“El rey del Lomito”.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

Hace unas semanas nocturnas atrás, mi querido amigo Bosco González y yo, caminábamos por las calles de Providencia, buscando un lugar agradable donde sentarnos a conversar y por supuesto, comer. Teníamos frío, hambre siempre. Él quería ir a un café, teníamos hasta el lugar elegido y camino hacia ahí, miré la hora y descubrí que con seguridad  estaría cerrado. La verdad no quería ir porque tomar café de noche y en frío, no puedo, porque me desvela. Y tenía hambre. Entonces fue que pasamos por mi ensoñado “El rey del Lomito”, ubicado en la punta de diamante entre Diagonal Paraguay y Alférez Real. Un diamante en toda su brutez de cerdez y por tal delixius.

Pero el Bosco es onda light, un tanto vanidoso, siempre preocupándose de no engordar y comer sano. Mientras que yo, ponte tú que también, pero ante todo mi política es aplacar ese estrujamiento de tripas de una vez por todas. Entonces tuvimos unos segundos de tira y afloja sobre si sí o no. Pero por suerte gané.

La historia.

Les contaré que “El rey del Lomito”, ha sido un presente continuo en mi existencia. Por cosas de la vida, vivo hace más de 30 años en la comuna de Providencia, ahí llegamos cuando volvimos de México, primero a vivir donde mis abuelos paternos y después años, muchos años después, nos dio por asentarnos ahí también. Y este local, ya estaba cuando llegamos hace 30 décadas atrás, en la misma esquina, siempre presente, abierto hasta la 01:00 para que los zigzagueantes puedan afirmarse y continuar la fiesta, siempre constante, latiendo fuerte, llamando a los paseantes con sus aromas, con su sencillez y generosos platos de sambich chanchito rebanado, en versión lomito.

De hecho, en aquellos old time a go, dígase recién volvidos (jajaja), a Chile, mi papá me invitaba a comer un cerdo sambich. Nunca jamás en mi existencia había comido algo tan enorme. Era adolescente y la inexperiencia era mi segundo nombre, porque si bien en México me comí mis buenas tortas de jamón, como las del Chavo, ya fuera éstas compradas en locales o los que preparaba, maravillosamente, mi madre, debo decir sin que sea bueno, menos malo, que tanto las tortas de jamón, como los lonches de birote, dígase de como se comen las tortas del Chavo en mi amada Guadalajara, qué decir las tortas ahogadas en el mismo tipo de pan, todas, todas, las tres, todas, eran deliciosas, suculentas, pero en formato sobrio, a diferencia de lo que se sirve en “El rey del lomito”.

Porque los mexicanos tienen una cocina para reverenciarles todo el rato y a la hora de servir los productos, son de una estética, un delicado, ordenado, puede que te la pases comiendo tres días sin parar, pero cada cosa en su momento, en su porción, una cantidad discreta pero satisfactoria: onda que primero la sopa de arroz (aguada), después el arroz (seco cual desierto), a continuación la carne con sus tortillas, que frijoles en un pocillo aparte y así, hasta que te amanezcas o explotes, pero siempre en cantidades sobrias y/o dosificadas. Y pues llegar a Chile, y conocer el Rey del lomito, con sus sámbich que había que pedir refuerzos para comérselos….fue un soberano, grato y cerdo descubrimiento.

De hecho en esos años (1987), mis papás la neta del planeta, no tenían donde caerse muertos, es de esas cosas raras que los progenitores hacen, nadie sabe por qué decidieron volver, vivir de allegados donde mis abuelos paternos, no tener trabajo, etc., pero bueno esos son temas para la sesión del diván y hoy no toca. Entonces cuando me invitaba a comer estas cerdadas, lo hacíamos durar no por tacaños, si no porque eran otros tiempos, otros estómagos y nos alcanzaba de sobra, para tres: él, mi mamá y yo. Cosa que en la actualidad, perdónenme pero discúlpenme, no sucedería ni por todo el oro del mundo.

Otras ocasiones que llevaron mi mandíbula hasta el local, fue en compañía de mi abuelo Titin, padre del mío, cuando regresábamos de sus diligencias varias y como era un caballero maravilloso, en versión “retribución”, invitaba a comernos una puercada a este local. Titin, mi abuelo, que como ya conté era un soberano caballero, de aquellos que salían a la calle vestidos con traje de sastre, chaqueta, pañuelo en el bolsillo izquierdo, olorosado en colonia Barcelato,  con su toque de talco, un hermoso ejemplar de gentleman, comía como tal, mientras su nieta, o sea yo, comía como una “reina puerta del lomito” jajaja.

Después cuando nos transformamos en oriundos de la comuna, era que me las mandaba invitando al novio, a los compañeros de la U, amigas o ellos a mí. La cosa es que este local, sin lugar a dudas ha sido un referente en aquello que cultivo día a día: la cultura de la nostalgia, de historia de vida y cada que cada que paso por fuera, no dejo de rememorar todo esto que les he contado. O sea avanzo pocos pasos y ahora que además tomo fotos, pues ya verán que las tortugas son mis mejores amigas.

Volviendo a esa noche.

Solo que esa noche, decidí omitir toda esta historia que a ustedes no, digamos que un mucho porque tenía hambre, como porque estábamos en modo divertimento y las nostalgias un poco te apachurran ¿qué no? En esa oportunidad como andaba modosa, pese a que disparó (invitó) Bosco, me pedí un lomito italiano. Es que hay que decirlo, en eso de los lugares históricos, de barrios, de tiempos, de “picadas”, hay ciertos productos que sobresalen. En este caso, además del puerquito en versión lomo, también encontrarás churrasco res, las vienesas, el chucrut y qué decir el schop, la chela (cerveza) embotellada…. qué decir de la mayonesa hecha en casa, la palta en generosa porción y que todo unido se transforma en ¿Qué? En algo soberbio.

Esa noche como tantas otras de los ayeres, sucedióme lo de siempre ¿Qué? Hacer espectador obligado a mi  interlocutor, de un espectáculo un tanto fuerte, como es verme comer jajaja. Porque sí confieso que soy de las que no recibieron educación cuando chica, porque mi papá empujaba todo, todito, todo, con un tenedor, tenía una gracia que nunca alcancé. Entonces buena era la ayuda del dedo gordo para hacer las veces del cuchillo y el pollo, bueno al pollo hay que agarrarlo con las dos manos porque sino, sale cual catapulta hasta el plato del frente. Entonces fue que, pobre del Bosco, tuvo que conocer a mi verdadero yo, aquel que no usa tenedor y cuchillo, sino que toma el sambich con ambas manos, mientras la cremosa, suntuosa, blanca, deliciosa mayonesa, amistosea con la ketchup, la mostaza y chorrea, se chorrea para tocar al plato, cuando hay suerte, sino salpicar a todos los frentes, también escurrirse entre mordisco y mordisco por mi cara, mis manos. Una belleza, creo que es el momento ideal para que me pidan en matrimonio jajajaja.

Y estábamos en el momento de la elección de ¿Qué comerá cada cual? En mi caso tenía todo bajo control, decisión tomada: un algo italiano y cuando el Bosco, tan tierno y generoso, contó la monada que él invitaba, pues venga que me dije: “ah entonces me rajaré y aunque sea de noche, por tal las consecuencias, pediré un lomo”. Y vaya que le achunté medio a medio. Quedé no llena, sino que repleta, pero así también de un satisfecho, de un contento. A diferencia del Bosco, que se puso light y se pidió un Chacarero, que se veía bien rico, no era tan grande, pero abundante y cuando lo pusieron en la mesa, mesa me dijo con una cara un tanto desilucionada: “Pucha, no tiene mayonesa”, a lo que me reí respondiendo: “Pero Bosco, cómo va a tener mayonesa si es Chacafome poh”. No le gustó mucho mi comentario. Lo que no quitó que se lo comió, con toda la educación que lo antecede, mientras “me” hacía mi show gratuito. Para suavizar el pecado, pedí una agüita perra y caliente (jajaja), él una mineral, aunque en realidad quería una bebida light. Pero esto es importante que lo sepan, por si aquello que une vegane decide abandonar su causa o une otre light, en “El rey del lomito”, como también o más bien el fuerte son los tragos, combinados, solos, al seco, con hielo, pisco sour, vaina, ron cola, piscola, a buen bebedor pocas palabras, sabrá que mezclar la gloria con lo “zero o light” es un asesinato.  Que fue lo que en términos muy cool el mesero intentó explicarle al Bosco, que acalló el bla, bla, solicitando una mineral con gas.

Y bueno pues, fue una poesía en movimiento. Mientras devoraba y deleitaba, además de satisfacer con creces mi hambre, nostalgiaba el lugar, que está idéntico, rememoraba a mi papá, a mi abuelo, esas veces chancheando a puro placer. Juraría que todo está tan idéntico como hace 30 millones de años, en lo personal creo que eso habla bien del lugar, que a saber por qué razón ha salvado el pellejo de la comuna y de las inmobiliarias de mierda, con su afán de aplastar la historia y construir mojones por doquier.

La carta del Rey.

En materia de sambich o sandwich, como quieran decirle, les diré que los precios van proporcionales al tamaño. Pero la billetera no quedará desvencijada, no se preocupe, revisando raudamente la carta, puedo decirle que los precios pan y rellenos oscila entre los $2.000 y $7.000 el más alto en cantidad de lucas, debe su elevación a los pisos de carnes, tomates, mayonesas, ají, cebolla, productos más, que al llegar a la mesa, le harán pensar ¿Cómo me he de comer esto? Porque la verdad, los extra grandes XL, XXL, son para atacar con manos, cubiertos, colmillo, codo, boca ojala una grande.  No por nada en mis viejos tiempos, cuando iba con mi papá y pedíamos el hoy XL, nos sobraba.

Para los que además de comer, les interesa el asunto del brebaje, les contaré que en la modernidad titularon al rey, como “fuente de soda”, en una onda medio gringa de aguachar parejitas enamoradas y borrachas, porque bebidas gaseosas hay, malteadas no y en cambio en materia de destilados vaya que la carta es larga y ancha. Puede tomarse un aperitivo, seguir con la copa de vino, continuar con el bajativo. A lo mejor es de les que gusta de quedarse con el aperitivo todo el día, de gustos fuertes y vamos dándole al vodka, que al pisco a secas, que al ron. Hasta champaña hay para les fifies. Y por supuesto vaina, pisco suour, hasta pichuncho o como se llame aquello de vino con bebida o cerveza con fanta. La incultura personal, la excuso porque prefiero por todo y ante todo, el vino tinto ojalá Carmenere por eso de la rosacia o Merlot por las mismas razones y si estoy de linda, pues le entro a un Chardonay sin miedo.

Obviamente que en versión fuente de soda o picada o “El rey del lomito”, no puede faltar la o el schop, alguien comentó que la jarra es de 750 ml., creo que eso es bueno, también hay cervezas embotelladas, que la Escupo, digo Escudo, que la Cristal, que las Kustman, claras, rubias, negras, morenas, capaz que está también la malta con huevo. Y la verdad que sámbich y chela, schop, cerveza o como la conozca, es lo que sigue a una poesía en movimiento, nacieron para comerse juntos ¿qué no?

De picadas.

Si retomáramos el tema de los restaurantes “picada”, dígase aquellos que tienen un toque histórico, casi patrimonial, porque forman parte de las tradiciones y por tal de la cultura = identidad de una nación, diríamos sin lugar a dudas que “El rey del lomito”, entra en la lista a ojos cerrados, aunque tenga el punto en contra de estar ubicado en la comuna de Providencia jajaja. Lo reconozco, soy mala, maldadosa y a mucha honra desmerezco a mi comuna, por creída, arribista y por tal, rasca, al intentar todo el rato aparentar, aparentar. Pero, de tanto en vez salva, al sumar estos locales, que uno pensaría deberían estar en lugares con alma, llenos de gente, de la buena, la alegre, natural, espontánea, dígase la gente de los barrios, de barrios, esos espacios donde puedes encontrar no una picada, sino que tres, cuatro y en la misma vereda y regodiarte en “si entro a este, o este otro, quizás mañana al de más allá”.  En fin, la vida lo quiso así y desde hacen años ya, asentóse en esta comuna y felices estamos los que ya sea por fuera, varias veces por dentro, paseamos, entramos, olemos y probamos y si le gustó este comentario, pues lléguele, lléguele.
Totalmente recomendado!!

Datología
Qué: Comentario gastronómico de El rey del Lomito.
* Quién: Colomba Orrego Sánchez, periodista y transcriptora.
Dónde: Diagonal Rancagua 913, Providencia.
Horario: De 10:00 a 00:00 horas.

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