“La forma del agua”, de Guillermo del Toro.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

Teníamos tanta ilusión con mi sisterna Manucita, de ver “La forma del agua”, fundamentalmente porque es de Guillermo del Toro, quien además de ser de México, es oriundo de nuestra -mi-, amada Guadalajara y una siente que hay un vínculo estrecho entre los tres.

 

Y estábamos ilusionadas digo, porque si bien la película es buena, es entretenida, atrapa, uno siente aquello de identificarse o latir con algunos personajes, más que con otros, con unas historias más que otras. Y sin embargo algo pasó, que no provocó como en otras ocasiones de cintas de Del Toro, saliera rauda, que corriendo a escribir sobre ella.

 

Conversando con mi sisterna, sobre la lentitud para sacar del horno este comentario, resolvimos que el punto es que era una película buena, pero tampoco taaaaan buenaaaa. Estoy por descubrir que el pero radica, en que como es una mega producción, comienza a suceder que la esencia del director  mexicano, aquella en la que uno descubría su sello, el de las historias de seres solitarios, muchos monstruosos a los ojos de los que se creen hermosos, ha ido desapareciendo. No dejo de pensar en sus primeras cintas: Cronos, Mimic, y qué decir Hellboy.

 

El otro pero, es que esta bien que intentando seguir con aquel sello del que les comento, narrara una historia de amor entre dos personajes límites: una sorda y un hombre anfibio. Lo que no me cuadró por decir que más bien me sentí tildada de tonta (y tengo un tema con eso jejeje), son los detalles irrisorios que Del Toro, suma a esta historia de amor.

Tiene detalles, que mientras la historia transcurre, uno dice ¿verdad? ¿neta? Y obviamente que no poh. Por ejemplo, el más grande y que podrían decir, qué tanto si es “ciencia ficción love”, es la injustificación en la que un hombre – pescado verde, pueda entender el lenguaje de señas que la chica muda usa para interactuar. Y segundo, que las palabras de lenguaje de señas, que los conecta sean “huevo, música y tu y yo”.

 

La sinopsis:

Elisa (Sally Hawkins) es una joven muda que trabaja como conserje en un laboratorio en 1963, en plena Guerra Fría, donde se enamorará de un hombre anfibio (Doug Jones) que se encuentra ahí recluido.

 

Más sobre la película.

Otro detalle irrisorio, que para algunos será re mono, a mí se me sentó en el hígado, fue que el punto culmine de amor entre la muda y el pescado, fuera el  intercambio de alimento ¿cuál? huevo duro ¿quién les dijo que los fish comen huevo? En fin, podríamos amanecernos con los detalles estos que otros pasarán por alto, pero yo nooooo.

Quizás podríamos ser más flexibles o benévolos y justificar los “baches”, con lo que al final de la historia, nos enteraremos y que no les contaré, porque no es mi ley andar contándolo. Ponte tu, pero no sé en lo personal, siento que uno como espectador merece un poquito de respeto y no inventarle historias, justificaciones, supuestos, como si fueran patrones de la existencia humana.

 

También será que esto me cala hondo, porque tengo un trauma, que obviamente les contaré. Recuerdo que una vez, hace ya algún tiempo, en un taller literario, al que asistí, el profesor que lo dictaba, casi me comió zapatos incluidos, por un cuento que leí y que lo enojó tanto, argumentando que tomé por tontos a todos mis auditores, ya que tal nivel de historia, era imposible de suceder en la realidad. Y entonces, menos en la ficción literaria.

Argumenté que cómo era posible ser tan chato de cabeza, que la imaginación es eso, la posibilidad de contar con mucha, valga la redundancia, imaginación y el profe contestó, cerrando el dialogo: “si, pero siempre y cuando esa imaginación no ralle en lo irreal”. Y lo más curioso, es que la historia la escribí basándome en una noticia que leí en un diario y bueno, le puse un poco más de crema.

 

Sobre el plagio.

Lo que sí, es que el cuento chino del plagio, por más que oriental saliera a reclamarlo, es falso como la mentira vil. Y quién lo haya emitido como tremenda noticia, tengo que decirle que sería mejor viera todas las cintas de Del Toro y después abriera la boca y las palabras ¿Por qué? Dirán los lectores. Pues bien, porque en Hellboy I y II, aparece este hombre pescado. Sí, les contaré un poco de qué va Hellboy, es la historia de un súper héroe del inframundo o intramundo más bien, ya que atiende desde abajo de la tierra, para los que viven en la superficie y a veces, para los que no sé si tres metros bajo ella, pero bien abajo, necesitan ¿Qué? Ayuda pues.

 

Y en la más Batman, pero no guapo según los lindos, porque la verdad ni bien vi Hellboy y después la II parte, me enamoré de él. Es que aquellos del modelo “feo pero tierno”, hay que decir que son los mejores, los más fieles y los más queréndones. Y el asunto es que en versión Batman, también de las tinieblas, pero subterráneas, Hellboy, tiene un séquito de ayudantes, científicos, intelectuales, genios, que complementan sus acciones, ya que el súper héroe, que es de piel roja como la pasión y carga dos cachitos en la frente como si fuera un centauro, tiende a enojarse con facilidad y por tal, a no ver las cosas claramente. Entonces para eso son buenos el hombre- pez verde y otros de sus elementos. Así que al chino, coreano, taiwanés, nipón, le van y le dicen de mi parte….. que se quede bien omerta, porque está puro cuentiando.

 

 

Sobre la filmografía de Del Toro.
Les contaré un poco de la vida y obra cinéfila de Del Toro, para que vayan agarrando vuelo y antes o después de “La forma del agua”, quieran profundizar en la oda a lo seudo feo, a los moustros, los solitarios, como dice un querido amigo.

Mi primera vez, en versión Del Toro, fue nada menos que el año 1997 y en Ciudad de México, cuando asistí a ver “Cronos”, protagonizada por Federico Luppi, nada menos. La historia realmente una poesía en movimiento. Con todos los elementos “grotescos” y fantasiosos, maravillosos, que tiene por sello este director.

A continuación vendría: Mimic, que trata sobre las nunca bien ponderadas cucarachas, aquí es una otra historia de amor entre una de aquellas y Mía Sorvino. Le sigue Hellboy I y II, que ya babié en su nombre; Blade I y II.

Sobre El espinazo del diablo y El laberinto del fauno, debo hacer un recuadro aparte, porque conversando con amigos, ha surgido la misma intriga ¿Por qué la obsesión con la Guerra Civil española? Si no es ni un poquito de por allá. De hecho varios amigos pensaban que sí lo era, ahí les aclaré el asunto. Y después me quedaba pensando, si era por sordidez y todo lo que puedes sacar de material “gore” = “terrible morboso”, de las antes, durante y después guerras ¿Para qué irse tan lejos? Si en México tuvieron la de Independencia y luego la Revolución. A saber. Final de cuentas, ambas son con sus cosas, sus toques sórdidos, donde por supuesto los humanos que viven sobre la faz de la tierra son ¿Qué? Una mierda, tiene su razón ¿qué no? Jajajaja.

 

Y por último, Cumbre escarlata, que si bien como “La forma del agua”, es una mega producción y la fealdad humana está todo el tiempo sobre suelo, no hay monstruos – héroes, subterráneos. Sí cuenta una historia de amor, sí sucede en un lugar mágico, poético, gótico, como el castillo en la cumbre escarlata.

Y bueno, también hizo sus imperfectos bodrios, por los que mejor haré un respetuoso silencio.

Y es que el cine de Del Toro, como ya les comenté, tiene aquello de reivindicar lo que los bellos consideran en su torpe miopía, feo, como Mimic (las cucarachas), Hellboy. También pone en un altar a los supuestos feos que salvan al mundo desde las tinieblas, como Hellboy, que ya saben me encantó de amarlo locamente por siempre jamás. A diferencia de Blade, que confieso ésta no me gustó tanto.

De vuelta a la forma del agua.

Me da penita, penosa, no sentir tanta emoción y adicción por “Las formas del agua”, como por todas las otras. Sin ir más lejos, el año pasado, para estas mismas fechas, disfrutamos a piaccere con mi sisterna, “Cumbre Escarlata”.

Podríamos decir que “La forma del agua”, intenta recuperar aquella obsesión por lo grotesco, gore, que producen las guerras. En esta ocasión soltó a España y atrapó a Estados Unidos, principios de los ´60, donde el tema del racismo norteamericano, está en su mejor momento y a las personas de color, se las considera menos que cosas.

Como no todo puede ser pasarle tijera, porque hay que destacar que no nos salimos de la sala, la vimos hasta el final y lo más bien que lo hicimos. El problema, se que cual novela de Marcela Serrano, se vio y después olvidó, como si hubiéramos tirado la cadena del water.

 

En versión salvataje, debo reconocer que viendo la sinopsis, apareció Michael Shanno, actor norteamericano, que es el malo, malísimo de esta historia. A quien conocí tiempo atrás en una cinta, que trasmitía Sundance Channel, Revolutionary Road (2008), tan alternativa que obvió el asunto del audio, para darle además, un tono especial con excesivo uso del negro. Pero él, que además de guapo, tiene mucha presencia y un rostro perturbador, que puede dar para ser atormentado o para hacer maldades sin parar. Es decir, un actorazo pues.

Bueno pues, este actorazo, que es el malo, re malo de “La forma del agua”, es de esos  hombres, como guapos pero feos, con marcas en el rostro, de un acné del cuco, por lo que se deben haber burlado en el colegio que dio miedo. Entonces adoptan una mirada, una actitud, como no en defensiva, sino más bien en ataque. Siempre listos para el puñetazo. No es que me guste la violencia, pero confieso que este tipo de hombres, bien hombres… me encantan.

 

La protagonista, Sally Hawkins, es mona, simpática, la he visto más bien en cintas cómicas y musicales y por tal, creo que no me entraba la idea de verla en una historia dramática. Aquí es lo que le dicen sexsimbol, porque los que no se enamoran de ella son gays, todo el resto cae a sus pies.

Es la protagonista de la historia, interpreta a Elisa, una chica muda pero no sorda, que va por la vida cultivándose el “Amelie”,  dígase quiere que todos sean felices, coman perdices  y encuentren el amor. Así es que visita, atiende y acompaña en todas, a su vecino, quien lamentablemente para los tiempos que corren (década del ´60), tiene el pecado de ser gay, lo que provoca que le cueste ser totalmente feliz.

Aquí un dato que me llama la atención del cine grandes producciones, de Del Toro, supongo será una exigencia justamente de sus mega productores y que ya me lo topé en “Cumbre escarlata” y en “La forma del agua”, nuevamente. En la segunda, dígase las costumbres sanas, eso sí nada que decir porque son sanas y necesarias, que practica Elisa, todas las mañanas tras despertarse, meterse a la ducha y acariciar las partes bajas, de forma sutil obviamente.

Y en “Cumbre escarlata”, las escenas de sexo entre los hermanitos dueños del castillo…. se los dejo de tarea.

Más sobre Sally Hawkins, la biografía dice que comenzó en el teatro, después vendrían los musicales y al tiempo, el año 2004 fue invitada a trabajar en “El secreto de Vera Drake”. Pero lo suyo, fundamentalmente han sido los musicales del teatro. Participó en Jasmine de Woddy Allen y después anduvo decayendo o tenía cuentas que pagar porque salió en Godzilla. Igual no sería raro que esa participación, fuera el detalle no menor, que hizo que Del Toro, posara sus ojos sobre ella y la viera, en versión storyboard, protagonizando una historia de amor, con un hombre-pescado verde.

Después está la destacada participación, de la que me saco el sombrero y hago una reverencia, por el personaje del vecino y amigo gay, de la protagonista, Richard Jenkins. Que hombre, que manera de ser buen actor oyeee.

Vive en un departamento, al lado del de la protagonista, que la verdad que lo quisiera para vivir y además ¿Qué? Lleno de gatos poh. O seaaa mi alter ego jajaja.

Aquí Del Toro, se fue en el cliché, onda gato = gay, que feo. Este personaje, dedica su tiempo a soñar con mochuelos jóvenes a quienes hincar el diente (y algo más). Para el sustento es diseñador y crea las portadas, que serán materia de consumo de los jingles del momento: la jalea (gelatina) verde, que la está rompiendo. Porque a pesar que el malo, re malo de la historia, sólo quiere acabar con el hombre-pescado verde, el resto de la sociedad norteamericana, está en modo verde y come jely verde, viste verde, quiere verde.

La caracterización de este personaje, hizo que demorara en saber que era, Richard Jenkins, por el acento o la manera educada de comportarse, pensé que era un actor inglés y más me costó identificarlo. Después sería que fue parte del elenco en Hannah y sus hermanas (1986), además de sumar unas cuantas cintas de los Hermanitos Coen: El hombre que nunca estuvo allí, Intolerable Cruelty y Burn After Reading.

De esos actorazos que calan hondo y cuando están en espacios donde no hay con quien hacer la segunda, pues reman hasta llegar a la orilla, levantando la historia, el guión, con toda la dignidad del mundo. Ídolo.

Final de cuentas, en solidaridad con Del Toro, diremos que “La forma del agua”, es una película veíble y disfrutable. Quizás para los que van al cine, tan solo en busca de diversión, es la mejor opción. Para los espectadores, como mi sisterna y yo, que buscan algo más, pues ya saben, lo encontraran quizás mientras corra cámara y después, al salir a la calle, enfrentarse al día a día, irán olvidándola. Una pena, quizás Del Toro, debería replantearse dejar de aumentar el grosor de los bolsillos y regresar al cine que contaba historias de monstros, ambientadas en los 40 y 50, sin tanto efecto y sí más maldad humana a bajo costo. Digo yo. Igual cerraré este comentario, al son de un cliché que detesto: “en gustos se rompen géneros”.

 

Datología
Qué: Comentario cine, La forma del agua, de Guillermo del Toro.
Dónde: Hoy en Santiago.cl
*Quién: Colomba Orrego Sánchez. Periodista, transcriptora y editora del portal.

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