El arte de comer en serio: La Fuente Mardoqueo.

Por Colomba Orrego.

A La Fuente Mardoqueo, llegué por mis queridos amigos Mauricio y Rolando. Después se transformó en costumbre, casi vicio y estuve a punto de ir sola. Pero final de cuentas me hice acompañar por mi sisterna Manucita. Es que realmente La fuente Mardoqueo, es una poesía en movimiento, si es que le gusta el buen comer o lo que se dice “el arte de comer en serio”.
Una vez la panza llena, comencé a investigar sobre la historia del restaurante o lo más parecido a ello, dígamos sobre el lugar, para hacerme agua la boca mirando fotografías de sus delicias y descubrí que “Mardoqueo”, es el nombre artístico que el fundador de este restaurante, Gabriel Peñafiel, quiso darle para hablar de las artes culinarias en versión “sándwiches” que viene haciendo desde 1989.

Mardoqueo, la palabra, es de origen hebreo y la idea es que los panes con sus sabrosos y ostentosos ingredientes, pretenden enaltecer la integración judío alemana con la especialidad del Lomito Bávar. Ahí casi me atraganto, porque confieso que los judis de Israel (sionistas). Pero la verdad para mí, huelen, saben, deleitan, al más puro estilo chileno, local, nacional, dígase una presentación que para finolis, patijuntis y gente light, saca arcadas y para los chanchurros, de buen comer y deleite, es literalmente una “poesía en movimiento”.

Es que La Fuente Mardoqueo, no concibe que el comensal se vaya con hambre, mejor será que lo haga repleto, repleto y casi arrastrándose hacia la puerta y que tras pagar, declare “estoy replet@”.
Porque dirán ustedes misa, pero en mi modesto entender sobre la comida chilena (creo que de esto ya les había hablado), lo que primero salta a la vista, digamos comida chilena tradicional, no la fusión porque esa, en el camino más que unirse, desaparece. La chilena del poroto con rienda, el pastel de choclo, la empanada, la humita, suele servirse, por lo menos donde yo he andado, de forma “generosa”. Aquella bondad de cariño que ve al comensal como una persona en pleno proceso de desarrollo (quizás la barriga por frente no es suficiente y mejor que crezca por los costados). Entonces hay que darle más grande el plato. La generosidad de servir. La bondad del plato enorme por el que uno a veces, solo a veces, no sabe cómo crestas entrarle.

Esa es la esencia de La Fuente Mardoqueo. Existen los sándwiches normales y grande. Que es el momento que uno dice ¿Cuál será la diferencia? Pues la hay, tengo que decírselos, la hay. No es lo mismo un rebosante, enorme, sándwich “grande”, aquel que casi no entra en el plato y pa qué le explico en la boca, si intenta entrarle sin cubiertos, porqueque los tomates se asoman y bajan de piso, chorrea como la espuma de la cerveza la mayonesa, se asoman los porotos verdes o pepinillos dulces deliciosos y qué decir de las sendas rodajas de ají verde que quieren escabullirse. A diferencia del sándwich, tamaño normal, en el que todo está finamente pensado, pa que entre y se ajuste al espacio establecido, los ingredientes dentro de esa circunferencia de pancito delicioso (siempre frica), entran ordenados, cuasi prolijos, una oda a la perfección, porque si bien es bastante, no llega a ser desorbitante.

Es decir, que cuando uno va a comer, cenar, almorzar, desayunar a La Fuente Mardoqueo, tiene que tener muy claro ¿de qué tamaño lo quiere comer? Primero, porque uno entra y se va derecho a la caja y la señorita que atiende, le dirá amablemente porque eso sí, todas las mujeres que atienden el restaurante, son amables, amabílisimas. Entonces la cajera le dirá: “tiene elegir a la carta, decidir y pedir qué va a comer”.
Para los nuevos, les cuento que la carta no es la típica hoja impresa y con dibujos, que fue plastificada, no, aquí usted debe girar la cabeza en 360º y mirar a espaldas de la caja, es decir, a una pantalla enorme, que encaminándose está más cerca del techo que de la muralla frente a los ojos. Lo bueno es que es a prueba de todo tipo de cegueras, las producto del compu, de la lectura, porque las letras son grandes como los sánguches.

Una vez que defines qué sándwich, qué tamaño, con qué acompañantes, qué bebida, con o sin alcohol, porque puede ser de la vieja y sabia escuela, que se toma el sámbich con té o café. Entonces vuelves a la caja, la señorita atenta teclea el pedido, le pone tu nombre, se lo pasa a otra mujer, todas vestidas de palomitas blancas como las de la carretera y te dice “cuando escuche su nombre, retire su plato y bebida”. Y uno novato en estas artes pregunta ¿Cuánto es? A lo que responderán: “después de comer, antes de marcharse, cerca de la salida, están las cajas para el cobro”. Y entonces uno piensa ¿será fácil hacer perro muerto? Si está lleno el local, como suele suceder habría que probar, sobre todo si es rápido, sino, no hay escapatoria porque dos cajeras, parapetadas en los extremos de la puerta, vigilan los pasos de quien entra y quién sale.

Pero bueno, eso de pagar o hacer perro muerto, es tema del bajativo.
Por mientras les contaré que el servicio es muy rápido. Antes que haya elegido mesón, acomodado sus nalgas en la silla, puesto la cartera, bolso, mochila, donde corresponda, escuchará su nombre. Ahí en vez de gritar presente, debe acercarse a la barra, cerca de la caja de pedidos y ahí usted comprobará que no da lo mismo “normal que grande”. Porque para el segundo, hay que tener manotas para agarrar el platote, los cubiertos, el líquido vital y entonces pensará que habría sido bueno ser meser@.

La primera vez que fui, lo hice acompañada de mi sisterna Manucita y de mis amigos Rolando y Mauricio.
Cada uno de los cuatro, pedimos hambrientos la versión grande de los sándwiches y realmente fue un trabajo forzado, metérselo completito a la boca. Comerlo, masticarlo, digerirlo, esperar un rato para poder pararse y continuar la vida. La carta es generosa, en materia de carnes para acompañar (porque no hay para veggie), hay hamburguesa que es al adquisición más reciente y les puedo decir de propia experiencia, que las hamburguesas son delixius, buena carne de res, de buenos tamaños y el saborcito de un aliño casero inolvidable. Después está el lomo que le da nombre y pedigree al restaurante, que viene siendo el lomo bávaro (judío- alemán); también suma y sigue el Barros Luco, en donde la carne churrasco, es realmente deliciosa.

A esas carnes usted le puede poner todos los ingredientes que se le antojen. Que tomate, mayonesa, pepinillos dulces, cebolla morada caramelizada, porotos verdes, ají, palta, etc.,. En la mesa hay kétchup, mostaza, ají chileno en salsa, sal, pimienta no sé pa qué pero ahí está. En esa ocasión, mi sisterna pidio el Chacarero grande, io Churrasco con todo grande, Rolando Barros Luco grande y Mauricio Lomo Bávar grande. Como estábamos en onda digerible tomamos té pero en realidad le lloraba la cerveza, que hay de gran variedad, apellidos y zonas geográficas del mundo unió.

Y una vez con el platote de sándwiches en la mano, ir a por mesa. Que no son las típicas y clásicas mesas cuadradas con sus sillas en los cuatro extremos, no, aquí la cosa es como un día de picnic pero bajo un techo. Las mesas son mesones de madera y las sillas, en realidad las alargadas que hay en todo parque que lleve asadera y en donde pretenden que las personas se unan en el silencio de la zampada.
Hay que hacer la gran ocupación chilena, dígase agandallarse con el espacio, porque parece que con hambre la gente se suele poner demasiado sociable y no falta el que quiere sentarse con uno, por más cara de muerto que le ponga y entrar en contacto. La verdad y buena onda, odio eso, así que hay que ponerse en actitud “ogro” y señalar que cierta zona, está tomada y chístale pa allá bien lejos de mí, que en realidad detesto a la humanidad.

Por último, este comedor común, cual si estuviéramos en el parque, está decorado por el festival del chuchuluco antiguo, dígase objetos de decoración añosa, añosa. Muchso de los todos, adquiridos en las ferias libres. En una muralla encontrará la oda a los cuadros, ya sea en versión naturaleza muerta, personas muertas también, idílicos espacios naturales, mar, campo, nieve, árboles.
Otra muralla para las máquinas de escribir del siglo XIX; otra para las cajas registradoras del XIX y XX; otra de todo en materia de oz, pero sin martillo. También le lleva el rincón más privado con instrumentos de cuerda como violín, guitarra, bajo, mandolina y otros. Está el sector cámaras de fotos o máquinas fotográficas, dependiendo la data del aparato.

La decoracón en realidad comienza, como todo, por el principio, donde al costado de las cajas pagadoras, está la oda al plato, después vendrá cerca de las cajas de pedido, la muralla de las tazas tipo cervezeras. Es como ir de paseo un domingo a San Telmo, al Biobío, y quizás encontrar la pelela de la abuela. A mi me encantó, todo, todo, menos la gente, pero pa qué salgo a comer fuera, ese es mi problema. Pero como todo es tan rico y abundante y además los precios están bastante buenos: oscilan entre $4.000 y $10.000. Hay que estar volviendo de tanto en tanto. Lo que se dice recomendadísimo!

Actualmente La Fuente Mardoqueo, en su espíritu por dejar a todo comensal contento, ha ampliado sus horizontes, ya que está la casa matriz, en Libertad comuna de Santiago, también en El Bosque de Las Condes y la nueva sede en Bilbao de la comuna de Providencia. No hay pierde, el que no la conoce es nomás porque no quiere.

Datologia:
Qué: La Fuente Mardoqueo, sangucheria.
Dónde: Libertad 551, Santiago, Región Metropolitana, El Bosque Norte 145, Las Condes, Región Metropolitana y Avenida Francisco Bilbao 2639, Providencia, Región Metropolitana.
Horario: De 12 a 23 hrs
Medio de pago: Efectivo, tarjetas y cheques de restaurant (Amipass, Sodexo, Ticket de Restaurant).

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