La Bitácora de Mari

Por Mari Valdi

Hay situaciones difíciles de afrontar, como el regreso de las vacaciones y retomar la rutina diaria. Volver a la “realidad” no es tarea fácil. Del modo en que esta sea, buena o mala, pero es tu realidad y por eso la respetamos y asumimos. Es cierto, suele ser complicado y hasta traumático a veces, dependiendo de lo bien que lo hayas pasado en esos días de libertad y relajo. Pero logramos enrielarnos y regresar al camino en que estábamos, no sin dificultad, pero lo hacemos.

Con el correr de los días, y pasando la mitad del mes, los niños ya están de regreso en el colegio, los útiles comprados, libros forrados y marcados. Los universitarios y estudiantes vuelven a sus horarios habituales.
Reingresamos a los trabajos, las tareas pendientes, y hasta nos comprometemos con responsabilidades extras. Nadie puede negar que marzo es el mes de los desafíos, ¿a quién no le han dado ganas de tomar un curso, hacer un taller, aprender algo? Si han pasado por eso de seguro lo han comenzado en marzo.

Aparentemente todo ha vuelto a su curso y fluye con tranquilidad, pero no es así, déjenme contarles que se nos viene Semana Santa, Pascua de Resurrección y con ello, los huevitos y conejos de chocolates, en sus infinitas variedades, tamaños, rellenos y sabores, las canastitas repletas de kilos extras que indudablemente se suman a los que no alcanzaste a bajar después de las vacaciones. Y estos son los peores porque están camuflados bajo una imagen de ternura, que no te dan alternativa y no puedes dejar de aceptar, sobre todo si te los ofrece un niño, al cual le has enseñado a compartir. Mal que mal, ¿quién eres tú para desilusionar a un pajarito que se acerca cariñoso con deliciosos y exquisitos chocolates?….
Un kilo más, ni se va a notar, total viene el tiempo fresco y con una chaqueta se puede camuflar hasta el rollo más rebelde.

¿Cómo nos vamos a acostumbrar a tener una vida sana y ordenada?, ¿cómo vamos a enmendar camino con tanta distracción que nos saca constantemente de la ruta? ¡No nos dan tregua! Nuestra vida está plagada de tentaciones, sabrosas tentaciones, ante las cuales, hasta el más fuerte puede sucumbir.

Muchas veces me canso de ser buena y pierdo el norte, pero hasta el momento siempre hay algo que me hace regresar al camino del bien. Pero estoy segura que un día me voy a perder, bien perdida y difícilmente me podrán encontrar.

Es que si lo pensamos bien, esto está bastante desprestigiado, porque lo correcto, lo esperado, es como lo predecible, lo aburrido, lo latero. Para que me entiendan, podemos relacionar esto con el día lunes, ¿han pensado alguna vez en la tremenda “carga kármica” que arrastra el día lunes? Es muy fuerte, ninguno de sus “días hermanos” la tiene.

Si quieres comenzar una dieta, lo harás el lunes. Si postergas algo que no lo quieres hacer, lo aplazarás para el lunes. “Desde el lunes comienzo a ir al gimnasio”, escucharás decir más de una vez. “La reunión del viernes, la corremos para el lunes y salimos más temprano”. Pero lo peor es cuando te dicen “andamos como día lunes”, por no decirte que andas lenta y poco astuta. Eso es el desprestigio mismo. Ahora si te dicen que tienes “cara de lunes”, mejor regresa a tu casa y te acuestas; ¡es lo peor!

Así pasa, que el lunes, un día responsable a morir, se convierte en la esperanza de muchos, pero también en el día más desagradable, porque es lógico, está colapsado. Su imagen, sin ir más lejos, está bastante desacreditada, es el día más aburrido de la semana, el latero, el policía encubierto, el que te lleva al orden y te hace entrar en vereda. Pero eso a la larga cansa, yo preferiría lejos ser sábado, aunque me tildaran de superficial.

Pero la vida es así, y para aprender a valorizarla y disfrutarla, debemos debatirnos entre el bien y el mal e intentar mantener el equilibrio. Si no existieran los lunes, no podríamos valorizar los fines de semana. Si no trabajáramos, ¿cómo podríamos disfrutar las vacaciones? Es decir, siempre estamos intentando regresar, tomar las riendas y volver a empezar.

Lo importante es no detenerse y seguir adelante, es la única forma de mantener el equilibrio. Los invito a andar en bicicleta, mientras pedaleas puedes disfrutar una perspectiva única de la vida.

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