Viglietti bajo Pudahuel estrellado.

* Por Tamara Norambuena Arancibia.

Son las 21:45 y la noche se viene encima en Pudahuel, con todo el peso; Daniel Viglietti ha muerto. Pero la partida de su canto, es mucho más profunda, para nosotros es un signo político que ha salido a caminar en las estrellas. Aquello a lo que le pone cerrojo la muerte, la memoria persiste en recrearlo y seguir adelante.

Se me viene el distante recuerdo de cuando Pudahuel era Barrancas, un infinito sapolino de chacras y campesinos, mis zapatones negros y el chaleco tejido por mamá. Las mañanas de sábado cuando papá nos cantaba al despertar El Gurisito, los días de sepia, resistencia y de porfía, se me viene El sombrero en alto de Sandino…Se me vienen distantes los años de puños en alto que antes del toque gritábamos clandestinamente a Desalambrar.

En esos días de terror ochentero, mientras algunos callaban de impotencia nunca tuve miedo a los milicos, nunca tuve miedo de vivir así, de llevar un poncho de lana y decir la palabra pueblo, nunca tuve miedo de cantar, nunca tuve miedo de nuestros días con mis padres organizando peñas y llevando el teatro de Radrigán a las poblaciones, de ayudar a los que no sabían leer ni escribir a romper con el analfabetismo con el método de Paulo Freire y ahora, en esta noche de pena me doy cuenta que aquel Gurisito me salvó; porque a pesar de las botas siniestras me llené de esperanza.

Mi terquedad tenía de gusto la desobediencia, pero venía de la mano la idea del Hombre Nuevo. Porque los sueños de infancia son cándidos y no conocen de traiciones, porque cada día de mis pequeños días pensaba que se precisarían niños para amanecer y por eso había que seguir viviendo.

Que pasando el infierno habría que seguir luchando por las 40 medidas, por la patria americana y el socialismo. A que todo niño nace para ser feliz, a que todo niño tendría asegurado el medio litro de leche como ración diaria. A que todos beberían de la misma leche y del mismo pan.

Con la muerte de Viglietti a sus pies, se cierra el ciclo del Ethos colectivo, se apaga la luz para que suenen las polifonías de la medida de lo posible en la isal del capital. Pero el canto de Viglietti no ha renunciado, los que han renunciado son aquellos que le temen a la palabra pueblo y lo bautizan de ciudadano. Mientras, sigo pensando el hombre Nuevo…

Datologia
Qué: Sobre la muerte de Daniel Viglietti.
* Quién: Tamara Norambuena Arancibia. Oriunda de la comuna de Pudahuel. Profesora de francés.

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