Abrazo de árbol: Ficus elástica o gomero.

* Por CRA.

Su historia en la mía.
Siempre he estado rodeada de lo que conocía por el nombre de “Gomero”. En la casa en que vivimos en Guadalajara, Jalisco, México, al poco andar mis padres compraron uno, lo curioso es que a pesar de ser un árbol, tremendo, frondoso, el nuestro, vivía adosado en una maceta.
Maceta, que no le impidió crecer y crecer, con sus hojas verde oscuras, gruesas, lustrosas, brillosas, grandes, que al nacer dejaban atrás una especie de tela color café, la que en su historia primigenia, servía como protector del producto, que se transformaría en hoja.
Después supe que esto de tener un árbol de “Gomero”, en la casa, era una suerte de reminiscencia paterna, a por el lugar donde nació y sus días de infancia en Buin, de la Región Metropolitana.

Sitio que visitamos hace muchos años ya, con mi padre, obviamente, que nos llevó para conocer en vivo y en directo, el escenario de las mil y una historias que nos contara de aquellos años de niñez y juventud. Y de paso, contemplar al gomero más grande y añoso jamás imaginado… lo de la cantidad de vida, se debe a que le calculamos, estaría cumpliendo unos 200 más o menos.


Este gomero, era de raíces alargadas, gruesas, hermosas, café, cual patas de elefante o como una mano, pero de más de cinco dedos, que en la medida que va creciendo y alargándose, intenta apoderase de algo..

Su tronco robusto pero chato de altura, rodeado de ramas y más ramas las que hacen creer que el espécimen en cuestión es de una altura impresionante. Tenía tanta altura como edad, que buscando para mirar su copa, encontraras con que en cada hoja yacía su fruto, que crece cuando el gomero tiene una edad y que si te toca, como me sucedió a mi, la mala suerte que éste se desprenda de la rama y en caída libre vaya a dar contra el piso, es mejor saltar para el lado porque altura y velocidad, sumado a tamaño, dan por resultado chichón seguro en la cabeza.
Y en esta extensión externa de raíces, éstas iban creando una larga y gruesa valla, capaz de hacer tropezar a quien pretendiese caminar por entre medio. Y entre medio de esta valla de raíz, formábase un hueco para anidar un perro, quien gozaría de un nido cubierto de hojas antiguas y secas como de algunas nuevas y verdes que algún viento poderoso (como el de Pushkin) derribó o quizás algunas arañas o roedores de campo.
Mucho tiempo después, me tocó conocer por mis propios pasos y ojos, a los gomeros de La Recoleta, en Buenos Aires. Aquellos árboles que antes de llegar al centro cultural o a los cafés que lo preceden, ensombrecen amablemente el lugar. Esos gomeros, como el de la casa materna de mi papá, también eran de troncos robustos, gruesos pero no tan altos, sí de color café oscuro, semejando a los sólidos tobillos de un elefante. Y que tanto para el extremo izquierdo, como para el derecho, van extendiéndose ramajes  gruesos, rodeados de sus hermosas, lisas y brillosas hojas verdeoscuro. Un parque en tonos café oscuro. Como Buenos Aires, es una ciudad húmeda en verano, se entiende el tupido de sus ramas y hojas, que a penas y permite filtrar un poco de luz, con la que descubres el verdadero concepto del tono verde de sus hojas y troncos.
En cualquiera de sus versiones, edades o espacios terrestres donde los encuentres, no pases sin mirar que te puedes tropezar, mejor contémplalos y si te atreves, abrázalos.
Los orígenes.
Ficus elástica, el Árbol del caucho, es una especie perennifolia del género de los higos, nativa del nordeste de India (Assam), oeste de Indonesia (Sumatra y Java). Fue introducida en Europa en 1815 como planta de interior.
Árbol grande del grupo de los Ficus epífitos, alcanzando 30-40 m (raramente 60 m) de altura, con un tronco macizo irregular, de 2 m de diámetro, que desarrolla raíces aéreas y contrafuertes para anclarlo al suelo y ayudar a soportar las pesadas ramas casi horizontales. Hojas anchas, brillantes, ovales, de 10-35 cm de largo y 5-15 cm de ancho; ese tamaño es mayor en plantas jóvenes (ocasionalmente de 45 cm de largo), mucho más pequeñas en ejemplares viejos (típicamente de 10 cm de largo). Las hojas desarrollan una vaina en el meristema apical, que va creciendo a medida que la nueva hoja crece. Cuando madura, se despliega y la vaina cae de la planta. Dentro de la hoja nueva, se encuentra otra inmadura.


Como en otros miembros del género Ficus, las flores requieren una especie particular de avispa del higo para polinizarse, en una relación de coevolución. A causa de esta relación, este gomero no produce flores ni coloridas ni fragantes para atraer otros polinizadores. El fruto es un higo pequeño, amarillo verdoso oval, de 1 cm de largo, apenas comestible; con solo una semillaviable, donde se encuentra la avispa pertinente.

Datología

Qué: Abrazo de árbol: ficus elástica o gomero.

*Quién: CRA.

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