Abrazo de árbol: el árbol de la pluma.

* Por CRA.

Otra de las situaciones “especiales” del advenimiento de la primavera, es la diversidad de aromas que cubren el aire. Entre los dulces y deliciosos olores, está el que produce “La flor de la pluma”. Un árbol y a la vez enredadera, del que penden racimos de flores, ya sean blancos o lilas que inundan el ambiente de un olor maravilloso, rodeados por ramas sinuosas y alargadas que van ensanchándose, creciendo, expandiéndose para cubrir techos, murallas y llenándolas con sus hojas alargadas, delgadas y de color verde.

 

 

Mi historia con el árbol de la pluma.
Al árbol de la pluma, tuve el placer de conocerlo cuando llegué a Chile, en 1987, a vivir a la casa de mis abuelos paternos. Su casa, tenía un living cómodo y espacioso, sombrío para capear el verano y un ventanal – puerta, que al cruzarlo y salir al jardín, invitaba a quedarte bajo una agradable y aromática sombra, de racimos de flores blancas y lilas y la frondosidad verde.

Primavera y verano, ese rincón del jardín, enviaba bocanadas perfumadas, nada más agradable que sentarse en las sillas bajo este particular parrón, para mirar el jardín y cubrirse del sol mientras llenabas los pulmones de tan agradables aromas.

 

 

Y lo curioso de su tronco, de base solida a ras de la tierra y después ramas y ramas alargadas, retorcidas, creciendo y creciendo en busca de una superficie para recostarse y echar más y más ramas, estas más y más hojas verdes, más y más racimos de hojas verdes, hojas grandes, pequeñitas, medianas, para que en la primavera no se vieran por los colgantes racimos nuevos de verdes, de lilas y sus azucarados perfumes.

 

 

Cuando nos fuimos de esa casa y los abuelos murieron y fue vendida, pasaron hartos años, antes de volver a encontrarme con otro árbol de la pluma. De hecho, cuando casi comenzaba a olvidarme de su forma y aromas agradables, descubrimos que en nuestra propia la casa, o sea la de mis padres más bien, crecía oculta entre la hiedra una que florecía en tonos lilas.

 

Pero como hasta en las plantas, qué decir árboles a veces hay jerarquías, todo indica que la “flor de la pluma” blanca, es la más cotizada, por escasa. Mis abuelos la tenían, porque ellos eran no escasos, sino que maravillosas personas. Es así como aquella lluvia de racimos de flores blancas, no me la he vuelto a encontrar, alojándose por siempre jamás, entre las nostalgias de los días de primavera verano, de la casa de mis abuelos.

 

Su historia.
Nombre científico o latino: Wisteria sinensis
Nombre común o vulgar: Glicinia, Glicina, Flor de la pluma.
Familia: Leguminoseae (Leguminosas).
Origen: China y Japón.
Arbusto caducifolio trepador y robusto de hasta 15 m.
Llega a vivir más de 100 años.

 

 

Hojas compuestas de 7-13 folíolos ovales con pelos sedosos cuando jóvenes, y luego glabros.
Flores de color violeta o malva de 2,5 cm agrupadas en grandes racimos colgantes de 15-20 cm de largo muy vistosos.

 

 

Espectaculares flores a finales de primavera repitiendo a veces en otoño.
El cultivar ‘Alba’ posee flores blancas. Al adquirir un ejemplar es conveniente que esté en flor para asegurarse tanto del color como de la intensidad del perfume, más o menos pronunciado según variedades.

Frutos: sus frutos son vainas alargadas, legumbres, aterciopeladas y muy vistosas.
Usos: ideales para cubrir paredes, muros, pérgolas y enrejados.
También como arbolito en una gran maceta.

 

 

Datología
Qué: Crónica Abrazo de árbol: La flor de la pluma.
* Quién: CRA.

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