Viajando por el mundo: El Palacio Barolo.

Por Colomba Orrego.

Este intento de crónica viajera,
va dedicada especialmente,
a mi querido hermano Antonio,
que hoy está de cumple,
ya que los dos,
sentimos un profundo y sentido amore, amor,
por Argentina.

Hace muchos años atrás, lo que se dice casualmente, caminando por el centro de Buenos Aires, llegué a este edificio maravilloso. Una construcción que debido a su majestuosidad arquitectónica, fue denominado y rotulado como Palacio Barolo y que actualmente funge como edificio de oficinas diversas.

Confieso que en Buenos Aires, siempre me pasa que camino mirando para el cielo, que para el suelo. Así es como de tanto en tanto me caigo de bruces, porque sus calles no son mejores que las nuestras, harto hoyo que no han cerrado encontrarás y quizás hasta su interior conocerás.

Y mirando al cielo, a la copa de los árboles, es que un día hace muuuucho tiempo, fui flechada de amor eterno con el Palacio Barolo. Al principio extasiada por su glamour y belleza, pensé “no es raro viniendo de Argentina, debe ser un edificio habitación para gente nice”. Y a continuación ingresé.

Pero en esos tiempos, las visitas aunque no tuvieran cara de coreanos, no eran tan bien recibidas, porque efectivamente era un maravilloso edificio transformado en departamentos para oficinas. Y el conserje que vigilaba y saludaba a los arrendatarios o propietarios, con el resto del público que llegaba era más bien, antipático. Lo que no me impidió hacer uso de mis habilidades de “urraca” para pasar, entrar, mironear y mironear e intentar subir por las escaleras hermosas y lujosas, pero fui atajada por Míster Simpatía, alías el conserje.

Impactada ante tanta maravilla, emocionada, ensoñada y por tal, enamorada de este palacete, prometime, cosa que no me cuesta mucho, que cada que viajara a Buenos Aires, volvería, volvería, como se vuelve siempre al amor.

Y un día, ocurrió la maravilla que pude entrar sin que el conserje molestara. Entonces en la más enamorada de Barolo, pasé la palma de mi mano por todas sus texturas de muros, pisos, esculturas, lámparas, que mis ojos asombrados contemplaban. Pero lo de subir por sus escaleras, sentir la sensación de estar dentro de una jaula de pájaros, enrejada, apachurrada por otros tantos humanos, sucedería mucho tiempo después.

Detalles arquitectónicos del Barolo.
Mientras entramos en materia de cómo fue que logré entrar al Barolo, quiero contarles en letras leídas, sobre la sublime belleza, hermosura de este lugar.
En este edificio todo es en versión “inmenso”, a lo grande y generoso, como es el caso de su entrada ya que cuenta con dos puertas, la principal y la de la trastienda. La primera, ubicada en Avenida de Mayo 1340, que recibe con puertas de vidrio las que te permiten desde fuera contemplar aquellos suelos de baldosas en tonos rojizos, blancos y amarillos. Deteniéndose en el umbral de la puerta principal, contemplarás las formas y diseños de esos pisos brillantes, que muestran estrellas y circulos. Sus paredes hechas de mármol rojizo también y en cada cierta cantidad de metros, por sus esquinas verás gárgolas sosteniendo lámparas góticas, de metal negro, algunas con formas de arañas, otras cuales candelabros medievales.

La segunda puerta, a la que puedes llegar desde la trastienda, está ubicada a la vuelta de la manzana o cuadra, ya que ese es el ancho del edificio, esa calle se llama Talcahuano y también tiene una puerta de vidrio, que invita a pasar a sus habitantes.

Y su entrada o hall, de suelos de baldosas rojizas, blancas y amarillos, que forman figuras geometricas, estrellas como la “del sur”, también círculos, suma una larga fila de columnas anchas, sólidas, que seguramente sostienen tanta belleza, estas columnas son de mármol grisáceo y cada tres columnas, encontrarás adosada a éstas, una escultura que personifica a Dante Alighieri, en diversas poses.

Detengámonos en sus escaleras, en las dos vías que llevan, en vez del infierno de Alighieri, a la luz misma. Puestas una frente a la otra y al medio la conserjería, custodiada por un señor nada amable quién pregunta cuando no conoce ¿a qué piso va? Si no sabes qué responder, te invitará a marcharte o bien, a quedarte por el Hall sin avanzar más allá.

Entonces aquellas escaleras de pisos de mármol jaspeado con motas negras, conducen a los pisos pares a su derecha y a los impares a la izquierda y las dos, con pasamanos de metal, teñidos en oro y barandales metalicos negros.

A la misma altura de las escaleras, está el elevador, de los antiguos que simulan (creo yo) una jaula de pájaros, que se cierran y abren cuando rejuntas su reja, arrugándola como un biombo. En su interior caben seis personas y siempre mirando hacia el cielo, descubrirás un vitró que evoca flores diversas coloridas y hojas de parra. Eso pude contemplarlo años después, cuando finalmente logré ingresar a la zona de elevadores y escaleras. Después me informé que si bien en aquel Palacio, de apellido Barolo, no viven reyes, menos princesas, cada una de los espacios propios o que se arriendan, para oficina, son de una amplitud de espacio, muros sólidos, techos altos, que seguramente sus habitantes, deben sentirse absolutamente de la monarquía y así también lo que deben pagar por poseer esos lujos.

También como les comenté, desde que lo conocí fue amor a primera vista, como soy debota y calcetín, nunca he dejado de visitarlo, de contemplarlo embabosada ya fuere por dentro como por fuera. Porque el solo exterior invita a pensar que el interior será poético. Su frontis demuestra la enormidad de edificación esplendorosa en toda su anchura y largura, con estilos arquitéctonicos varios, de quizás un poco de gótico, de rococó, de hermosura total.

Palacio Barolo documental.
En esa promesa, es que el año 2012 volví a su ciudad y a visitarlo, además de tener la suerte de ver un documental en el marco del BAFICI, el festival de cine internacional que esa ciudad capital realiza todos los años, que trataba nada menos que de mi Barolo. La sección en la que lo ví se llamaba “Cine y arquitectura” y la verdad que aprendí chorronales de su historia, quién lo construyó, por qué, las leyendas, las historias de buenos, malos, masones y Aligheri.

Creo que fue la forma indirecta, que tuve para lograr ingresar al Palacio y conocerlo por completo. Al fin llegar hasta las escaleras y subir por ellas, llegar hasta la cupula del trueno, bajar hasta el infierno de Alighieri y pasearme por el elevador, todas las veces que el tiempo del documental permitió. Y bueno, emocionada hasta los calcetines, ingenua también y en versión mega grupie, me acerqué al director, que estaba presente en la exhibición, para agradecerle el documental y echarle todas las flores del florero…..pero me topé con un argentino, cineasta, es decir, antipático como el conserje (capaz eran padre e hijo), el cual displicentemente agradeció mi entusiasmo, confieso que tuve ganas de pegarle un poco, pero me acordé que andaba en versión damita y me contuve.

Obvio que ese mismo día, después del documental fui a ver a Barolo, para contarle lo famoso que estaba y la sorprendida resulté ser yo, ya que mi Palacio, se había transformado en un Mega Edificio Star.
El hoy Palacio Barolo, suma página web, correo electrónico y hasta “paseos turísticos”. En el que puedes subir, bajar, entrar, mirar, tocar, tomar fotos. Es más, en los días de verano, el tuor cuenta con una parada estrategica en la terraza, donde hacen asados y degustan un buen vino Malbec, quizás.

Si buscan a mi Barolo en la web, dicen de él: “hace referencia y homenaje a la Divina Comedia de Dante Alighieri. Su estilo arquitectónico es único, una mezcla de neorromántico, neogótico y su cúpula al estilo indio de la región de Bhubaneshwar, ya que representa la unión tántrica entre Dante y Beatriche, los protagonistas de la divina comedia”. Y es que mi querido Palacio, se ha tranformado con el paso de los años, en uno de los caserones más top de Buenos Aires, lo que ha hecho que se llene de transeúntes, unos que sólo lo usan para cruzar de Avenida de Mayo a Talcahuano, algunos otros en las mismas intensiones se quedan contemplando, otros tomando fotos. Ahora se da mucho toparse (guacala) con las ovejas masificadas de taiwaneses, japoneses, chilenos y chinos, tomando fotos, selfies más a ellos que al Barolo, pero todo sea por su existencia eterna a mi reyesito lindo.

Así fue como esta fama repentina y merecida, hizo que un par de jóvenes argentinos ligados al patrimonio y a la arquitectura y maravillados por su belleza sin igual, crearan el “Tour Palacio Barolo”. El que puedes hacer de día y de noche… a la hora de tu muerte revolución, capaz que también.

Tour Palacio Barolo.
Sobre el tour, les contaré que por supuesto hice ambos, el de día y el de noche, porque el Palacio y qué decir mi Barolo querido, dan para repetir el plato varias, varias, veces.

Los dos tuor son una experiencia en sí misma. En en el de día llegas hasta un punto, que no es menor y en el de noche hasta el final, hasta topar con la cúpula del trueno o el faro de su torre. En ambos debes ascender a través de un caracol interminable, en mi caso no desfallecí aunque estuve a punto de hacerlo, porque quiero que lo sepais, el elevador te lleva hasta un punto y el resto, buenas son las piernas que te acompañarán y si no las tienes o están debiluchas, mejor será que te quedes con el primer tour. Porque cuando digo, el elevador te deja en un punto y el resto a subir, no es anecdótico, es real y lo que falta por escalar es mucho más que la mitad. Y deberás saber que en el arte de subir y subir, como éste es un Palacio original, la ruta de las escalinatas, a medida que conducen a la cúpula final, van angostándose tanto en ancho muro como en tamaño peldaño.

Se los digo en la certeza que tengo que a este mundo no vine a subir escaleras, a mi que me hagan recorrer lo que quieran, pero en terreno plano y les aseguro que caminando, llegó hasta el fin del mundo y más allá, pero a las escaleras LAS ODIO o ¿será el crujir de mis rodillas atleticas lo que me traiciona? No lo sé, pero lo bueno es que pese a todo llegué, aunque hubo instantes en los que pensé que quedaría atorada en la angostura de los muros y caería en picada sobre otros, a medida que los peldaños comenzaron a encogerse.

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En cambio en el tuor de noche, tienes que ponerle aceite a las rodillas porque la ruta es hasta la torre más alta del Barolo, donde está la cúpula del trueno, que aloja el faro, con el que se comunican los aliados en contra de los malos. Pero tengan presente que una vez allá arriba, si les toca una noche agitado de invierno, verán truenos, relámpagos, estrellas y de las fugaces también. La noche que yo fui, el cielo estaba azul casi morado, oscuro, hermoso y las estrellas titilaban para el publico como actrices principales.

Y la función del tour comienza, cuando llegas a la cúpula – faro, porque desde esas alturas y como comentó el guía, es que en los añejísimos tiempos en que construyeron el Palacio Barolo, era el edificio más alto de la ciudad, para que desde su cúspide pudieran ser enviados los mensajes codificados (a través del faro) y para ello tenían que estar lo más lejos, lo más alto de la mirada del enemigo. Y las señales emitidas iban a parar a puntos estrategicos como la Plaza San Martín, la Plaza Miserere (tengo cero idea dónde está), el espacio donde hoy rige el Congreso de la nación y otros dos puntos, actualmente imperceptibles a la vista del “chaparro” Barolo, a causa de la competencia en fealdad y altura, que hoy existe.

Sin lugar a dudas, el tour de noche es una poesía en movimiento, tanto por la magia que encierra la noche, como porque allá arriba, lejos de todo, cansados pero triunfantes por haber llegado, el mundo se ve sublime. Se los digo y no se los repito: “hay que estar ahí, para entenderlo”.

También suele pasar que en la adrenalina de haber llegado vivos a la cumbre, guía y turistas comienzan a chacrear la belleza de la sublimación, con aquello de tener la luz del faro y bueno será alumbrarlo todo. Entonces el publico pide y el guia alumbra, que el cielo, que la casa de su mamá, que acá y allá. Esos son los momentos en que una quisiera empujarlos a todos al vacío y quedar acompañada sólo por el frío de la noche, las estrellas, ese cielo azul casi morado, sin molestos sonidos de necios.

Como verán un sitio imperdible, y es tal la fama del Barolo, que actualmente no hay teleserie porteña, película argentina que no hable de él o muestre imágenes. De hecho, una serie trasandina, bien buena por cierto, usó (suertudos ellos) de set de filmación a mi amado Palacio…… búsquenla, su nombre es “El jardín de Bronce”.

Para llegar al Barolo.
Como ya les conté, el Palacio Barolo, está ubicado en el centro cívico como dicen los argentinos. En avenida de Mayo 1340, a pasos de la Casa de Gobierno “La rosada”, de la Plaza de Mayo. En el mísmisimo centro y corazón de la ciudad y como tal, un sitio en el que está atesorada, gran parte de la historia de ese hermoso territorio, como sus arquitecturas, edificaciones generosas, majestuosas, soberbias y una que otra bala que quedó alojada en los muros de las edificaciones que rodean la casa de gobierno.

No solamente el centro de la ciudad, sino que también otros barrios, cuentan con aquello que poco se puede hacer en Santiago al menos, que si te encuentras con un edificio de gran tamaño y hermosura y quieres contemplarlo en toda su magnitud, camines hacia atrás sin peligro de topar con un muro, menos con un auto y tampoco con un ciclista huevón. Sino que más bien, tras cruzar la calle de espaldas, toparas con los muros de otra edificación pero de mayor lejanía que el objeto observado. Al menos a mí me ha pasado, en cada uno de mis paseos por Buenos Aires, que puedo ejercitar el caminar de espaldas sin chocar con nada y tan solo dedicarme a mirar, observar hasta que me salen lágrimas ante tanta belleza arquitectónica. Admirarlas de cerca, lejos, costado oeste y este y en versión Barolo, además desde las alturas ¿qué tal?

Nos guste o no, aceptémoslo, Buenos Aires y para que no lloren, también Ciudad de México, Guadalajara, son ciudades que rinden homenaje a sus hermosas edificaciones. No las demuelen, ni las tapan, sino que puedes estar tranquil@ que no se moverán de ahí, que siempre podrás volver a contemplarlas, hermosearlas y amarlas. Para que puedas recorrerlas con los ojos, los pies, las manos, a través de fotos, de pasos, de sonidos.

Así que ya sabe, si viaja a Buenos Aires, además de todo, todo, lo que hay para hacer, visitar, comprar, comer, delitarse, no deje de ir a los “Tuour de Palacio Barolo”. No se arrepentirá, se lo aseguro y en el momento que sea parte del club “amor eterno Barolo”, compártalo con sus amigos, familiares y hasta con sus enemigos, porque le cuento un dato no menor, ya sea en su altura terraza o desde la cúpula del trueno, con un empujoncito, aquella persona que no es santa de su devoción, podría caer y le aseguro que no sobrevivirá (jajajaja).

Datologia:
Qué: Viajando por el mundo: Palacio Barolo.
Donde: Avenida de Mayo 1340, Buenos Aires, Argentina.
Atencion: Lunes a sábado de 09:00 a 20:00 horas
Email: info@palaciobarolotours.com
Link: www.palaciobarolo.com.ar

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