El maestro: serie argentina.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

En esta ocasión les vengo a comentar la serie argentina, de Pol-ka producciones, dígase Adrián Suar, dirigida por Daniel Barone y protagonizada por mi amado, ensoñado, guapo, increíble actor bonaerense, Julio Chávez.

 

Eso sí, tengo que decirles desde ya, que la serie no la están exhibiendo por la Tv Paga, pero sí sé que próximamente la trasmitirán a través de Netflix, así que no todo está perdido.

 

Y como está en versión “en camino”, aprovecho de comentárselas, porque la verdad me muerdo la lengua de ganas. Y bueno, digamos que para los y las desesperadas que no conocen la palabra “esperar”, les recuerdo que existe www.youtube.com donde podrían buscarla.

 

El maestro.
Por si no se hacen una idea, como que el título no les dice nada, la historia gira en torno a Abel Prat (Julio Chávez), un máximo instructor de ¿qué? Ballet. Y en esas piruetas ha hecho más fama que fortuna o la fortuna la utilizó para armar la Academia de Danza, que mantiene junto a su inseparable mejor amigo, Mario (Juan Leyrado). Y bueno, en esta academia llega un día una chica de estrato socio económico magruzco, pero que pese a no tener formación, es la mejor de las mejores, si se la sabe mirar con atención y si además, le dan una pulidita. Entonces será Abel Prat, quien lo haga. Quien pula y pula a este diamante bruto, de nombre Luisa (Carla Quevedo).

Y podríamos dejar la historia en eso, pero además de plana y fome (aburrida) a lo más sería para el público que se para de puntitas. Entonces, le agregamos conflictos, hartos conflictos, mucha cebolla picada, porque la verdad sea dicha esta serie argentina, inevitablemente me remite a los tiempos pasados, dígase los lejanos años ´70, ´80, en que tanto cine como series, eran de un encebollado, lloronas, cursis, lacrimogenas, que daban un poquito de “mucho, mucho”.

 

Les explico por si no pispan, que en Argentina hay dos géneros de ficción televisiva, la telenovela y las series, que ellos llaman “unitarios”. Porque se emiten una vez a la semana y tienen una duración de no más de dos o tres meses.

 

O sea que El maestro es una serie o unitario. Prosigamos. Entonces estábamos en que en esta ocasión esta serie, para mi gusto le sobraba un poco de cebolla, gracias a la labor de sus guionistas, quienes contaban de la vida de los personajes, haciéndolos más emotivos de lo que uno a veces puede soportar, porque el merengue empieza a derretirse o la picada de cebolla a enceguecer.

 

Será que me fijo en esto, porque la verdad no soy precisamente de lágrima fácil y cuando me pican finita la cebolla, más que llorar, me dan risa, o me hastió o me dan arcadas. En este caso, mejor le puse rewin al asunto y así nos evitábamos, enlodar el prestigio de Julio Chávez, a quien es inevitable no amar locamente ¿verdad?

 

Esta serie, como puede suceder a veces, tuvo un lento comenzar, una aplastante monotonía además de encebollada, sumado a que la actriz protagonista, bailarina, era fatal de mala, inexpresiva. Y finalmente la salvación que ajustó cualquier intento de hundir el nombre de Chávez.

 

Pero en la primera fase, ya que la serie consta de doce capítulos, digamos que los cuatro primeros, la verdad que el espectador no lograba empatizar con sus problemáticas -al menos yo-, más bien quería que saliera pronto, prontito, de cuadro, escena, pero con la penita, porque como era protagonista, pues había que comérsela todo el rato. Y bueno pues, que con el perdón de Chávez, harto rewin tuve que accionar para sacar adelante la serie.

El pantano en el que se anduvo hundiendo del capítulo cinco al siete, para suerte mía fue mejorando, un poco a punta de rewin y otro tanto, cuando nos acercamos al final. Por suerte cual queque a punto de salir del horno, esto olía a que ya se cocinaba – fragua el instante esperado en el que saldrá aquella ensoñada frase: The End. Sumado a que igual te emocionaste con los últimos capítulos, onda como que largaste las lágrimas que no habías arrojado y además casi perdonas las fallas, las actuaciones pésimas, las inexpresividades, las actuaciones de muermos, el exceso de cebolla picada, cesó en vías del final y entonces ahí vuelves inexorablemente a reencantarte y tomar bríos para llegar a buen puerto.

 

La verdad el reencantamiento, se lo debemos al mil por ciento, a Chávez, a su actuación sublime en el rol de Abel Prat. Además de la sorprendente actuación -para mí-, de Inés Estéves con su rol de Paulina y por siempre, con Juan Leyrado (Mario) que es otro gran actor con el que uno no tiene quejas.

 

Y dos agradables descubrimientos actorales, lamentablemente masculinos y lo lamento porque pucha caí una igual quiere que el género propio levante el nombre poh.

 

Los actores Matías Silva, que interpreta a Camilo, nieto de Prat y Abel Ayala, Brian, el novio de Luisa (la bailarina muerma). Porque realmente ambos son de sacarse el sombrero. Camilo, que es un niñito, encantador, lindo, expresivo, de una madurez y las escenas que tiene con su abuelo Abel (Chávez), son de una poesía, de una ternura, de un vínculo estrecho, maravilloso. Porque hay que decir que Julio, tiene un don para sumar a los actores con los que trabaja y si son niños, eso ya es magia y poesía.

Y en el caso de Brian (Ayala), una gran actuación, porque su personaje del joven popular, chorizón, que en vez de palabras se le va todo en golpear, defender su metro cuadrado a punta de puñetes. Y es que está locamente enamorado de su novia Luisa y siente como ésta se le escapa para lanzarse a los brazos de El Maestro. Entonces defiende lo que cree suyo.

 

Y ese amor, verdadero y sentido amor, es tan vívido, tan real, que uno lo sabe, lo siente, lo vive a su lado y así también como esa relación que tiene con la muerma Luisa, va transformándose. Y es justamente en el transcurso de ese cambio, notorio, que el espectador no sólo lo percibe, sino que también lo siente, es porque Ayala es un buen actor, capaz de trasmitir emociones. Lo dice todo sin palabras a través de la mirada, la expresión corporal. Realmente me saco el sombrero con este joven actor argentino. Y bueno también confieso que no sé si será hambre de hombre o qué (jajaja) pero si al principio ni lo miré, en el transcurso de la trama y de su transformación, me lo fui devorando con algo más que la vista (jijiji).

Digamos que El maestro, si bien no es de las mejores series de Chávez, sobre todo por lo cursi y porque tiene demasiados errores, detectables tanto por los eruditos del mundo del ballet, como una que fue expulsada de las clases tales cuando chica, que molesta un poco aquello de la inexactitud, la falta de realismo y por tal, de credibilidad.

 

De todas formas, hay que decir que Chávez, Leyrado, Estévez, Ayala y Silva, hacen súper bien su trabajo actoral, ya que además tienen el extra de sostener la trama, la serie, a razón de los otros muermos que pesan como lingotes de oro.

 

Evidentemente eso les hace ganar una estrellota, que me ofrezco a ponérselas en la frente a Leyrado, Ayala y Chávez. Entonces es el momento en el que se nos ablanda el corazón y dejamos de mirarla con ojo crítico asesino. Onda más que mal hemos descubierto la herramienta rewin, que permite llegar al capítulo doce, contenta, emocionada, enamorada del elenco masculino y alegre, tan alegre que podrías llegar a perdonar todos los peros, inclusive a la muerma de la actriz protagonica.

Así que ya saben, cuando Pol-ka se la venda a Nexflit, y la vean anunciada, acuérdense de mi y realmente “láncense a la aventura” y veánla. Final de cuentas, aquí la ojo crítico se derritió con la cebolla y tanto merengue y lloró bastante en el final, reconociendo que vale la pena.

 

Final de cuentas es una serie argentina y siempre son buenas, siempre habrá algo, alguna historia paralela, que salve. Qué decir las actuaciones. Y sobre todo no olvidemos nunca, jamás en la vida, que el protagonista número 1, es Julio Chávez, que sin ánimo de engloriosar, la neta del planeta él es un “Maestro” en sí mismo, de la actuación, capaz de sostener una serie, al guión por flojón que sea, superar a las malas actuaciones y además lograr, que sus admiradores y admiradoras, sigan firmes, fieles por siempre jamás, revolución.
Totalmente Recomendada!!!

 

Datología
Qué: Serie argentina “El maestro”.
*Quién: Colomba Orrego Sánchez. Periodista y transcriptora.

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