Cinta “La cordillera” abre el SANFIC 13.

Por Colomba Orrego S.

Anoche tuvimos el honor, la directora de Hoy en Santiago, Javiera Moraga, and me, de ser invitadas a la avant premiere de la cinta argentina, “La cordillera”, del cineasta Santiago Mitre y por tanto a la inauguración del Santiago Festival Internacional de Cine, SANFIC, en su versión número 13. Que se realizó en Allende la cordillera casi, la sede oficial del festival, CORPARTES, un espacio cultural realmente impresionante por lo bueno, grande, en cuanto a la arquitectura del edificio me inclino más por las fachadas art decó o barrocas, que estas que son, con todo respeto como cajas de zapatos, con ventanitas.

Pero lo bueno es que esta edificación en su majestuosidad cuenta con varios pisos, salas, una en particular, donde veríamos la cinta, climatizadas, donde casi me quedo a vivir de lo agradable que era. Digamos que en materias de producción SANFIC 13, una maravilla, que fue un gran acierto el lugar elegido, por la amplitud de espacios, porque funcionó todo muy bien, se notaba un equipo compartimentado trabajando por una misma causa y con la mayor amabilidad para quienes asistíamos al evento, sumado al plus de la calefacción de la sala, toda esta amabilidad aligeró considerablemente el hecho de enfrentarnos a una mala película.

Es por eso que parto por lo bueno, en ramillete de flores, porque si bien he asistido a muchos festivales de cine, jamás lo había hecho a una inauguración y para ser la primera vez, me quedo con un agradable sabor de boca, porque con Javiera, nos sentimos muy “regaloneadas”, porque todos sonreían, nos preguntaban si estábamos cómodas, nos invitaron a entrar de las primeras a la sala. Se pasó el SANFIC 13, con todo su “equipo”, desde Carlos Muñoz, que es con quien me relacionó, hasta todos.

En materias de pasemos la tijera, debo decir que dentro del ítem “asistentes”, ocurre aquello que hay quienes no entienden la esencia de un festival de cine, internacional ya, pero o sea y con todo cariño, no le pongan tanta crema a los tacos, porque no somos San Sebastián, ni el Oso de Berlín. Los premios que suma SANFIC, bienvenidos todos, dirán los cineastas, pero no marcan un antes y un después en el mundo cinéfilo, seamos sinceros.

Pero bueno, será que lamentablemente nuestro publico está determinado por el aspiracionismo y el vacio de identidad, pero qué vamos hacer…si estamos imposibilitados de ser nacion. Entonoces, ahí podríamos comprender aquella hambre desbocada por figurar, aparecer, paparazzearse. Y por tal, gastar el alma y la vida, por vestir unos atuendos que la verdad dejan perplejo al que los mira pasar, porque somos y estamos donde mismo, no nos elevamos, ni llegamos volando a Hollywood, estamos en la ciudad capital y ya.

Es una función de cine, es el avant premiere del festival, es la inauguración de SANFIC 13, todo bien. La invitación decía “semiformal” y la mayoría del público, realmente tienen déficit atencional porque el “semi” no lo leyeron e iban con unas tenidas, que si usaran el money para donaciones, podríamos reforestar de árboles nativos la nación, o toneladas de alimentos para las protectoras de animales, algunas ideas que cruzan mi mente. Pero no, ahí estaban hombres, mujeres, desfilando en una sala, no pasarela, sin alfombra, ni roja, ni verde, piso flotante más bien, pero ellos creyeron verla y vamos que se la tomaron.

Y es que ustedes perdonaran, pero para mi que me considero una grupi del cine, que amo ir a los festivales a ver películas, admirar, soñar, ensoñar, con el cine de afuera, de dentro, en cantidades exorbitantes y que asisti a las primeras versiones de SANFIC, cuando era más sencillo, como que me apanica un poco todo este confort actual.

Otro contra que tiene esto de los avant premiere, inauguraciones y tales, es que pese a que te exigen llegar “puntual”, ellos con esa palabra se peinan y lavan los dientes. Porque en mi esencia TOC, si me dicen que a las 18:30 comenzará, quiero que así sea y no que dos horas después todavía estoy escuchando al Pepón que quiere decir algo y mandar saludos a su mamá. En eso debo agradecer la compañía de Javiera Moraga, quien es toda paz y tranquilidad, alegría y relajo versus yo.

“La película La Cordillera”.
Ya, no le pondré más crema al taco y echaré juera lo que traigo atorado.
Haciendo historia, les contaré que por cosas de la vida, gratuita, que son las mejores, tuve a bien ver la ópera prima de Santiago Mitre: “El estudiante”, allá por 2011, en el BAFICI, que es el festival de cine de Buenos Aires. Y me gustó mucho, tenía ritmo, era interesante lo que la historia contaba y para el placer ocular, el protagonista de la cinta, era el ahora famosísimo a nivel porteño, de “Esteban Lamothe”, un hombre realmente precioso, guapo, hermoso y que además actúa bastante bien.

Años después dígase 2016, me tocó ver su tercera cinta, “La Patota”, que es un remake de la original que se realizó en 1960. Que lamentablemente como con “La Cordillera”, no me gustó nada, nadita, nada. Más allá de varios temas, creo que el “pero” fundamental, es la elección del director por su actriz protagónica, Dolores Fonzi, que tiene el pequeño tema que no sabe actuar. Es fríamente inexpresiva.

El otro pero que sumó mi aversión, al cine de Mitre, es esa fijación muy fija que tiene para hablar de la posición contraria, con una tajantes casi molesta. Porque no sé si sabrán, pero Argentina y Chile, tenemos un elemento en común, que es un defecto más bien y que radica en aquella cosa de las clases sociales, los apellidos y el lugar que en versión pedigree, te posicionan aquí o allá.

Por lo que Mitre, con su apellido, si buscan descubrirán, pertenece a la rancia pituquería argentina bonaerense. Es decir, conservadora, dueña de medios, casualmente el diario La Nación, por tal de derecha. Y desde esa vereda, en versión cinematográfica, Santiago Mitre, haciéndose el cucho pero después de “La cordillera”, ya no será tanto, le gusta críticar la paja atorada en el ojo del contrincante.

Porque tanto en “El estudiante” como “En la patota” , se dio festín ridiculizando, lo que para él es la forma de vida de la izquierda argentina, la forma en que convive la sociedad que es abiertamente política, particularmente la “Peronista” y bueno claro, “el clan Kirchner”. Cada quien su cada cual, es cine, estos jóvenes realizadores dicen que no están ni ahí con la política, acá en Chile tenemos un Larraín, en las mismas condiciones, pero que para no importarles “la política”, en vez de hablar de su mundo, de su vereda, como por ejemplo la legitimación de la Concertación en NO y la vulgarización de las organizaciones revolucionarias en la misma… ahí sí que se suman los puntos suspensivos ¿verdad?
(Gracias Bosco González, por todos los aportes entregados)!!!

Y en “La cordillera”, Santiago Mitre, decidió que él también podía entregar una mirada sobre cómo el mundo latinoamericano la están cagando, cuáles son sus bemoles y aciertos y quizás, ahí se las debo, hasta envió algunas soluciones. Obvio que todo en un tono muy cool, mucha buena onda, donde lo que la lleva es hacer alianzas. Que América Latina se una y seamos todos uno mismo. Pero…”hey” atento con algo…..los que la llevamos por delante y detrás, somos ¿quiénes?“los argentinos”. ¿quién hace los arreglines? El Presidente Blanco pues.

Es aquí donde aparece en escena, Ricardo Darín, quien interpreta al Presidente de la Argentina, Hernán Blanco.
Lo curioso es la Argentina que muestra Mitre, que pareciera estar en una realidad paralela, ya que uno no logra identificar ni a un posible Macri, ni a un Néstor Kirchner, menos da perfil para un Menem.
El seudo meollo del asunto es que suena y resuena un clamor, a nivel internacional y qué decir nacional, que susurra que éste Presidente más bien es el “Presidente Fantasma”, porque pesa menos que una pluma, porque su voz no se escucha, porque supuestamente aran el piso, los prados, todo, con él y su nariz de pelícano.

Y sin embargo, él se mantiene estoico, firme haciendo política, llevando las riendas de un país en compañía de su círculo intimo, en el que no entra el Ministro de Relaciones Exteriores, curiosamente. Y a esa historia en desarrollo, le sumamos que el Presidente Blanco, es un ser humano muy humano, que se desvive por su hija, la cual no está pasándola bien y por tal, él que debe asistir a la cumbre de países por el tema energético, se empeña en que ella lo acompañe.

La cumbre es en Chile, específicamente en algún resort en “La cordillera”. Un lugar entre medio de la nada, pero en suelo chileno. De hecho quien dirige el encuentro, es nada menos que la versión moderna de Bachelet, que ídem pesa menos que un naipe, porque su función en el conciliábulo, es la de la secretaria que dicta, corrige y da la palabra a esos hombres, dueños de América Latina y quienes están tomando decisiones estratégicas mayores.

Esos son los dos pilares que constituyen “La cordillera”. En lo personal, confieso que no encuentro, como ya dije, buena actriz a Dolores Fonzi, el problema es que su rol es protagónico y pese a que es una mujer muy linda, carita de muñeca, pero a veces hasta las bellas más hermosas, son más impávidas y frías que una taza y con el problemita que si no emites, el espectador no recibe y entonces qué hacemos. Y a veces cuando un protagonista no cuaja, a menos que el otro haga una labor extra, puede suceder, que el undimiento sea una alarma constante.

Por suerte para estos casos extraños, en que actúan quienes no saben, existen los salvavidas conocidos como “buenos actores” y el nunca bien ponderado, “elenco secundario”. El primero es Darín y los segundos, a destacar Erika Rivas, Gerardo Romano, que serán los encargados de remar y remar durante toda la cinta, intentando no naufragar a costa de Fonzi.

El pero es que esta cinta, además de contar con una protagonista que no pesa, carece de principio a fin de ritmo. Quizás a causa que la historia no está muy clara, no se entiende mucho qué vertiente decidirá ahondar más, si la del drama familiar, con un poco de suspenso o el suspenso de la política energética a nivel latinoamericano.

Una pena porque el cine argentino, generalmente es muy bueno, al menos de lo que he visto. Porque ni Darín, ni el resto del reparto, lograron salvar lo que no se sostenía. Ya que la historia no logra definir un camino y tantea con las posibilidades antes mencionadas, pero sólo tantea. Como que en realidad eso de llevarse a la hija a la cumbre, es un pie forzado de la historia, digo yo. Como que hay tan poca conexión en esa historia, que uno, o yo al menos, no tenía muchas ganas en desentrañar el supuesto misterio familiar, porque eso requeriría de tiempo, es decir, alargue de la historia, y la verdad creo que todos los espectadores, queríamos que la cordillera se derritiera y evacuaran y se fueran cada uno a su casa.

Otro cosa, ahora que lo pienso, me pregunto si no habrá sido un apropósito para demostrar que somos unos sudacas de aquellos, que hay una escena crucial de la película, en la que el Presidente Blanco (Darin), se reúne con un enviado del Presidente de Estados Unidos, interpretado por Christian Slater, no sabemos si de mano de Trump u Obama, pero final de cuentos macucos y cizañeros en todas sus versiones, realizan una cita secreta este enviado de USA con el Presidente de Argentina, para negociar el tema energético y ahí uno piensa que quizás, extrañamente Blanco sea una versión de Macri, extraño porque Mitre, debe ser de ese equipo, obviamente. Bueno supongamos que esa reunión haya sido la enervadura del meollo del asunto, pues que si no sabias inglés cagabas. Porque la cinta que tenía subtítulos en inglés para los turistas norteamericanos, cuando estos dos personajes deciden hablar por 15 minutos en inglés, misteriosamente los subtítulos en español, desaparecieron. Y hasta donde sé, estabamos en Chile que se habla español ¿no?

De lo bueno que comentaré de “La cordillera”, está la fotografía, no soy muy aplicada en términos técnicos pero para mí, es la posibilidad de ver esos espacios ya sea aéreos de la carretera, de la cordillera rodeándolo todo, quizás para algunos la sensación de opresión de estar dentro de estas impresionantes montañas, sí de poder ver hasta donde el horizonte se pierde en hectáreas de blancura, de nieve. Y el otro gran plus, la banda sonora, buenísima. Aquella que te invita a que te quedes, tentándote porque quizás, ese ritmo sinuoso como sendero, abre la posibilidad de la llegada de un misterio, peligro, quizás de una trama concisa. Pero no se ilusionen, porque no llega jamás.

Ustedes perdonarán este festival de “peros”, sólo puedo decir que estoy demudada, nunca me había pasado de ver una cinta tan mala. Estoy en shock. Y quiero decir también que este comentario negativo, representa al menos al grupo de amigos que nos dimos cita ayer, que éramos más que diez y juraría que divisé a un argentino –en particular-, no te echaré al agua Diego (jajajaja), quien casi ocultó su origen.

Estos sinceros espectadores and me, concluimos a coro, que la cinta era desconcertante, rara, soberbia. Porque sin contarles el final, les diré que la premisa simplona sería que “nada es lo que parece” y el Presidente que menos pesa, puede llegar a ser como Diego Portales, quien tirando de la cuerda, sentadote en su sillón, podría hacer temblar al mundo entero -si quisiera- y de paso, sin pestañar, rebanar algunas cabezas, al más puro estilo de la revolución francesa.

Horas después, en el silencio de la noche, antes de quedarme dormida, pensé en eso que no se debe hacer, porque la esencia del cine, el guión – historia, los personajes, la escenografía, banda sonora, fotografía, tienen que emitir comunicados en el acto, no después, no horas después. O al menos, horas después dejarte pensando sobre todo aquello que te llegó, pegó, removió.

Pero no, necia yo que no soy cabezona, que odio aborrezco encontrarle seis patas a quien sólo tiene cuatro, hice tronar las neuronas y de pronto pensé: “Y si Santiago Mitre, rebuscadamente intentó hacer una analogía, honor y gloria, entre el loco que va potenciándose, en “El resplandor” de Kubrick y este Presidente Blanco, anodino, insulso, simplón. Y casualmente usar como escenario, la cordillera, el frío, el estar en un lugar sin lugar, sin domicilio, en un tiempo sin fecha, en una realidad paralela, sin norte ni sur”. Lo que se me escapa y no sé cómo agarrar es la excusa de “la cumbre de los países latinoamericanos” en la temática caguemos al mundo al son energético.

Pero qué tal si les chuteo la pelota, es decir, los invito a que vayan a verla, pese a todo lo antes comentado y que saquen sus conclusiones y después hacemos un “compacto”… ¿Qué dicen?

Datología:
Qué: Comentario de cine de “La Cordillera”, de Santiago Mitre.

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