Chilenos en el mundo: Alejandro Aravena gana “El Nobel” de la arquitectura

Por Isidora Lastarria

twitter: @isalastarria

Y así es el verano: noticioso por excelencia. Por eso me encanta el verano. Me entretengo con todo lo que pasa. El lunes 11 de enero fue triste…se fue uno de mis ídolos música (y parece que de todos… que manera de aparecer en las redes sociales los fanáticos de Bowie. Habían escuchado todo. Sabían todo de él. Y tenían su discografía. Ante eso, yo, preferí guardar silencio). Bueno, los “sabelotodo”, como les llamo yo están en otro lado. Pero de esa noticia triste pasamos a una muy buena: el arquitecto Alejandro Aravena ganó el Pritzker de Arquitectura (no Frisbee, Pritzker). 

Y saben qué…¡me gusta que sea Aravena el ganador! Pero no sólo por su trabajo, que lo aplaudo, sino porque él es un tipo de convicciones. Es un tipo humano. Alguien que de repente lo deja todo y se cuestiona que si lo que  está haciendo tiene algún sentido para su vida. No ha sido el chico ordenado de la arquitectura chilena ni “el genio artista”. Es más, esa frase le carga. Alejandro Aravena estudió en la Católica y en la Universidad de Harvard. Y a pesar de eso entre 1995 y 1997 estuvo retirado de la arquitectura. Dudando si era lo que más le gustaba en la vida.

Siempre he dicho que los retiros, o lo que se llama el parar un poco, y bajar a la tierra o las inmensas profundidades… sirve. Y sirve harto. Es cosa de ver que 20 años después recibe este premio, que para los que no lo conocen se entrega desde 1979 a quien se considere que haya contribuido con sus obras arquitectónicas al enriquecimiento de la humanidad.

Linda palabra “Humanidad”. Hoy los ciudadanos de este planeta están más preocupados de sí mismos y no de la “humanidad”. Aravena no. Aravena en ese tiempo “de pensar” se rearmó y puso la semilla de Elemental, la empresa desde donde trabaja todo lo relacionado a las viviendas sociales. No hay que olvidar que el 2010, cuando el terremoto y tsunami arrasaron con el sur, fue a Aravena a quien le encomendaron una misión: la reconstrucción. Y, ¿cómo lo hizo?: con la opinión de la gente.

Quisiera recordar algo que este arquitecto de 48 años dijo hace un tiempo: “las desigualdades no son sólo una cuestión económica. Son una cuestión cultural. El papel que las ciudades pueden desempeñar en la creación de oportunidades es irreversible”.

Podría dar además una serie de estadísticas del premio: por ejemplo que es el cuarto Latinoamericano en recibirlo. Que sólo se le ha entregado a dos mujeres. Y que siempre está dotado de 100 mil dólares. La verdad es que lo que a mi me importa es que sepamos en estas breves líneas por qué debemos estar orgulloso de Alejandro Aravena. Simple: porque él ha encarado la vivienda social. Porque en el norte, en la Quinta Monroy (Iquique), este profesional se dio cuenta que la gente no tenía dinero para regar las áreas verdes y por ende esas áreas comunes debían ser aprovechables más allá de una mera planta.

En definitiva quiero que sepan que este hombre ha obtenido un premio otorgado a la humanidad de sus talentos.

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