Recabarren ha muerto ¿Cuántas más se tendrán que ir sin #TodaLaVerdadTodaLaJusticia ?
*Quién: Colomba Orrego Sánchez, periodista y editora del portal.

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