Maestro Pizzero Italiano: en Providencia.

Por Colomba Orrego.

A Maestro Pizzero Italiano, llegamos mi sisterna Manucita y yo, lo que se dice por casualidad. Nos latió porque sí, porque tenemos buen diente, porque nos gusta comer. A mi pastas y a ella pizzas y aquí aparentemente el fuerte eran las segundas.

Un restorancito que huele más bien a picada. “Picada” recordareis aquel que habla de un espacio reducido, comida de platos contudentes, sabores maravillosos, marcando para “manjares” y baratos. Entonces picada, tanto porque las pizzas son abundantes, como porque sus precios son más bien reducidos, pero claro, no es comida chilena precisamente. Pero no somos los únicos en el mundo, que tienen buenas costumbres.

El lugar, que dejaremos como “picada” está ubicado en la esquina de Manuel Montt, con Linares, dígase comuna de Providencia. Una callecita que nace en Manuel y muere en Antonio (Varas), angosta, de veredas ídem y que si no la caminas seguido, ni sabrás que existe.

En contraste con Manuel Montt, que con tanto auto y micro que pasa ya semeja a avenida, pero ups, se les olvidó agrandar los carriles y qué decir las veredas. Porque a esas alturas de Manuel Montt (1406) dígase a pasos de Alférez Real, era considerada una calle, de un barrio “habitacional”, no que ahora hay universidades, tugurios de buena y mala monta, restaurantes hasta del peo en fricasé.

Y sin embargo conserva esa nostalgia ha pasado de calle, con sus canaletas (bloqueadas) en las veredas, algunos arboles y algunas casas residenciales, casi todas (pocas) aún habitadas por familias, muchas más bien por personas de la tercera edad y el resto del horizonte: edificios feos, edificios feos, edificios feos. Y ahí en medio de esa deconstrucción de espacios, está esta pizzería.

Caminando de Manuel hacia Linares, las murallas del local, anuncian que estás acercándote a “El Maestro Pizzero Italiano”. En la puerta, pequeña, angosta, de madera, con ventanitas. Cuando el local está abierto, un pizarrón enmarcado en madera, anuncia las delicias del local. Parándose en el umbral de la puerta, la calidez del horno en invierno invita abrazarlo, en verano el aroma de las delicias en cocción nos hace aguantar y entrar.
Adentro comienza lo bueno. Su interior es lo más mono y pequeño que puedan imaginar y por lo mismo, tierno, acogedor, con lo justo y suficiente: sillas y mesas, hasta para los mocosos que gatean tienen asiento. Y cuando estas adentro, al menos a mí, me pasa que viajo hasta Buenos Aires, a los restorancitos de calle Corrientes, aquellos de mantelitos cuadrillé blanco con rojo, mesitas pegados una de la otra, obligándote a interactuar con el vecino aunque no lo conozcas.

Ese aroma tan delicioso, cálido y sabroso del Maestro Pizzero Italiano, hace que uno viaje hasta donde la memoria te ha enseñado, por eso solo llego hasta Argentina.

Y si bien en Maestro pizzero, las mesas no están cubiertas con esos manteles que les comenté, en las murallas, para la espera, encontrarán mucha información. Como por ejemplo que los italianos son la neta del planeta (dígase los mejores), que Italia y la mafia una misma, fotos de El Padrino en dos de sus tres versiones, de Robert De Niro, Al Pacino. Imágenes de costas italianas.

Una decoración particular.
Pero es que vamos por partes, si están buscando un restaurante con un “metre” que los espere en la puerta y acompañe a la mesa, deténganse, porque este no es el lugar correcto. Por eso digo que más huele, encantadoramente aromática, a picada que a restaurante, porque tiene la sencillez del local, a donde El Vagabundo, llevó a La Dama, a comer sus primeros tallarines, mientras el dueño del lugar, tocaba el bandoneón para los enamorados.

Maestro Pizzero italiano, es lo que se dice, una “oda a la sencillez”. De hecho al pedir las delicias pizzas que hay, puede ser de dos formas:
– A pedido, que llamas, encargas y retiras.
– Vas al local, pides, te sientas a esperar y comes ahí.

Porque en este segundo caso, tienes que estar advertido que nada es lo que te imaginas y que lo más probable es que no has visto nada Jajaj. Parece una amenaza (mafia), pero no lo es, lo que pasa es que hay gente para todo y comida para todo tipo de gente.

Esta picada de pizzas, está hecho para personas que no se asustan por comer en platos de cartón, con cubiertos plástico, igual que los vasos y que como no tienen patente de alcoholes, sólo hay gaseosas (bebidas) y revitalizadores (pa los que no dan más) como RedBull y esas mierdas. Sumado a los delixius postres: helados, hechos en casa, de las frutas de la estación.

Me acuerdo que en Ciudad de México, cuando íbamos de trámites a gobernación, mi papá nos llevaba “a veces” almorzar a un restaurante argentino muy al tono de éste, que llevaba por nombre “El caminito”.
Pequeño, angosto como el ídem que le dio titulo. Y la cocina era como en casa, sencilla, rica, contundente, pero los platos, cubiertos y vasos, eran de loza muy típica, como la que probablemente uno podría tener en casa. Y no sé pero confieso que esos detalles nunca fueron importantes para mí. Todo estaba limpio, en Pizzería Italiana también entonces qué más.

Pero como lo que uno se come es la pizza y no los platos, qué tanto dará ese detalle. Pero se los cuento para que vayan advertidos y no sufran una conmoción, sobre todo si son del público fifí, patijunti, que lee todas las tardes unas páginas del Manuel De Carreño.

La carta de pizzas.
Entrando en materia, la cosa se pone colosalmente interesante, las que yo he probado y más me han gustado, de aquello que cada que voy la pido, porque a veces me pongo monotemática son:
– 4 Stagioni. Salsa de tomate, mozarella, queso parmegianito, berenjena, fondo alcachofa, champiñones, ajo, aceite.
No les puedo contar la poesía en movimiento, de cuatro estaciones, que es esto. Ya sea la familiar o mediana, cortadas en unos triángulos bastante generosos, uno con berenjena, otro con champiñón, otro con fondo de alcachofa y el cuarto con salsa tomate y ajo. Poesía, poesía, que la vida es bella.
– Tartufo. Salsa de tomate, mozzarella, trufa italiana, queso permigianito, aceite de oliva. Porque yo era de las que creía que la trufa era un chocolate, aquí me llevé la sorpresa de mi vida y ahora amolé.
– Santiago. Salsa de tomate, mozzarella, jamón cocido, champiñón. Y no es porque sea nacionalista, ni cosa parecida, de hecho bien poco del país tiene y sin embargo (o será por ello) es tremenda.

Y bueno, el listado continúa con catorce tipos más para deleitarse. Además son tan curiosos estos pizzeros italianos, venidos de la oriunda tierra tana, que de tanto en tanto, nos hacen el desdén de cerrar el local, porque aunque chico, es tan cumplidor, que se mandan cambiar a su país de origen, por un mes completito, dejando a sus comensales secos de pizza. Apúrese porque el verano del norte ya empezó y estos pizzeros en cualquier momento toman las maletas.

Datología:
Qué: Restaurant Pizzerias “Maestro Pizzero Italiano”.
Dónde: Av. Manuel Montt 1046, Providencia.
Fono: 227007893
Link: https://www.facebook.com/pizzeriaitaliastgo/

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