Gala Torres y mi memoria contra el olvido.

* Por Tamara Norambuena.

 

Sin duda que marzo tiene nombre de mujer y también de resistencia, el 8 y el 29 traen vientos de una misma cosecha. No podemos seguir avanzando sin mirar de frente a la historia, la nuestra, la que no cuentan los textos de estudios y sin embargo vive en la memoria del pueblo. Angela Davis decía que la esperanza revolucionaria se encuentra en las mujeres que son abandonadas por la historia y Gala Torres, es una de esas mujeres .

 

 

No recuerdo cuando la conocí, pero debo haber estado muy chiquita, me impactó su sonrisa , su trenza plateada ,el tono suave de su voz ; la delicadeza con que recibía a los invitados en su casa. Cuando me ofreció una taza de café de trigo que ella misma preparaba, sin querer, había dejado granos sin tostar y que hoy forman parte de mi propia construcción, este café; también lo pueden beber los niños, me dijo…

 

La Gala nacida en Parral, pudahuelina por adopción y folclorista; era hermana de Ruperto Torres Aravena; un agricultor e ingeniero químico, secretario de una cooperativa de agricultores, detenido y desaparecido el 13 de octubre de 1973; desde aquel día la Galita haría de su militancia un canto de resistencia a una vida de tan larga ausencia y pidiendo por toda la tierra conciencia.

 
Debe haber tantos lugares llenos de encuentros entre cuerdas clandestinas del Pudahuel en esos años…El canto de la Gala, las obras ambulantes del maestro Radrigán, el jazz huachaca del Tío Roberto, la gran canción a Valparaíso de la Catalina Rojas y tantas yerbas que huelen a navegao, sopaipillas y lacrimógenas. Tántas veces vi a la Gala resistir, organizar y construir, que esas mujeres poderosas de pueblo fueron el cuerpo principal de un aguante que ni los versos transicionales pudieron callar.

 

 

A mediados de los ochenta me fui de Pudahuel, pero la Gala llegaba a mi casa frecuentemente. Venía con historias y misiones nuevas de allá “Abajo”, a veces…a llamar a su hijo que estaba en el exilio. Un día llegué del colegio, la esquina donde vivía tenía de punto fijo una micro de pacos de la fuerzas espaciales y la entrada a la galería del edificio, era como un patíbulo cercano al interrogatorio, al más brutal y salvaje, se sudaba miedo y le hacías el quite a la micro porque olía a mierda. Los lugares de evasión y farándula se encontraban el subterráneo, convivían un cine porno y el café Santos dichoso de Julito Martínez y las familias que iban a tomar onces -quien diría que el porno y la familia no lograron conciliarse en democracia, mientras incestaban en dictadura-. Pero era la hora de almuerzo y yo tenía hambre, como de tanto en tanto la Galita estaba sentada con un batallón de mujeres con blusa blanca..entre ellas reconocí a la Sola Sierra. Me miraron, me saludaron, hablaron bajito, cuchicheaban, se escribían, me miraban, me sospechaban, me sonreían, curiosas, clandestinas, conspiradoras; estas mujeres, algo traman y es mejor no saberlo…partí calladita a la cocina y ese menú, se repitió un par de veces…

 

 

Ya después de unas semanas o días no recuerdo…aprovechaban de esconder como hormiguitas “algo” que no podía adivinar y que fondeaban subversivamente en mi casa. Creo que fue un día de agosto del año 88, cuando entraron muy raudas a buscar ese “algo” de interminables cargas y del todo incierto…las seguí y de un de repente cada una se armó de una silueta negra con el nombre de un detenido desaparecido y preguntándole al país: ¿Me olvidaste?

 
Mil siluetas frente a la Catedral preguntado al país por el olvido, mil siluetas que todavía no tienen paradero conocido, mil siluetas de las que aún bailan solas, mil figuras de cartón y porfía; frente a un ejército de despiadados esbirros. Como tantas veces, quedó una batahola de pelea en las calles. Y ahí seguía la Gala, de elegante dignidad cantando la cueca sola, firmada de su autoría. De la mano de Sting o Tracy Chapman, una guerrera para tiempos de dictadura y democracia, de esas mujeres de la cosecha del mundo justo, del pan para todos y del trabajo colectivo. Marzo recuerda las mujeres y también a los combatientes y desde su trinchera, sigue profiando en mi memoria contra el olvido. 8 y 29 de marzo, también tienen el nombre de Gala Torres.

 

Datología

Qué: Crónica: Gala Torres.

*Quién: Tamara Norambuena Arancibia, profesora de francés y pudahuelina.

También te puede gustar...

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *