Comentario de cine: Isla de Perros de Wes Anderson.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

Recuerdo el día que vi el afiche en la calle de “Isla de Perros”. Pensé que se trataba de una cinta de monos animados, donde los protagonistas eran esos cuatro patas, que tanto amo. Obviamente con esa idea – imagen, en la mente, invité para un día no muy lejano, que fuéremos a verla a mi sisterna Manucita.

Entonces ella que es toda una matea, matada y aplicada, descubrió que no se trataba simplemente de una película de perros, sino que además, era la última producción cinematográfica, de su amado,  Wes Anderson.

En lo personal, no negaré que me emocionó pensar que Anderson, hiciera una cinta así, inmediatamente aludí que es porque ama a los perrucos como nosotras. Pero la verdad, lo que a mi  más me interesaba, es que la película fuera de monos perrunos, animados, movibles, muchos, peludos, hermosos, tiernos, pues para ser clara, que no hubiera humanos a la vista, más que en calidad de espectadores. También ensoñé que fuera como la que años atrás, cuando era niña, la llevó mi hermano Antonio y no me sumaron. Entonces cuando ella me contó de qué iba la historia, quedé atrapada en un espacio nebuloso, donde platonicé, ensoñé y amé aquello que no vi.

En el caso La isla de Perros, la historia es así. Hubo tiempo en el que en un país de personas con ojos achinados, que puede ser Corea norte y sur, China, Japón y ahí  me cultivarán sobre cuáles otros, los perros eran lo que son, los mejores amigos de sus dueños. Fueran estos dueños unos niños, personas mayores, de mediana edad. Era evidente que la convivencia junto a los perrucos, ayudaba a paliar la soledad de los que estaban de a uno, a compartir momentos maravillosos en masa o de a dos, simplemente hacer algo bueno en la vida como recoger y no comprar, un perrito de la calle, darle hogar, comida, casa y amor. Entonces las personas se volvían alegres, miraban hacia la copa de los árboles, estaban más atentos a todo….. y fue así que un Presidente  o dueño de país, vio esta situación y alertado por el peligro que los oji rasgados tomaran decisiones por sí solos, decidió extraer el cáncer, en este caso no marxista sino que canista y exiliarlos, excomulgarlos, enviarlos lejos, muuuy lejos de casa, a un lugar desconocido, que después se supo era La isla de Perros.

Cualquier similitud con la realidad, espere un momento que recién estamos comenzando el comentario sobre la película. El asunto es que con la racia de perritos de ese lugar, las personas transformaronse en seres sin color, alma. Vivían para trabajar. Ir de la casa al trabajo y vice versa. El más contento con estos resultados, era el dueño del país o Presidente, ya que como todo dueño, introducía la mano en los cofres del Estado y después la escondía en su billetera. Para los medios de comunicación y cuanta historia se contara de este país, solo había palabras de elogios, parabienes, por transformarse en una potencia económica, casi que jaguares o cosa parecida. Que no era raro porque el odio parido, no era a por los maquina monótona humanos, sino a por los perros, porquie el dueño del país – Presidente, amaba a los gatos (qué culpa tienen ellos poh).

Y bueno, para que la trama transcurriera, tiene que haber un emancipador o emancipadora. Como es gringa de Estados Unidos, había para todes. La emancipación era con equidad de género y hubo primero un chico, de nombre Atari, que siendo huérfano, fue adoptado por el dueño del mundo, le puso a un perro sirviente para que lo cuidara, entre ellos nació la amistad más certera. Y cuando el dueño de país – Presidente, decidió limpiar de dog el lugar, el de su adoptado, no fue la excepción. Pero Atari, quedó con algo más que con cuello y decidió que él encontraría a su perro. Así es como llega hasta la Isla de Perros y conoce a la cantidad, miles, de miles, de más que miles de perros, en la más “Los niños del Brasil”, que viviendo dejados de todo Dios y ley, han sobrevivido como bien han podido y hay los malos y rudos, los buenos y dóciles que son esclavos de los malos, los que  nadie sabe que existen, los Underground y les enigmátiques.

Atari, con su obsesión de encontrar a su perro, tendrá que hacer migas y coalición con todos los perros de la isla, después pasaremos a la amistad, porque ¿Quién puede resistirse a un chucho? Y bueno, mil aventuras recorrerán.

Pues bien, en Isla de Perros, iba todo bien hasta que su director, decidió usarla para enviarnos un mensaje. Un mensaje que quizás pensó descubría el hilo verde y no nos habíamos enterado y como es gringo de Estados Unidos, no resistió quedarse callado y para que todos lo supiéramos creo esta película.

En esa parte, en que el director Anderson, decide iluminarnos con su verdad, comencé a entriparme de cabeza hasta la punta del dedo ¿Por qué? Porque lueguito, luego, me di cuenta para dónde iba el discurso. Y es que ustedes perdonarán, pero si hay algo que no tolero, es que los gringos de mierda o yanquis de mierda, gringos y yanquis nacidos y criados en Estados Unidos o USA, vengan a decir misa. Primero mírense, después vuelvan agudizar la vista hacia el Presidente que se gastan y si están observando, hagan un recorrido por la historia de América Latina desde la actualidad hacia el siglo XX y descubrirán aquella costumbre de su país de mierda por no dejar pensar y vivir a cada quién, desde su cada cual. Imponiendo lo que debemos comemos, mirar, ver, ser.

Odio con todo mi corazón a estos gringos de mierda. Y fue tanto que por unos segundos, que se transformaron en minutos, ese odio nubló mi momento cinematográfico. Tuve que hacer todo un trabajo de purificación, peos incluidos, para volver a concentrarme nada más que en ver la película. Llenarme de ella, de la parte en que los perritos son perros hermosos, alejados lo más posible de los humanos, simple y totalmente perritos, mullidos, peludos, lindos, negros, blancos, tuertos, pancos, mancos, la enterneción era tal, que olvidaba el odio y me dejaba llevar.

Y es que el pelotudo de Wes Anderson, a través de Isla de Perros, cuenta su gran descubrimiento que es que el mundo sería mucho mejor, si los humanos no fueran tan humanos y en su calidad de tales, no pretender que uno solo, mande a todo el resto, como si aquel resto fuéramos una bola de zombis que deben ser guiados por “la voz”. Quiero decirte Wes, que sería bueno que leyeras la prensa, unos cuantos libros y te instruyeras sobre un tal Presidente de tu país, llamado Trump, que calza con el patrón de tu mensaje.

Entonces, haciéndose de la vista gorda o ciega, negando o pasando de lado al gigantesco de Donald, Anderson, prefiere hablarnos de totalitarismos (según él), pero en versión roja. Y entonces vamos hablando mal y generalizando al 1000% en materias de malísimo, totalitarista, mandones, opresores, que en oda al enceguecimiento de la nación, según Wes, habitan los países de los ojitos rasgados. Onda ponte tu que si tienes un poco de cultura, sabrás identificar a un tal Mao, a un otro tal Stalin.

Pero bueno, intentando hacer caso omiso y miren que cuesta, a estos detallitos, hay que decir que la película, Isla de Perros, es una poesía en movimiento. Más que nada porque la elección de los tipos, sin y con razas, de perros, son tan asertivas que dan ganas de haber viajado con Atari y llevarse, salvar, quedarse, con unos cuantos cientos de muchos perritos.

La sinopsis.
Isla de Perros, cuenta la historia de Atari Koboyashi, un chico de doce años pupilo del corrupto alcalde Kobayashi. Cuando, por decreto ejecutivo, todas las mascotas caninas de MegasakiCity son exiliadas a un gran basurero, Atari parte solo en una pequeña avioneta Junior-Turbo Prop y vuela a la isla de basura en busca de su perro guardián, Spots. Ahí, con la ayuda de una jauría de perros callejeros, que se convierten en sus nuevos amigos, comienza un viaje épico que decidirá el destino y futuro de toda la provincia.

Como toda película de esta índole, suma su buena dósis de acción, amor, enternesiones en cuatro patas. No me gusta la idea de desprestigiar a los gatos, eso se los aclaro desde ya. Pero en versión perruna, no negaré que mi sisterna and shyo, lloramos como magdalenas, porque todo lo que sea gatos y/o perros, nos estremece por dentro y fuera. Por supuesto que uno puede agarrar partido por algunos perros más que otros, aquello de la debilidad, a mi me gustaron todos. Sobre todo el protagonista, que si yo fuera perrita, creo que me quedó con él a ojos cerrados. Hay que decir que Wes es de nuestra generación, dígase que actualmente está acercándose a los 50, porque chifló con La dama y el Vagabundo, qué decir con los 101 Dalmatas. Es un doglver aunque también sea pelotudo. Algo lo salva.

Y lo de “La dama y el vagabundo” lo digo porque cuando la vean, entenderán mejor. Habrá romance, aventura, acción, romance, aventura, amistad, y por supuesto la reivindicación de la clase obrera, proletaria, sufrida totalmente. Y un vagabundo, greñudo, mal humorado, se enamorará de una más que fifi damita, de una bailaora de circos, la reina de las piruetas y juntos serán dinamita. Y no puedo dejar de pensar que podríamos ser Diego y sho. Sho y Diego, perro peludo y la bailaora circense. Los amo, tanto, tanto que mientras logro llenar la casa de ellos, sumo todas las fotos de la película para admirarlas, aullar y suspirar.

En materias de ficha técnica, les puedo contar que es una cinta de animación aventura, apta para espectadores de siete años en adelante, la cinta tiene una duración de 101 minutos (¿O será un homenaje a los 101 Dalmatas? jajaja). Es un estreno lo que se dice recién salido del horno, facturada el año 2018. Su director es Wes Anderson, y las voces de los perrucos están sonorizadas por actores de gringolandia como Scarlett Johansson, Tilda Swinton, Bryan Cranston, Edward Norton, Jeff Goldblum, Liev Schreiber. Fue hecha en USA que abusa. Y pese a todos los peros y exabruptos, la historia, el film, todo, todo, es una monada de esas que después de verlas, cuesta mucho olvidarlas. Si quiere ir la están exhibiendo en el Normandie, todos los días a las 15 horas y en el Cine Arte Alameda con un rango horario más extendido. Y como Anderson se cultiva lo underground, aunque bien que cobra en verdes dolarucos, para ser consecuente hay que ir a verla a cines alternativos, como los antes mencionados. Eso sí, lleve cobija en invierno porque uno se ¿Qué? Caga de frío y si lleva comida, nadie se entera, ni se enoja.

De Wes Anderson films.

A pesar de ser gringo y pelotudo, hay que reconocer que ha hecho grandes cintas, es por eso que más allá de los peros que nos separan y para que ustedes le ubiquen, aquí les va un listado de sus cintas todas.

De atrás hacia delante: Rushmore (1998); The Royal Tenenbaums (2001); La Vida Acuática con Steve Zissou (2004); Viaje a Darjeeling (2007); Fantastic Mr. Fox (2009); Moonrise Kingdom (2012); The Grand Budapest Hotel (2014) e  Isle of Dogs (2018).

No olvidaré que fue Anderson, junto a Sophia Coppola, quienes devolvieron al mundo del cine, a la fama y por tanto hasta mi (jajaja), a mi amado e idolatrado Bill Murray.

Datología
Qué: Comentario de cine: Isla de perros.
Dónde: Cine Arte Alameda – Cine Arte Normandie.
Duración: 105 minutos.
Horario Alameda: 16, 18 y 21:30 horas Sala 1.
Horario Normandie: 15 horas.

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