Personajes en la ruta: Ida González pintora.

Por Colomba Orrego.

En esta ocasión no tuve que caminar mucho para encontrar al personaje en ruta, de hecho podría decir que pequé de floja, ya que la persona de quien les contaré, vive en mi misma vereda, misma comuna, casa esquina contraria a la mía.

Ella es Ida Eugenia González González, pintora, esposa y madre de dos hijas. Deambula por su barrio saludando a todos los vecinos y dueños de negocio. A sus 83 años, que no los demuestra, se pasea con su rostro alegre y picarón. Pelo corto ondulado entre cano y negro, siempre vestida con túnicas o mantos indios o mexicanos (por los bordados de flores), o guatemaltecos (por los bordados del ave Quetzal).
Goza de un porte y presencia, sumado a esa indefinición si será chilena o extranjera. Será también que no es capitalina y tiene ese aire que da el respirar otros cielos, mirar montañas, disfrutar paisajes en verde, como los de su natal Vicuña en el Valle de Elqui.

Mujer guapa, segura de sí, de presencia fuerte pero agradable, fuerte y dulce, fuerte y cariñosa, cordial, cálida. De las que saludan al andar y si tiene tiempo se detiene a conversar.
Y es justamente en esas conversas de vereda, que uno puede enterarse que es pintora, que de joven en esas lides, conoció en calidad de estudiante de arte, a quien se convertiría en su marido el pintor cubano – cubista, Mario Carreño. Y junto a él y después sin él, ha habitado la misma casa. De hecho el patio interior que más parece una selva, es obra de Ida, quien plantó, plantó, árboles, plantas, helechos, hasta que no quedó espacio de tierra para otro verde o florido. Asidua a la misma casa, en la misma calle y del barrio por el que se pasea ya sea con rumbo al super o en las tardes de antaño, regando los nísperos del antejardín.

La casa más grande de la calle, dos ventanas, puerta, tres ventanas, de frontis blanco, puertas azul marino y persianas en blanco. Dos crespones y en fila el par de nísperos, anuncian que te acercas a su casa. Casa de puerta en vereda, ventanales con postigos de madera pintados en blanco, enrejados más vale, generalmente cerrados en busca de la privacidad, que las miradas curiosas no dan.

Y si hay tal cantidad de ventanales, caserón será ¿no? Confieso que solo una vez he entrado, no por falta de ganas, sino más bien de tiempo. Y el día que lo hice, adéntreme al museo de la pintura. Cuadros, marcos, pliegos, ya fuere amontonados, apoyados en un muro, en espera de ser acomodados en los muros de una galería o reubicados en los de la casa, otros más colgando en la pared del pasillo, dormitorios, comedor. Cuadros de la autoría de Ida o de su hija la pintora y también de Carreño.

La casa exposición permanente de los Carreño González. Un placer, deleite para la vista y aunque ella sea más joven, la decoración de la casa, me conduce a la de mis abuelos paternos, donde cuadros, objetos de arte, esculturas, vasijas, biombos, adornaban living y comedor. Aquella costumbre de antaño, tiempo de abundancia económica y cultural, donde el arte y el hogar, eran uno mismo.

A Ida González, les contaré que la conocí de herencia. Porque aunque suene a cliché, la conozco de la vida misma. Ella y mi madre asistieron al Taller 99, que impartía Nemesio Antúnez, Ida con mejor resultado y mi madre terminó siendo más bien, amiga de Antúnez y su familia. Mientras que Ida, en su calidad de “artista”, antes había estudiado en la Escuela de Bellas Artes y en el Instituto Pedagógico de la U. de Chile. En el taller de Antúnez, realizó estudios de grabado. Después con el tiempo se volvieron a reencontrar con mi madre, quien trabajaba en la embajada brasilera junto a Tiago de Melo, muy amigo de los Carreño González.

Se sabe que Ida pintó y pintó hasta que conoció a Carreño y veinte años después retomó pincel y lienzos, para no dejarla más. De los lazos amistosos, la vida continuo, vino la Unidad Popular, después el golpe, los Carreño se quedaron en Chile, mi familia salió al exilio y no fue hasta 1990 que nos volvimos a encontrar, al convertirnos nada menos que vecinos de la misma calle, misma vereda, aquello que llaman casualidades.

Si bien no me considero para nada una ilustrada en pintura y sus características, lo poco que sé o entiendo acerca de la pintura de Ida González, es que sus cuadros no son abstractos como los de su marido. Al contrario, lo que ves es lo que hay sin necesidad de mirar el título para entender la inspiración artística. Su temática, si habláramos en esos términos, se basa en el hombre en su estado primitivo, relacionado integralmente con la naturaleza y la tierra, de la que también son protagonistas pictóricos, montañas, troncos, piedras, frutos, agua y vegetación. Su gran interés artístico está basado en antiguas culturas chilenas y su paisaje, integrando con su pincel, la vida cotidiana de Onas y Yaganes, hombres autóctonos del norte y sur del país. Digamos que sus fuentes son los temas antropológicos, además del arte popular, destacando entre sus actividades, investigaciones sobre textiles chilenos.

Desde que volvió al ruedo pintando y creando, también sumó tiempo para dar clases en la Escuela Experimental de Educación Artística, en 1996 dirigió el taller Libre Pintura de la Escuela Moderna de Música en Santiago. En materias de premios o galardones les puedo contar que ha sido destacada con el Premio de Honor del Certamen Arturo Edwards, Salón Oficial, Santiago, el Premio U. de concepción y la Feria de Artes Plásticas de Santiago. Entre 1960 y 2003, ha realizado exitosamente más de veinte exposiciones individuales y otras tantas muestras colectivas tanto en Chile como en el extranjero. Algunas de sus obras más importantes se encuentran en la Pinacoteca de la U. de Concepción en Colecciones Públicas y en Colecciones Privadas en Chile y extranjero.

Sin lugar a dudas una vecina, mujer, chilena, pintora, particular, que da al cien por ciento en el perfil de “personajes en la ruta” ¿Qué no? Y les aseguro que si se la encuentran caminando por sus calles, los saludará porque es un encanto.

Datología:
Qué: Personajes en la ruta: Ida González.
Dónde: Hoy en Santiago.

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2 Respuestas

  1. Maria Elena Jaureguizar Lopez dijo:

    Esa gracia enorme que tiene Colomba Orrego para las descripciones, hace realmente que uno conozca, por ejemplo, a Ida González, de quien no tenía idea.
    Gracias hoy en santiago.

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