Abrazo de árbol: Ailanto, el árbol del cielo, árbol de los dioses.

* Por CRA.

Al “Ailanto” o “árbol de los dioses”, lo descubrí hace muchos, muchos años. Me llamaba la atención su altura, la delgadez de sus troncos, pese a que en la base a ras de tierra, se ensanchaba dando forma a los tobillos de un elefante, sumado al azulado tornasol de su corteza. Corteza rugosa. Realmente un árbol guapo, elegante, como caballero. Y por más que preguntaba a los sabedores de árboles por su nombre, nadie podía identificarlo.

 

Más tiempo tuvo que pasar, hasta que un día paseando por San Diego, en uno de los negocios de libros usados, vendían en versión promoción los libros de la Adriana Hoffman. El tomo de árboles, flores y cactus, obvio que compré los tres y así fue como leyendo y buscando dí con mi amado caballero alargado, de tez azulada y tobillos de sillón: El Ailanto o árbol del cielo, árbol de los dioses….

 

Después me encaramé en el antejardín de una casa, para pasar la mano por la corteza, rosar sus hojas verdes alargadas y descubrir que arrojaban un aroma más que particular, que al menos a mí me gustó mucho.

Al tiempo encontré uno en la avenida Eleodoro Yañez, a la altura de Luis Thayer Ojeda y no pude evitar la tentación y lo abracé, lo confieso, aunque su cintura no fuera tan ancha y en la acción mis brazos volvieran a juntarse uno sobre el otro, sentí algo especial al estar ahí en contacto tan cercano, de apretujarlo un tanto, posar una mejilla y después otra en su tronco, que su rugosidad se complementara con mi piel. Lo besé, una y otra vez, besé a este árbol de los dioses y un poco, mucho, sentí que lo nuestro era para siempre.

 

Y algo parecido ha sucedido, porque me lo encuentro a donde voy, los vecinos tienen cuatro o cinco y en nuestro jardín caen las semillas secas en otoño, las flores en primavera y las hojas verdes sueltas en verano y el resto amarillecidas en el otoño e invierno. Lo que ha producido una mejora inconmensurable para la tierra del jardín. Todos estamos agradecidos con la brisa que corre sabrosa en el verano, la sombra que otorga, sumado a su belleza y a las bondades que sus hojas producen a la tierra.

 

Este hermoso árbol de nombre “Ailanto”, que habita en muchas partes de Santiago y otras zonas urbanas, llama la atención por su altura aunque no se le considera precisamente “alto” en comparación a un roble, un alerce.

Pero de todas maneras en el ante jardín de una casa siempre es destacable, tanto por el gris de su corteza, la altura de su espigado tronco y qué decir sus ramas, que mirándolo hacia la copa se mezcla con el azul del cielo y es un espectáculo hermoso, sobre todo si es el azulado atardecer.

 

En plena época estival le aparecen unas especies de flores, que no son otra cosa que sámaras aladas, esas vainas delgadas en forma de alas que vuelan girando de a dos y diseminando su semilla donde la quieran recibir y que se tornan de un color dorado-rojizo precioso, que unido al verde oscuro de sus hojas y el gris de su tronco y ramas, es realmente un contraste hermoso.

 

Considerado un árbol simple, sin mayores servicios al hombre, pero si uno deja de ser tan lucrativo con la naturaleza y simplemente aprecia su hermosura, Ailanto o árbol del cielo, cumple con todos los requisitos.
Un árbol realmente interesante!!

Sobre sus orígenes.
Tree of heaven.
Ailanthus altissima mill.
El nombre genérico deriva de la palabra “ailanto” que significa “árbol que puede alcanzar el cielo”, en lengua nativa de las islas Molucas, de donde es originario (también lo es de China y Japón). Durante el siglo XCIII fue llevado a Europa, Estados Unidos y muchos países subtropicales, donde ha sido cultivado con profusión.

 

En Chile se encuentra prácticamente asilvestrado, sobre todo en áreas precordilleranas de la zona central.

 

Descripción:
A pesar del nombre especifico, “altísima”, es un árbol que no alcanza estaturas muy grandes, corrientemente mide 10 a 15 m. y en rarísimas ocasiones llega a los 25 o 30 m. de altura. Es caduco, de tronco recto y liso, corteza grisácea y ramificación suelta; las ramillas nuevas están cubiertas de un tomento amarillento.

 

Hojas caediza, grandes, de 50 cem. De largo, compuestas imparipinadas, con 7 a 12 pares de folíolos lanceolados de borde entero, en cuya base hay glándulas que contienen una sustancia de olor desagradable al romperse. Cuando comienzan desarrollarse son de color bronceado: luego toman un tono verde oscuro, para tornarse amarillas antes de caer, en el otoño.

Frutos:
Sámaras aladas de 3 a 4 cm. de largo, que contienen en su interior una semilla pequeña y comprimida.

 

El alianto se reproduce mediante semillas o por sus numerosísimos retoños basales, los que se pueden plantar al término del invierno, a raíz desnuda.

 

Usos:
Empleado abundantemente como árbol ornamental. La madera tiene mala calidad y es blanda y débil; sin embargo, se utiliza en fabricación de cajones y para trabajos de carpintería; es apropiada para ser incorporada a pastas celulósicas.

 

Datología
Qué: Crónica Abrazo de árbol: Ailanto.
*Quién: CRA.

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