Imperdible: Golfo di Napoli a la vista

Por Colomba Orrego

La primera vez que entré al restaurante Golfo di Napoli, viajé en el tiempo hasta la película “La dama y el vagabundo” y rememoré la escena en que el perrito lleva a su dama a comer tallarines a la trattoria del barrio y el dueño, un caballero de humanidad generosa, algo pelado, bigotón y delantal blanco abarcando la cintura, tocaba unas melodías con bandoneón a la pareja de enamorados. Serían los manteles de cuadrille rojo o verde, quizás las servilletas de tela al tono o las paredes con cuadros de pintores italianos o rincones de Nápoles lo que me hizo evocar. Pero en El Golfo, si bien no existe bandoneonísta, el local es atendido por el propietario, quien anota, por orden de llegada, a los comensales y después los guía hasta su destino final, la mesa.

El Golfo di Napoli, es una trattoria italiana, para paladares generosos y exigentes. Es decir, l@s mal alimentados o en vías de anorexia, favor de no asomar si quiera la nariz, ya que sufrirán con el aroma a masas, pasta o pizzas, jugo de la casa, vino tinto, tiramisú o la panacota.
Este lugar realmente es lo que podríamos clasificar como “picada”, años atrás cuando fui por primera vez, lo era al cien por ciento, siempre desde el barrio de Ñuñoa, al principio ubicado en Irarrázaval casi esquina con Pedro de Valdivia. Una puerta inaparente al lado de un pool, un letrero efímero invitaba a pasar. Y una vez dentro, debías cruzar un angosto y largo pasillo atestado de personas esperando mesa y en las paredes marcos mostrando fotos de famosos retratados con el dueño del lugar, ser guiado por el oleaje del aroma, llegar a un gran salón habitado de mesas, casi siempre ocupadas por más y más gente. Como buena picada la aglomeración de humanidad se mezclaba con el aroma y el calor que emanaba de la cocina, que en invierno era una poesía y en verano una experiencia religiosa, que las delicias lo hacían valer la pena.

El agolpamiento humano se entiende por las infinitas gracias miles que tanto las pastas al dente, salsas abundantes, quesos fundidos y sabrosos, rojos tomates, alcaparras detectables, rúcula fresca y aceitunas, dan al comensal. Sumado al sabor de los champiñones, buenos trozos de carne, aliños precisos, sal en la justa medida y las pizzas. Aquellas pizzas de masa apropiada, rellenos proporcionados y abundantes, han hecho de esta picada un rincón sublime, que en la más pueblo chileno, cumple con aquello de “platos servidos con cariño”. Lo que para los refinados es un plato grosero, para nosotros es la felicidad misma al derroche de vulgaridad. Todos esto motivó al dueño a trasladarse este año a su nueva sede a la vuelta del anterior: por Dublé Almeyda 2435 esquina con Pedro de Valdivia, una casona, su nueva morada de la Tratoria Golfo di Napoli de Pizzas y pasta.

Confieso que cuando supe del traslado por exceso de éxito, temí que encogieran los platos, alargaran los precios y con más espacio uno pudiera matarse de pena. Por suerte el dueño, comprendió aquella lógica dinámica de no pensar que al comensal hay que tentarlo, venderle y después robarle, sino más bien quererlo, mantenerlo y multiplicarlo. Y la mejor manera de demostrarlo es a través de mantener tamaño y precio.

Es por eso que El Golfo di Napoli, es de las picadas, que uno atesora con cariño, porque siempre se gozará comiendo, disfrutando sabores, texturas, colores, aromas. Si va sola puede aprovechar de mirar la vida desde otras mesas. Es por todos estos motivos que uno desea lo mejor y sobre todo larga vida al Golfo, compartiendo el dato con sus amigos, desconocidos, familiares y todo ser vivo que goce con la buena mesa y de vez en tanto, sentirse un poco ballenita.

De hecho es tan acogedor el Golfo di Napoli, que de lunes a viernes, ofrece un menú de platos – precios, apropiados para aquell@s que sufren de boquita – estomago – billetera chica. Lo que no implica que la versión “a la carta”, sea sinónimo de comer con grosería y terminar esposado tras las rejas, al contrario, aquí todo el que entra, sale repleto de dicha, comida y satisfacción monetaria, además de la necesidad de tomar una siesta de tres horas.

Y para los que en la vida no todo es comida, sino que necesitan el liquido vital, el restorán tiene carta de vinos, cervezas, pisco sour y el jugo de frutas de la casa, que es verdaderamente poético y sabroso. En materia de repostería “Tana”, no se vaya sin probar el tiramisú o la panacota, que no pretenda comérsela sin salsa, a menos que pida un vaso de agua.

Finalmente si me las diera de crítica culinaria y por tal a calificar los comistrajos, al dueño del Golfo di Napoli, le ajustaría una brillante y dorada corona, además de un certificado de 100 puntos a ojos cerrados, pero con la boca bien abierta.

Datologia

  • Restaurante Golfo di Napoli
  • Dirección: Dublé Almeyda 2345, Ñuñoa.
  • Horario: Lunes a sábado de 12 a 12. Domingos de 12 a 16 horas (tiene estacionamiento)

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