“Cuatro Bocas”: Resto y Bar.

Por Colomba Orrego Sánchez.

Cada que pasaba por fuera del restaurante “Cuatro Bocas”, pensaba a ¿qué se debería el nombre? A ¿una tragadera de a cuatro? De “con el hambre” ¿te surgen cuatro bocas? O sea ¿comes, como y por cuatro? A saber.

Y en realidad un poco fisgoneando, ya fuera caminando por la vereda del frente, por la muralla que lo separa de la calle, hay que decir que la observación permite inducir, que al local lo visita en su mayoría publico juvenil, especialmente femenino y si especificamos todavía más: gente más de empinar el codo, que de buen comer. Entonces quizás mientras ellas hacen “glu glu”, los novios, amigos, se comen hasta los manteles.

Y llegó el día en el que lo conocí. Primer dato nada despreciable, es que el espacio es amplio, seguro, sólido, cálido, confortable. Ya que me tocó ir aquel viernes, hace ya algún tiempo, en el que la lluvia derribó árboles (que nadie regó), las calles se anegaron (que raro), algo parecido a quedar la mansa… sumado a que los vientos hicieron de las suyas y bajo cualquier techo, parecía que ése, dejaría de estar ahí y se pondría a viajar. En cambio, en “Cuatro bocas”, si bien se escuchaba, veía y sentía el vendaval por todas partes, los que nos guarecimos bajo él, salimos ilesos la velada completa. Onda como estar en una isla aparte, a la que no le influía en lo absoluto, lo que afuera ocurría.

¿Dónde queda Cuatro bocas?
Ubicado en la avenida Manuel Montt 983, dígase entre Alberto Decombe y Alférez Real, el restaurante está instalado en un caserón que desde hace como seis años, se dedica al rubro alimentos.
Ya que la casa, diremos caserón, porque que nadie le quita los dos pisos que posee y que es tan amplia que tiene tamaño para cobijar tanto una entrada por Manuel Montt, como una salida (de autos) y jardín que alguna vez fue frondoso por la calle del costado en Alberto Decombe.

Casa o caserón de las pocas que todavía encuentras en Providencia, demolida por la fascinación en construcción de horribles edificios, que asi en la más “la ruta de la destrucción” es la que viajas por Manuel Montt ya fuere hacia Providencia o con rumbo a Irarrázabal. Aquellas inexistentes casas, de dos pisos, con terraza amplia en el segundo, antejardín, rodeado por los muros y rejas protegiendo la propiedad. Y además un gran patio interior. Que en el caso de este caserón, más o menos se vislumbra un esplendor olvidado.

El asunto es que “Cuatro bocas”, habita esa casa, desde hace como un año. En su antejardín sólo queda el tronco “mocho” de lo que fuera un “caqui”, hoy rodeado de mesas, sillas y sombrillas pa los días de sol. El patio interior por el costado de calle Alberto Decombe y la terraza del segundo piso, fueron enjaulados en esas maderas que forman, en vez de barrotes, rombos. Y sin embargo y pese a las perdidas de vegetación, la casa sigue en pie, conservando, pese a las nuevas decoraciones, su esencia de casa grande, robusta.

Y en el tema del decorado, vuelvo a internarme en el restaurante, ya que como les digo el nombre no evoca, nada que uno mire, lea y diga “ah, claro”. Pues bien, la decoración de espacios, internos, tampoco da respuesta al por qué del nombre del local.

Obvio que hay mucha decoración. En su interior, los muros fueron recubiertos con maderas, tablas angostas pero gruesas, de color desteñido casi blanco, como los que rodean los baños sauna. Supongo, intentando dar un aire a “cabaña” playera quizás. Sumado a que por donde mires, ya sea colgando, sobre mesas, repisas, estantes, encontrarás macetas metálicas, con suculentas de los más diversos tipos.

Los baños, no son amplios, en materia de WC, sentada, con las rodillas topas la puerta ¿o será que soy muy alta y larga de piernas? El lavamanos muy estiloso, de fuente de vidrio y las llaves, en color cobre o de cobre, simulando a las antiguas, aquellas que al tomarlas, tus dedos se entrelazan con ella y sin poder evitarlo, evoco las idems, que atrapaban dedos, mano, muñeca, brazo, persona, en las películas de “Freddy Krugger”, pero esa caída de carné, es materia de otra historia.

La cocina de Cuatro Bocas.
En temas culinarios, que finalmente es lo que me trae hasta aquí, hay que decir que lo que se ofrece, como el “enganche”, es que Cuatro bocas, es un antes y un después en materia de “albóndigas”. Sí, pero éjale, no arranque vegano, vegetariano, que en este restaurante, la idea es dar placer a tod@s sus comensales.

Mas que mal, sin ofender a nadie, las albóndigas, vendrían siendo una suerte de “hamburguesas”, pero enanas y más redondas ¿Qué no? una reducción de materia prima, digamos. Aquello de “como te ven te tratan” también corre para la comida pues que nunca será lo mismo una presentación magra, sutil, fusión, aunque si me preguntan, no veo fealdad en la cantidad, el chiste, gracia, está en saber acomodarlos, presentarlos, de forma prolija, estéticamente hermoseados, pero nadie me preguntó.

Y es así como en Cuatro Bocas, podrás deleitarte con albóndigas de salmón crudo, crocante quínoa, idems garbanzo, barbacoa de res, pollo al sésamo, prieta con nueces, como dije “para todo tipo de comensal”.

Y cuando pensábamos que jamás entenderíamos por qué el título, cuando la comida llegó a la mesa, lo supimos. “Cuatro bocas” cuatro bolas, cuatro albóndigas, para comer.

Los acompañantes, para la variedad de albóndigas, pueden bailar con las albóndigas, al son de un valle verde “era mi prado”, o sino dentro de pan en versión sándwich, tanto en versión caliente o al tiempo, acompañadas de papas fritas, yuca, zapallo cocido, con o sin rodajas de cebollín.

Existe una especie de degustación, o entrada, con la que puede darse una idea de qué va la cosa, lo que sí, es que es bastante poca la cantidad de productos y en cambio el precio es bien grande. Por lo que le aconsejo, que ya que está ahí, mejor vaya directo al plato de fondo y sin son varios los visitantes, cada uno elige algo diferente y se lo convidan, es variado y sale más a cuenta. Más que mal ante la definición: carnívoro versus veggis o vegetarianos, las elecciones están más claritas que echar agua ¿Qué no?

Que para el caso, si es de las o los, que comen como pajaritos, les diré que ningún plato es para salir gateando o en ambulancia, son módicos pero satisfactorios, pero como para ser engullidos de cena, ya que pienso en mi, a la hora del lunch, de un día no laboral, creo que quedaría con hambre y mataría a quien se me cruce.

El día en cuestión que fui, lo hice en masa, todos estábamos con frío (por la lluvia), hambre y ganas de empinar el codo. Así que pensando con el colmillo erramos y pedimos la entrada y después cada uno, una salida de plato de fondo. Por eso la experiencia, ya que en realidad a la entrada deberían rebautizarla como “XLmagra” no por lo sana, sino por lo poca.

La masa y yo, pedimos todas las variedades habidas y por tener que en “Cuatro Bocas” había. El burro aunque vaya por detrás, o sea yo, pidió crocantes de quínoa en verde era mi prado de lechugas, palta, salsa para aliñar, todo soberbiamente delixius, no quedó nada, casi le pase la lengua al plato y el dedo, con seguridad, a la botellita que contenía el aderezo. Del resto, todos contentos entre albóndigas de garbanzo, crudo de salmón. Lo fome fue que andábamos todos de un sano, que sólo vimos lechugas, pasto, pasto, un poco de palta, algunos platos con pan pita tiesos, otros con unos crutones semi grandes.

Empinamos el codo al son de un Souvingnon Blanc, que nos quedó corto, pero era tan caro el condenado ($13.000) que con la lengua de fuera, tuvimos que comérnosla o bien invitarnos a lavarla, hacerla nadar, al son de lavamanos del baño. Porque hay que decir, que estos comistrajos son de un salado, que no sala, pero las consecuencias salen a flote, al más puro estoy Murphy, cuando el líquido vital se agota y la comida todavía no y uno necesitado de poner a remojar la lengua.

Y aunque en otras circunstancias puede que hubiésemos pasado, en esta ocasión, le entramos también al postre. Que ahí también pal futuro les advierto, a menos que quieran morir de coma diabético, no pidan por motivo alguno el “volcán de chocolate”, es tremendo. Pero no de bueno, sino de azucarado y no estoy muy segura que el chocolate sea de buena familia, estoy a un “chas” de sospechar que era “Milo”. En cambio, por suerte también sumamos a un algo similar a un kuchen o strudel de manzana, que estaba poético, con una bola de helado de vainilla, de la buena, que combinaba, sumaba y deleitaba a placer.

La atención de los meseros, tengo que decirlo, regúleque, pero solo puedo hablar por el que nos tocó, que no sé si era primerizo o así se quedará por siempre jamás. Ya que adolecía de un detalle, que una que sí fue mesera, sabe que no puede pasar de largo: jamás olvides a tu mesa, no la dejes llena de platos sucios, no les pierdas de vista que tengan cubiertos, servilletas (si no hay servilletero), cambiar cubiertos de una comida a la otra.

Y eso que nunca he sido adepta del Manuel de Carreño y sin embargo, a la hora de atender a mis comensales, ese tipo de detalles, nunca se me pasa por alto.

Mientras que aquí nos abandonaron todo el rato. Igual no se puede negar que nos sirvieron rápido, el problema fue que una vez que teníamos todos los comistrajos en la mesa, nuestro problema fue saber qué hacer con lo limpio de lo sucio. Final de cuentas y pese a todo y sumado a todo, lo recomiendo con todas las advertencias hechas y tengan por seguro, que volveré.

Datología:
Qué: Resto y Bar Cuatro Bocas.
Dónde: Manuel Montt 983, Providencia.
Horario: De lunes a jueves – De 12:00 a 15:00 y de 18:00 a 00:00 – viernes y sábado De 12:00 a 15:00 y de 18:00 a 01:00

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