Los libros de Joël Dicker.

Por Colomba Orrego Sánchez.

A Joël Dicker, llegué lo que se dice por tincada.
Estaba comprando libros para llevarme de viaje, buscaba uno en particular y de pronto tomé “La verdad sobre Harry Quebert” que era uno bien regordeto. Y curiosamente, el vendedor no vio con buenos ojos mi elección con todo y eso de “el cliente tiene la razón” he intentó a toda costa persuadirme para no comprarlo. Pero, casualmente soy lo más parecido a “Jalisco nunca pierde” o como me dicen en casa “la mula Colomba” y en el arte de llevar la contra, pues aunque sea con el peso de mi bolsillo, lo compré.

La experiencia con el vendedor de librerías, creo que podría convertirse en un tema para profundizar, porque me pregunto ¿será que me ven cara de torombola, atarantada? ¿Cuál es la necedad de querer cambiar mis gustos? ¿Intentar persuadirme de comprar o no algo? Porque aunque sea harina de otro costal, esto es un tema en mi vida, ya me pasó tiempo atrás cuando compré Aurora Boreal, de Asa Larsson, dale que el encargado de la tienda no quería por motivo alguno que me lo llevara, habló de un mal de él que Asa debería demandarlo. Puff como que de ahí comprendí que si bien nunca he hecho demasiado caso de los consejos literarios, si vienen de un desconocido, pues obvio que menos.

Volviendo a Joël Dicker, el libro que me llevé ante la negativa del locatario fue “La verdad sorbe Harry Quebert”. Un acierto enorme. Uno, porque andaba tras las hojas de un policial negro y dos, éste cumplió con los requisitos.

A Joël Dicker si hay algo que no podremos negarle, es que describe como los dioses. En mis inclinaciones lectoras, debo confesar que me encantan los autores que para narrarte, ambientarte, llevarte, trasladarte a un lugar, cosa, persona, océano, campo, lo hacen con tal cantidad de descripciones, detalles, que uno realmente cree que ve, siente, huele, toca todo ello. Hasta los aromas respiro. Me gusta así la literatura para que mezclado a la imaginación, poder transportarme hasta ese momento y Dicker lo consigue al mil por ciento.

Y en la novela “La verdad sobre Harry Quebert”, la historia trata sobre ¿quién mató a Nola Kellergan?, que va desentrañandose en tres épocas: 1975, 1998 y 2008. Cuenta con tanto misterio, sorpresa, como su pizca de romance, para no dejar descontento a nadie. Y todo surge cuando encuentran el cadáver de Nola Kekkergan, oriunda de la pequeña ciudad de Aurora, en New Hampshire, Estados Unidos, enterrada en el patio del profesor Harry Quebert. Lo raro es que el primero daba clases en la universidad y la occisa tenía quince años. Y la culpa todita, toda, recae en Quebert. Quién fue el que alentó a Marcus Goldman hacerse escritor. Ya encarcelado y con las rejas frente suyo, el profesor le solicita a Marcus que le ayude, excusando total inocencia. Marcus comenzará a investigar para intentar demostrar la inocencia del profesor y de paso, dejará en formato libro, la historia del caso ¿A poco no atrapa?

Al menos yo, quedé sin respiración mientras la devoré. Era el producto perfecto en el momento correcto y cual si me hubiera guiñado un ojo, lo encontré sin que nadie me guiara.
Y realmente lo devoré. Había días de mi viaje, en los que no salía del lugar donde vacacionaba, porque la lectura me tenía consumida y no existía nada más interesante.

Me pasaba eso que ocurre cuando uno está “clavado”, estás tan metido en la historia, que la piensas todo el día. En mi caso, pasaba pensando en los por qué, en quién sería realmente el asesino, tenía sospechas sobre un personaje en particular, ya que lo del profesor asesino y el cadáver en su patio, era de un obvio que rogaba a Dios que no fuera ese el modus porque qué fome.

Y bueno, no les contaré el final, pero fue realmente bueno. Porque aunque al ego lector, le gusta sentirse Sherlock Holmes, el mío también goza cuando me sorprenden, que estabas cerca pero que te faltó un tantito para darle.

Y tan conforme quedé con Joël Dicker, que este verano cuando fui por mi cargamento de lectura, ni bien vi su nueva novela “El libro de los Baltimore”, sentí que nuevamente me guiñaba y la llevé de inmediato.

No diré que me defraudó, porque le suma puntos el hecho de ser un buen escritor, es entretenido, tiene el plus de la descripción. Podríamos decir que es un autor apasionante, que sabe cómo envolver a su lector, como a mí y en ambas oportunidades, aunque en la segunda fuera con trampa.

Porque de trampa o engaño fue el hecho de venderlo como género policial, donde supuestamente había un misterio por desentrañar, un secreto al interior de una familia, que cambiará el curso de la historia de ese grupo, en un antes y un después. Y con la antesala de su ópera prima ¿Por qué el lector iba a pensar que no se trataría del mismo estilo literario?

Pero no era tal. “El libro de Los Baltimore”, es como comentábamos y reíamos con mi sisterna Manucita, cuando le iba contando los adelantos de mi lectura, una suerte de “Los Buddenbrook”, de Thomas Mann, o “La guerra y la Paz” de Tolstoi, ambos libros “antiguos” o “universales”, que se caracterizan por contar historias, el primero, sobre una familia, su decadencia económica, las apariencias y quienes lo rodean, mientras que el segundo, cuenta la historia de un país, de la guerra, sus consecuencias de ella, de un pueblo, una ciudad y una familia, la de mi amado André Bolkovsky. Pero ahí al menos, uno sabía, a todo aquel que le preguntases o si averiguabas, te diría lo mismo, literariamente es la historia de un país, de su gente, de las clases sociales, las apariencias, decadencias, estilos de vida, clases sociales, la guerra, la paz, la alegría, el desamor, etc.

Generalmente ese tipo de literatura (Mann y Tolstoi), son una suerte grácil en el arte de escribir, de retratar sociológica y antropológicamente un tipo de vida, costumbres, países, ciudadanos, etc., pero sin existir en lo absoluto, la posibilidad que muera un miembro de ésta y que con ese fiambre enfriándose, surjan datos, dudas, que culpen al mayordomo, al hijo envidioso, a la nuera codiciosa.

Literatura que retrata de forma maravillosa, delicada, con gracia, la historia de una época, de un continente. Y son hermosos y son novelas que uno puede leer varias veces en la vida, porque tienen esa calidad de ser “universales”. Pero lamentablemente para Dicker, fue mucho el peso y si bien se leía, juro que me sentía una metiche de las peores, inmiscuyéndome en los dimes y diretes de Los Goldman de Baltimore y los de Montclair. Donde la diferencia estaba marcada por el cochino y vil dinero, los de Baltimore eran los fifirufos (ricos) y los de Montclair eran gente como uno, común y corriente.

Pero cuando el libro te lo venden con cuchufleta no vale. Porque “El libro de los Baltimore” además del pedigree del autor, que ya sumaba hartos puntos, decía claro y fuerte: Cuando su primo Woody está a punto de ingresar en prisión, el escritor Marcus Goldman, se dirige a Baltimore para pasar con él ese último día de libertad. Ya de regreso, recibe una llamada desesperada de su tío Saúl: algo muy grave acaba de suceder.
Marcus emprenderá entonces un largo camino para develar los secretos de la historia familiar. Mientras el drama se va perfilando. Marcus se acerca a la verdad que cambio todo para siempre.

O sea cuando hay drama perfilado, verdad que cambiara todo para siempre, es porque pasó algo ¿no? Obviamente que mi imaginación se puso a volar a mil por segundo y mientras devoraba las páginas del libro y el maldito drama no llegaba nunca, para finalmente descubrir el misterio, que cuando llegó tuvo tan poco brillo y me sentí tan estafada, que realmente ya solo quería terminar y ojala olvidar.

Sé que sueno un tanto sanguinaria, pucha caí, pero pensé que era un libro policial, si hay un drama y un antes y un después y sobre todo un primo Woody que se va preso, es porque hubo matarile (muerto) ¿Qué no? Pues ya lo descubrirán si se atreven a leerlo.

Tengo sentimientos encontrados con “El libro de Los Baltimore”, porque se devora, eso que ni qué, pero no era lo que andaba buscando. Quería leer a Marcus Goldman, en un nuevo caso policial. Y no una oda al chusmerio en dimes y diretes de una familia, para eso les cuento de la mía que da para dos o tres tomos.

Quedé desilusionada con Joël Dicker y un tanto repeluzada para el futuro, porque leí por ahí que ya sacó otro libro. O sea se está convirtiendo en esos escritores de digestión prodigiosa, que se sientan en el WC y les sale doble producto, el que se va por la cañería y un libro. Pero ya no sé si quiero enterarme de qué ira el siguiente.

Datología:
Qué: Libros de Joël Dicker.
Donde: Que Leo, Antártica, Chilena del Libro.
Precios: $15.000

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