Una serena pasión, la vida de Emily Dickinson.

* Por Colomba Orrego Sánchez.
Hace días atrás fui con mi querida amiga, Viviana, a ver “Una serena pasión”. Confieso que no tenía mucha idea de la historia, pero cuando la Vivi, me dijo “si, vamos a ver la biografía de Emily Dickinson”, me dije ¿what? Tons, busqué un poco sobre la chica en cuestión y supe que nos enfrentaríamos a una historia tenaz.

 
Soy una fervorosa creyente de las casualidades enclavadas en el destino y es por eso que dejé reposar en mi inconsciente, la historia que la película narra y venir a publicarla justo cuando estamos por sumar otro día de la mujer.

 
Mujer, mujer, nunca bien ponderada, siempre discriminada, disminuida, apocada, censurada y bueno, las feministas dirían muchas otras cosas más intelectualizadas al respecto. Por mi parte pienso y siento, en la poeta Emily de 1803, que harto en común, con algunas variaciones (pocas) a la que podría ser la mujer del 2018. Después no puedo dejar de ombliguear y pensarme en aquel siglo de hace 214 años, con ese padre, el de Emily que si bien la dejaba leer, atiendan estas palabras porque así era la cosa, la dejaba leer y después le dejó escribir. Para colmo la chica que no era fácil, le gustaba hacerlo de noche y nuevamente, tuvo que pedir permiso.

 
Pero al señor Dickinson, aunque no lo dijera, le pasaba algo con su hija Emily, sería simpatía aunque mujer, le gustaba la inteligencia, altivez, personalidad de esta persona, aunque mujer, pero que gustaba de estar en casa, con él y su mamá, que fuera tan inteligente, culta, con la que se podía conversar de un cuanto hay, aunque fuera mujer. Lo de alzada, irreverente, humor ácido, lo miraba de soslayo, saltaba con cada una de las barrabasadas que se mandaba, según él. Y es que cómo era posible, no te ubicas Emily, eres mujer, corre el año 1803 y ante la sociedad norteamericana, calladita te ves más bonita.

 


Y bueno, regresando a mi ombligo, piénsome en esa época, en esa sociedad, ese estilo de vida en el que la mujer, es un adorno al que se toma para cultivar en algunas lecturas, mucho bordado, para desposar más pronto que temprano, para tener hijos, cuidarlos y buenas noches los pastores. Pienso y pienso y me ahoga un estremecimiento, el Jalisco nunca pierde que llevo dentro, el cual emerge como antorcha, el ADN que detesta me digan lo que tengo que hacer. Creo que en 1803 sólo tres posibilidades habrían existido para mí: el suicidio, la horca o cárcel perpetua por asesinar a todo aquel que intentara gobernarme.

 
Y entonces pienso en mi padre, un hombre del siglo XX, que entre el ramillete de las tres gracias, estaba yo, la que sumaba el don de la gracia loca, la gracia rara, la diferente a más no poder…. Sin ánimo de recostarme en el diván les contaré que nunca supe, porque no me lo dijo a tiempo, que su temor era que nos parecíamos demasiado y por tal, en mi calidad defectuosa de mujer, mi existencia fuera mala, malísima, terrible, terriblisima. Pucha, me hubiera gustado contarle que siempre supe, que siempre lo intuí aquello del exceso de parecido y que en vez de su temor, fue, ha sido y será…mi valor más preciado. Por eso le aceptaba el intentar transformarme en una Gabriela Mistral 2, o una Hermanita Bronté, que a diferencia de Emily Dickinson, mi padre, explotó en mi, todas mis capacidades -innatas-, por el azote que toda poeta, debe tener. Otra cosa era alcanzar el éxito, fama y fortuna. Aunque en eso sí que estamos a la par con Emily.

 
Pero pienso en la sociedad de ese tiempo, los permisos que los hombres les otorgaban las mujeres para respirar, no para ser, para respirar. Permiso para estar, asistir sin existir en una reunión social, permiso para leer, eso sí la biblia nada más. En cambio a Emily, por sus rarezas miles,  la dejaron escribir y de noche, la dejaron leer lo que quisiera…. sería que los padres olfateaban que su destino sería bajo el mismo techo que la vio nacer, para siempre jamás. Ah saber.

 

En la película, que es más larga que el hambre y sin embargo se pasa volando, dan pincelada tras otra, a estos parajes que constituyen la existencia de la poeta norteamericana y sin embargo, hay una cantidad de interrogantes que siguen dando vueltas. Muchas de las cuales, no es que el director del film fuera pelotudo y en su incapacidad de síntesis, no nos dotara de alguna información más, sino que al parecer, un velo tupido como encaje de viuda, es el que cubre la vida de esta mujer… porque no nos olvidemos que el detalle para no saber de ella, es precisamente ese: era mujer poh.
Hay muchas interrogantes en la forma de narrar de la película. En lo personal insisto que me gustó y de todas formas, creo que en vez de haber puesto el ojo en el decorado, dígase contextualizar los tiempos, me hubiera ido a la vida personal e intima de Emily. Pero claro, el asunto es que como era mujer del siglo XIX, no es mucho lo que de ella se sabe, porque si para escribir poemas tenía que pedir permiso, imagínense la posibilidad de escribir un diario de vida, intimo, privado. Ni soñarlo.

 

Entonces los baches o lagunas, con respecto a sus amores, si los tuvo, cuántos fueron ¿fueron? Porque era tan intensa, amaba a las amigas, a los hermanos. Entonces qué quedaba para amar a los hombres, pocos hombres que pasaron por su vida. Y dicen que no fueron tan pocos, eso sí todos fatales y sí uno, que en la cinta lo pincelean tan leve que casi ni te acuerdas de él, un hombre casado, el cura de los alrededores y con el que al parecer tuvo un tórrido y fatal romance, que terminó en nada…. ella con las ganas y él que se marchó lejos.

 

Otro elemento que atormenta bastante durante la trama, o al menos a mí me pasó, es la agonía a esa existencia impuesta, por los hombres, a las mujeres. Porque si al menos todas fuéramos tontas, la vida sería más simple, porque bien decía mi padre que las y los lerdos, tienen la fortuna que al no pensar tanto, porque la nuez la tienen ausente, pues sufren menos, porque piensan menos, porque no se cuestionan nada. Pero obviamente, para que saliera una Emily Dickinson, no podía tener un papá y una mamá caídos del catre. El papá era un mega abogado y la mamá, debe haber sido tanto o más lúcida que Emily, pero como le tocó nacer y desarrollarse en otros tiempos, más hostiles para el género femenino, vivía en una constante depresión, llamada, qué lata mi vida. Porque ella también hubiera querido leer algo más novedoso que la biblia, hacer más cosas que sólo casarse, verificar que en el hogar todo funcione, tener hijos, ser la compañera suave, encantadora, hermosa, del marido ilustre, viajado, estudiado, recorrido. La agonía de esa existencia aburrida donde para moverse hay que pedir permiso, realmente traspasa la pantalla y uno la siente, siente el ahogo de esta mujer, la constante zozobra en la que vive. Que todos a su alrededor, la familia, el marido, los hijos, la ven como un constante estado de depresión, pero qué es sino la depresión más que la respuesta a la incomodidad de una vida miserable, ya sea de tristezas, de amarguras, de frustraciones….

 

La sinopsis.
La cinta es una soberana biografía, sobre la obra y vida de la gran Emily Dickinson, una poetisa que pasó la mayor parte de su vida en casa de sus padres en Amherst, Massachusetts. La mansión en la que vivió sirve de telón de fondo al retrato de una mujer nada convencional de la que se sabe muy poco.
Nacida en 1803, fue considerada una niña con talento, pero un trauma emocional la obligó a dejar los estudios. A partir de ese momento, se retiró de la sociedad y empezó a escribir poemas. A pesar de su vida solitaria, su obra transporta a sus lectores a su apasionante mundo.
Otro pero que no atormenta pero al menos, aproblema visualmente, es la mala elección del elenco adulto. Porque como la película ya les comenté no escatima en tiempos, comienza en su adolescencia más bien infancia y termina en su vejez, que no seamos injustos, eran otros tiempos es verdad, pero muere a los 34 años nomás poh.

 

El asunto es que porque la fuerza, además de belleza, que tiene Emily en su juventud, no encaja bien con la actriz madura que ponen para los años siguientes. La primera era altiva, colorina, linda pero no hermosa. La segunda es altiva, vieja, desvencijada jajaja. Qué decir con la personificación del hermano, que era su mejor amigo, bueno en realidad, los hermanos Dickinson, que eran dos mujeres y un hombre eran como dos uñas y una carne, hermanables por siempre.

 

Y como estamos en tiempos en que el hombre es lo único importante, este hermano es vital en la historia, porque es más diferente todavía que el padre, él tiene una admiración y respeto por su hermana “la poeta rara” y la defiende y protege. Entonces en la personificación de juventud, todo bien, guapo, joven, encantador, galante. Después para la madurez se buscaron a uno que es viejo, feo y se ve hasta mayor que el padre, que es Keith Carradine, entiendo, es un hombre guapo, no habrá querido competencia, pero esto es deslealtad poh. La hermana menor, por suerte, no sufrió tanto en la maduración de su rol, ya que ambas edades, gozaron de una mujer muy simpática y agradable.

 
Y digamos las cosas por su nombre pues, el espectador y espectadora, siempre, siempre y el que diga lo contrario que no me siga leyendo, quiere, debe, necesita, proyectarse en uno de los personajes, onda para que corra cámara, historia y todos vibremos con lo que nos acomoda ¿Qué no? Y en el caso de la protagonista, pues me quedé con la versión juvenil y a la ruca malagetreada pues ya no. Oyee pero si cuando murió Emily tenía 34 años, sé que eran otros tiempos, pero la actriz que la interpreta en su fase “madura” tiene 34, pero multiplicados por dos poh.

 
Bueno en fin, detalles frívolos más o menos, “Una serena pasión”, es una película interesante para ver, no es la mejor del universo, pero se defiende, de hecho en El Biógrafo, donde la están exhibiendo, hay que llegar con tiempo porque las entradas se agotan, y después los más jóvenes, sobre todo los jóvenes y hombres, irán saliendo de la sala un tanto apurados. Final de cuentas, creo que es una buena manera de revisar la historia de las mujeres, los atrasos que parecen adelantos, aunque no todos, porque nos falta una tonelada y además, conocer un poco de los parajes existenciales de esta atormentada y sufrida Emily Dickinson, que en materias que le competen, dígase la poesía, eran bien monas sus letras. Porque obviamente, tras las cavilaciones que me produjo, también tuve a bien buscar sus poemas y concluir que se las traía la chiquilla.

 
Datología
Qué: Comentario cine “Una serena pasión: Emily Dickinson”.
*Quién: Colomba Orrego Sánchez, periodista y transcriptora.
Dónde: Cine El Biógrafo, José Victorino Lastarria 181, Barrio Lastarria.
Horarios: 17:15 y 21:00 horas
Estacionamiento: Por Villavicencio.

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