“Sopa de cebolla” en Le Fournil.

* Por Colomba Orrego Sánchez.

Recuerdo una noche de invierno tiempo a, en compañía de un amigo, nos resguardamos de la lluvia, en el restaurante, Le Fournil, de los barrios altos, que después de Tobalaba, son tales para mí.

Nos gustó porque el frío de afuera, antojaba que dentro era distinto y se veía acogedor. Mi ignorancia olímpica, no pispó que el nombre del local tuviera relación alguna con Francia, por suerte él sí y así también supo qué pedir. Dichosos, fulgurantes, nos convertimos cuando pusieron frente a cada uno, la soberana sopa de cebolla.

Pues bien, esa fue una hermosa historia, con un final de rememorar para nunca más olvidar y fue tan así, que noches atrás, en compañía de mi sisternita Manucita, le sugerí que dirigiéramos los pasos hasta el mismo local, ubicado, en esta ocasión, en Barros Borgoño, a pasos del metro Manuel Montt.

Como dije, la idea fue mía, evocando aquella mi primera vez (en materias de sopas) y porque en esta ocasión, aunque sin lluvia, teníamos frío y mucho hambre y como siempre hemos sido Presidenta y Vicepresidenta del club “sírvete otra sopa”, el menú no solo era tentador sino que apasionante. Así fue que mientras conducíamos los pasos hasta ahí, fui babeando la idea de esa suculenta sopa.

El asunto es así, en mi primera vez, la sirvieron casi que en una fuente bautismal, y cual entrada al infierno, caliente de quemar. En aquella noche lluviosa, pequé de ansiosa, intentando cazar un crutón que intentaba zafarse del parmesano derretido y casi perdí -para siempre-, la sensibilidad de la lengua. Y así y todo una y otra y otra y otra vez, fui aplacando el calor del caldo a punta de introducir la cuchara en la sopa reiteradas veces camino a mis fauces, en el ejercicio continuo de “come que te comeré”. Y es que ese manjar contenía en su interior, lonjas delgadas y transparentes de cebolla, mezclada con el caldo de sí misma, los crutones, crema ácida y parmesano, los ingredientes suficientes para entonar a todo pulmón la “Marsellesa”. Una delicia, más que suficiente..

Pues bien, en la versión de hace unos días, en compañía de mi sisterna, nos llevamos un soberano PLOP!!
¿Por qué? Primero, porque el plato donde venía la sopa, era del tamaño de un bowll, para que las pajaritas coman la fruta del desayuno. Segundo, graso error, usaron cebolla de guarda o escabechada ¿Cómo lo sé? Por el dulzor y para colmo cortada en tiritas ínfimas que hacían parecer al pocillo enano, que las cebollas se salían por doquier. Tres, la sopa estaba “tibia” y sumado al excesivo dulzor……… grrrrr no les cuento. Cuatro, no había noticia de los crutones, menos de la crema ácida, qué decir del queso parmesano. Y quinto, aquella cosa que aborrezco más por snob que por una vuelta de tuerca, junto al plato sopero, un pan campesino como tal es…ENORME. Y cual si no fuera suficiente, éste venía relleno con más cebolla picada finamente y dulce, caldúa y media, lo que presagiaba que de no comerte el relleno en un santiamén, el fondo del pan a poco andar estaría ¿cómo? Deshecho.

Valoremos lo que se puede, el pan era rico, eso que ni qué, crujiente por fuera, sin miga por dentro y sin embargo su carne sabrosa, muy sabrosa. Pero la sopa de cebolla lleva crutones, unos cuantos, unos pocos, no un pan enormeeee, que tendrás que devorar pronto porque sino el jugo de la cebolla hará de las suyas. Y porque justo ese día queríamos comer un platazo de sopa de cebolla, no de pan, sí unos cuantos crutones tiesos, duros, cuadrados, que en el contacto con el caldo caliente intentan ablandarse un poquito.

Quizás el asunto es que Le Fournil, perdió el norte. Entonces lo comunica con tiempo y gustosa le mando una brújula. Porque la verdad ¿a qué fuimos mi sisterna y yo? A comer sopa de cebolla ¿Dónde? En el restorant francés que por excelencia prepara (ba) la mejor sopa de cebolla, pero creo que ya sólo le quedan las ínfulas de un pasado glamoroso.

Ah y me faltó comentar que bajo la tapa del pan campesino, antes de la cebolla jugosa, yacía sin vida, una lonja de parmesano. Y ¿Qué le pasa al parmesano después de ser derretido? Que se transforma en un sable. Un objeto, en este caso una lámina de color amarillo, dura, imposible de clavar ni cuchillo, menos colmillos a menos que no valores tus dientes. Un fiasco, perdóneme pero discúlpeme.

Porque les contaré que después de la grata velada junto a mi amigo en El Fournil, de los barrios altos, más de una vez preparé, la mentada “sopa de cebolla”, en mi casa. Busqueteándo recetas en Google y de todas las que hallé, fueren francesas, chilenas, universales, la tónica era: cebolla picada en lonjas (anchas), agua, mucha agua, crutones del día anterio preferentemente (para no tener que freírlos) y queso parmesano. Y el elemento que la chilena se saltaba y la francesa sumaba, era la crema ácida, con la que perfectamente podríamos haber pasado…. pero no así con el resto de los ingredientes poh!!

Onda por suerte recordaron poner cebolla, que ahí en la fusión capaz que justificaban que fue cocida en ella, pero para la estética, era mejor ahorrársela…. LOS ODIO!!
Y la verdad que la cebolla dulce de la normal, no da lo mismo, porque el dulzor no combina bien si no te la sirven “hirviendo”. A ojos cerrados opto por quemarme la lengua, siempre y cuando sea a cambio de comer una verdadera sopa de cebolla, francesa, chilena, universal, abundante y sabrosa. No a la cocina fusión, que se pasa por el aro la memoria y tradiciones. Téngalo presente.

!!! Moraleja, si han pasado los años, es mejor no añorar antes de probar !!!

Datologia
Qué: Comentario gastronómico: sopa de cebolla.
Dónde: Le Fournil, Barros Borgoño 41, Providencia, metro Manuel Montt.
*Quién: Colomba Orrego Sánchez.

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