“La unidad hace invencibles a los trabajadores”, exposición del Museo de la Memoria.

Hasta el 4 de marzo del 2018 estará abierta a todo publico y con entrada liberada la exposicón “La unidad hace invencibles a los trabajadores”.

Dicha muestra propone un cruce disciplinario entre instalación e historia, generando una nueva experiencia para el espectador. Incluye también el resultado del trabajo interpretativo de estudiantes de 8° básico a IV° medio, de establecimientos educacionales de la Región Metropolitana.

La exhibición busca hacer visible la represión y desarticulación que sufrieron las organizaciones sindicales luego del golpe de Estado y la posterior batalla que llevaron a cabo los trabajadores durante la dictadura, para reconstituir el movimiento, reinstaurar la democracia y exigir el reconocimiento de sus derechos tras la imposición de un nuevo modelo político y económico.

La frase de Clotario Blest, que da título a esta muestra, sintetiza sus intenciones y su espíritu: destacar la unidad que primó en el movimiento sindical para reconstituirse desde la mayor de las adversidades y hacer frente a la dictadura.

A través de documentos, actas y material audiovisual – noticiarios nacionales e internacionales, documentales, archivos radiales-, el visitante puede ir experimentando un tránsito desde la desarticulación del movimiento en el Golpe, las primeras huelgas realizadas en fábricas y empresas, hasta su posterior rearticulación en protestas masivas de unidad y apoyo a otros movimientos sociales como estudiantes, pobladores, mujeres, en contra de la dictadura.

También indaga en el importante rol que tuvieron las agrupaciones culturales, la Iglesia y las ONGs, el movimiento poblacional y la solidaridad internacional al cobijar los problemas de los trabajadores y sus derechos humanos y laborales.

Algunas de las piezas donadas son de familiares, personas, organizaciones y extranjeros, que permiten rescatar la historia de la Coordinadora Nacional Sindical, en la cual se agruparon sectores de izquierda y el ala más progresista de la DC, el Frente Unitario de Trabajadores, con una base social cristiana, la Confederación de Empleados Particulares de Chile y la poderosa Confederación de Trabajadores del Cobre, que representaba a los sectores productivos más importantes del país. Todos ellos se unieron en mayo de 1983 en el Comando Nacional de Trabajadores (CNT), convirtiéndose en el órgano más representativo del sindicalismo chileno y la base para la construcción en 1988, de la Central Unitaria de Trabajadores CUT.

Sindicalismo en dictadura
Con la llegada de los militares al poder en 1973, el movimiento sindical experimentó un quiebre que lo llevaría hasta sus momentos más críticos, sobre todo por la represión que sufrieron dirigentes y militantes políticos cercanos al sindicalismo.

El fin del Estado de Derecho impidió que los trabajadores tuvieran relación con el proceso de defensa de sus intereses. Existen diversos factores que son parte de este proceso de debilitamiento del movimiento sindical, como la proscripción de los partidos políticos, la crisis jurídica que dio paso a la desaparición de leyes de regulación laboral y sindical, la crisis estructural con la aplicación del modelo neoliberal, la crisis orgánica con la desarticulación de la organización unitaria, y la crisis cultural: el patrón solidario y colectivo del modelo económico anterior (proteccionista) fue sustituido por un modelo individualista y consumista. Esto produjo en parte, que en las filas del sindicalismo se vivieran limitadas sus acciones por el alto endeudamiento de sus afiliados.

En el periodo que se extiende hasta 1978, el movimiento sin intermediadores como antes (partidos políticos), recurre a organismo internacionales como la OIT, la Iglesia Católica, específicamente entre la Vicaría de la Solidaridad y la Vicaría de la Pastoral Obrera, hasta que en 1979 se inicia una nueva fase, con el llamado “boicot internacional”. Es así que surge el Plan Laboral de José Piñera, el cual propició la desaparición definitiva del Estado en asuntos sociales y lo estableció como un árbitro que garantiza el cumplimiento de ciertas normas.

Con estas normas, si en el periodo previo al golpe de Estado la afiliación sindical creció rápidamente, con la llegada de los militares llegó a cero para ir creciendo en forma tímida durante los siguientes años. El tamaño de los sindicatos también descendió, de 140 miembros en 1972 a 72 en 1985, sin embargo, aumentó el número de dirigentes, quienes aprovechaban su fuero sindical para defender a los trabajadores.

En la segunda mitad de la década, al acercarse el final de la dictadura se registró un nuevo repunte en la afiliación sindical, del número de sindicatos, de las federaciones y confederaciones, así como de los trabajadores afiliados a ellas.

Si en los primeros años de la dictadura militar los sindicatos tuvieron labores defensivas, proveer herramientas jurídicas a los afiliados, denuncias de represión y capacitación ante las limitaciones que puso el plan laboral, poco a poco las organizaciones fueron exigiendo al Estado una nueva forma de modelo económico. La vida sindical se re politizó y la figura del dirigente sindical cobró nueva importancia.

El 11 de mayo de 1983, en un contexto de descontento y crisis política, la Confederación de Trabajadores del Cobre convocó a la Primera Jornada de Protesta Nacional. Sería el inicio de un total de seis jornadas que se desarrollarían hasta septiembre de 1986. Fue en ese mismo impulso que nació el Comando Nacional de Trabajadores (CNT). Esta organización tomó el liderazgo de la movilización social de masas en la primera mitad de los años ’80 y elaboró los Pliegos de Chile en 1984 y 1985, donde el movimiento sindical realizó sus demandas a la institucionalidad. En el CNT estuvieron representados amplios sectores de la oposición a Pinochet y posteriormente se sumó a las iniciativas de organización política democrática en la Asamblea de la Civilidad.

En el primer congreso del CNT, de 1986, comenzó una discusión entre las diversas corrientes democráticas que abogaban por el fin de la dictadura para reconstituir una nueva central sindical. Como resultado, el 22 de agosto de 1988, se creó la Central Unitaria de Trabajadores —heredera de la antigua CUT—, que se definió como una organización democrática, representativa, pluralista, autónoma y humanista.

La imposición de las nuevas políticas económicas de la dictadura, cambiaron para siempre la forma de las relaciones en el mundo del trabajo y las culturas organizacionales en el mundo sindical.

Luego de este proceso de reorganización ocurrido en los ‘80, el movimiento sindical fue perdiendo fuerza en la conducción social, con bajas tasas de afiliación, menor actividad de los sindicatos, bajo crecimiento de la tasa de negociación colectiva, fragmentación del mundo del trabajo e individualización de las relaciones laborales. Estos índices responden no sólo a una realidad chilena sino también a una tendencia a nivel mundial.

No obstante, después de los ’90, nuevas organizaciones sindicales surgen a nivel nacional emancipadas de la CUT producto de importantes divisiones históricas de carácter político-ideológicas: Central Autónoma de Trabajadores (CAT, formada en 1995); Unión Nacional de Trabajadores (UNT, creada en 2004); Confederación General de Trabajadores CGT (creada en 2004); que se mantienen activas hasta la actualidad con el desafío de generar mejores condiciones laborales y de calidad de vida para trabajadores y trabajadoras de Chile.

Datologia
Qué: Exposición “La unidad hace invencibles a los trabajadores”.
Dónde: Tercer piso, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Matucana 501, Santiago.
Cuándo: Hasta el 4 de marzo del 2018.
Horario: De 10:00 a 18:00 horas.
Entrada: Liberada.

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