La Bitácora de Mari

Por Mari Valdi

Existe una nueva modalidad de ventas, en nuestra capital, se efectúa a través de las redes sociales y se lleva a cabo en alguna estación del metro; previo acuerdo vendedor-comprador. Se trata de un lugar neutral y casi siempre conocido para ambas partes, seguro porque nunca deja de haber gente en sus estaciones y cómodo de acceder. Revisas la mercadería, si la apruebas, pagas, y la transacción procede con rapidez y sencillez. Es decir…”regalado de fácil”.

Hoy partí por mi primera compra en metro…
Mi cita sería en la “Estación Central”, es decir bastante lejos de donde vivo, así es que me fui con tiempo y tomé el metro en dirección San Pablo. Debo reconocer, no sin algo de vergüenza, que como usuario del transporte público, dejo bastante que desear. La tarjeta bip que le saqué a mi mamá, me salió bastante caprichosa y por más que la acercaba al lector en diferentes posiciones, se negaba a obedecer, hasta que finalmente el guardia, que me miraba desafiante y con aires de superioridad, decidió ayudarme.
La barrera se levantó y superé mi primer obstáculo.

Una vez adentro, las opciones son pocas, porque la masa de gente te guía, eres parte del “ganado” y yo, entre resignada y agradecida, me dejaba transportar sin poner objeción alguna; de una entrega nunca antes vista, dócil y sumisa, la maravilla de mujer que un hombre siempre ha soñado tener.
Me detengo…No, no es así. Me detienen frente a una línea amarilla para esperar el próximo carro.

A los pocos minutos, siento una horda humana que se abalanza, a punta de golpes y empujando con lo que tengan a mano, mochilas, carteras, paraguas, cualquier cosa con tal de conseguir subir a bordo.
Fue tanta mi impresión que quedé estática, hasta que una mujer me grita “y vó?… si no vai a subir ctm, hazte un lado”. Con eso, reaccioné y me di cuenta que si no me avivaba, difícilmente llegaría a tiempo a mi encuentro y de hacerlo, sería en dudosas condiciones, a juzgar por la agresividad del ambiente.

Luego vino el cambio de línea, entonces antes de que el carro se detuviera, me dije, como para darme apoyo a mí misma, “antes que nada, actitud Mari, tú puedes”, y repitiéndome esto y con un andar seguro, afronté el paso siguiente, el que realicé con tanta seguridad, que nadie se dio cuenta siquiera que me había equivocado. Ni yo, hasta cuando me percaté que recorrí dos estaciones en sentido contrario.

Pero, nunca es tarde para volver a comenzar, ya les conté que iba con tiempo, así es que, enmendé la ruta. Ahora ya en camino correcto y sin más cambios, solo me quedaba esperar que anunciaran la estación de destino. Mientras el tren avanza, es imposible no preguntarse qué hacían estos “usuarios” cuando no tenían celulares. Todos, salvo muy pocas excepciones, van absortos en las pantallas, con auriculares y la mirada perdida. ¡Con una cara de pillos!

“Elimine todos los hoyos de su hogar”, escucho que alguien grita.
“Diga chao a los clavos y tornillos”, continúa.
“Por solo $1.000 pesos lleve hoy 6 metros de huincha para pegar”.
“La misma que en los supermercados la venden a $6.000”
Así gritaba un hombre que recorría los carros vendiendo.

Otro más atrás “no me va a creer la tremenda oferta del día de hoy, le traigo el Super Ocho con un 25% gratis a tan solo $300, o bien 2 por $500. No me deje pasar, que es sólo por hoy, aproveche que me voy”
Dentro de todo, como que estos vendedores amenizaban la cosa, porque tanta concentración en los móviles, aburre.

La próxima parada es la mía, y aun no es la hora acordada, pero ya estoy emocionada, me gusta ser parte de un mundo diferente. Me ha costado integrarme, es cierto, pero lo lograré.

Definitivamente, la referencia que me entregaron para reconocer al proveedor, no era muy estratégica.
“Chaqueta negra y usa anteojos”, me dijeron, sin embargo, lo que marcaba la diferencia era…”llevaría una bolsa verde”.

El 65% de la gente en la estación, usaba chaqueta negra, el 40% llevaba anteojos, y más del 45% portaban bolsas verdes del Jumbo, en su mayoría, y las de Falabella también hacían lo suyo. Es decir, debía estudiar a los personajes con esas características, e intentar identificar al personaje. De pronto identifico a un eventual protagonista: sentado, chaqueta negra, anteojos y bolsa del Jumbo entre sus piernas. No lo dudo y con seguridad me siento a su lado y le digo: “Me creerá que pensé que no lo encontraría, estas transacciones son complicadas, pero al fin voy a conocer su mercadería en vivo y en directo”. El hombre se saca los anteojos, me mira de arriba abajo y me dice muy serio, “Ud. no me cuadra con la descripción que me dieron” Lo encontré bastante hiriente, casi ofensivo, me dieron ganas de decirle “¡perdone lo poco!”, pero…

Lo noto nervioso, y sin esperar respuesta se levanta y corre por las escaleras, con tan mala suerte que en dirección a él se dirigen dos carabineros que lo detienen y lo primero que hacen es fiscalizarle la bolsa verde…lo que hasta hace pocos minutos pensé que era mío.

Mientras se junta un piño de gente para mirar el procedimiento, se despeja la estación y puedo ver que frente a mi queda un señor con las características antes mencionadas. Lo miro esperanzada y algo más tímida le pregunto “ ¿Don Teodófilo?”…
Me contesta con voz dulce, para usted mijita, Teofilo, o Teo.
(Que idiota, por poco le digo Don Pedófilo)

¡Lo abracé de pura emoción, feliz de haberlo encontrado!

Fue así como hoy llevé a cabo mi primera compra realizada en el metro y transada en la web. Don Teo es un gran artesano y ceramista, hace unas figuras en arcilla bellísimas las que llevaré de regalo en mi próximo viaje fuera de Chile.

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3 Respuestas

  1. Patricia Essmann dijo:

    Mary, cada bitacora me causa muuuuchas sonrisas, me encantan tus anegdotas y la estupenda natación

  2. Maca. dijo:

    Jajajajaj suerte que contaste que era la compra!!!!
    Pensé que nos dejarías metidas….

  3. Fabiola dijo:

    Jajjaja siempre tan genial. Me rei mucho. Ingeniosa, graciosa… felicitaciones.!!! Esas cosas solo le pasan a la Mari jajajaja

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