Francisco Toledo: artista mexicano, luchador social y ambientalista.

Por Colomba Orrego Sánchez.

Este viernes 15 de septiembre, a las doce de la noche, es “El Grito de Dolores” dígase de la independencia mexicana, el inicio de sus fiestas patrias. Pero al igual que últimamente, cada que intento sumar la bandera de México en mi perfil de FB o en el de Twitter, siento la voz punzante de mi hermano Antonio, replicándome: “no hay nada para festejar”. Y lo peor es que es verdad.

Pero desde aquí, lejos de mi amado país, me late tan fuerte el corazón que aunque estoy de acuerdo con la negativa al festejo, aquello de levantar la copa, empinar el codo, comer hasta reventar, qué hago con el vacio de las ausencias, cómo llenarlo.

Y es que había pensado, para ese día, pasarles una receta mexicana, onda invitándol@s a que la replicaran en sus casitas y en un tono muy pausado, nostálgico y simbólico, comieran en silencio algo bien rico y pensáramos en Ayotzinapa, en Oaxaca, en los que ya no están. Pero bueno, se las quedaré al debe, para otra ocasión menos importante ¿ya?

Pero sigo sintiendo el bum bum de mi corazón y los pensamientos van volando hasta mi Guadalajara y sus tostadas de cerdo o el pozole o la chela bien fría, el disfrute con los amigos, la nostalgia por aquellos momentos de disfrute con los amigos, hoy lejanos, la añoranza y y y y. O en mi Ciudad de México, con otro chorronal de amigos, seres queridos. Es decir, no puedo quedarme calladita, comiéndome el buey simplemente…

Y digamos que el terremoto en México, del pasado 8 de septiembre, fue la gotita que rebalsó la copa y cual luz divina, posó ante mis ojos una razón de la cual asirme, algo, alguien, para no tener que quedarme callada, sin decir nada por mi amado país.

Ese algo, alguien, fue nada menos que una acción humana de aquellas, de las que estremecen y que de paso, me llevó a un pasado de “hace algún tiempo”, aquí en Santiago, cuando mi sisterna Manucita and me, asistimos a la exposición de un tal Francisco Toledo.

Y es que Francisco Toledo, es un punto aparte y con cremillas. Una poesía en movimiento, una chulada de ser humano, artista mexicano y quién casualmente es oriundo y residente activo, de la zona devastada por el terremoto, los huracanes, la pobreza, la miseria, los poderes corruptos: Oaxaca.

Nacido un 17 de julio de 1940, en Juchitán (de Zaragoza), uno de los municipios al interior del Estado de Oaxaca, considerado un artista de los más destacados del país. Ha trabajado con extraordinario colorismo la acuarela, el óleo, el gouache (es una técnica pictórica que consiste diluir el color en agua sola o con diversos ingredientes, como goma, miel, etc.) y el fresco, pero también la litografía, el grabado, el diseño de tapices, la cerámica o la escultura en piedra, madera y cera, buscando siempre renovar formas y técnicas.

Toledo, más bien de apariencia desaliñada, vestimenta sencilla y calzando “huaraches” (zapato veraniego con los dedos al descubierto), transita por su natal Oaxaca, transformado, al igual que sus obras, en símbolo y expresión de los más profundos mitos de México.

Francisco (la patuda que lo tutea), es de esos hombres ( y mujeres también obviamente), particulares, singulares, que abundan en México y que si no sabes mirar, observar bien, pasarán desapercibidos. Porque no tienen onda, no son famosos, no les interesa la pasarela, menos el socialité. Sino más bien, son la oda a lo inaparente, por su sencillez, aquella que resalta, de lo peculiar a lo tenaz.

Toledo es de esas personas pocas en el mundo, que está fundamentalmente comprometido con sus orígenes indígenas, promotor en la defensa del patrimonio artístico del estado de Oaxaca. Un ídolo sin serlo, menos buscarlo.

De la biografía.
Dicen por ahí que desde muy pequeño demostró una especial habilidad para el dibujo, que su padre alentó cediéndole las paredes de la casa, para llenarlas de formas y colores. Su abuelo Benjamín, zapatero de Ixtepec (uno de los tantos pueblos al interior de Oaxaca), multiplicó su imaginación con salidas campestres en busca de resina vegeta. Le llenó la cabeza con relatos populares en los que los seres fantásticos se entremezclaban con todo tipo de animales y personajes legendarios.

A los once años se instaló en la ciudad colonial de Oaxaca, para cursar la escuela secundaria. Y después en México, D. F., para tomar clases en el taller de grabado de la Escuela de Diseños y Artesanías. Con apenas diecinueve años, expuso sus obras en México y en Fort Worth (Texas). Órale.

Y es que más allá del bla, bla, sobre su reseña existencial, hay que pasar rápido que aprisa a destacar aquello que atrapa, envuelve, emboba de Toledo, al menos así me pasa, son sus figuras. No sé si sabrán pero amo los árboles, a los animalitos todos y pues ¿qué creen?, a él también, pero con una mirada no precisamente ingenua de lo que nos rodea. Que si no, no sería mexicano y tampoco podríamos sumar y restar en materias de “alebrijes” (El alebrije es una artesanía mexicana un tanto surrealista que puede estar elaborada de cartón, papel o madera con diferentes técnicas para su modelado y creación, fundamentalmente de animalitos con apariencia zoomorfas y pintados en colores llamativos), que en versión Toledo, si bien pintorescos, digamos que más en una versión “oscura” de las formas animalisticas, humanas y de un cuanto hay.

Las formas de los animales de Francisco Toledo, no se asocian con la belleza: son insectos, serpientes, sapos, iguanas, murciélagos. Y sin embargo no pierde su calidad de fantásticos. Sus monstruos son juguetones, porque él no sabe de pudor ni pecado y un humor acre y delirante recorre cada pincelada de sus lienzos o cada incisión de su buril, para dejar un rastro de crudo y juicioso estudio social disfrazado de fábula, de alegoría de la crítica situación del hombre y el mundo actuales.

En su escultura tiene dos formas de expresión, una donde representa cosas del mundo natural, específicamente bestiarios de distintos animales y otro donde se despega totalmente de la realidad. “Fragua, de ese modo, un universo que ata cabos con lo real y, simultáneamente, despliega la metáfora”. Esta última se deja ver en su obra gracias a que representa figuras humanas y de otros animales en una forma de apareamiento ya sea explícito o simbólico.

La visión moral de Toledo afirma que el mundo de los humanos y el de los animales son uno con la naturaleza. Observador, crítico y ecologista, su obra es también una denuncia de la deforestación y la destrucción de la naturaleza.

Toledo, Toledo, Francisco.
Las flores crecen y se multiplican si hablamos de Francisco Toledo, onda no solo es un pintor reconocido, tanto por sus estudios, saberes y sello personal, sino que es la modestia aparte, ya que dicen que jamás de los nuncas se ha preocupado de promover su obra, que muchas de ellas pasan directamente a manos de coleccionistas, si yo tuviera dinero también lo haría.

Toledo recupera técnicas antiguas e investiga con otras nuevas, tanto en la pintura como en la escultura y la cerámica. Diseña tapices que realiza con los artesanos de Teotitlán del Valle (un pueblo al interior de Oaxaca). El color y la riqueza étnica y cultural de esa zona catalizan su creatividad y su obra.

Exposiciones.
Si de prontuarios artísticos, Toledo la lleva.
– 1980, realiza una exposición retrospectiva de su obra, que recién comenzaba. En el Museo de Arte Moderno de México.
– 1983 presentó el libro de grabados originales El inicio, e inició también una larga carrera como editor.
– 1997 presentó en México las exposiciones (y los libros) «Zoología fantástica», a partir de textos de Jorge Luis Borges, e «Insectario».
– 1997 expone en la Bienal de Venecia con las esculturas de la titulada «La fragilidad del alma».
-2000 y tantísimos años después llegó a Chile con “Insectario” que obviamente pasó desapercibida. Mi sisterna y yo asistimos.

Técnicas de trabajo.
Dicen que en el trabajo de Toledo, resalta el modo obsesivo con que el interviene las texturas y los materiales, tales como la arena o el papel amate (el papel precolombino, hecho con corteza machacada del árbol llamado amatl o amate), así como la maestría con la que materializa su creación consiguen el efecto de que su obra parezca vibrar como si la criatura híbrida de animal y hombre, o el insecto, o la iguana, o cualquiera de sus seres tropicales pugnaran por cobrar vida real.

En la senda con Toledo.
Aquí viene lo bueno y lo que produjo el clic para no sentir, que no conmemorar otro grito de independencia, no era terrible.

Porque Toledo, transformado en un personaje en su natal Oaxaca, fundó el Instituto de Artes Gráficas (IAGO), que cuenta con el mayor acervo de obra gráfica de creadores internacionales y una completa biblioteca de arte, además de publicar El Alcaraván, una revista imprescindible en el mundo del grabado.

Promovió también la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), inaugurado en 1992 y ubicado en la denominada Casa de Cortés, el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo y el Museo de los Pintores, así como la restauración del emblemático monasterio agustino donde funciona ahora el Centro Cultural Santo Domingo. Con su biblioteca, rescató también las labores de encuadernación y cuidado de los libros.

Toledo creó en Etla, cerca de la ciudad de Oaxaca, un Taller de Papel de materiales orgánicos que da trabajo a la población y rescató parte de una factoría de hilados; en la ciudad, abrió un cine club gratuito, El Pochote, con muros recubiertos con sus bajorrelieves.

Al frente de la organización Pro-Oax, recupera ex conventos, logra canalizar y tratar aguas negras, o encabeza en la calle movimientos para defender las tradiciones y la comida oaxaqueñas.

Hace y hace sin parar, para su zona, su estado, su gente y es por ello que a raíz del terremoto, que como les conté afectó más que nada a Oaxaca, porque es un estado muy pobre, Toledo, persona de confianza en su región, ofreció su cuenta bancaria para recibir ayudas nacionales e internacionales, que realmente sirvan para tal y no como la de la esposa del gobernador, que del partido imperante por siempre jamás, uno solo en versión pendeja, podría confiar y creer que ese dinero será utilizado para comprar agua para los que no tienen, comida, ropa, materiales para reconstruir las casas.

En cambio Toledo sí es un personaje de fiar, por todo lo antes dicho, así que si como yo, no está ni ahí con festejar el grito, que tal si ese mismo dinerillo lo utilizamos en enviarlo a las manos necesitadas ¿Qué tal?
Aquí los datos:
Banco: BBVA Bancomer
Número de cuenta: 0110047112
Clave: 01260001100471123
Amigos del Instituto de Artes Graficas de Oaxaca y del Centro Fotográfico.

Así que si se anima, ya sabe.

Datología:
Qué: Reseña pintor y escultor mexicano, Francisco Toledo.

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2 Respuestas

  1. Andres Jose Vial Larrain dijo:

    Tu corazón es absolutamente mexicano ¿verdad?

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