Verano Escandinavo

Por Colomba Orrego.

No vaya a creer lector, que está en presencia de una oferta de pasajes u hoteles, con destino a los países escandinavos. El título alude a las vacaciones “literarias” que quien escribe, disfrutó.
Porque si mal no recuerdo hace algunos meses atrás, comenté sobre la adicción que gozo, a por la literatura policial negra y de un tiempo a esta parte, especialmente la escandinava. Porque son unos maestros para describir, ambientar y transportar al lector al lugar de los hechos: asesinatos, desapariciones, secuestros, muertes de una o varias personas.

Y es que justamente mientras en Chile, caían patos asados, ocurrían incendios forestales y pa colmo, nos cortaban el agua, los días se sucedían al son de aventuras, paisajes, sensación de olores, colores, de aquellos países. Algunas historias ocurrían en pleno verano y las propias letras contaban que al menos que fuera en la orilla de una piscina, o de un lago, mar, o posa, la situación era tan tremenda y sudorosa como la mía. Mientras que otras, iban de 29º bajo cero y aumentando, pero hacia abajo. Porque no sé si sabrán ustedes, que los escandinavos tienen una sola estación al año, en la que quedan expuestos al sol, que es el verano, donde las temperaturas suben como las nuestras, sólo que ellos eso los pone felices, ya que sueñan que logran atesorar calidez para las restantes otras tres estaciones, donde lo que menos existe es luz, a menos que sea electrica. Ya que éstos países se adentran en la oscuridad del cielo, la blancura impoluta y fría de la nieve, como mencioné, a temperaturas bajo cero, que avanzan pero del cero en más. En donde pensar en salir de casa, no sólo es un tema por el frío exterior, sino porque lo más seguro es que las calles estén tapadas de blancos mantos de nieve, al igual que sus vehículos. Tienen que pensar rápido en una alternativa, mientras irán caminando – patinando, en busca de otras variantes que los acerque a destino.

Confieso que ese detalle de la luminosidad y la pérdida de ella, es un algo que siempre me ha parecido impresionante, no por nada existió un grande que hizo “Luz de invierno” (Bergman). Aquello de la gama de colores, que parten de un constante amanecer, atardecer y por supuesto anochecer. Tres meses de luz, radiante, enceguecedora y después, nueve de total negrura, frío y nieve. Pensarlo es raro, un tanto difícil de imaginar, experimentarlo debe, sin duda, ser una manera usual de alterar la psiquis de cualquier ser vivo.

Y justamente en aquella capacidad de “alteración psíquica”, es que retomo mis divagaciones literarias veraniegas, ya que hice de las luces y sombras de Noruega, Dinamarca y Suecia, mis compañeros de cabecera. Recuerdo cuando adolescente, en la casa de veraneo de mi abuelo paterno, tuve mi primera vez con las letras escandinavas, en manos de una pareja de escritores, un matrimonio, que me helaron la vista y entendimiento, envolviendo mi curiosidad, morbo y quizás desequilibrios síquicos, con sus libros. Ellos: Sjöwar y Wahlöö. Después supe que eran anticomunistas y corté el lazo. Pero hasta ese momento, devoré “El alegre policía, La habitación cerrada y Rosseane”, con su policía Martin Beck.

Como ya les comenté (deberán volver a releer mis publicaciones), el género policial es uno y el policial negro otro. Lo que los diferencía es que el primero, sólo se limita a resolver casos, mientras que el segundo, además le importa la persona, detective, policía, investigador privado, abogada, vieja curiosa, metiche, inspector, subcomisario, que los resuelve. La literatura policial negra, entra en la vida de este personaje capaz de resolver casos, hurga en su vida íntima, sentimental, social, económica, política. Si le gusta comer chatarra, comida orgánica, si es vegano, carnívor. Dónde come, cuánto. Si lee, qué lee. Si es existencialista, burgués, simplemente policía, todo importa. Con el paso de los años, me incliné por el policial negro obviamente, había mucho más material para hincar el diente verán ustedes. De hecho, considero que el primero en ese rango, algo así como mi maestro (y en esto le rindo un homenaje a mi abuelo Titin, que fue quién lo puso en mis manos), es George Simenon, con Inspector Maigret. Y con el paso de los años, leyendo lo que caía en mis manos y comprando cuando tuve acceso al dinerito, fui ampliando horizontes en la literatura policial negra y lentamente en la escandinava, de la que no volví a salir jamás nunca. La literatura policial negra, me ha dado tantas sorpresas como poder conocer a Asa Larsson, Jussi Adler Olsen, Henning Merkel, Camila Läckberg, Mari Jungstedt.

La vida me ha llevado a comprender y aceptar que para leerlos debes tener experiencia o estomago o morbo. Más que nada porque la policial negra, producida en Noruega, Dinamarca y Suecia, es un género descarnado. Ellos no tienen miedo a decir las cosas como suenan, a describir los asesinatos más espeluznantes y ahí tiene que estar el lector siguiendo cada palabra, atento, para no perder el hilo de lo que vendrá. Los escritores escandinavos realmente tienen una imaginación, diremos “trastocada”, no son precisamente margaritas y cielos azules lo que atrae su atención. Por el contrario, el nivel de perversión, crudeza, la capacidad imaginativa sobre lo que puede ser la maldad, la locura, sicopatía humana, creo que solo es comparable y queda corta, con lo que los nazis experimentaron en los judíos, lo que los israelitas hacen con los palestinos, lo que sucede en Guantánamo y lo que sucedió en las dictaduras Latinoámericanas.

En fin, el asunto es que “Escandinavia” ha proliferado, como otros en panes, ellos en autores del género policial negro. Para mí, ha sido una experiencia increíble, he abierto los ojos a un mundo fascinante de crímenes, maldad, perversión y además, cómo salir de estas horripilanteses situaciones, sin irse por la puerta fácil, por la ventana más baja. Contar estas historias espeluznantes con sabiduría, prolijidad y además terminarla de la misma manera. Realmente me saco el sombrero ante ellos.

Hubo un tiempo en el que creí que los escandinavos, tenían esta capacidad porque obviamente estaban tocados del mate. Después conocí a un par de lugareños suecos y otros que vivían en Noruega y todos me pincharon el globito, ya que dicen que los habitantes de esos países, gozan de imaginación, perversa eso sí, pero sólo es imaginación. En esencia, son personas tan buenas y pacificas, como anodinas. Pucha caí.
Y quizás intentando entender aquello, pienso en las excusas que utilizan los autores del policial negro, para justificar por qué sus personajes malvados, hacen lo que comenten. Y es que en realidad, si tienes más oscuridad que luz y además eres, como se dice en Chile, más bien “fome”, pues todo aquello que goce de más energía que tu y que logra iluminar tus días, darte felicidad, querrás que eso permanezca así por siempre jamás y antes de perderlo… mejor matarile ¿qué no? O sea que fuere por las emociones más básicas y archiconocidas como el amor, el desamor, el odio y por tanto la venganza, puedes matar. Como también por fanatismo, ya sea religioso, político, todo lo que desde afuera, llega hasta tí, alegrando, energizando, iluminando tu opacada existencia y que por no volver a la oscuridad, tod se vale, disque.

Otros elementos son los que entregan autores como Jussi Adler Olsen y Henning Merkel, que además de hacer relatos de policial negro, con sus inspectores de policía Carl Mock y Kurt Wallander, respectivamente, también suman una constante crítica al sistema social, político y económico de Dinamarca y Suecia, a los cuales pertenece cada uno. Y en el caso de Jussi Adler, hay que decir que si alguien tiene dedos para narrar historias que usted alguna vez leyó, pensó, Adler las transforma en realidad literaria. Y bueno es que todos estos escritores, son muy aplicados y para escribir cualquier novela, previamente aprenden de diversos temas como los temas policiales, servicio médico legal, autopsias, necrofilias varias, secuestradores, policía corrupta, cárceles anónimas, etc.

Después por orden de preferencia, viene Asa Larsson, que es una diosa en el arte de las descripciones, de hecho, los entendidos en este género, la han bautizado la versión femenina de Henning Merkel, que a su vez, será por la edad está muy cerca de las descripciones decimonónicas que tanto amo. En el caso de Larsson, las historias de crímenes, se desarrollan de la mano de un cuerpo policial y una abogada, Rebecka Martinsso.

Le seguiría Camila Läckberg, que me encanta, tiene esa característica tipo “sello”, que sus historias están construidas en base a un pasado que las precede y alimenta hacia el presente y futuro, gatillando los sucesos más secretos, oscuridades, ocultas y que a veces, suelen mejorar o arreglarse gracias a la ayuda e investigación que realizan los protagonistas Patrik Hedström y Erika Falck.

Y por último Mari Jungstedt, que es una escritora sueca, a quien casualmente le estoy hincando el diente en estas semanas y que ha sido una gran experiencia. Sus novelas policial negra, ocurren todas en Visby, que está en la Isla de Gotland. Con su detective Knuts. Lo cual le da un carácter especial ya que es casi la única escritora escandinava, que escribe en versión verano o en estaciones que no son tan víctimas de la oscuridad, ya que no sé, a lo mejor es una impresión mía, el clima es menos extremo (el equilibrio que entrega el mar) y bueno, no por ello se deja de matar, como en las zonas urbanas de Suecia, pero hasta los libros leído, he sentido que hay un cierto relajamiento o falta de acelere propio de las urbes y eso siempre apacigua los ánimos y las exigencias ¿Qué no?
Obvio que no deja de ser curioso, que digan misa y otras cosas, el género policial negro, en versión escandinavo y si uno revisa las listas en librerías, descubrirá que son más mujeres que hombres. Qué sino, piensen en Patricia Highsmith, que en estricto rigor, sus novelas también son de esta materia.
Finalmente y como moraleja, les aconsejo que echen un vistazo a estos países, su cultura y sobre todo la literatura.

Datología:
Qué: Literatura policial negra.
Dónde: Librería Antartica, Feria Chilena del Libro, Qué Leo.
Precios: Entre $8.000 – $15.000

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