Crónica alimentaria: “Carlitos, el Rey del Lomito”, de Franklin.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

Pareciera que le estoy haciendo propaganda al barrio Franklin, pero juro que no es así, más bien podría dar como excusa, que una es tan, pero tan ranchera, que cuando sale a pasear y descubre lugares, espacios, picadas, cafeterías, nuevas, diferentes, deliciosas, queda tan, pero taaaan contenta, aquello de “con la güatita llena y el corazón alegre”, que rallar la papa al son de sus descubrimientos, no le hace mal a nadie ¿Qué no?

Y pues así es que en aquella primera vez que salí de paseo con mi amigo Bosco, al barrio Franklin, es que me llevo a conocer y comer al sitio, que da historia para escribir en esta ocasión.

En esta oportunidad, les contaré, presumiré y dateare, de “pasar el dato”, en materias de “picadas”. Porque ha sido de verdad toda una experiencia conocer partes del barrio Franklin, que nunca antes y es que ese lugar, posee una amplitud de galpones, calles, tiendas, rincones, que estoy segura todavía me quedan por descubrir.

Porque al barrio Franklin, la verdad, he llegado siempre acompañada, yo que soy tan orientada, que me gusta salir a patiperrear sola, en estos terrenos llego acompañada. La primera vez fue de la mano de mi hermano mellizo, Rolando, que nos guió en la más turismo cultural, por la historia de donde vivió Gabriela Mistral, digo “nos”, porque éramos un grupo. Después esos paseos se repitieron varias veces con mi mellizo, pero en versión a pasear y comprar, él libros y yo películas piratas (jajajaj). En otra ocasión fui con mis amigos Joe y Sophie, que acuden todos los fines de semana, en un placer nada oculto por la compra de comprar gangas, que café, que chocolates, que algún objeto antiguo y cosas así. También en una ocasión, mi hermano mellizo y separado al nacer, Rolando, nos llevo a mi hermano Antonio, a mi sisterna Manucita y a mi, a recorrer los galpones de antigüedades, un rato por los de comidas, porque mi hermanito Antonito, que vive en México quería conocer y comprar.

Hasta estas últimas ocasiones que me invitó y llevó el Bosco, por mi parte a pasear y reconocer o conocer y para él a comprar y comprar. Aunque debo confesar que nos fuimos a medias con un saco de café, de grano, bien bueno por cierto. Es que cargar peso es de las situaciones que más detesto y caminar y caminar, cargando, prefiero deserrajarme un tiro la verdad.

Y en esa primera vez que fui con el Bosco, sucediose este maravilloso hito, que da nacimiento al dato, datazo de una picada, del verbo picada, que tengo para compartir. Ustedes sabrán más que yo seguramente, que Franklin es un barrio más bien dedicado al comercio. De ahí que todos los desesperados por las compras, pero en versión bagato, expandan sus satisfacciones en ese rubro y rumbo. Porque Franklin, además de haber sido la morada de Gabriela Mistral, de tener escuelas, teatro, iglesias, además de los nuevos hipster y onderos que pululan por Matta Sur (jajajaja). Sobre todo tiene calles, galpones, dedicados al comercio. Comercio de ropa, muebles, discos, CD, películas, comida, herramientas para la construcción, tornillos, martillos. Lo que se dice todoooooooooo y no exagero ni un poquito.

Y la verdad en este clasicismo que nos representa, como no está en Las Condes, como tampoco en la arribista Providencia, ni Vitacura, Lo Barnechea, sí en Santiago comuna y bien al sur, sur, los precios bajan o más bien se los venden como debería ser y no al estilo colusión, al triple de todo. Entonces por eso usted podría pegarse el pique si vive lejos o es ondero o le da la gana o es de por los alrededores, y comprar que para el colegio, que para la casa, que para hacer la casa, que para amoblarla, que libros, que películas originales y piratas, lámparas, pedazos de puertas y ventanas.

Si lo pensáramos en cool, podríamos decir que es el Baratillo de ciudad de México, el San Telmo de Buenos Aires. Un lugar donde puedes comprar de todo, comer, regatear, encontrar productos nuevos, antiguos, algunos robados, ofertas, sorpresas. Productos de plástico, cholguan, madera original, fina como taza, vasos, bidé, ataúdes. Realmente para los y las que se vuelven loques con las compres, el paraíso. Y sobre todo, porque pueden entonar, fuerte, bien fuerte, a todo pulmón, que todo es bagato, bagato.

Como ya les comenté me carga comprar y sobre todo si en ese adquirir, debo cargar. Es por eso que mi balanza se inclina solo por la adquisición de productos comestibles, que están pero prontamente desaparecerán, en las profundidades de mi estómago. Aunque confesaré que alguna vez cargué películas piratas…..

El asunto es que en materia de “picadas” gracias al Bosco, conocí el delicioso, perfecto y sabroso…….. “Carlitos el Rey del Lomito”. Que si lo busca por internet, que tiene que poner Carlitos en versión diminutiva porque hay uno sonoro Carlos, que nada tiene que ver con éste que es “El Rey del lomito”.

De picadas.
Ya conversamos tiempo a, sobre este tema, que es el que podría darle identidad a la nación. Siempre he pensado que el escudo nacional debería tener un frasco de mayonesa y otro de manjar, porque admítanlo, les encantan. A todo le ponen mayonesa o manjar, todavía no se les da comérselos junto, pero en ¿Qué topamos? De adolescente, tenía un compañero en la escuela, aquí en Santiago, con el que comíamos plátano con mostaza y era de lo cálido, recálido, pero no por ello menos rico.
Pero bueno, “Carlitos, el Rey del Lomito”, entra en picada y por tal en identidad nacional, porque sus lomitos, que puedes comer al plato o en el mismo, pero dentro de un pan lleva ¿Qué? Mayonesa y hecha en casa. El local está en calle Franklin 602, local 604. Es imposible que pases y no lo veas, porque creo que es de los lugares más atestados de seres humanos, sumado a los vapores que efluyen de ahí.

Como buena picada que se considere, abre a las 09:00 am para recibir a los curaditos, a los que vienen de vuelta, a los que van de regreso y por tal, cierra a las 18 horas. Bueno, esto del cierre es un tema, porque sabrán ustedes, yo lo descubrí la segunda vez que fui al barrio, que en esencia solo funcionan sábados, domingos y festivos y en la semana….penan las ánimas. Aunque no tanto o no en versión absoluta, porque alguna vez fui en semana y algunos negocios y restaurantes, los que no están en galpones, estaban abiertos. Quizás el tema es que no pasea tanto comprador, como en las otras ocasiones.

De Carlitos el Rey del Lomito.

Pero “Carlitos el Rey del Lomito”, entra en los locales que solo abren esos días y se nota. Se nota que los clientes, juntaron hambre, porque siempre, siempre, siempre, está retacado.

“Carlitos, el Rey del Lomito”, no es un restorán lo que se dice, de esos en que uno abre una puerta y entra, aquí no hay puertas, menos ventanas. El local que si bien está en calle Franklin, está dentro de un galpón y por tal no funciona en la semana. Y ya sea en versión dentro del galpón o caminando por la calle, verás que está, como los otros locales, acomodados, ordenadamente en fila uno siguiente del otro. Cada cual se las ingenia, creativamente, para llamar la atención de los transeúntes. Serán los aromas, el colorido, la bulla, las carnes y sus jugosidades, quienes le guiñen las tripas al paseante y por tal, quiera adentrarse, acomodarse, ya fuere en la barra que mira hacia la calle o en las mesas y sillas, en el pasillo y así, poner las nalgas a descansar y a la mandíbula a trabajar.

La primera vez que fui con el Bosco, éste quería sentarse en la barra, pero no me tincó. Así que a las mesas fuimos a parar. La segunda vez, porque esto tuvo continuación, nos sentamos en la barra, que es más incomodo que no sé qué y para quien, como sho, que no aprendió a comer con educación, pues es un lio que los ingredientes que acompañan al lomo, no caigan en la ropa. Como que a los de la barra, les deberían pasar un delantal, mantel, para cooperar en la comistrajación.

La primera vez que fuimos, como había desayunado previamente en casa, acepté el sambich italiano, que lleva palta, tomate, mayo, pero con la particularidad ridícula, sin lomo. Una tontera, pero bueno el amigo es hombre y defectuoso, qué le vamos hacer. Para la segunda vez, los procesos sociales se acomodaron y me comí el Lomo italiano, que chorreara por todas partes y bueno, ahí fue que extrañé un mantel, delantal o quizás un babero gigante. Pero haciendo una que otra acrobacia, salí airosa de la función. Mientras el tonto del Bosco, insistió en la versión sin lomo, de comerse un italiano, allá él porque no sabe de lo que se pierde.

De lomos.
Sabrán, si es que me leen, que lo mío es la nostalgia y los lomos, que conté una historia sucedida en el Rey del Lomito, de Providencia, ubicado en la punta de diamante de Rancagua con Alférez Real. Pues bien, hay que decir que los dos son deliciosos. Pero la populada, ruidosada y creativa adornación, de “Carlitos, el Rey del Lomito”, le gana a la de Providencia, a ojos cerrados.

Sumado a que los lomos de la comuna de Santiago centro son ¿Qué? Enormes. Los de Providencia, son deliciosos también, pero realmente algo pasa en las comunas que se creen fifi o lo son de verdad, que tienden a creer que uno también lo es y quiere hacer como que come y por lo tanto, en el cuento, mejor vacíame el plato. Entonces lo que te sirven para comer, no es como debe ser y menos si se trata de comida chilena, que en materia de estética ¿Qué somos? Unos chanchos poh.

Entonces, “Carlitos, el Rey del Lomito”, se transforma en el líder en  materias de ¿Qué? Soberanas chanchadas, si lo que uno buscas es eso. Los sambich todos, todos y qué decir los que anuncian ser XL, lo son. De aquellos que al verlos uno se pregunta ¿Cómo me lo comeré? Y después al estar en ello, piensas: “que bueno que lo pedí”.

Otro detalle no menor que tiene este local de lomito, es la mayonesa hecha en casa, realmente para hacerles una reverencia, así como la pasta de salsa de ají verde, muy rica. No encuentro que pique pero por otro lado ¿Para qué tanto? Nadie quiere quedar con las papilas gustativas desmayadas ¿verdad? Porque sino, ¿cómo saborear el lomito, su textura, blandura, deliciosura?

La carta.
De sus sámbich que me llamaron la atención y que pediré la próxima vez que vaya, fue  el “Degenerado”, que lleva además de lomito, palta, porotos verdes, tomate, chucrut, pimento, ají y mayonesa. Y como dicen por ahí, realmente está para “chuparse los dedos”. Después está el Lomo de Moras, ya que alguna vez la modelo Carolina de Moras, hizo un reportaje con Carlitos y no sé si ella lo sabe, pero flaco, light como ella, el sámbich, no tiene  nada.

La sigue, el Lomo chileno, Lomo Alemán, americano, el Lomo a la mostaza, entre los clásicos, italiano, palta mayo, etc.,

No sé qué más decir, evocándolos solo pienso en comerme uno (jajaja). Ojala que cuando lean este chorizo de bla, blas, les pasé lo mismo y vayan, vayen, todes, a comerlos. Juro, porque pucha que me gusta jurar en falso, pero esta vez es verdad, que no saldrán decepcionados. En materias de gluglú, les mentiría si les digo que pueden digerirlo con cerveza, porque los comensales todes, bebimos té o café. Quizás es la sabiduría del pueblo chileno, quien para que la grasita, sabrosa, pase sin contratiempos, nada mejor que acompañarlo con un líquido calientito. Ya después puede ponerse entre pera y bigote, pero al menos, tendrá el corazón contento de haber llenado la guata.

Datología
Qué: Crónica alimentaria “Carlitos el Rey del Lomito”, de Franklin.
Dónde: Franklin 602, local 604.
Cuándo: Sábados, domingos y feriados.
Horario: De 09:00 a 18 horas.
Fono: 56-9-984222374

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