Tostaduría El Maní: crónica alimentaria.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

Entre negocios de granos, semillas, fideos, café y otros, Tostaduría El Maní, insuperable.

Hace unas cuantas tardes atrás, salí, como de costumbre a “callejear” con un rumbo más que preconfigurado, nos hacía falta en casa, arroz integral, maíz para palomitas, fideos de arroz y pensé: “Tostaduría El Maní, es la solución”. Tanto porque eso implicaría una caminata mayor y de paso, comparar precios entre El Maní y La Talca, que si bien hay una sede mucho más cerca de mi casa y también tiene variedad, como que me latía que sus productos no eran taaaaan bagatos.

Y si habláramos única y exclusivamente, en versión judía, de lo “bagato y lo cago”, pues quiero decirles que El Maní, es el lugar que da cobijo a estos menesteres. Y además, porque no todo es procurar el bolsillo, podrán satisfacerse al son de los aromas, las variedades, formas y tamaños, porque aunque los productos sueltos no los dejan “manosear”, pues perdónenme pero discúlpenme yo igual los toco jajaja.

Eso sí, quiero contarles que la sucursal única y exclusiva que habitaba Irarrázaval frente al Líder de Suecia, ya no existe más, ahora están ubicados en la misma Irarrázaval, pero con Pedro de Valdivia, pa que no se peguen el pique en vano poh.


Bueno pues, la cosa es que en la más consumista de chuchulucos para ingerir, ese día, además de gozar de un atarde-caminata, realmente espectacular porque el clima estaba delixius, gocé comprando en la más consumista, claro que después lo pagué caro porque tuve que cargarlos, más fui bendecida ya que ocurrió que al pagar, satisfactoriamente para mi bolsillo conjugue la frase “que gico es que todo salga bagato”.

Otra cosa fue el peso de mis productos, repiqueteando en mi hombro derecho, pero así fui pagando el pecado de transformarme en la consumista que le faltó desabastecer el negocio. Y así cargando me fui pensando en la multiplicación de estos negocios, todos ellos rotulados bajo el slogan “tostaduria” y pues ideas y razones, motivos, circunstancias iban y venían e inmediatamente dije todo esto es por culpa y/o gracia del TLC (Tratado de Libre Comercio), porque estoy segura de seguridad, que antiguamente estos negocios tenían maní, almendras, nueces, pasas, ciruelas y café de higo, de grano y el resto era harina tostada, molida, de trigo, avena, onda lo más parecido a un almacén de barrio, pero con productos ponte tu que de selección o no producidos en la zona central del país.

Entonces obviamente que la apertura cuasi de piernas que el TLC, ha producido, unos dirán “ah pero si es para mejor”, mmmm pues mejor para el que compra, no tanto para el que produce, por aquello de la libre competencia, adherida a que surge la tercerización y bueno, otro día les cuento la historia de la debacle en los mercados de los productores “minoritarios”. La cosa es que esta apertura, es la que ha producido la proliferación de tiendas donde te tuestan hasta a tu mamá si andas necesitándolo y sino, también te meten productos varios y diversos, como fideos chinos, sopas instantáneas, salsa de soja, té, café, condimentos árabes, japoneses y frutos secos, endulzados para que muramos todos de diabetes.

Pero vamos por partes ¿les parece? Entonces hagámonos las preguntas en orden.

¿Qué significa tostaduria?
Viene de tostar, es decir, de poner algo al calor del fuego, del horno o de una tostadora, en especial un alimento, para que se seque sin llegar a quemarse y tome un color dorado y una textura crujiente.

Ahí podríamos comenzar la historia de Tostaduría El Maní, tanto por la exactitud del título como por el servicio, que la tienda, procuraba hace ya muchos años atrás.

Porque tostaban maní en unas maquinas que parecían entre una chimenea pulpona, es decir, que tenía muchas salidas para el calor. Comprabas el maní con cascara, la cantidad necesaria y solicitabas que te lo tostaran. Entonces la maquina cual cafetera metálica, comenzaba a trabajar. Después hicieron lo mismo con el café. Porque sabrán ustedes, hasta hace unos años lo desconocía, El Maní, es de una familia árabe, no turca, sino que palestina, quizás siria, que además de maní tostaban los granos del café. Ese sí que era de los momentos poéticos de Irarrázaval porque el aroma de café en proceso de secado, era para volar sobre los tubos de escape de los micros.

Y con el tiempo fueron sumándose otros productos a secar, como las almendras, al maní le sacaron la cascara y lo vendían tostado con el hollejo café tan rico aquel, las castañas, las avellanas para ardillas y mi hermanita Manuela.

Actualmente la maquina ya no existe, es más, si decimos las cosas por su nombre, todo ha cambiado. Comenzando por el cambio de sucursal pues. Aquella primigenia ubicada en Irarrázaval frente a la calle José Luis Araneda o después frente a la tienda de La Polar o en diagonal frente al Burger King y al Líder, ya no está.

El año pasado del 2017 se trasladó definitivamente a Irarrázaval pero pasado Pedro de Valdivia, como yéndose (no a la mierda) si no que a Estación Central. Y pues con la pena, que si bien el local es amplio y está repleto de productos, a la maquina tostadora, no se la llevaron.

Historias de El maní.

Dicen que fue lanzada en la década de los setenta, no puedo dar fe certera sobre ello, pero dicen que fue instalada en la calle Irarrázaval donde les conté y de ahí en más sumó y sumó historia hasta transformarla en legendaria. Será por eso que siempre que uno va está llena de público, como de productos a la venta.

Es que esta tienda se pasó para estar bien surtida. Puedes usarla como tu almacén para comprar el abarrote, dígase el arroz, blanco, integral, los fideos chinos, sin gluten, con, de formas, alargados, para sopa, para todo el rato. Sal, azúcar, chancaca, esencias para la pastelería, gelatina, aceite de oliva, stevia.

Sumado a eso en materias chinas, como le dicen ellos, además de fideos, puedes encontrar soja, nigiri para hacer sushi, jengibre rosado para los mismos, wasabi, palitos chinos de servicio, de aquellas sopas prohibidas en el mundo pero no en Chile, conocidas como “instan ramer” que es casi lo mismo que muerte súbita, por su amor incondicional al sodio venenoso.

También pueden acudir los ultra light que necesitan cereales con gluten, sin él, que pipoca, que quínoa, que poroto rojo, que lentejas naranjas, que me gusta la pipoca con miel, que la pipoca de amaranto porque me dijeron que no sé qué propiedades tenía, que la quínoa roja, negra, la lavada, la de cáhuil, la orgánica.

En materia de legumbres, usted entra y lo primero es sacarse el sombrero y hacer una reverencia, porque lo que no andaba buscando también lo tienen. Avena machacada, lavada, entera que parece arroz integral (no se vaya a confundir), lentejas de todos colores, porotos también, garbanzos, harina de avena, de linaza, de garbanzos, de amaranto, de avena, de almendras.

Que si se antojo y quiere hacer galletas ricas sin dulce, pero ricas, entonces ahí encontrará stevia, avena molida, machacada, hecha polvo, canela en ramas, molida, pasas de todos los tonos, ciruelas con y sin corazón. Si le gustan estos productos, les prometo que pueden llegar a transformarse en adictos.

Es que la variedad (que da el TLC), permite que encuentres semillas de linaza en grano, o en harina, el arroz integral, también el clásico y blanco, pepitas de maravilla, avena natural, sésamo de todos colores.

En aquella poética ocasión, en la que fui a comprar, tuve que detener los impulsos por tanta variedad y deseo de llevármelo todo, ya que ¿Qué? Después tendría que cargarlo sobre mi hombro y pues no están para saberlo pero ODIO cargar cosas.

De hecho, ni miré los frutos secos, ni los productos mega dietéticos, los orgánicos les pasé el ojo por el lado. Me tenté con los duraznos pero me contuve, se me fue la mano tanto para el aceite de coco, como para el que venía rallado, en lonjas. Qué decir las almendras, el maní en todas sus versiones. De las frutas confitadas, les diré que fuera de las que vienen en los pan de pascua, no soy tan amiga del kiwi, piña, papaya, como que los miro y no sé por qué los encuentro falsos. Mejor para mí, porque la pelotologa me dijo “cada que comes azúcar siente como un mechón de tu poco pelo cae”. Y pues la verdad no quiero ser conocida como “Colomba la pelona”.

También están los productos latinoamericanos lindos y variados, como maíz mote, paccho y poroto canario, plátano dulce y salado en rebanadas secas y tiesas, sumado a la harina para las arepas
Verdaderamente es un paraíso de cosas ricas, cierro los ojos y vuelvo a transportarme hasta allí y mi mente se va directo al estante donde están colgados los dátiles, qué decir de mi mejor amigo el maíz para cabritas, las semillas de girasol, la chía que tan rica y sana es al mezclarla con yogur o jugos. La de condimentos que puedes encontrar, que el comino de colores, que la paprika y olorosa a otra cosa que no aquel aserrín chafa que venden en el súper. Las tonalidades de pimienta, entera, molida.
Alguien dijo por ahí, en el Maní, podrás encontrar lo mejor para tu cocktail y para cuando te tientas con algo rico.

Así que ya sabe, a mi no me están pagando por escribir esto, lo hago de corazón, porque la pasé del uno consumiendo tanto producto y además, no fui desbancada.
Haga como otres, otras, otro, yo, me y mi, salga a pasear y dese más que una vueltecita por Tostaduria el Maní, que ahora está ubicado en Irarrázaval 2427, Ñuñoa. Y los horarios de atención son de lunes a viernes de 10:15 a 20 horas, sábado hasta las 14 y los domingos, tienen la mala costumbre de descansar.

Datología
Qué: Tostaduría El Maní: crónica alimentaria.
*Quién: Colomba Orrego Sánchez, periodista y transcriptora.
Dónde: Irarrázaval 2427, Ñuñoa.
Horario: De lunes a viernes 10:15 a 20 horas – Sábado hasta las 14 horas – Domingo cerrado.

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