“Marisquería Tongoy”, la picada de los mariscos.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

Recuerdo que hace bastantes años atrás, la Marisquería Tongoy, era lo más taquillero, que había en posibilidades de comer productos del fondo marino, ya fuere al son mariscos varios, deliciosos y yodados o sino pescado frito o a la plancha.

No están para saberlo pero ya saben que se los contaré, que en esos tiempos añejos, de los que les hablo, por cosas de la vida escuché mucho, demasiado, aquello de casi “enfadar poh”, historias que versaban sobre las bondades gastronómicas que producía deleitarse al son de la carta de tal marisquería, de nombre Tongoy. Pero eran casi solo escuchadas, ya que en esos entonces, mis bolsillos estaban magros y sólo podía darme el lujo de saborear, si alguien de buen corazón, me invitaban.

Y pues cada una de las veces que pisé el Tongoy, para después aposentar las nalgas en una silla, sucedía gracias, infinitas gracias, a las invitaciones que me hacía mi novio de aquellos tiempos. Que era bien mono por cierto. Además de súper generoso. Y gustaba de llevarme ahí, ya que los dos amábamos los productos del mar, bueno todos los productos porque además de amarnos a nosotros mismos, adorábamos el arte de comer.

Éramos bien felices mirándonos comer y vaya que comíamos y compartiéndole uno a la otra de su plato y la otra, al uno del propio. Su único pero, porque si no creo que actualmente sería la señora de y él el señor de mí. Su único y gran pero, es que sufría de “cholulitis” aguda, dígase obnubilación por la gente famosa. Y pues con aquello que los polos opuestos se atraen ¿Qué creen? Pues a mí me cargaba, todavía lo detesto, aquello de demostrar de manera casi babosa, la admiración, devoción, adoración por los famosos.

Entonces supo no sé cómo, que Marisquería Tongoy, era el segundo hogar de sus amados Los Tres (chanchitos) exceptuando a Ángel Parra. Y ahí estaba él reservando cada fin de semana que podía, con mucha, mucha antelación, ya que sino la gente “linda” lo llenaba por frente, costado, ancho y angosto. Y por qué justamente el Tongoy poh, pues porque por esos años, digamos mediados de la década de los ´90, Álvaro y Titae, vivían en Romero con Cumming y éste restaurant, les quedaba casi que a la media vuelta. Y así era como mi amorcito “cholulo”, adoraba estar cual poste, inmóvil, en la puerta del local, para el momento en que la espuma famosa llegara, él fuera el primero en pedirles, por enésima vez, sus autógrafo y sumar la cienava foto con ellos. Digamos que este era el momento en el que pensé en transformarme en asesina, ya que la que tenía que hacer clic a la cámara, era yo.

Pero en fin, esos son recuerdos de tiempos pasados y pisados. El asunto que convoca nostalgias, es que en días pasados, en el fulgor de la felicidad amistosa, mi querido Rolando, mi hermano mellizo, separado al nacer, junto a nuestro querido amigo Mauricio, fuimos almorzar a la Marisquería Tongoy.

E inevitablemente, entré e hice un breve viaje a ese pasado, sin escalas, ni pasaporte. Porque Tongoy está idéntico, idéntico, sólo que no sé si por las fechas estivales, de un vacío que daban ganas de llorar de alegría. Ni rastros del jetset. Después se lo comenté a mi sisterna Manucita y preguntó por las ostras y bueno, también la carta ha variado, porque no las tenían y en veda están los locos. Pero qué tanto, sabemos bien que comerse diez ostras es de gente con poca hambre, a mi si me van a servir ostras, ahora las puedo pagar de mi bolsillo. Entonces, agárrense porque por menos de cien, ni se molesten.

Pero el asunto, es que decoraciones más, menos, escafandras nuevas, una lámpara de brillantes falsos que ni al caso con la decoración marina, ponte tu que era para alumbrar, pero tampoco y además con el solón, calorón, que entraba por doquier, pero final de cuentas, todo estaba como a mi me gusta ¿cómo? idéntico.

Y pues una que es nostálgica por esencia, que valora aquello que permanece en el tiempo y si le sumamos un poco de telas de araña y tierra, para aquello de la arqueología, tanto mejor. Pero en materias de Tongoy, sin esos dos elementos, todo brillaba en la tonalidad ayer, ayer, inmediato ayer.

En la misma calle Bulnes, al llegar a Moneda, en la misma casa, que ha sumado la del frente para que los que pasan de la silla del escritorio, a la bici y después al auto, lo estacionen ahí. Supongo que sumado al desembarco del jet set, el vacío agradable y poético, se debía a que era domingo, pleno verano y el publico estaría bronceándose las partes, en la playa más cercana o el estacionamiento ídem. Ese día los concurrentes estábamos en tres mesas. La nuestra, otra que llegó cuando nos servían el postre y una que se nos adelantó y ocupó el segundo piso.

Pero como de decoración no es el tema que nos convoca, pasemos a sentarnos y hablar la comida pues.

De platillos.
En lo que concierne a mi devoración personal, les contaré del suculento, delicioso, húmedo, crocante, congrio dorado, que pedí. De las delgadas, ricas, listas para salar, doradas, crujientes pero no quemadas, papas fritas que pedí de acompañamiento. De la ensalada chilena, que o seaaa la cebolla había sido operada de los nervios, ya que no me eructo ni cosa parecida (tan fina que es esta chica ¿fina? Las tazas o las copas, a lo sumo dígame elegante y la boquita le queda donde mismo). En materias de glu, glu, tomé Royal Guard, pa el calor poh y estaba tan helada, que casi me la tomo al seco, pero me acordé que tengo mal corcho y después…. así que ¿qué? “me amodosé”. De postre comí castañas al jugo con harta crema, ya que era domingo y estaba en modo “pecando a la vena”.

Mi querido hermano mellizo, Rolando, pidió salmón a la plancha porque él y el salmón ya casi son una historia de amor. A donde va, dale que pide salmón y hay que decir que se veía, porque no dio ni pizca, que estaba en su punto, que no se secó a la plancha ni cosa parecida. Obvio que como somos hermanos separados al nacer, él también pidió papas fritas, las que saló antes de probar, por suerte le advertí que no estaban aliñadas, porque tiene esa mala costumbre y después debe ir corriendo a meter la lengua en agua como perro, de lo blanca que le queda.
Para tomar se sirvió una michelada de Royal Guard, porque él y la michelada otra historia de complicidades y borracheras, que un día sin su permiso les contaré. También sumó ensalada pero solo de tomate porque le tuvo miedo a la cebolla. Y de postre se mandó unas papayas al jugo que se las comió tan rápido que no me enteré de nada, solo sé que deben haber estado delixius, las vio y supo que no daría a probar, menos convidar.

Y por último, que serán los primeros, Mauricio, pidió Palometa frita, con papas ídem, porque nosotros somos de un original, que estamos postulando. A la ensalada no le hizo y de beber, pidió Coca cola, creo que pensó que Rorro y yo nos pondríamos una peda de domingo y pensó “¿quién los cargará después?”. Pero no tuvo que hacer de forzudo, ni llamar a la ambulancia, porque fuimos bien dama y caballero y salimos caminando del local.

Como les caímos bien a la mesera, nos ofreció bajativo, que en realidad lo bebimos a dúo, porque Mau, no estaba bebiendo. Pedimos Amareto. Y les diré que estaba re güeno oyeeee, no era Mitjans, lo digo por el aroma, el color, el sabor y sobre todo, porque no nos dejó con TEC. Capaz que era Fray Angélico, quien sabe. El asunto es que fuimos de un feliz, que para cerrar con broche de oro y por tal rememorar los viejos tiempos, aunque a mi noviecito, ni en falta lo eché, el Rorro, se rajo y nos invitó ¿Qué poesía no?

Pero les contaré que además de lo que nosotros comimos, que no es ni un ápice de lo que hay para entrarle, en Marisquería Tongoy, puedes encontrar entrada de machas a la parmesana, erizos, había locos, lo cual lo encontré un poco desfachatado porque están en veda, pero…. para no cooperar con el delito, nomás no los pedimos.
Ese día en particular de pescados tenían los nuestros, además de Corvina y Blanco, que me quedé con la duda de cuán inmaculado era. Los que podías pedir a la plancha, frito, al vapor. Además de la versión ceviche. Para acompañar, porque todos los platos incluyen un agregado, había nuestras papas, que también podían ser doradas o cocidas; arroz, puré de papa con y sin ají y ensaladas. Sumado a que si eres súper verde, puedes pedir otro tanto de ensalada aparte, como lo hicimos nosotros.

Y bueno, en materias de bebestibles lo que te imagines y más, hasta champaña tenían, que en lo personal me carga. En postres lo clásico, durazno, castaña y papaya al jugo con o sin crema. Chaeeskake y Pie de limón.

Ambientación.
Un detalle que destacaré ya que dejamos como “singular”, porque en realidad si bien no era de calidad, al menos nos hizo el almuerzo al Rorro y a mí, creo que al Mau también, fue la música incidental. Que como les comenté a los chicos “más parecía música accidentada”. El Rorro, que siempre defiende a la música y los músicos, me dijo que yo era una sangrona y que siempre andaba criticando, es verdad, no por la acumulación sanguínea, pero sí por lo criticona.

Pero es que oyeee no sé, se me ocurrió, en versión mexicana, quizás Rigo Tovar o a lo mejor unos sones huastecos, quizás una marimba veracruzana. Después me acordé donde estaba y pues intenté ubicarme, pero es que quiero contarles que la música es envasada y ese domingo que no olvidaré jamás, iba al son de todo lo que pueda entrar en el ritmo zampoña andina……… Nada, pero ellos pusieron a Stevie Wonder, a Barbra Streissand, Mamas and the Papas, para alimentar nuestra cultura, vasta cultura musical….

Final de cuentas, si todavía está en Santiago y le gustan los productos del mar, Marisquería Tongoy, la lleva todo el rato y estará abierto hasta que el fin del mundo, mande otra cosa.

Y no tome en vano mi comentario, porque estar en verano, querer comer mariscos, pescado, todo junto, e ir a un lugar como Marisquería Tongoy, donde ya no está la bulla de los chanchitos del jetset, porque se fueron del barrio, siempre será una poesía. Porque el ruido lo pone cada uno desde su mesa, pero eso que una sola dirija el transito… mangos poh!!

Además que asumámoslo, por alguna razón los del jet set, ya sea versión wherever como dicen, siempre andan dando jugo y mandándose shows, a los que pretenden que uno hasta les aplauda.

En lo personal y para terminar mi historia del novio que dejó de serlo por sus debilidades excesivas a los famosos, pues un día de esos en los que me invitaba a comer, no aguanté ni su estupidez, menos la de los artistas a los que idolatraba, pues planee la estrategia para insertarles un tenedor a cada cual, por aquella parte. Y bueno, con la novedad que no lo encontró ni divertido, menos creativo, sino que se lo tomó mal, pésimo y colorín colorado ese amor se ha terminado.

Datología
Qué: Marisquería Tongoy.
Dónde: Gral. Bulnes 91, Santiago
Teléfono: (2) 2697 1144
Estacionamiento: Si.

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