“Coco”: cuando el cine animado deja huella.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

Confieso que supe de la película de animación, “Coco”, que Pixar y Disney hicieron, gracias a mi sistema Manucita. Después por los comentarios de amigos mexicanos, quienes la ensoñaron e inmediatamente pensé en verla, pero me daba cosa. Cosa, sensación ambigua entre ganas y temor. Me daba cosa que fuera la versión norteamericana y bien manoseada, de las fiestas de día de muertos y otras creencias mexicanas. Tons como que hice mutis. Mutis, la tonta, silenciar la cabeza y los pensamientos. Tons hice mutis a la idea, hasta que circunstancias diversas me empujaron a verla.

Y en la medida que los minutos fueron sumándose, y yo espectadora, adentrándome en la historia, fui adorándola inevitablemente.

Porque por suerte a pesar de sus gringos patrocinadores, “Coco”, está llena de detalles, pinceladas sutiles, leves, que la hacen tan mexicana, como poco gringa. Esta deducción la obtuve, además de mis percepciones, gracias a que al finalizar la cinta, me quedé a leer con detalle, los créditos, que confieso me encanta hacerlo, lo que se dice del primero hasta el último. Y más si es una película mexicana, porque no es por abanicarme, pero no falta la ocasión en que un amigo aparece como parte del equipo sostiene cables. Y fue en esta pasión “membretística” que descubrí la presencia de un latinoamericano, ojalá mexicano, tanto en idea original, como guión y producción: Adrián Molina.

Volviendo a “Coco”, será porque ya no me cocino al primer hervor y por tal, tengo muchos muertos a quienes homenajear, recordar, ensoñar. Pero sin contarles nada que no se deba, eso de “spoirlear (spoiler – contar el final de una cinta)”, les diré que el meollo, su leivmotiv, como toda movie infantil, lleva incrustado un mensaje, onda motivacional. En lo personal –sorry-, siempre los he encontrado enfermos de mamones. Mamones dícese de la persona, hombre o mujer o tercer o cuarto sexo, que siente una proximación enferma por su madre y quisiera estar pegado a la teta por siempre jamás. Siempre he encontrado enfermo de mamones, porque creer que a un infante le vas a poder inculcar una idea, un valor, una creencia, pedazo de cultura, en una hora y media, tiempo que dura una película, es como absurdo, además de superficial ¿Qué no? Quizás en versión fervientes devotos y calcetín de Cohelo sí se pueda.

Pero el asunto es que los mensajes motivacionales de “Coco”, iban en dos vías, de las cuales, la segunda, calóme hondo, profundo, intenso.

El primer mensaje motivacional intencionado, versaba sobre aquello tan trillado y cliché de cumplir tus sueños, solo que en esta película, no te invitaban precisamente a alcanzarlos a costa de todo, sobre todo si en la vía, debías pasar por encima, frente y costado, de tu familia. Porque entonces ahí comenzaba a estar todo mal y tu objetivo era una oda al egoísmo. Creo que esta parte además de mamona, es la cuota agringada, conservadora, además de contradictoria, porque la esencia del norteamericano es crecer, tomar cerveza, andar en auto, casarse, tener hijos y después abrirles la puerta para que ni bien caminando, se vayan de casa. Entonces con qué patas vienen a decirte que la familia es lo primordial, si ellos no saben lo que es un núcleo de aquellos. Pero como eran los productores de la película, todos calladitos. Y en su versión convencional e incoherente largan el cliché que este grupo es santo, sagrado y que por ella, debes dar la vida. En mi versión Jalisco contreras, difiero y además que si me quedo a salvar a la familia en vez de cumplir mis sueños, aparte que mucha parentela en esta dimensión no me queda, pero si lo hiciera, la neta. Neta dícese de la verdad cuando no sólo lo es, sino que además se expresa con potencia y signos de exclamación. Pero si lo hiciera pues la neta, me chingaria gacho. Chingaria, dígase del arte de joderse hasta la médula. Gacho, cuando algo que no solo es malo, sino más bien malísimo. Entonces me chingaria gacho.

Y sin embargo tiene un ítem en materias familiares, que es bien mexicana (también latinoamericana), como lo es la relación “niño y abuel@s”. Aquí pinta en versión Miguel y su abuela, que aparentemente está chocha y atiende en la dimensión desconocida, pero luego descubriremos que no es tan así, pero no diré nada porque estaría contándoles el meollo del asunto. Y bueno, les sumó aunque no lo pidieron, que el tema abuel@s, me cala hondo porque de los cuatro que uno debe tener, a mi me tocaron dos en particular, los paternos, que fueron los mejores del mundo. Las personas más hermosas, generosas, amorosas, con las que tuve las conversaciones más intensas, íntimas y las retribuciones más tenaces. Realmente los abuelos y las abuelas, son una poesía en movimiento. Y en México, todos y todas, las y los amigos que tuve, tenían alguna historia chistosa, tierna, encantadora, de vínculo estrecho con sus “abues”.

En materias del mensaje dos, les diré que ese me llegó a la hondura misma de mí ser interno. Ya que versa al son de: No olvidar. No desmemoriarse por nuestros seres queridos ausentes. Ya que en ese olvido, éstos, desde el espacio en el que existen, desaparecerán hasta ya no quedar……nada.

Y para evitarlo, aunque uno como vivo no lo sabe, lo que tiene que hacer es No olvidar. No permitir por razón alguna, que esto suceda y en esa dirección las salidas posibles son: sacar la foto cada 2 de noviembre, sumarla al altar, o tenerla siempre, siempre, acomodada en tu velador, repisa, librero.

Porque de no ser así, los nuestros muertitos, no podrán viajar de tanto en tanto y sobre todo en sus homenajes (dos de noviembre), a contemplarnos, vernos, estremecerse, al son de cómo los nosotros vivitos, les recordamos. Ya sea visitándolos en el cementerio (como hacen los mexicanos), o a través de levantar un altar en casa, en la plaza, en conjunto con otros, otras, todos, o simplemente no sacando nunca jamás, la foto del velador. Porque aunque nadie me preguntó, la verdad sea dicha, sí creo que los mis muertos, ausentes, vuelan con el aire y me visitan. Aquello de la sensación de presencias digamos, pues.

Obvio que mientras la película transcurría y dicha teoría entraba por los ojos, se alojaba en el pensamiento, comencé a pasar lista a todos y cada uno de mis ausentes queridos, sientiéndome más que aliviada, al constatar que no solo con fotos los recuerdo, recordamos, sino que también cada que hablamos de ellos, que los pensamos, que le contamos a otros sobre sus vidas y obras.

E irremediablemente los pensamientos individuales, se transformaron en colectivos, porque no sólo de fotos hacemos memoria, ya que existen muchas personas que no tienen imágenes de sus seres ausentes, ya sea porque las perdieron, se las robaron, porque no tenían dinero para tomarlas, porque son de otra generación donde la modalidad fotografo coreano haciendo clic hasta a los calzones, no se estilaba. Y es que si la única vía de memoriar fuera esa, entonces tantas, tantísimas personas, olvidarían a sus seres ausentes. Y entonces fue el momento en el que sumé aquello que siempre traigo presente en la vida, mente y corazón, como lo son los familiares de detenidos desaparecidos chilenos, argentinos, qué decir mexicanos, latinoamericanos, qué decir de los 43 de Ayotzinapa…

Pero por suerte tenemos sus historias para trasmitirlas hasta el fin de nuestra vida y dejársela de legado a nuestros descendientes, sean estos amigos, sobrinos, hijos, para que jamás su esencia desaparezca. Y sí, me fui en una volada bien volátil y más allá. Pero creo que si una película aunque infantil, aunque animada, produce eso y más, es porque realmente era buena ¿qué no? Buena, buena, de verdad buena.

Volviendo a Coco.
Y bueno además de mensajes, “Coco”, está llena de detalles de la cultura mexicana, en materia de día de muertos. No hablemos solamente de la calavera (calaca), que creo que la estética en ese sentido se trilló al son gringo. Pero también podemos mentar. Mentar dícese de llamar algo por su nombre de forma despreciativa. Tenemos que mentar, en versión detalles pintorescos mexicanos a Frida Kahlo, que en versión muertita, pues cómo no la iban a mencionar ¿verdad? Que más que un elemento gringo, ese ya es como universal, y ahí me van a disculpar pero la verdad han trillado tanto con esta señora, que solo está faltando encontrársela en el papel pal poto, que en lo personal y con todo que viví en México de mis amores….mermecarga Frida Kahlo” ¿y qué tanto?!!

Como bien decía alguien en las redes sociales mexicanas, lo bueno de “Coco”, es que realmente lleva la cultura mexicana adherida a ella. Plagada, sembrada poéticamente en detalles de esas fechas. Como la oda al papel picado, el cempasúchil (que es la flor anaranjada que se usa, en versión pétalos, para adornar el altar), las calacas de dulce, el pan de muerto, y por supuesto mucha oda a las calacas, pero no al estilo de las de “Hallowen”, que esas más bien son esqueletos humanos, intentando dar miedo, pero no suman nada estético, hermoso, respeutoso, como lo es todo, todito, lo mexicano pues. Cuando digo calacas, me refiero a la imagen, idea, concepto, que con toda finura y dulzura sumó José Guadalupe Posadas, con la serigrafía de la “Catrina”, que es la calaca – dama mexicana, que posa sobre su cabeza un gran sombrero con flores y que si te toca verla de cuerpo entero, luce un entallado vestido de fiesta y su carterita colgando del brazo. Así también las calacas de mariachis, de personajes famosos que ya no nos acompañan como Pedro Infante, Jorge Negrete, la mezcla perfecta entre el humor, el respeto y la fiesta que en esencia es el día de muertos, donde se les rinde memoria a los que ya no vemos, pero bien que sentimos.

Realmente “Coco”, es un viaje directo a México, una ensoñación de verdad verdadera. En lo personal confieso que ver esta película me hizo cargarme de energía azteca, ensanchar un poquito más el corazón llenito de amor a por él. Volver, casi sentir, oler, embriagarme de colores, el aroma a mango, volver a deleitarme con ese pan de muerto más seco que el mismo y más insípido que el que no saber cocinar. Langüetear la cabeza de calaca que lleva, en su frente, tu nombre. Bailar o tararear con la música, ya sea en versión mariachi, boleros. Preparar el platillo preferido de nuestros ausentes, pasar la noche de largo a su lado en el cementerio.

Aquellos elementos, tan vívidos y hermosos que en esta película los destacan, sumado a la gracia infinita que tiene la animación. Porque cuando el valiente chico “Miguel”, vive la aventura que le da el clímax a la película, de cruzar del lado de los vivos al de los muertos y conseguir lo buscado porque si no, nomás no regresas. Ese viaje en bus, tren, volando con los “alebrijes” (figuras de animales en versión distorsionada, alterada). Creo que esa cantidad de detalles no podría destacarse tanto si de animación no se tratara. Y bueno, les cuento que la película tiene opción de verse en 3D y 2D, en lo personal, pasé de ellas porque como soy retro “me mareo” jajajaj.

Y bueno, para los que han visto cine, aunque sea chafa. Chafa, dícese de algo que es más o menos tirando para malo. Aunque sea chafa, “Coco”, le hace su guiño cinematográfico a “Volver al futuro”, lo cual implica que Adrián Molina y su equipo, son de mi edad y me pongo más contenta. Ya que cuando el protagonista “Miguel”, traspasa la línea de vivo a muerto, pero como no está muerto….. Entonces en el más allá sufre un cobro por la osadía y éste se manifiesta en el ir perdiendo parte de su cuerpo vivo, dígase carne y empezar a ser puro huesito.

Y pues en versión oda o guiño cinematográfico, diríamos que “Coco” es a “Volver al futuro”, lo que Miguel a Marti. El primero, llegando a hueso y el segundo (e idea original), por irse al futuro, desestabilizar el presente y por la demora en regresar a su vida cotidiana, a la foto familiar, que lleva consigo, le empezarán a desaparecer, lentamente, cada uno de sus integrantes. Una monada ¿no les parece? Los que no entiendan esta analogía, sólo puedo decirles que les falta cine, quizás también se deba a que adolecen de edad, madurez, trayectoria, años cumplidos. Pero en este caso, se puede remediar ¿Cómo? Pues dándose un maratón de “Volver al futuro” poh!!.

Es decir, esta película es una soberana poesía en movimiento, desde todo punto de vista y apta para todo publico. Desde los adultos que no terminan de atreverse a asistir solos y gozar como chinos, hasta para los adultos que van realmente por vocación paternal o materna con sus hijos, sobrinos, primos, para hacerse los lindos con las y los herman@s de sus polol@s. Coco es para tod@s.
Lo que se dice, totalmente recomendada!!

Datología
Qué: Comentario cinematográfico de “Coco” película animada.
* Quién: Colomba Orrego Sánchez.
Dónde: Cinemark Portal Ñuñoa, Cineplanet Costanera Center, Hoyts San Agustín.
Cuándo: Todos los días, diversos horarios.

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