Jewel of India.

Por Colomba Orrego Sánchez.

A este restaurante, confieso que llegué en compañía de mi amigo Bosco (colaborador del portal), que me invitó. Ese día, era la hora de almuerzo, había hambre en el ambiente, sumado a que el Bosco estaba antojado de curry, picante, bien picante, arroz basmati, en resumidas cuentas, comida india y en busca de un lugar y ya que estábamos en la comuna de Providencia, agilizamos el paso hasta dar con “Jewel of India”.

Así fue que los pasos nos llevaron hasta “Jewel of India”, que está en calle Manuel Montt 1007 (aunque algunos crean que es avenida), en una casa que años atrás fue de habitación. Lamentablemente en su nuevo rubro, le metieron mano, dejándola horrenda y concluir transformándose en restaurante indio. Lo raro es que no sé por qué razón, pensé que indio era ídem a sútil, estético, hermoso, sublime, pero no nos olvidemos que son humanos también y ya nos enteraríamos que, en esa calidad, erraban como condenados.

Porque la verdad de la milanesa, a veces la apariencia entra por los ojos y uno hace o deja de, en base a ello y en materia de restoranes, la apariencia de éste, más bien era para salir corriendo, pero no olvidemos que era la hora de almuerzo y estábamos con hambre.

En lo personal, confesaré que le tenía un poco de tirría a este restaurante, en parte por las noticias que le dieron fama. No sé si recordará pero tiempo atrás salió en las noticias que en “Jewel of India”, tenían a sus empleados al negro. Aprovechándose de su condición de ser indios de la India, no hablar castellano, vivían en las dependencias del restaurante, con los documentos retenidos y pues fue noticia. Después salió el dueño a desmentirlo pero la duda, al menos a mi, siempre me quedó dando vueltas.

Pero como ya comenté en el ambiente había hambre y antojo de curry, algo bien picante, así que pues qué hacer y pues uno generalmente quiere agadar a los amigos, eso sí que quede constancia que le advertí que este restaurante podía ser “carito carón”, por aquello que sucede en la comuna de Providencia, comuna de apariencias, sacan pedazo, las más de las veces más por lo que se ve, que por el adentro y la calidad.

Fue así que los pasitos, de a dos en dos, nos llevaron hasta el lugar de los hechos. Por cosas de la vida, he tenido la oportunidad de ir a otros restaurantes indios, lo que me da el derecho a decir más que algo a su respecto.

Lo único que en este caso iguala a Jewel con los demás restoranes, dígase The Raj, Soul de India, es que una vez cruzando el umbral de la puerta, entrareis a la boca del lobo ¿qué onda con eso? Porque al menos a mí, cuando voy a comer a un lugar, me gusta enterarme de lo que me van a poner en el plato y que además de sentir los aromas de las especies, también ver el aspecto, los colores, sus formas.

Pero bueno, en el caso de Jewel a pesar de ser un caserón y poseer unas habitaciones bastante amplias, todo está al son de “a media luz”. Digo será que confunden relajo, paz, india, yoga, budismo, con la cueva del mostro ¿a saber?

La decoración, de casi “uff mejor no hablar de ciertas cosas”, pero justamente estoy aquí para hacerlo. Y seré sintética: horrenda. Porque las decoraciones de los otros restaurantes indios, son INDIOS, es decir, objetos de por allá, harta figurita de elefantitos, ratitas, pergaminos con la verdad en idiomas sancritos (así que no nos enteramos de nada). Bastantes colgantes de elefantitos, figuras varias de animalitos todos, porque en la India, se les respeta. Mucho velo, mucha seda, harta seda que por ahí se consigue. Uno que otro cuadro geográfico, ubicando la cocina – comida, del restaurante, con un lugar particular de la India: Nueva Delhi, Bombay, Bangalore, Varanasi, etc.

Pero en Jewel of India, si no fuera por unas bancas de mimbre a la entrada, otro mueble de madera donde guardan las copas y vasos, supongo que hecho de la madera de algún árbol poético de esos lares, variados tallados en madera, con figuras que más que nada muestran personas en acciones tántricas, la verdad sea dicho, el resto era para vomitar de feo.

O sea intentando hacer asociaciones lingüísticas, aunque carezco de otra habla más que la castellana, onda sumemosle la mexicana, chileno, sospecho que Jewel, será algo así como “joya, joyita” ¿no? pues bien métale unas lámparas y lamparitas, de cristales más falsos que Judas, en tonos celestes, en todas las murallas, que podrían haber iluminado mejor la zona, pero no, porque decidieron ahorrar en ampolletas y eran todas en tono frío y de 15 watts. Y me autoconsulto ¿Qué tendrá eso de Jewel? Y de indio digo yo.

No negaré que les tomé fotos a todos los cristalitos azules, que pendían de los muros cerca de nuestra mesa y en la de otras mesas vecinas. Porque aquello de poner el lente sobre el cristal (falso) y dejar que las proyecciones hagan su trabajo, me encanta. Pero eso con la india ¿Qué tendrá que ver? Amén.

En materia de la puesta en escena dígase, la mesa, lo encontré poco enjundioso, como que el creativo ambiente el día que dedicó a la decoración estaba deprimido o apagado creativamente ya que los colores de manteles y muros, muy opacos pensando en que harían un restaurante a la luz de las velas, ampolletas como de 10 watts. No sé obvio que tengo un temita con la penumbra o las bocas de lobos, porque no puedo alejar de mi mente la idea – sensación, que si oscurecen tanto todo, será que algo tienen para esconder ¿qué no? Ahí los únicos lindos, simpáticos, encantadores, alegres, luminosos, éramos el Bosco y yo, obviamente. Que lo pasamos súper bien, comimos muy rico pese a la penumbra y la decoración jajaja.

El menú.
De la comida, no se puede negar que todo estaba espectacularmente rico, delicioso, exquisito.
El Bosco pidió pollo con curry y mucho, mucho picante, en mi no calidad de damita, preferí algo que no entumeciera la lengua que fue camarones en sus salsas exóticas y coco. Los dos pedimos, casi a coro, arroz. Porque resultó que nos encanta el alargado, blanco, arroz basmati, Tucapel, jazmín o procedencia tenga….

No me preguntó, porque seguro partió de la base que Colombita, linda, preciosa, o sea yo, era modelo damita, pati junta, boqui chiqui y me serviría a lo más un par de cucharadas de arroz…. pues toma, que la sorpresa fue grande, porque le salió competencia en el camino. Y con su táctica de echarle picante al plato colectivo y así alejar a otros comensales, pues más penita Bosco, porque olvidaste que vengo del país que produce el ají, picante, picor, de picar en entrada y salida..

Por lo que tuvimos que pedir otro plato de arroz para ser feliz a sus comensales. Muy rico realmente.
De entrada onda tu, pedimos “samosas” que suena a parientes de Somoza y da impresión. Pero tranquil@s, son unas poesías en materia de masitas, según ellos (indios) empanaditas, pero que yo sepa la ídem tiene una forma -internacionalmente conocida-, de palma de mano, de ahí “mano de empanada”, a diferencia de las que comimos que eran más en apariencia, si vamos a buscar similitudes gastronómicas, a los “Volqui”, bombas de chocolate y manjar, argentinos. Solo que en versión india estaban rellenos con carnes, especias maravillosas, aromáticas, deliciosas, sabrosas, calientes como la mierda (me quemé), sumado a dos salsitas en las cuales podías bañarlas, sopearlas: una de menta y otra de picante, que el Bosco se la vacio…… obvio que sí.

Para pasar el bolo alimenticio y como era hora de almuerzo y después cada uno seguiría su rumbo a la vida laboral, tomamos jugo de jengibre con lemon grass para él y yo, jengibre con menta. Un poco muy dulce para nuestros paladares, aunque con hielo los excesos de azúcar se dosifican.

Y como nos vieron con cara de colmilludos, querían que pidiéramos “Nam” que es como el pan indio, que tiene una forma de corte de pizza y no está tan lejos de serlo, porque algunos “Nam”, vienen rellenos con cositas. Pero no, todo tiene un límite y ese día andábamos con él a cuestas, por suerte. Porque hay que decir que la comida india, es rica, tiene un no sé qué, llamado aliño, condimento justo, propio, propicio, delicioso, que despierta y abre las fosas nasales -con suavidad-, la garganta –idem-. Uno en primeras efluye flatos de sabores exóticos. Ya después la cosa comienza a transitar al son del aliño y los jugos gástricos jajaja.

No sé si será la edad o qué, pero los aliños, el arroz, el pollito, los camarones, sus salsitas en las que nadaban, dan sensación de satisfacción temprana, onda de “estoy REPLETA”. Hay un tema con aquella sensación, que la verdad sea dicha, te acompaña por un rato largo. Por eso creo que es mejor engullirla de almuerzo que en la cena. Y aunque en occidente no es educado decirlo, menos hacerlo y en cambio, en China, te crucifican si no los emites, los flatos quieren salir en manada, para avisar que la satisfacción llegó al tope.

Lo que nos dejó perplejos y enojados, fue cuando REPLETOS, decidimos que había que emigrar y como somos educados, no hicimos perro muerto. Pedimos la cuenta y casi nos quedamos a lavar los platos. Bueno más bien el Bosco, que fue quien invitaba y quien pagó. Pero la verdad sea dicha, no soy tacaña, lo juro, que nos cobraron mucho, o sea la comida estaba rica eso que ni qué, pero tampoco es que comimos como marranos y el cobro no sé, como que dió la impresión que anexaron un par de comisiones a los pasajes a la india que hará el dueño del lugar.

O seaaaaaaaaa carísimo es un adjetivo magro.
No vengan a decir misa señores, Chile es la antesala, el living comedor del Tratado de Libre Comercio (TLC), aquí usted señor dueño de restorán indio, puede encontrar curry, picante, masala, todo, todo. De hecho en Manuel Montt, al llegar a Costanera, hay un supermercado indio, donde venden de TODO para preparar comida.

Entonces uno no comprende ¿por qué chauchas cobran de esa manera? Como si al cocinero lo hubiesen mandado, a la mañana temprano, hacer el mandado (compras) al mercado en Nueva Delhi y bueno, entonces el viaje en avión, el viático para el perengano, el taxi al mercado, de vuelta al aeropuerto, etc., Un robo a la india diríamos entonces.

Malo, malo, malo. Esos momentos felices, gratos, encantadores en los que uno se siente timado, asaltado. Nos deserrajaron el bolsillo. Y los platos, aunque satisfactorios, no eran grandes. No lo grandes que el Bosco y yo, perfectamente podríamos haber comido, a lo que se está acostumbrado cuando se come bien. Entonces vuelve la idea del robo, a curry armado y uno piensa mientras camina dejando atrás el restaurante…a ese lugar no volvemos más.
¿Y si ponemos una bombita de curry?

Datología:
Qué: Comentario gastronómico de “Jewell” restaurante comida india.
Dónde: Av. Manuel Montt 1007 – Providencia.
Valores: Entre $25.000 y $90.000.
Estacionamiento: Si.

También te puede gustar...

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *