Ya es tiempo de que te vayas…

* Por Tamara Norambuena A.

Tanta Alameda suelta para las orquídeas negras con la herida abierta marchando sobre un fondo rojo. Tanto que molestan aquellas flores a esta retrógrada flora chilena.

Esa Alameda que un día en que olvidé la fecha, vio desfilar las tropas de mujeres con capa y un cartelito frente al altar de la patria. Mi memoria es un poco débil, pero no olvido a los cientos de pelopinchos y mujeres de ruanas venidas de Cema Chile comandadas por las esposas de oficiales del ejército, las damas de “algo” o algún club deportivo; quienes paseaban una y otra vez delante de la llamita de la libertad. Al son de las marchas militares, les hacían repetir el turno una y otra vez para que los cientos fueran miles. Nosotros los esperábamos en Huérfanos con Ahumada, para romperles los carteles y patear más de algún trasero y las explicaciones eran las mismas “nos trajeron obligados, nos dieron una zapatilla y nos prometieron de que al término del desfile, nos darían la otra”. La televisión mostraba apoteósicas imágenes de este espectáculo, emulando los desfiles del Tercer Reich.

Y ahí estaba ella, incólume luciendo las joyas de la colecta de la reconstrucción nacional, artífice cosmética disfrutando el paseito de mujeres a su imagen y semejanza. Llegó con su estética de capa y boina para quedarse, queriendo ser la nueva patrona de Chile. Llegó con el barniz de la familia, Dios y la Patria para falsificar nuestra memoria.Parió a los viejos sapos de neo intelectuales y engendró mocosos atrevidos hablando sobre la unilateralidad de la historia.

¿Con qué osadía reclaman la injusticia de la verdad contada?
Y nunca la historia, la memoria han sido alguna vez justas, todo está bajo la capa que ha cubierto una parte de la verdad, siempre una parte. La misma que tus engendros y tus hijos han perseguido en la tragedia de un país llamado Chile. La misma que quisieron exterminar, la misma de la que reniegan tus falsos conversos. La misma porque de ningún arrepentido está llena esta tierra.
Acaso recuerdan los libros de historia los nombres de José Flores o Luis Alderete Oyarce, por nombrar algunos, amortajados en la sangre de Irigoin por obra y gracia de Eduardo Frei Montalva y su ministro Pérez Zujovic. Acaso resuenan en los renglones de la historia oficial y oficialista, los estallidos en el cráneo de Francisco Monárdez Monárdez o los gritos de Osvaldina Chaparro Castillo gritando “No los maten” mientras es acribillada con un embarazo de tres meses y casi partida en dos por la cantidad de descargas en la masacre de El Salvador. Acaso redimen los libros, los museos, los monumentos, los zarpazos del sanguinario León de Tarapacá donde faltarían líneas para cincelar en la costra de La Coruña donde no quedó un solo vivo de los “rotos alzados”, ni uno solo. Han escuchado nuestros oídos el eco del asesinato en la Matanza de Ranquil, de la totalidad de la familia Sagredo con una anciana y una guagua de dos años, más otros cientos de desaparecidos cuya investigación el Senado archivó la causa y que hoy sigue levantando monumentos a los responsables Alessandri y el general Humberto Arriagada…

¿Y si hablamos de muertos atados a los rieles o quemados en los hornos y que cuelgan sobre sus espaldas?
Pues sí, la historia y la memoria nuestra siguen acostándose incestuosamente con la injusticia.
Porque siguen tus capas y tus boinas fascistas azuzando nuestro presente. Porque somos un país que tiene miedo a mirase a sí mismo. Nos persigue la vergüenza de niños huachos, abandonados a la suerte y patronazgo de mujeres arropadas en capisayos. Seguimos con el terror de mirarnos al ombligo y redescubrir que seguimos siendo pobres y pelusientos con cuatro barras en el wifi. Somos una faja de tierra cada vez más angosta creyendo el mito del ejército vencedor y jamás vencido. Seguimos peinándonos la tusa de pecherones aspirantes a pura sangre. Seguimos siendo las huilas de un reinado sin reino. Seguimos bajo tu nombre corrompido y embustero adorando los rosarios de la familia y modelos de Chanel.

Es tiempo de que se muera la perra para que se acabe la leva. Es tiempo de caigan tus hilos y el legado de tus traperos con que hemos higienizado nuestra historia. Es tiempo de que miremos nuestro cuerpo mutilado. Es tiempo de acabe el invierno para que vengan miles de orquídeas a florecer en primavera. Ya es tiempo de que te vayas.

Datología
Qué: Crónica “Y nunca la historia”.
*Quién: Tamara Norambuena A. Profesora.

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