Hoy te recomendamos visitar el Castillo de la Hamburguesa

Por Colomba Orrego

Hace algún tiempo mientras disfrutaba las delicias del “Golfo di Napoli”, supe que existía un lugar, seudo picada, donde se hacían las mejores hamburguesas del mundo mundial. Pero olvidé preguntar dónde quedaba. Pasó el tiempo y casi lo olvido pero una querida amiga, con la misma hambre de sabores que yo, me invitó a conocerlo y por supuesto no lo pensé ni un segundo.

El Castillo Hamburguer, tal y como se llama, está ubicado en Los Tres Antonios 397, en el barrio de Ñuñoa. Pero si hablamos de las bondades de este sitio, es mejor que lo hagamos por partes. Primero tenemos que detenernos en aquello que les conté que me chifla: la arquitectura. O sea, siendo honestos cuando la dueña del local lo bautizó como “El castillo hamburguer” no sólo lo hizo por la delicia del sabor de sus carnes, la generosidad de sus platos, si no porque literalmente el restaurante, tipo disque onda “picada”, existe bajo el techo de lo más parecido que podrás encontrar a un “castillo”.

Como el castillo del Rey Arturo o el castillo de la Bella durmiente o el castillo que un@ cuando chic@ dibujaba. Con sus torreones entrecortados en cuadrados, muros mitad piedra, mitad blancos de cemento y en su interior sólidos y oscuros-rojizos ladrillos. Como es castillo, obviamente tiene que tener al menos dos pisos, un antejardín para que las princesas jueguen, eso sí, le falta el puente elevadizo, que lo separe del agua que corre por abajo. Aquel puente que se levanta transformándose en la sólida puerta imposible de penetrar, que deja afuera a los dragones y a los malos, malísimos.

Una vez deleitados por su apariencia, maravillarse con la realidad constante que sí existen los castillos, ingresamos encontrándonos primero con una puerta (no elevadiza) hermosa, de madera, una mampara con vitrales que simbolizan escudos familiares, armas (dignos de un castillo), madera, madera, que te quiero madera, por todas partes. Madera en la mitad de las murallas, de madera es la sólida y majestuosa escalera, el mesón por donde sonriente recibe la dueña.
Otro tema nada menor es la decoración, si bien todo americanizado porque al parecer, desconozco otra versión, los reyes de las hamburguesas son los gringos de Estados Unidos. Pero aquí entramos al castillo norteamericano de los años ´50. Con posters de autos hermosos, de Elvis Presley viajando en moto, placas de autos antiguos, mucha alusión a “Carretera 69”, una hermosa maleta de cuero en el descanso de la escalera. Una decoración, muy cálida, sobria que suma y sigue con las habitaciones – comedores, del segundo piso y qué decir con las delicias que trae la carta.

Confieso que ya he venido varias veces, tanto con mi amiga, como con mi sisterna Manucita y también hemos traído a mi sobrina, o sea podríamos estar frente a un caso de obsesión sincera. Pero en esta ocasión, decidimos regresar a sufrir con mi sisterna. De entrada porque como es cita de chanchada, hay que comer como tal, unos bastones de queso, que son mortales, crujientes, sumado a las salsas que ponen para acompañar. La cerveza que es muy importante, por aquello que se atore algo en el guargüero, para mí negra bien negra y mi sisterna su lager porque ella es una dama. Entrando en materia, ella se pidió la brasilera y yo la clásica, única, inigualable y que no me canso de solicitar: “El castillo americano”. La de mi sisterna hay que decir que se ve bien apetitosa, sobre todo si tienes alma light y aunque todo el resto es calórico, quieres cultivar tu perfil verde. Ya que además de la suculenta y jugosa hamburguesa hecha en casa, lleva pimiento morrón asado, palta, lechuga, cebolla morada, salsas varias. La mía es más clásica y enorme, casi que engaña al comensal, creyendo que se está empacando dos hamburguesas, por la altura que tiene. Educadamente las y los meseros te ponen tenedor y cuchillo, la verdad que en mi caso, como nunca fui educada en esas lides, dejo estas herramientas bien lejos de mí y la bienvenida a la mandíbula que se abre con hambre y a las manotas, previamente lavadas, es inminente.

Puedo dar fe que “el castillo americano” es de las mejores hamburguesas, todas lo son, todas se ven deliciosas, si eres de l@s que el tamaño entra antes que nada, estás en el lugar preciso. Y todas las hamburguesas, van acompañadas, tiernamente, por un canasto de papas fritas al dente, soberbias y sus correspondientes salsas.

Como buena hamburguesa de los duyunaistates, la carne debe ir rodeada de un buen cinto de tocino previamente dorado, para entregar uff el mejor de los sabores. Porque lo que deja al paladar la carne de res más la de porcino nunca bien valorado, es literalmente una poesía en movimiento. A eso le sumamos cebolla morada caramelizada, champiñones laminados, lechuga. Otro detalle que en realidad debería ser tema aparte, es el pan. Porque obviamente que para que una hamburguesa pueda ser realmente “enorme” tiene que tener un murallón que la contenga, sostenga en toda su extensión, por arriba y por abajo y el pan de “El castillo hamburguer” es el preciso.

No por nada dicen por ahí que “Don Golfo” dígase el dueño del “Golfo di Napoli”, padre de la dueña, lo prepara todas las mañanas con la receta de sus tierras natales y el resultado es una maravilla. Nada de exceso de miga como ese que venden en los supermercados o restoranes ídem. Este posee una tapa crocante y fresca, que en lo personal me dan ganas que pusieran un canastillo con más, sólo para rebalsar en la chanchada. Sumado a la base, que es solida pero tampoco una cosa tiesa, imposible de doblegarlo a punta de colmillos y muelas, pero pensando en que el comensal no se quedará observando la pastura mientras los jugos de los ingredientes masacran al pan ¿verdad? Es decir, dura lo que un comilón (ona) de hamburguesas dedica en engullirla con placer.

Con mi sisterna, como somos de diente largo, cual si ella no conociera ya de lo que estábamos hablando, se le ocurrió pedir de entrada además de los bastones de queso, aros de cebolla. ¡Mama mía¡ no soy italiana pero la verdad que fue una delicia sin precedentes. Tanto aros como bastones, estaban soberbios, desde el apanado, seguramente receta personal, de los que tras comerlos, no te hinchas. Los aros de cebolla en versión son lo que son, anchas lonjas redondas de cebolla y los bastones de queso, con el queso más delicioso, derretible, sabroso, exquisito. Ambos acompañados por salsas varias de barbacoa, ajo, mayonesa casera, ricuras puras.

Confieso que para ser la noche, horario en el que asistimos, quizás debimos pedir nomás la enorme hamburguesa porque, con justa razón dicen, que de noche es mejor no comer tan cargadito. Pero esos son gajes del oficio de l@s colmillud@s, que asumo con dignidad y sigo saboreando más y más.

Para los y las que se cuentan unos cuentos tamaño castillo, la carta también cuenta con unas ensaladas estratosféricamente deliciosas, o sea casi que la enplatan en un macetero y como tal lo posan sobre su mesa. Las hay con lechuga, aire y especias; lechuga aire y aliños varios; lechuga, aire, especias, aliños varios y algún trozo de pollo. Todas mega ricas, aunque ridículo pensar en ir a comer ensalada a una hamburguesería, pero el porcentaje de dementes en nuestra sociedad es alta y no vamos a discriminarlos y menos aquí.

También para los clásicos consumidores de hamburguesas, hay cerveza, para los niños chicos bebidas gaseosas, jugos de frutas y agua del wáter para todos. Sobre el tema de la digestión, hay que decir que los baños son realmente buenos, están en el segundo piso y cuentan con todo para ser un WC excelente. Y el detalle nunca menor de la atención, hay que decir que es excelente. Ya que el meollo del asunto en la atención de mesas, es además de la dedicación, amabilidad y rapidez, califica que si el comensal come como malo de la cabeza, no por ello tiene que transformarse en un Diógenes en loza, cubiertos y servilletas usadas sobre la mesa ¿verdad? Es decir, constantemente deben estar sacando todo aquello que fue vaciado en la mesa. Cosa que ocurre al 100% en este lugar.

O sea que El castillo hamburguer, es sin lugar a dudas, la nueva mega, híper, gigante, picada del rubro. Porque realmente al igual que donde “Golfo di Napoli”, los platos son grandes y los precios bajos. Algo no tan común en Santiago, donde ni bien el local tiene éxito, baja la calidad del producto, el tamaño del plato y agranda el precio. Eso que en términos poco poéticos conocemos como “robo a plato armado”. Así que si puede darse el tiempo, vaya, deléitese, conozca el castillo que soñó de chic@, pruebe y compruebe, que todo lo que le digo es poco comparado con la realidad.

DATOLOGIA
Donde: Los tres Antonios 397, Ñuñoa
Teléfono: (2) 2343 2198
Web: http://www.castillohamburger.cl/
Horarios: Desde el almuerzo hasta la noche continuado.
Estacionamientos: Sí.

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2 Respuestas

  1. Ellen dijo:

    I lireatlly jumped out of my chair and danced after reading this!

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