Yo no voy a reconciliarme.

* Por Tamara Norambuena Arancibia.

Siempre duele septiembre.

Ya teníamos por costumbre encontrarnos en la romería del 11, la verdad nos endurecimos con muchas marchas a cuesta. Nos tropezábamos con nuestras historias encorvando la espalda, pero la de septiembre era hábito cómplice. Ya no era tiempo de Mafaldas ni de guitarreos en los corrales de arte o la casa del Tito Durán, también habíamos dejado el cobijo de Valdés en la gloriosa casa de las Patys; porque en ese tiempo ya se dejaban caer algunos posmodernos y renegados del marxismo a quienes tanto despreciábamos y nosotras no queríamos nada de eso. Habíamos estudiado meses a la Rosa Luxemburgo y poníamos fichas al cabezón, creyendo que era el único que esquivaba a las modas venidas de los Surdos de apellido Ruiz y sus figurines autonomistas en las asambleas.

Aquel septiembre fue a contramarcha, nos habíamos alejado un poco después que casi te atropellaron en una barricada mal hecha y fue duro el balance. Te busqué a parpadeos pixelados, extrañé el abrazo de otros septiembres, ese de compañeras que hablan en morse con los ojos y la conspiración rebelde…te busqué, en el hormiguero de los obstinados y me atreví a decirle a Franchute que me parecía extraño no habernos topado contigo.

Esperamos la noche en Serrano, negras son las noches de septiembre entre las sombras de los nuestros, humo de neumáticos y cadenazos callejeros. Llegaron los pacos, tiramos algunas piedras y mantuvimos la fogata hasta que apareció el hollín alámbrico de la resaca ultrona. Estábamos de vuelta y frente a la casa del Yayo escucho la música de alerta de Radio Cooperativa, no me contuve y le dije a la señora Carmen que tenía la radio a su lado que más de alguien iba a caer esa noche, la alarma de la esa emisora, era la alerta de que algo abominable había pasado. Porque así es la memoria, un tinittus que se activa frente al estímulo. El pito en el oído, la molestia de escuchar en solitario el ruido común de la historia. Un tinnitus pulsátil conectado directamente a los latidos, donde duele, donde ríe, donde hielan las lágrimas que no salan porque aún duelen y la alerta de Radio Cooperativa, es el tinittus de tantos que cayeron en dictadura, el golpeteo terrible de los mártires de Corpus Crsiti, de Guerrero, Natino, Parada o el flash silenciado de Rodrigo Rojas y el disparo seco en el cuello de Jarlan. Ese tinittus que estallaba cualquier día de cualquier mes, haciendo de cualquier noche la noche del 11 de septiembre durante 17 largos años.

No alcancé a contestar el teléfono, no quiero recordar la hora en que comenzó ese nuevo día, únicamente escucho la voz del Patoé diciéndome que habías caído de un disparo en la población La Pincoya y vino una tormenta dolorosa a entibiarme el cuello.
Era un 11 de septiembre de 1998 y se suponía que los muertos no yacen en democracia.
Era una nueva noche curiche de septiembre, tan negra como el gato azabache que después danzó a los pies de tu féretro en el Espiral. Pero la democracia también ha dejado deudos en nuestra historia y tiene una lista larga como los falsos días de una republiqueta.

La maquetería montada por los burguesitos de apellidos vinosos siempre nos robó septiembre y nos achicaron tanto el calendario que nos afanaron la historia completa, hasta los trazos de Toesca. Porque en Chile nos sobran deudos y nos falta memoria, hace casi treinta años que escucho el balbucear de los ministros llamando a la reconciliación de los “compatriotas” y a los simios apelar a la voluntad democrática, pero sólo ellos han tenido patria y nos han relegado a la muerte incluida la era republicana.

Hace 45 años que algunos tienen sangre bajo las uñas y la verdad atorada en la garganta. No quieran espolvorearse de superioridad moral y de virtud democrática, yo no voy reconciliarme. No quiero besar los pies del enemigo, no quiero perdonar la costumbre de quienes en dictadura y democracia nos disparan balines escarchados de injusticias. Yo quiero que los muertos griten para volver a la vida, quiero que nos devuelvan el pan y la tierra, quiero despedirme de mis hermanos y que nos restituyan la primavera, quiero volver a cantar contigo Claudia López.

Datología

Qué: Crónica “Yo no voy a reconciliarme”.

*Quién: Tamara Norambuena Arancibia. Profesora.

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