Las novelas de Kate Morton.

Por Colomba r.a.

A Kate Morton llegué por mi madre, buscadora inagotable de lecturas varias.
Ella la encontró navegando por la internet, donde descubrió un portal español que se dedica a comentar todo en materias literarias.

Mi madre no llegó a probar las bondades de Amazon, porque creo que nos hubiéramos arruinado. Pero, en cambio, paciente como nadie, aguardó a que esos libros elegidos llegaran a Argentina, cosa que cuando yo viajara se los trajera. O esperó un añito más a que llegaran, con suerte, a Chile. Lo bueno de Argentina es que allá los libros siempre han sido baratos, así que cuando viajaba traía un baúl casi repleto de l@s autor@s por quienes tanto esperó.

Y así encontró a Kate Morton. Y yo también.
De su biografía puedo contarles que creció en las montañas del sudeste en Queensland, Australia. Posee títulos académicos en arte dramático y literatura inglesa; candidata doctoral en la Universidad de Queensland.
Está casada, con dos hijos y vive en Brisbane.
Su primera novela fue La casa Riverton, pese a que a Chile llegó primero El jardín olvidado.

La casa Riverton fue publicada con bombos y trompetas en 34 países, alcanzando el número uno en muchos de ellos y lleva vendidos más de 1,6 millones de ejemplares en todo el mundo. Después vino El jardín olvidado, su segunda novela que ya ha vendido más de 2,5 millones de ejemplares. También, para los interesados, esto daría por conclusión que está bastante forrada en verdes. Pero eso a quién le importa, ¿no?

Con Morton nos pasó una cosa muy simpática y llena de nostalgias, ya que ella es más o menos de mi generación y de la de mi sisterna Manuela y, por lo tanto, aunque sea en versión australiana, debió tener unos abuelos como los nuestros, que educaron a sus papás como para que se parecieran a los míos (jajaja). Porque en las entrevistas que le leí, cuenta que sus lecturas infantiles y adolescentes son casi en un 90 por ciento las mismas que nosotros leímos: muchas inglesas, algunas australianas, otras españolas, aventuras en su mayoría, de chicos y chicas. En particular recuerdo “Las aventuras de los cinco”, de Enyd Blyton, o “Esther y su mundo”, de Philip Douglas.

Y justamente, en esa larga espera a que llegaran hasta sus manos los libros de Kate Morton, fue que mi madre nos contó de estos parecidos. Un dato un tanto curioso, pensando en que vivimos en continentes distintos y, por ende, con historias diversas. Pero sumábamos un punto en común, sin lugar a dudas: el tipo de padres que nos gastábamos.

Y cuando sus libros finalmente llegaron a Chile, el primero fue “El jardín olvidado”. Y la verdad es que sentimos que, tanto Kate Morton como su novela, eran la llegada de una prima lejana, que venía a conocernos y a quedarse una temporada en casa y que, por supuesto, todas queríamos conocerla, saber de ella.

Obvio que el turno primero para adentrarse en esos nuevos horizontes fue mi madre. Después me tocó a mí y, bueno, la lista era bastante larga.

Debo confesar que me encantó.
Me encantaron y me encantan todos y cada uno de sus libros, sus historias, sus formas narrativas. Con todas sus novelas he quedado embobada, de mencionarlos en mi diario de vida (que íntimo my dog), hacer comentarios con los amigos y hasta publicar de ellos en mis blogs.

Seguramente no estamos ante una de las grandes obras de la literatura universal. No sé si para bien o para mal, son lecturas de fácil atrapar, encantamiento asegurado, inolvidables. Creo que a menos que seas de una pereza médica, es imposible que quieras hacer otra cosa que no sea leerlas. Sé que dista años luz de Dostoievski, Tolstoi o Dumas. Tampoco es García Márquez. Es simplemente una mujer, escritora, australiana, que tiene dedos para tomar la pluma, ponerla sobre las páginas y largar, soltar, hacer brotar palabras, frases, párrafos que cuentan y cuentan historias. E historias que tienen ingredientes que, al menos a mujeres en un rango de 18 a 78 años, atrapan.

Si tuviéramos que acomodar a Kate Morton en alguno de los rankings literarios, sé con seguridad que no estaría en las lectura de WC, que tras tirar la cadena se olvidan; tampoco es lectura para sesudos; ni para los que buscan la problemática más que la entretención, que andan intentando salvar al mundo, aunque a final de cuentas elaboran fórmulas para descifrar por qué el cangrejo camina hacia atrás.

Kate Morton deja contento a lectores que quieren leer y en esa lectura meterse, adentrarse, viajar en una historia que los transporte a otros rincones, sensaciones, emociones. A mí me gusta por esos detalles y, además, porque cuenta con el detalle de la descripción detallada que permite que eches a volar la imaginación y armes, evoques sitios, países, épocas, que no conocerás ni intentándolo.

En lo personal, no soy de las que le gustan “todos” los libros.
Por el contrario, soy difícil de agarrar, mañosa, maniática, no sé cómo titularme, pero tengo varias ideas al respecto. Y cuando sucede, cuando ocurre que un autor o autora, su narración, me atrapa, me gusta, ahhh ahí sí que se armó fiesta, porque devoraré todo lo que de ella o él exista sobre la faz de la tierra.

Aunque no venga al caso la comparación, es lo que me pasa con la ropa. Me carga ir y a probarme, comprarme. Entonces, cuando encuentro una polera, un pantalón, que me queda y me gusta su forma y color, los compro en serie, en cantidades para hartos años.

Confieso que me he dado vueltas con esto de la lectura, sobre si será bueno leer “cualquier cosa”; y todavía estoy pensándolo, reflexionándolo. Pero aparecen algunos que detesto y que me molesta cuando veo a las personas leyéndolos, como los de auto ayuda. Cómo explicarle a esa señora, joven, anciana, que la única ayuda posible es cuando dejas atrás esos libros. Pero leer, ojalá historias, ojalá algo que deje tiritando tu mente, las neuronas, las emociones, creo que es lo importante, ¿no?

Las lecturas debieran permitirnos desarrollar la imaginación, salir del metro cuadrado que puede ser nuestras vidas, volar hasta otros espacios más amplios, hermosos, rodeados de montañas, árboles, mares, parques, campo. O viajar a otros tiempos, a ciudades lejanas que no podríamos conocer en vivo aunque quisiéramos. Todos esos lugares que quizás sólo podamos conocer a través de la lectura. Y con el plus de que puedes ir, volver, recorrer cuantas veces lo necesites. Como me pasó al leer “La guerra y la paz”, cuando sentí realmente que viajé a Rusia, “mi” amada Rusia, que después sería la URSS. Por la Rusia que tanto amo a través de Tolstoi pude pasearme por esos majestuosos caserones, amé locamente a André Bolkovsy y sumé una imagen de esos parajes nevados, que nadie más que mi imaginación y yo atesoramos.

Y así pasa con Kate Morton.
No será cinco estrellas, pero lo que brilla transporta hacia espacios desconocidos y tan bien descritos. Porque hay que decir que Morton tiene dedos para la pluma y la descripción, para que uno que no conoce tanto pueda imaginar, construir casas, ventanales con vistas a lagos, días de lluvia, momentos de tranquilidad plena mientras camina por la arena y siente el polvo caliente bajo los pies. Para mí, esa es la lectura que suma y, obvio, la que también adhiere conocimientos, reflexiones, aprendizajes. Pero, para comenzar a pedir, vamos por partes, ¿no?

Y es que mucho de este comentario literario, aunque no lo quiera aceptar, tiene por misión exorcizar y alejar de mi mente para siempre jamás, a una mala persona que años atrás hizo un comentario de lo más hiriente sobre mis lecturas literarias. Y pensar que todo comenzó porque amablemente le estaba aconsejando que leyera a Kate Morton, nada menos y nada más que como lectura de verano, porque es realmente muy buena y entretenida. Pero esa persona, que se sentiría muy inteligente y quizás hasta intelectual, aunque a mi parecer no le da más que pa quedarse en el prólogo de Coelho, se mandó un spich tan insensible, prejuicioso y desdeñoso, que nunca lo olvidé.

Evidentemente que ya no es una persona cercana a mí y si bien su comentario me ofendió, las tomé y lancé (como hubiera querido hacer con ella) a la basura. Porque, la verdad, nunca me ha interesado el parecer de otros, si en ello tengo que modificar un gusto, pasión, debilidad, lo que sea que profese. No soy seguidora de nadie. Devota solo de los gatos y de los calcetines. A lo mejor, deberíamos decir en un rango de mujeres sin demasiadas pretensiones literarias, pero tampoco acepta cacas.

Retomando las novelas de Kate Morton, tengo que decirles que son lecturas apasionantes. Porque Morton tiene una particular manera de narrar sus historias. Primero que nada, que todas son historias en que el enganche o motor es un secreto. Algo que se oculta, que de pronto salta y de, ahí en más, la trama que atrapa comienza a narrarse. Pero en simultáneo a este secreto o historia, suceso que se oculta, la narración tiene distintas épocas. Es decir, por ejemplo en “El jardín olvidado”, la trama ocurre en un pasado del siglo XIX, en otro del siglo XX y en el contemporáneo que puede ser fin del XX o principios del que vivimos. Así también sucede con el “Cumpleaños secreto”, en que el desarrollo fundamental está en la Segunda Guerra Mundial. La casa Riverton es la Europa o la Inglaterra de principios del siglo XX y uno puede admirar (con la imaginación) la oda a la elegancia y belleza, hasta que… Las horas distantes también centra su relato en la Segunda Guerra Mundial y en la actualidad.

Y, por supuesto, los tres momentos tienen un hilo conductor, que puede ser alguien, algo, el secreto, palabras que no se dijeron, una muerte que no fue desentrañada. Y ya sabemos que todo lo que venga del pasado alimenta obviamente el presente, para construir un futuro. Uno siempre mira hacia atrás y, al menos yo, desearía tanto que fuera el pasado el protagonista. Porque en materias de descripción, cuando Kate se traslada al siglo XIX y cuenta de caserones, castillejos, las fiestas que ahí se daban, una especie (vulgarizando las cosas) de Dowton Abbey pero en letras, la imaginación vuela tan velozmente por esos parajes, entre vestidos, encajes, fiestas, música, los lagos, el campo.

Realmente es una maestra de la descripción. Si quisiéramos vender pomadas, también puedo contarles que sus protagonistas suelen ser siempre mujeres. A veces, como en “El cumpleaños secreto”, la historia es de tres mujeres en diferentes épocas. La última que leí, “El ultimo adiós” (y que fui yo la que la encontró ya que mi madre no está más para mirar los catálogos de literatura española), ni bien la vi en la vitrina de una librería (un poco por mi madre y otro mucho por mí), decidí comprarla. Y aunque por cosas laborales demoré un año en leerlo, cuando llegó el momento volví a ser la persona más feliz del universo. Por eso de encontrar en las letras a mi madre, las conversaciones sobre esas historias y, además, sumar a los personajes y sus historias nuevas.

Es por ello que decidí comentar las novelas de Kate Morton, porque aunque no sean de la selecta literatura mundial, es buena de todas formas, activa y que transporta a la imaginación. No te pide que te arrodilles, ni sobes el crucifijo pa que pasen milagros en tu vida. Tan solo solicita que te concentres, leas y leas, para que te transportes, conozcas y viajes por lugares que, lo más seguro, es que no podrás conocer porque son producto de la imaginación de otra persona, su autora, pero sí podrás atesorar en tus recuerdos y en el archivo de imágenes que uno suma y suma cuando tiene bien abiertos los ojos.

Las novelas de Kate Morton, son:
– El jardín olvidado.
– La casa Riverton.
– Las horas distantes.
– El cumpleaños secreto.
– El ultimo adiós.

Datología:
Qué: Las novelas de Kate Morton.
Donde: Que leo, Antártica, Chilena del libro, Jumbo.
Precio: Entre $10.000 y $15.000

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