Torremolinos, la picada en Lastarria.

Por Colomba Orrego.

El otro día fui con mi sisterna Manucita, almorzar a TORREMOLINOS. Hacía años que no íbamos y de puras tontas y por qué lo digo, una, porque está súper cerca de nuestra casa y dos, porque es un restaurante, de aquellos que les hablé alguna vez, que entran en la terminología “picada”, donde la comida es exquisita y además abundante. Porque todo lo que se prepara para comer y beber, en Torremolinos, tiene el sello nacional: sentimiento y sabor de la verdadera cocina chilena.

Con mi sisterna generalmente probamos los deliciosos “italianos”.
Que es el pan de completo, con salchicha, tomate, palta y mayonesa. Y realmente son soberbios, no solo por el tamaño, sino porque realmente son ricos, el tomate bien picado y fresco, la palta de la estación y bueno, la mayonesa que no será lo más saludable pero pecar de tanto en tanto, qué tanto.

Hay que destacar que todos los comistrajos de TORREMOLINOS, están hechos con amor, amor que se desborda.
En el caso de los italianos, completos, barros luco, barros jarpa, queso sellado, uno lo nota porque si eres de los que lo comes agarrando el pan, sabrás que seguramente embarrado quedarás.
Bueno, obviamente que la gente educada, refinada, fifi, los comerá con cuchillo y tenedor, pero en lo personal, encuentro que sambich con cubiertos no es lo mismo. El arte de comérselo sin embarrarse es para practicar, ojalá también lo premiaran a uno cuando lo consigue. Aunque a mi rara vez podrían condecorarme pero el intento se hace.

El Restaurante y Bar Torremolinos, está ubicado en José Victorino Lastarria 11, casi esquina con Alameda, metro U. Católica, en lo que se le denomina: “Barrio Lastarria”.
Si pasas rápido quizás no lo veas, porque de cara a la vereda, una pequeña puerta de vidrio, con un letrero ensellado al son de una cerveza nacional, anuncia, que has llegado a Torremolinos.

El local no es enorme, pero suficiente. Lo que se dice un largo pasillo hasta topar con la cocina. Entrando está la barra, donde los asiduos tempraneros llegan a tomarse el “estate de pie”. Algunos además prueban el desayuno, los más después de tomar y conversar, se retiran. Mirando desde la barra hacia la izquierda, está el salón “familiar”, mesas y sillas metálicas esperan el arribo de grupos numerosos aunque no los una vínculo sanguíneo alguno. Volviendo al pasillo mirando a la derecha, está la barra, frente a ella las sillas – mesas, tipo fuente de soda, solo para dos personas.

Al terminar el mesón de la barra, hay un espacio más amplio donde caben tres mesas – sillas incrustadas, que dan albergue a cuatro o tres personas, por mesa. Y llegando al final del local, donde está la cocina, está la desembocadura hacia los baños y una mesa extra, que los empleados del restaurante utilizan para sus comidas.

Las leyendas urbanas, que son las más entrenidas, cuentan que Torremolinos, era sólo un bar de propiedad de un señor italiano, que se lo vendió, a su actual dueño, el que le dió el carácter -además-, de restaurante.
Otras leyendas cuenta, que hubo un tiempo en el que su dueño empinó el codo tanto, tanto y en compañía de los visitantes, que casi invitó al local, a irse a pique. Entonces llegó la hermana a ayudar a enderezarlo, a él lo enviaron a rehabilitación, pero al tiempo regresó, con una tez un poco hepátitica, pero con la voluntad de hierro de no volver a empinar el codo, a menos que fuera al son del agua o de alguna bebida gaseosa.

Y desde esos entonces a la fecha, suma historia por continuar siendo bar. El bar que le abre las puertas a los buenos pal chupe, no se les hace el feo, ni se les cierra la puerta, ni se les mira fijamente. Como también a aquellos que llegan para probar la variada y atractiva carta de comistrajos chilenos.

Porque tiempo atrás, bien atrás, a Torremolinos, sólo se le reconocía por sus curaditos, los que entraban y nunca salían. Era un bar de tomo y lomo, pero no un bar de mala muerte que da miedo entrar porque no sabes con qué pastel te vas a topar. De hecho, si bien el público es más bien etilio, en las montones de veces que he ido, jamás me ha pasado nada, ni he tenido que presenciar cosas desagradables, ni nada parecido. Porque no están para saberlo, más yo si para contárselos, pero la verdad, una cosa es que me guste el vinito tinto con la comida o la cerveza negra, pero otra es dar la hora, dar pena o jugo y por tal, me cargan los pasados de sopaipas.

De hecho, en tema de copas y tragos largos o cortos, este local también tiene sus leyendas urbanas, las que le dan prestigio. Por ejemplo aquella que dice que por esos barrios bohemios deambulaba el poeta Jorge Tellier. Gran asiduo del lugar. Que llegaba temprano en la mañana, se sentaba en la barra, se tomaba lo que le gustaba que seguramente era vino tinto, unos cuantos vasos, no sé si copas, tampoco sé si serían varias botellas. Pero sí sé que se las tomaba y después de conversar, fumar, se marchaba para no volver, hasta el día siguiente. También otros cuentan que era lugar de reunión, en plena dictadura, de Enrique Linh, ahí no puedo decir nada porque no estaba en Chile y tampoco tenía edad para andar de bares.

En materia de la carta de tragos largos, cortos y medianos, aquí sí que hay para elegir.
Existen los básicos, cual canasta, como cervezas, vino tinto y blanco, shop, que por cierto aquella vez con el “italiano”, tomamos la grande y al menos yo, debí anotarme por la chica. En materias de tragos “chilenos de chilenidad”, está el cola de mono, el pichuncho, la psicola, fanta shop, el jote, pisco sour, vaina, además de los internacionales Tom Collins, Vodka tónica, Sunrise, etc. También hasta espumante han sumado a la carta, para que no exista comensal que quede mal atendido.

En materias de comistrajos, como TORREMOLINOS, atiende de 11 a 23 horas, de lunes a viernes, sábado y domingo de 13 a 20 horas, hay que tener comida de todo tipo. Porque los hay como mi sisterna y yo que vamos por la fama de sus panes, en versión italiana, dinámico, barros luco, barros jarpa, chacarero, milico.
Pero también dan desayuno de paila de huevos con o sin jamón, pan tostado, mantequilla, mermelada, café con leche o sin ella.

Así como colación para el almuerzo donde pueden deleitarse con puré con chuleta, o con bistec o sino pollo. Puré picante y acompañamiento, arroz con pollo, arverjado, callos madrileños, carbonada. Tienen papas fritas, salteadas, doradas. En verdes porque no falta el elemento light, está la ensalada chilena, palta apio, lechuga, ensalada de cebolla blanca o morada. Como verán un local que en materia de comidas típicas o tragos de la misma índole, no lo dejará insatisfecho.

Datología:
Qué: Restaurante y bar, Torremolinos.
Dónde: Lastarria 11, Santiago.
Horarios: Lunes a viernes de 11:00 a 23:00 horas – sábado y domingo de 13:00 a 20:00 horas.

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5 Respuestas

  1. monica dijo:

    que rico!! me encanta leer sobre lugares de Stgo!!

  2. Teresa dijo:

    Quá maravilla relevar lo clásico y lo de antaño!!!!

  3. Marcela Acuña dijo:

    un relato entretenido, solo puedo decir que aparte de sed me dio hambre, seguramente en mi próxima visita por el barrio haré una parada por ahí

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