El hombre que conoció a Dios, y en silencio lloró. Los tres estigmas de Palmer Eldritch. Philip K. Dick, 1965.

* Por Cristián Canales Moreno.

Tengo una particular debilidad por la narrativa de Philip K. Dick. Quizás el mejor escritor que ha dado la ciencia ficción y en lo personal considero que éste es uno de sus mejores libros. Cuando hablamos de Dick, hablamos de una mente tan imprevisible como paradójicamente lucida, que utiliza la ciencia ficción para analizar las fragilidades de la psiquis humana en un mundo de imágenes contradictorias, en tal sentido es de público conocimiento la influencia de Carl Gustav Jung en su obra, cuyas ideas y teorías sobre psicología analítica lo impactaron profundamente en sus comienzos, ayudando a formar una narrativa que destacó por el carácter filosófico de sus escritos, tratando temas metafísicos, sociológicos, políticos y teológicos que quedaron implícitos en sus extraordinarias historias.

En un futuro cercano, lo único que hace tolerable la vida de los seres humanos son las drogas. Obligados a exiliarse de una tierra prácticamente inhabitable por la contaminación, los colonos en Marte viven bajo el dominio de la Corporación Equipos P.P., dirigida con mano de hierro por Leo Bulero, empresa que fabrica las miniaturas y administra el alucinógeno ilegal Can – Di, que permite evadirse trasladando a sus consumidores a un mundo idílico en que habitan cuerpos perfectos de muñecos – el concepto de los accesorios y la droga que les da sentido es realmente fascinante -. El monopolio de Bulero se ve amenazado cuando Palmer Eldritch regresa de un largo viaje trayendo consigo una nueva y potente droga (Chew – Zi) que anuncia bajo el lema “Dios promete la vida eterna. Nosotros la proporcionamos”.
¿Que pretende Palmer Eldritch? Ya no parece humano, ¿Qué clase de metamorfosis ha sufrido? ¿Es una divinidad o un ser infernal?

“Es un mundo ilusorio en el que Palmer Eldritch ocupa todas las posiciones clave, como una divinidad; te ofrece la posibilidad de hacer lo que en realidad es imposible: reconstruir el pasado según tu propia voluntad. Pero para él también es difícil. Se necesita tiempo”

Esta novela fue escrita en la época más prolífica de su autor, el protagonista de la obra, Barney Mayerson, empleado de equipos P.P., es un antihéroe como casi todos los personajes del autor – en la obra de Dick no hay espacio para los héroes, pero si para los actos heroicos – que se verá envuelto en una oscura trama donde la introducción de la nueva droga dará lugar a sucesos tan dramáticos como irreales. Realidades superpuestas que nunca permiten saber cuál es la verdadera, suerte de juego de muñecas rusas que constituye un desafío para el lector, al mismo tiempo que permite jugar con los temas favoritos del autor, siniestras corporaciones, alienación, estados alterados de conciencia… probablemente una de las obras más metafísicas y espirituales de Dick, siendo su primera novela religiosa, precursora de Valis y de sus últimas obras, así por ejemplo la reunión de los colonos para consumir la droga se puede asemejar a la comunión cristiana, en tanto la omnipresente figura de Palmer Eldritch, con sus estigmas, es equiparable a Jesucristo en cuanto enviado para salvar al género humano…. O para condenarlo….

“Recuerdo con particular cariño a Dick. Yo creo que es el escritor de los paranoicos, del mismo modo que Byron fue el escritor de los románticos. Incluso su biografía tiene ciertos matices byronianos: es un hombre de vida amorosa agitada y, políticamente siempre está con las causas perdidas. Es curioso que uno de los más grandes escritores del siglo XX sea un escritor de género”.
(Roberto Bolaño).

Philip Kindred Dick nació en 1928 y prácticamente no conoció el éxito económico, viviendo casi en la pobreza, aunque fue aclamado en vida por contemporáneos como Robert A. Heinlein o Stanislaw Lem, sin embargo sus magistrales relatos y novelas pasarían a la posteridad. En cierta ocasión Rodrigo Fresán dijo que su obra era la particular visión de un noble horrorizado por la decadencia, de ahí todos los adictivos productos comerciales a los que alude insistentemente y la consiguiente necesidad de escapar vía drogas o por medio de rebuscadas disquisiciones teológicas. Creador de universos de pesadilla, caracterizados por una constante erosión de la realidad señaló en más de una ocasión que “la realidad es aquello que, cuando uno deja de creer en ello, no desaparece”, reflexión que sintetiza a la perfección el particular credo literario “dickiano”, calificativo que se comenzó a utilizar para referirse a situaciones narrativas en que se pone en tela de juicio nuestra percepción subjetiva de la realidad.

En 1982, un joven y visionario Ridley Scott llevó a la pantalla grande su novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” con el título de “Blade Runner”, una de las obras cumbres de la ciencia ficción. Circula el mito que el director le mostró 40 minutos de lo que terminaría siendo la película, un Dick visiblemente emocionado solo atino a comentar que eso era lo que imaginaba en sus libros. A partir de ahí, multitud de relatos de Dick han sido llevados a la pantalla grande, destacando “Desafío Total” de Paul Verhoeven (1990) basada en su novela “Podemos recordarlo por usted al por mayor”, “Abre los ojos” de Alejandro Amenábar inspirada en parte en “Otra vuelta de tuerca” de Henry James y en “Ubik” del propio Dick, “Minority Report” adaptación del magistral cuento “El informe de la minoría” y películas como “Matrix” y “The Truman Show”, ambas particularmente influenciadas por sus relatos. Probablemente gracias al cine vino el redescubrimiento masivo de su obra, que le ha permitido alzarse como uno de los autores más prolíficos, innovadores e importantes del siglo XX.
Philip K. Dick falleció el 2 de marzo de 1982, tres meses antes de que se estrenara en los cines Blade Runner.

Datología
Qué: Comentario literario “El hombre que conoció a Dios, y en silencio lloró / Los tres estigmas de Palmer Eldritch. Philip K. Dick, 1965″.
*Quién: Cristian Canales Moreno, abogado e historiador.

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2 Respuestas

  1. rodrigo gallegos dijo:

    excelente análisis, generalmente los genios son proscritos en nuestra sociedad que no permite alejarse de la normalidad imperante, un montruo dick.

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