SANFIC 13: “Nada pertenece a la memoria”, de Torres Leiva.

Por Colomba Orrego S.

En los últimos estertores de SANFIC 13, anoche me lancé a ver “Nada pertenece a la memoria”, documental de José Luis Torres Leiva, que trata sobre la vida de Pedro Chaskel, cineasta y montajista chileno -alemán.

Realmente un documental hermoso.
Desde que lo anunciaron en la programación del festival, tuve ganas de verlo. Me alegro de haberlo hecho, porque era pura poesía. Pedro Chaskel, un encanto de ser humano, lo encontré parecido -un poquito-, a Trotski.

Es que no sé ustedes, pero a mi me encantan los documentales. Me encanta el cine, pero con el documental me pasa algo particular, porque en esencia es muy difícil que toque uno malo, aburrido, tedioso, fome. Con todos los documentales, uno puede aprender algo.

Hubo un tiempo en el que pensé que mi fuente informativa era exclusivamente la TV, mi papá no estaba muy de acuerdo en ello y siempre me tildó de “Tevita tevé”, lo cual era una ofensa terrible. Y quizás tenía razón, pero sumé una cantidad de fantasías e irrealidades, muchas de las cuales hacen de mi la que soy, que no me arrepiento por las horas babeando frente a la pantallita.

Pero el cine, fue un elemento presente en la vida. Mi padre era un amante profeso de él y al igual que a Chaskel, en sus viejos tiempos, juventud, infancia, madurez, tenía por costumbre devorar los rotativos de los cines del centro. Pero no le gustaba ir solo. Entonces, primero se hacía acompañar por sus amigos, después las novias, mi madre y cuando nacimos nosotras, ella, se quedaba con la más pequeña y mi hermana mayor and me, nos transformábamos en sus compañeras. Compañeras de tres películas al hilo. De hecho recuerdo que “El Toro Salvaje” lo vi a los ocho años, fue una experiencia un tanto pertubadora, pero para eso estaban los sicologos (jajaja). Y a los doce, vi “Vestida para matar” y “El Exorcista”.

Y Pedro Chaskel, en el documental, contó que recién llegados a Santiago, vivían en el centro (1939) y que junto a su hermana mayor, iban al cine a ver los rotativos. Aquellos viejos tiempos hermosos, en el que si te gustaba, hasta podías repetirte los tres platos una vez más.

En los míos, cuando acompañaba a mi padre, no eran tan laxa la cosa, pero con las tres distintas historias, quedaba tan confundida, que para qué más.

Y en ese amor al cine, entran los documentales. Porque siento que con ellos, el espectador forja un lazo mucho más intenso con la historia. Será eso de historias reales, casi en tiempo real. A saber.

De hecho estoy segura que mucho de lo que sé, se lo debo al cine, al documental y a la literatura.

Y en este constante aprendizaje, surge “Nada pertenece a la memoria”, sumé dos detalles. Cuando vayan a verlo a lo mejor les pasa igual que a mi, o quizás ya lo sabían de antemano. El primer aprendizaje que me aportó el director del documental, José Luis Torres Leiva, son los por qué le puso ese nombre, título, tan sugerente y poético y que fue por las lecturas que estaba haciendo, de Wislawa Szymborska, que es una poeta y ensayista, polaca, que se ganó el Premio Nobel de Literatura en 1996 y tiene un poema en particular que dice así: “Todo es mío y nada me pertenece, nada pertenece a la memoria, todo es mío mientras lo contemplo”. ¿A poco no es hermoso?

Pues con ese poema y pensando en muchas cosas, es que Torres Leiva, decidió hacer este documental sobre Pedro Chaskel, en una forma de homenaje, porque como según dijo anoche: “Chaskel, pertenece a esa generación de artistas, cineastas, que la historia no permitió tuvieran un tiempo y un espacio, debido a que los procesos sociales arrasaron con ellos, trastocándoles sus vidas y profesiones”…

Y así los aprendizajes a por este documental, siguieron sumándose, todo gracias a Torres Leiva. Como por ejemplo que Pedro Chaskel, nació en Alemania y junto a sus padres y hermanos, llegó a Chile en 1939, país en el que se nacionalizó en 1952. Que fue uno de los fundadores, de la mítica revista de cine “Séptimo Arte”.

Que vivió en Chile hasta el golpe militar de 1973, para después exiliarse en compañía de su mujer e hijos, en Cuba, donde permaneció durante diez años. De esa época terminan de montar junto a otros amigos, “La batalla de Chile”, de Patricio Guzmán. En el plano personal – profesional, realiza el que será uno de sus documentales más conmovedores sobre el exilio chileno: “Los ojos como mi papá”. Además de “Una foto recorre el mundo”, donde reflexiona sobre el significado emblemático de la célebre foto que Korda, sobre el Che Guevara.

También tenía mis dudas sobre si era cineasta, fotografo, montajista, o qué. Ahora sé que es un poco realizador y otro tanto montajista. Que sus primeros trabajos como montajistas los hizo para Naun Kramarenco, en “Tres miradas a la calle” (1958) y “Deja que los perros ladren (1960).

Sus primeros documentales: “Aquí vivieron” y “Érase una vez” correalizados entre 1962 y 1965 junto a Héctor Ríos (dirección de fotografía), con quien establece además de una amistad, una fructífera colaboración. “Testimonio” y “Venceremos”, definen la fuerte connotación social y política de la mayor parte de su trabajo posterior.

Y mientras tanto, desde la sala del cine, en medio de la penumbrosa oscuridad, en esa magia divina de estar solo y a la vez rodeado de otros, en nuestra calidad de espectadores, miramos hacia la pantalla y vemos a un hombre mayor, canoso, un tanto arrugado, con lentes. Pedro Chaskel, adulto, conversando con dos mujeres: Andrea Chignoli (montajista) y Catalina Donoso (académica de la U. de Chile), quienes le van haciendo preguntas y dialogando en torno a su vida personal y cómo llegó al cine.

Él amable, cálido, encantador, con una soltura que el espectador no sabe si entre ellos hay una complicidad antigua, o bien a Chaskel le gusta la conversación. Porque en ese diálogo se respira un relajo, una tranquilidad, que traspasa la pantalla hasta hacer sentir al que observa, uno más en esa reunión.

Como es documental, buenas son las imágenes para aliñar el diálogo y permitir al observante, ígnoro, adentrarse en los trabajos realizados por Chaskel. Entre trabajos, ideas, historias, pensamientos, recuerdos de niñez, como cuando iba al cine con su hermana a ver “Dumbo”, o cómo fueron definiéndose sus gustos hasta hacerlo realizador y montajista, el documental transcurre.

En la soltura de esa conversación, Chaskel, contó sobre “su técnica”, a la hora de trabajar en documental. Y lo que él considera como “las herramientas” para que una secuencia realmente tenga ese carácter y que consiste, en que al filmar el objeto (persona), éste en algún momento debe mirar a cámara, con la curiosidad que cualquiera al verse enfrentado a esa situación, haría. De no ser así, facilmente podría caerse en la la manipulación de la escena y perder credibilidad.

En lo personal, de lo poco y nada que conocía de Chaskel, fue a través de los programas que emitía Canal 13: “Al sur del mundo”, junto a Francisco Gedda. En el docu, me enteré que también trabajo junto a Pablo Salas y otros cineastas, durante la dictadura, denunciando lo que pasaba. Y todo eso adaptándose a los nuevos tiempos tecnológicos, ya que lo hacían en formato vídeo. De esa época surge: “Somos más” (1985) y “Por la vida e imágenes de un primero de mayo” (1989).

“Nada pertenece a la memoria” se disfruta en silencio y con avidez. Una tan grande que al llegar a termino, que las luces se prendan y automáticamente saques el celular para ver la hora, constataras que tanta vida, de persona más amorosa que Chaskel, transcurrió en tan solo una hora. Si eso no es capacidad de síntesis (montaje) ¿qué lo será?

O sea pura poesía de principio a fin y es por ello, que si usted tras leer este comentario quiere verle, bueno, quiero decirle que no hay más funciones en SANFIC 13, pero como estaba en la sección “función especial”, es decir, fuera de la competencia del festival, le prometo lo que quiera (no se pase tampoco), que prontamente será estrenado en cines. Y si no, verá que en octubre o noviembre, estoy de vuelta anunciándoles el advenimiento de FIDOCS (festival internacional de documentales de Santiago), donde seguramente “Nada pertenece a la memoria” estará presente y ojalá se lleve todos los premios, porque habrán entendido, se los merece más que bien.
O sea, esta historia tiene secuela.

Datología:
Qué: Comentario cinematográfico de “Nada pertenece a la memoria”, documental de Torres Leiva.

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