THE RAJ: el sabor hindú que entra por los ojos

Por Colomba Orrego

En mis caminatas por las calles de la comuna de Providencia me encontré un día con THE RAJ y me gustó. Me gustó el dibujo, cual grafiti en el muro frontal del local, de este señor barbudo, de sombrero multicolor y fumando. Imaginé tantas cosas, que creo fue justamente la posibilidad lúdica de ensoñación e imaginación, la que me llevó a querer cruzar el umbral y descubrir de qué se trataba esto.

Primero que nada, la decoración interior me llamó la atención por lo sobria, en contraste con otros restaurantes hindú que he conocido, y qué decir de los peruanos, que en su gracia infinita por la cocina, carecen de gusto estético en la decoración de ambientes. En THE RAJ, el único pero, así para no decir que he dejado de ser una fijada, sería la distribución de las mesas y el color de los manteles, ninguna de las dos cosas de mi gusto. En cambio la sencillez del espacio, casi ningún cuadro en las murallas, salvo un fresco del Templo Meenakshi Amman, ubicado en la ciudad santa de Madurai, en una versión naif, que me encantó. Una barra llena de licores, tragos, copas, vasos, mucho vino. El resto vacío, casi minimalista. Para el verano esta óptima la opción de utilizar la terraza. Para los tiempos y frescos que corren en mayo, es mejor resguardarse en su interior.

En materia de atención de meseros, excelente, pese a que sólo son dos una mujer y un hombre. A nosotros nos tocó la mesera y realmente fue de una rapidez, eficiencia, paciencia y generosidad, que daban ganas de afiatar los lazos amistosos.

Otro detalle que me encantó y casi despertó mis dotes cleptómanas, fue la cuchillería. Mamá mía que belleza. Yo que soy más bien bestia y me gusta comer con las manos, sentir las texturas en los dedos, chupeteármelos, meterlos en el plato mío y en el ajeno, escandalizar a los comensales, en esta ocasión quedé absoluta y totalmente absorta con el tenedor, cuchara y cuchillo. Los tres de metal en tono plateado opaco, de un tamaño intermedio, más bien pachoncitos, gordos, chatitos, con el mango en un tono dorado tibio, un cobrecillo entibiado, despintado sublime, que al tocarlos sentías unas hendiduras dignas del repujado. Realmente quedé loca de amor por los cubiertos y pensé meterlos en mis sostenes, acomodarlos de manera que el bulto siguiera siendo los senos, poseerlos, al más puro estilo Diógenes. Pero por esta ocasión, no lo hice. Y aunque confieso que jamás de los nunca me detuve en la cuchillería porque la sentía inútil, porque para eso el supremo nos dio diez dedos distribuidos en dos manos, creo que este hallazgo, fue el comienzo de la sublimación y amor por THE RAJ.

Alguien dijo por ahí que en la India, el trago, licor, alcohol, no existe porque la gente, los hindúes, no toman. Pues hay que decir que este local, al igual que los otros que he visitado, se ha latinoamericanizado y/o chilenizado rápidamente, encontrando el meollo del corazón nacional, porque barra había y bastante bien provista.

En mi caso incline el codo al son de una Torobayo Kustmann, que estaba muy rica y helada pese al frío. Para compartir con el líquido, probamos de entrada los o las Naan de queso y picante. Los Naan son unas especies de tortillas, panqueques, masas aplanadas, redondeadas, de trigo (porque eran blancas) que la forma en que las llevan a la mesa, el corte asemeja a un trozo de pizza. El Naam de queso es la que más apariencia a tal tiene, ya que en su interior hay un delicioso y derretido queso. Los Naan se comen, como el pan del chileno, puedes untarlos en las deliciosas y coloridas salsas de yogurt natural con especies, yogurt en tono verde, amarillo y rojo. Sumamos también a la Samosa. Las Samosas son unas masitas que semejan donitas, de textura suave, color mostaza, al moderlas son muy blandas y muy sabrosas que también se untan en las salsas. Y por último Masala Vada y Medhu Vada, que eran verduras y carnes aliñadas con los secretos de la India.

Aunque realmente uno podría quedarse la vida comiendo estas cositas, sobre todo los Naan y pese a que era de noche y que dicen que no es bueno echar mucho peso al estómago, porque lo normal es que uno no duerme mientras trota, estábamos en la India del THE RAJ y todos los platos de fondos se veían unos más deliciosos que otros, más sabrosos, condimentados, picositos. Claro picositos, que bueno que toco ese tema. Al igual que la comida Thai y la mexicana, los hindú y confieso que no había pensado que fuera de este modo, son bien buenos para el picante y si uno no sabe de esto y no pide explicación, les juro que lo padecerán. Como nosotros contábamos con la mejor mesera, ella nos contó sobre los niveles de picor para que no nos pasara que: “esta picante, semi picante, muy picante, chucha me picó”. Nuestra mesera como vio que había comensales preocupados con el tema del picor (que si pica por arriba, también por abajo), entonces nos prometió que nuestros platillos serían muy poco picantes. Y la verdad es que lo consiguió. Como soy intranquila emocional, una vez que llegó con poquito picante, pensé que me hubiera gustado vivir la experiencia del picor por abajo “pero poquito”.

Fue así como después de mucho batallar y que la mesera se ganara no sólo una buena propina, sino que una estrella por su paciencia, a causa de unos cuantos comensales atrapados en su Hamlet existencial, que titubeaban demasiado, cambiando de menú una y otra vez. En mis terrenos esos hamletianos ya estarían colgados de alguna viga o sus mejillas rosadas al son de mis palmas, pero se salvaron de estar en THE RAJ. El asunto es que después de una larga batalla, la mesera se marchó con nuestras decisiones. Uno de los comensales y yo pedimos Arroces no vegetarianos, aunque confieso que durante la noche lo lamenté un poco, pero eso es otra historia. La una pidió Biryani Dum Res y la yo Biryani Dum de cordero. Dos maravillosos pocillos de metal encobrado, dígase metal con uno tono en la parte de la base, de metal cobre un tanto desteñido, donde nuevamente quise retomar mis tiempos de cleptómana, pero en las tetas, este pocillo no entraría con disimulo.

Porque los pocillos, si bien no eran para el Oso mayor, tampoco para la Osa mamá que siempre es modosa, sino más bien para él o la hija Osa que le gusta comer. El mío, porque no me dieron a probar del otro, era poético. Poético en su tamaño, en la salsa de yogurt con especias que me acompañaba, por si consideraba que estaba muy picante, que no fue tal, pero la salsa igual la devoré. El arroz basmati aliñado en tonos rojos, supongo de un pasado picante, con unos trozos nunca antes vistos de cordero, trozos de los que uno podía decir “estoy comiendo cordero, estoy mascando un trozo de cordero y pucha que está rico”.

Otro platillo hermosos en su presentación y por la forma en que no dejaron nada, tampoco compartieron, creo que estaba delicioso fue Malahi Koftas, que son unas bolitas de algo vegetariano, bañadas en una exquisita salsa o pasta espesa de castañas de cajú, acompañado con un arroz basmati con verduras y además dos canastas de pan, con Naam de queso.

De postre la modosidad se acordó que tenía estómago y no hubo mucha variedad. Cinco comieron dos Gulab Jamun y yo me comí un Zanahoria Halwa, que era otra poesía. El Gulab Jamun, son unas bolitas de masita, con leche evaporada y un dulce con un aroma al paladar de cardamomo, bien ricos, ya los había probado antes. El mío, para ser su primera vez, se convirtió en mi postre hindú de ahora en más: un puré de zanahoria, endulzado en equilibrio y con una textura al paladar y a las muelas, como para comerlo hasta el día de la muerte, poético es poco. Pura poesía.

Otro dato que sumamos con nuestra maestra mesera, es que THE RAJ cocina la comida típica hindú de la zona norte del país, a diferencia de todos los demás que son del sur. Para mi ignorancia geográfica, era un detalle de puntos cardinales de rebote, porque solo sé para donde está la cordillera y si voy a un país que no la tiene, sólo sabré pero jamás preguntaré, para dónde está la izquierda y derecha. Pero realmente THE RAJ del norte, es un restaurante en la comuna de Providencia que merece todas las estrellas del universo. De calificarla nos trasladamos al norte y le damos un cien. En la más crítica gastronómica: totalmente recomendado.

Datologia

  • Donde: Manuel Montt 1855, Providencia, esquina de Los Capitanes.
  • Horario: continuado de 9 a 00 horas.
  • Teléfono: 227160077
  • Email: raj@theraj.cl
  • Estacionamiento: No.

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