“La gran amenaza” de la Patriótico Interesante.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

Ayer miércoles 18 de enero, fui al estreno de la obra de teatro callejero: “La gran amenaza”, de la compañía La Patriótico Interesante, que se presenta en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos hasta el 20 de enero, a las 19:30 horas. Y fue realmente una experiencia inolvidable.

De la Patriótico Interesante, no sabía más que lo Ale Cofre, una de sus integrantes y mi amiga, me había contado. Historias de sus anteriores presentaciones, fotos buscadas y miradas desde las redes sociales y en cada uno de sus relatos, iba creciendo mi deseo, gana, intención, de algún día, no muy lejano, poder ver una de sus puestas en escena.

Y es que el teatro callejero, como se autodenominan y vaya que lo son, tiene una magia particular. Inevitablemente viajo en el tiempo hasta esos días –añejos ya-, en que el Paseo Ahumada, cuando sus pisos no eran resbalosos y había tanta o más gente como ahora, podías encontrarte con la fortuna de un espectáculo en cualquier espacio de la distancia que va desde la Alameda hasta la Plaza de Armas o con seguridad, frente a la retaguardia del Banco Central.

Como no rememorar el teatro de sombras del Tulo Rosel, de alguna puesta en escena del mismo Andrés Pérez, de otras compañías más pequeñas y no por ello menos numerosas, que en una suerte de acróbatas, voladores, saltadores, caras pintadas, a veces a cara lavada, tenidas particulares, mucha música, a veces para algunos “estridente y ruidosa”, poco texto y mucha, mucha acción… como anoche en “La gran amenaza”, que si te dejabas llevar por toda esta algarabía, entrabas en la dinámica que la historia invitaba a pasar, sintiendo que las vibraciones musicales, sumado a la puesta en escena, la historia, diálogos y movimientos, iban latiendo dentro tuyo emergiendo emociones que ni imaginabas podías sentir.

Y así me pasó ayer.
Obvio que estaba chocha con la idea de al fin ver una obra de La Patriótico. Entonces por supuesto, como la inglesa que no soy, llegué junto a mi querida amiga Viviana, bien puntual, para ocupar el lugar que la Ale, me había indicado previamente: “o frente a los músicos, sino a espaldas de Matucana”. Obediente, mongas y acaloradas, nos acomodamos en las graderías de cemento que la explanada del Museo tiene, pensando que ahí era la cosa. Pero al ratito nomás, comprendimos que el asunto era más adentro de esa misma explanada, de hecho si observabas mejor, descubrías el escenario rodeado de andamios de madera y otros utensilios propios del teatro.

Pero hacia un calor de mierdas carajo, porque por supuesto Don Sol, decidió desplegar toda su potencia ayer, no en otra fecha, sino que ayer. Entonces, con Viviana, arriesgamos y esperamos bajo la sombra existente, el momento en el que tuviéramos que ubicarnos donde corresponde.

Así que hágame caso y acepte el consejo, sea no ingles@ como yo y llegue temprano, porque La Patriótico se las trae y ¿Qué? Se llena poh.

Pero si bien el sol no estaba de nuestro lado, la suerte sí y logramos sentarnos en los andamios que la propia compañía suma, ubicándonos en las directrices de dejar tras las espaldas a la avenida Matucana.

Igual confieso que en el transcurso de la obra, el culo lo tenía bien enterrado en la madera, así que si atina más que nosotras, lleve algo para resguardar la carencia de carne en aquella parte. En mi caso de tanto en tanto, haciéndome la damita, cargaba la corporalidad para un lado y después para el otro jajaja.

Pero en materias de teatro callejero, tengo que decirles que “La gran amenaza” se pasó. Se pasó desde todo punto de vista. Qué actores mama mía. No puedo dejar de echarle flores a mi querida Ale Cofre, que realmente nació para el teatro. Estaba en su soberana salsa, ese rostro tan expresivo que tiene, su cuerpo que lo mueve para todos lados, flexibilidad le dicen, gracia le sumo.

Y el resto del elenco también un cien de calificación si es que alguien me pregunta. Dominic Fuentes, todos, todos, magníficos.

Porque realmente “La gran amenaza”, cumple con los requisitos del teatro callejero que les comenté. Poco dialogo, mucha música, a veces uno la sentía ruidosa y después con el transcurso de la historia, en la que te ibas metiendo, pero de hocico, comprendías y sentías que las vibraciones musicales, los movimientos de los actores, sus escasos momentos de voz, iban latiendo con la intensidad del mensaje, de lo que estaban contando.

La latencia que el espectador llega a sentir, es una cosa impresionante. Confieso que en un momento, hacia el final, realmente la emoción me abrazó apretadamente y quería gritar, para que el dolor que sentía dentro, las lágrimas que brotaban y brotaban sumara gritos de desgarro y el desahogo fuera absoluto.

Porque la obra es fuerte, es muy fuerte. Se entiende rápidamente para donde va la maquina. Y al menos yo, me involucré con cada uno de los actores, con sus expresiones, sus caras, la energía que trasmitían y qué decir con la historia que contaban. En versión musical, en movimiento, en gestualidades. La obra es muy, pero muy potente.

Me gustó tanto, tantísimo la puesta en escena, entre sencilla pero original, los elementos que adornaban, onda la escenografía.
Qué decir de los personajes que entraban y salían con mascaras, disfraces.

Las máscaras eran impresionantes tanto por la belleza, como por la intensión que trasmitían, más de un niño chico se puso a llorar. Porque evidentemente la obra no es para cabros chicos poh. Si es fuerte, del verbo fuertona poh.

Y entre los personajes, el que mueve a un muñeco, que no les puedo dar mucha información sobre quién es el personaje, porque les quito la gracia, pero uff nuevamente como con las máscaras, el equilibrio perfecto entre belleza, energía, terror, miedo, pena, mucha pena y tristeza. Y eso tan bien hecho del humano que mueve al muñeco y sólo ves al segundo, mientras que el primero está enterrado, oculto, resguardado entre mochilas, para que el interés del espectador se centre y clave en este ser, que se ve y siente tan expresivo, real, intenso como los humanos. Una preciosura.

Soberbia, realmente soberbia la obra. Hacía mucho tiempo que no me remecía todita, toda, por dentro y por fuera. Porque bueno, vaya a verla y eche neurona para imaginar o quizás descubrir al poco verla, ¿quién chuchas será la amenaza?

Y lo bueno es que puede ir a verla hoy a la tarde, 19:30 horas o sino mañana sábado y la cosa se pone mejor, porque como están en versión “recién estrenados”, tienen muchísimas funciones más por exhibir.

De hecho, estarán 22, 23 y 24 en la explanada de Matucana 100, a las 22:30 horas y el 26 en Melipilla a las 19 horas por aquello de la descentralización. Así que ya sabe ¿eh? El o la que se la pierde es….

Datología
Qué: “La gran amenaza” de la Patriótico Interesante.
Cuándo: hasta el 20 de enero en el Museo de la Memoria y Los Derechos Humanos. 22, 23 y 24 de enero en la explanada de Matucana 100 y 26 de enero en Melipilla.
Horarios: 19:30 horas Museo de la memoria / 22:30 horas Matucana 100 y 19 horas en Melipilla.
Dónde: Museo de la Memoria, Matucana 100 y Melipilla.
Entrada: Liberada.

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