Comida chilena: en Bar Nacional

Por Colomba Orrego

Nuevamente mi querido amigo Rolando, que trabaja en el centro de la ciudad, me invitó almorzar y en esta ocasión, fue a un lugar donde viviría mi experiencia de “primera vez”: en el Bar Nacional. Pues así es y qué tanto. Será que pese a todo lo que como y vaya que como, me falta plato (por no decir calle), lo cual en vez de provocar depresión me abre la puerta a la posibilidad interminable de continuar conociendo en temas alimenticios, lo que encuentro genial.

Además que para qué mentir, si de verdad no soy para nada una conocedora de la comida nacional, será también por aquello del golpe de Estado, exilio y que uno carece de identidad patria, porque le huele mucho a nación – milicos – caca. Onda como que al país que profeso, defiendo, añoro y ensoñó es otro. Lo que me hace ser una ignorante de Chile, pero como lo fundamental es el amor a la comida, a comérsela, no dejar nada en el plato, creo que no es un pecado mortal y es subsanable poniéndonos contentamente al día en materias culinarias chilenas.

Y qué mejor manera que de la mano de un santiaguino bien chileno, como mi amigo, Rolando, que me lleva a conocer esos manjares. Porque aunque poco sepa, algo entiendo, como que la comida tradicional se sirve en platos abundantes y para mí, ese detalle es música. Porque lo que no tengo de nacionalista, lo profeso de buena pal diente, al buen comer, el placer que hace que mi colmillo crezca día con día (y la panza también). Aunado a la capacidad de distinguir bistec de suela de zapato, porotos granados a con rienda, cazuela de pollo o de res, en fin, tanta delicia. Además no están para saberlo más yo sí para contarles, que tengo el honor de contar bajo el techo de mi casa, a una eximia cocinera de platillos chilenos, como lo es mi sisterna Manuela. Ella es de las personas capaces de hacer que un guiso de verduras quede delicioso y con sabor, aroma, deleites varios, cual si en la menos vegana estuviera presente la carne. Porque como yo, muchos pensamos que un ingrediente que puede hacer hablar (de sabor) a una verdura, es la carne y no pues, el buen cocinero hará que eso pase sin necesidad de ello y que el comensal no deje en el plato, más que la ruta por donde pasó la lengua.

Ese podría decir que es mi primera clase de comida chilena. Después obviamente está el caldo de pata que conocí con mi hermana; la ruta de la cazuela ídem ella; o sea mi hermana es la neta del planeta. Y de ahí en más he ido acrecentando mi conocimiento gástrico por aquello que alguna vez les conté de “comida típica”. Los platillos con historia nacional. Como la cazuela, la misma carbonada, el pernil, el arrollado huaso, el caldo de patas, etc. Unos más arribados económicamente que otros, como los que poseen carne, que es un producto más caro, otros con cerdo, que es un producto más barato y también mal visto, los sin ninguno cuatro patas y así sucesivamente.

Volviendo a mi salida al Bar Nacional, que sin necesidad de explicarme mucho, con solo mirar adentro del local Bar Nacional 1, ubicado en Huérfanos 1151, pude darme cuenta de qué iba la cosa.
En la sucursal del Bar Nacional 1, porque les contaré que como averigüé existen tres sedes, éste, otro conocido como Bar Nacional 3 que está en Matías Cousiño y Bar Nacional Norte, para que los del barrio alto no digan que no pueden probar estas cosas, esa sede está en Bosque Norte 040 Las Condes. Y al menos en las sedes del centro, uno puede acceder a un delicioso plato de comida abundante y bien chilena o si no, a un gran sanguchón en toda la extensión que conocemos de grande, gordo, jugoso, amplio más que el tamaño de tu boca.

Para beber, no por nada el lugar lleva el nombre de bar, ya que en la sede de huérfanos, entras y a mano izquierda verás una larga barra, ocupada por maquinas de schop, al fondo una vitrina de vidrio y espejos con muchos jarros, vasos, copas y sobre la barra, uno que otro humano esperando le llenen de liquido vital la garganta. Hay por supuesto pisco sour, vaina, whisky o bourbon (eso no lo sé), vino tinto y blanco. Porque la buena comida chilena tiene que ir acompañada, remada, con su copa de algún liquido pasado de los 30 grados ¿Qué no?

Como nosotros fuimos a la hora de almuerzo y mi querido amigo Rolando, debía volver al trabajo, no tomamos alcohol si no que bebida con gas. Otro detalle que habla del éxito de Bar Nacional, es que a la hora del almuerzo, visitamos primero la sede de Matías Cousiño y estaba tan a reventar, que terminamos en la de Huérfanos. Y esta sede que no cantaba mal las rancheras en materias de repleto, era tal que tuvimos que descender cuasi al infierno o subterráneo y visualizar una mesita arrimada entre otras muchas más.

Confieso que esa idea del subterráneo y la mesa más bien empotrada contra el muro, generó una cierta sensación claustrofóbica, donde sólo se cruzaba por mi mente lo que sería vivir ahí un terremoto. Ya que las posibilidades de transitar, movilizarse, cambiar de mesa, ir al baño, son tan imposibles, que lo mejor es no pensar esas cosas, ubicarse, respirar hondo y dejar que el tiempo fluya de la mejor manera. Ese fue el único pero que encontré, pero problema mío, ya que me cargan las aglomeraciones y aquí era una oda al apretuje.

Otro dato que habla de tradiciones y conservadurismos, ya que estamos, es el hecho no menor que quien atiende, toma nota del pedido, lleva y trae los platos sean siempre hombres. De todas las edades, preferentemente mayores de 30. Quienes vestidos con pantalón negro, blusa blanca, chaqueta sin mangas negra, algunos humita negra y delantal negro, circulan de mesa en mesa, subiendo y bajando con bandejas repletas. Porque digamos las cosas por su nombre, por la pucha que son machistas las tradiciones.

En materia de menú, si vas en verano tendrás oportunidad de comer porotos granados con su ensalada chilena; pastel de choclo con azúcar espolvoreada (que no te preguntan si la quieres, la lleva); pescado frito los viernes. Y ya del menú de todo el año: porotos con riendas; bistec, lomo, churrasco, chuleta a lo pobre. Nosotros comimos cual mellizos separados al nacer que somos, escalopas con papas fritas y ensalada de tomate. Una poesía.
Porque tengo que decirles que en materia de escalopas chilena o la milanesa argentina, el secreto está en el corte de carne, es decir, la calidad. Porque no da lo mismo suela de zapato que filete o lomo y la calidad de los productos que tiene el apanado también hablan de los plus que suman o restan. Porque hay unas escalopas o milanesas que te dejan hinchado listos para dar a luz y otros que sientes satisfacción sin consecuencias. Calidad versus gato por liebre. Y en nuestro caso corrimos con la suerte de la felicidad y satisfacción.
Y para cerrar con broche de oro, el postre, que a nivel tradicionales, son todos aquellos súper mega originales como duraznos o papayas en su jugo (almíbar) con crema, castañas en su jugo, puré de castañas y helados por doquier, seguramente Savory. Nosotros comimos flan bañado en caramelo, que estaba de rechupete.

Un gran plus de los lugares con tradición nacional, es la costumbre tan sana y para mi enternecedora, de otorgar importancia a la que debería ser la comida más importante del día: el desayuno. Con sus huevitos a la paila, con jamón o sin él, pancito, mantequilla. O si no la orden de tostadas en pan frica, blanco o molde, mantequilla, mermelada y para beber café cortado, té. Esos detalles que realmente hablan de un pasado bastante pisado, que deberíamos recobrar o lo que le llamaban: “la tradición nacional al pedido del público”. Así que ya sabe si está tentad@, con el colmillo exangüe, no lo piense y acuda a las diversas sucursales de Bar Nacional, que vivirá un placer de paladar infinito.

DATOLOGIA
Dónde: Bar Nacional 1, 3 y Norte.
Dirección: Huérfanos 1151, Matías Cousiño 54 y Bosque Norte 040.
Horario: De 10 am a 02 am
Estacionamiento: No.

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2 Respuestas

  1. Lilian dijo:

    This piece was cogent, wewnl-rittel, and pithy.

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